De verdad a dolor y de dolor a mentira
Aún la noche sin estrellas, se podían contemplar los pequeños rayitos lunares. Eran hermosos, muy hermosos. Giré en mi costado una vez más y me acurruqué fuertemente en la colcha.
Ya todos se habían dormido, no había más por hacer. Aunque por mucho que debí de declinar la oferta de Edward, me había sido imposible. Más cuando Madisson fue quien me pidió que los acompañara. Suspiré, enroscándome más en mi colcha.
Hacía el esfuerzo sobre humano por no voltear, por no verle la cara a Edward. Por no derretirme cuando su apaciguo rostro fuera el único paisaje ante el mío. Era evidente que estaba dormido. Tuve mi propia hora de martirio escuchando salir de su linda voz las cosas más dulces que pude esperar.
Pero todas esa palabras era para Mad, ella las recibía gustosa, incluso llegué a escuchar sus suspiros. Cuanto deseaba estar en su lugar, y mi egoísmo ganó y durante todo el tiempo que estuvieron hablando deseaba ser yo la que tuviera el derecho sobre él.
Solo hubo una solo cosa que me mantuvo en pie, ó mejor dicho persona, y esa fue Noah. Pensaba en él, y en lo mal que la estaba pasando. En cómo debía de estar en una sala de quirófano, sufriendo por la noticia de su madre y yo aquí deseando algo impropio.
Me alegraba saber que eso era algo que me hacía permanecer fuerte, me aliviaba el poder creer que todavía no era tan egoísta.
Sin embargo cierta parte de mi lo era, y ya caída la noche; cuando los silenciosos ronquidos de Emmett llenaban la habitación, junto con la vocecilla de Alice musitando algo inentendible y los suspiros de Mad eran llenadores, me la imagine a su lado: sucumbí a la tentación y volteé solo para ver por «según yo» segundos su rostro, el de Edward.. Giré una vez más sobre mi propio eje y me encontré con su figura.
Algo dentro de mí se removió al tenerlo así, y no es que fuera la cercanía -ya que ya habíamos estado más cerca antes- era la seguridad. Había algo que se podía comprobar al tenerlo girado hacia mí, era algo que me gustaba.
Contemple sus broncíneos cabellos, como algunos se hacían casi transparentes a la luz de la luna. Contemplé su tranquilo rostro y su respiración.
Pero luego amplié un poco el panorama, a manera que Mad también estaba ahí, si antes me había sentido dichosa por saber que Edward estaba girado hacia mí, ahora me sentía repugnada de mí.
Era mala o peor que eso, celebraba un dicha que no me correspondía. Una dicha que le correspondía a mi amiga, no a mí. Una dicha que jamás me debía pertenecer. De nuevo, giré hacia el otro costado evitando a Edward.
Volví a apretar fuertemente mi colcha, parecía que ese sería el movimiento de toda la noche. No me dispuse en dormir, eso me parecía inimaginable. Seguía despierta durante mucho tiempo, no podría descifrar la exactitud pero apostaría a que alcancé a ver los primeros rayos de sol antes de rendirme al sueño.
Zzz
Zzz
-¡EMMETT CULLEN! Si te atreves a lanzarme ya verás como la pagas -Gritaba una chillantes voz en mi sueño.
¿Qué era?
Luego sonó una estruendosa carcajada y un ... ¡SPLASH!
Segundos después un gritó enfebrecido y unos pasos rápidos. Me desperté.
La luz ya era mayor, lo primero que vi fue una pared y un silloncito café, parecía ser de día. Me levanté de golpe al darme cuenta que debía ser tarde ya, una extraña pesadez de cabeza me mareaba y recordé las horas a las que me debía de haber dormido.
-Buenos días, Swan... ¡Vaya que duermes! -Escuché decir con sorna por detrás de mí.
Era evidente quien era.
-Ahora no, Edward -Le pedí molesta -Búscate algo más productivo que hacer que molestarme -Le contesté de mal humor.
Río bajito y lo volteé a ver enfurecida. No pude evitar el que mi furia bajara a la mitad al verlo tan... tan él. Era un tanto imposible guardarle odio. Aunque la imagen que vi no fue de lo mejor, oh bueno por lo menos me era muy... rompía la poca cordura que existiese en mi cerebro.
Edward yacía sentado en uno los sillones cafés, con un bultito cargando y haciendo el labor de "alimentarlo". Se veía tan gracioso, no estaba mal que para empezar el día, yo llevara una sonrisa como la que tenía en ese momento.
Era hermoso, y aunque mi cerebro conocía que ese muñeco era ficticio. Solo por unos segundos fantaseé con la idea de que fuera real; sabía que estaba mal pero solo por segundos quería pensar que yo podía tener algo así. Yo quería algo así.
-¿Qué haces? -Necesitaba hablar o si no seguiría como idiota viéndolo.
Él también parecía ensimismado, pero a diferencia -y gratitud-, él no me miraba a mí si no al vacío... tal vez pensaba en Mad. Algo lastimó.
-Creo que es evidente -Respondió mientras retiraba la mamila de la boca de Edbell y la dejaba a un lado-. También es mi calificación y llevaba más de diez minuto llorando, eso nos bajara puntos -Torció el gesto.
Rodeé los ojos y me senté a su lado para tomar a Edbell en mis brazos.
-¿Ya no le falta nada? -Pregunté solicita.
Se mordió los labios aguantando una carcajada y negó con la cabeza.
-¿Qué están gracioso? -Quise saber molesta.
Siguió negando con la cabeza.
-¿Ya ves Edbell? -Alcé al muñeco a la altura de mi cabeza y le hable de frente -cosa que nunca hacía-, y asegurándome de que era una estupidez-. Tu padre todo el tiempo se burla de mí -Me quejé con el muñeco.
Acto seguido Edward se rompió a reír a carcajadas. No sabía con exactitud por qué lo había hecho, pero no me desagradaba que esta vez no se riera a mis costillas.
Pero cuando me di cuenta que me molestaba que se riera de mi le pegué suavemente en el hombro y accedió a controlase un tiempo.
-Te ves demasiado chistosa -Comentó en lo que controlaba su risa.
Lo miré molesta y lo hizo reír aún más. Resoplé y lo ignoré volteándome hacia el lado opuesto con Edbell en brazos.
-No te enojes -Pidió dulcemente en un mohín.
Debía ignorarlo y eso no costó mucho hasta que lo sentí acercarse por detrás. Sabía que las cosas entre él y yo no habían cambiado, pero era extraño, ahora que admitía ciertas cosas no podía evitar el sentirme bien con su cercanía.
Un escalofrío recorrió a mi cuerpo cuando sentí al suyo a milímetros del mío, era difícil. Cierto que no me molestaba el tenerlo cerca pero aún conservaba mi consciencia, y ésta me decía que debía alejarme de él.
Me aparte un poco de él y me gire en su dirección.
-No lo estoy -Fue lo único que dije mientras tontamente el entregaba al muñeco en brazos.
Tras sus ojos verdes pude ver confusión, su semblante parecía sereno pero ligeramente sorprendido. Entonces algo brilló con la luz del sol, una cadena muy linda que él llevaba puesta.
Una cadena en forma de mitad de corazón perteneciente a otra, y la otra mitad la tenía Madisson. Ya la había visto antes, sabía de su existencia pero me dolía el vérsela puesta. Era una prueba linda de amor, un amor que no era mío. Dolía.
-Esta linda, ¿No? -Su voz me sacó de mi ensimismamiento y parpadeé antes de entender.
-Sí, es muy bonita -Se refería a la cadena-. Más lindo aún que la lleves puesta -Comenté rogando porque no fuera evidente el deje de dolor que llevaba mi tono.
Se encogió de hombros e hizo un puchero con sus labios, antes de sonreírme. Le sonreí de igual manera.
- -Se escuchó un abucheó por la puerta de entrada.
Era Emmett, llevaba una sonrisa en el rostro -como siempre-, y nos veía con cierto brillo de picardía.
-¿Interrumpo algo? -Se burló de la situación mientras tocía una y otra vez falsamente dejando escapar la palabra "infieles" entre cada uno de sus ataques.
Me paré de donde estaba y fui hacia la puerta pero antes de salir le di un gran golpe a Emmett.
-¡AUH! -Gritó por detrás, ya que yo me alejaba-. ¿Enojada por lo que dije o por qué llegué?
Bufé molesta sin decir nada más. Seguí caminando por los pasillos, por suerte tenía buena memoria y no era tan fácil perderte así que me fui a ala derecha del segundo piso.
Era donde según la mama de Rosalie estarían nuestras habitaciones, solo habían dos habitaciones; una puerta estaba decorada de estrellas con el nombre ROSE en grande, evidentemente era la habitación de Rosalie, así que me fui a la de al lado.
En ella encontré mis maletas y las de Mad; eso solo significaba que yo dormiría con ella. ¡Yupi! Más sentimiento de culpa...
Me deje caer sobre la doblada cama, esto de caerse en las camas enojada se me estaba dando bien. En realidad no estaba tan enojada con Emmett, al contrario luego le daría las gracias.
Estaba enojada conmigo misma por ser tan... ¿Cómo dijo? Sí, Infiel. Era infiel a mi relación con Noah por desear con otro, era infiel a mi amistad con Madisson por querer robarle a su novio. Pero lo pero era que si yo era fiel a estos dos últimos me sería totalmente infiel a mí.
Me paré molesta de la cama por pensar tantas sandeces, no. La palabra recién recitada no tenía nada que ver conmigo. Esa no era la palabra que debía anotarse en el diario de una adolescente de diecisiete.
Sabía que yo tendía a ser un dramática de lo peor, tal vez por eso le gustaba a Noah. El arte tiene que ver con el dramatismo y él era un gran fan de éste. Me dolía la cabeza de tanto penar, de una u otra manera, o de uno u otro tema siempre llegaba a lo mismo= a criticarme a mí misma.
Yo tenía errores, pero no era la única. No era mi total culpa si yo podía sentir algo por Edward, ya que yo no pedí pasar tiempo -y tantas cosas- con él, ni tampoco pedí que Noah me dejara sola. ...
¡Yupi de nuevo!...
Esta mañana había pasado de ser Infiel a dramática y luego egoísta. Caminé hacia mi maleta y tomé lo primero que combinara. Camine molesta -vaya milagro-, hacia el baño y cerré de un portazo.
Segunda especialidad: Dar portazos.
Estaba a punto de hacer una lista de mis mejore habilidades y entre ellas estaba cosas como: dar portazos, caerse donde sea, en especial estar molesta, encontrar problemas donde no lo hay y lo peor: ¡Querer con el novio de tu mejor amiga!
Una vez que termine de bañarme me cambié con unos mini-shorts blancos y una playera delgada azul marino. Era lo más decente que tenía, ya que Alice había desaparecido mis pantalones. Claro que me asegure de ponerme mi traje de baño debajo para evitarme el bochorno de irme a cambiar.
Salí por fin de la habitación y reuní con los demás abajo. Todos estaban mojados, Rosalie llevaba un bikini rosa empapado, Alice un lindo conjunto morado, y Madisson un bikini rojo -la envidié al instante-. En realidad a las tres, yo jamás me vería así. Un dolorcito se formó en mi estómago, debía decirlo que era un aguijonazo de envidia, pero me gustaba más penar que era nada más y nada menos que: la añoranza de tener un escultural cuerpo como el de mis amigas.
Reí de mi propio chiste mental y caminé hacia ellas, se encontraban en la barra de desayuno comiendo galletas saladas.
-Supongo que el nadar tanto da demasiada hambre -Comenté sentándome a lado de Alice.
-No tienes idea -Me respondió Jasper con la boca llena. Estaba segura que tenía un paquete completo de galletas en ella.
Reí un poco.
-¡Viva! -Dijo Alice emocionada a mi lado, no pude evitar saltar-, ¿Ves? -Se dirigió a mí y luego a Rosalie y Mad quienes la miraban asustadas-. Te dije que este viajes te cambiaría el humor, denme las gracias por favor -Hizo reverencias hacia sí misma y solo me sacó un par de risitas.
Inesperadamente me encontraba ya mejor, supongo que el ataque de emociones de la mañana había ayudado en algo. Tomé una de las galletas y l mordí, Mad y Rosalie me sonrieron.
-No te atribuyas todo, hermanita -Habló Emmett desde la entrada de atrás, parecía que recen llegaba de la playa-. Creo que lo que mejor le fue a Bella fue su hermosa mañana...
Sabía que a Emmett le gustaba molestar pero esto era pasarse de la raya.
-...sí,
-...Sí Emmett, ya tuve suficiente de tus bromas sobre mi exageración de sueño -Le completé y le miré amenazante.
Me miro por cinco segundo y en ese tiempo no pude más que mirarlo con el peor de los corajes posibles. Negó con la cabeza y caminó a zancadas por las bromas que de seguro ya no diría.
Suspiré aliviada, pero ese suspiro se quedó acortado entre mis pulmones y garganta, ya que, atrás de Emmett caminaba Edward con cara taciturna. Un mundo de curiosidad me invadió pero decidí ignorar todo y me paré del desayunador.
-¿Hacia dónde vas? -Me preguntó Alice antes de que pudiera llegar a la puerta trasera.
Me giré hacia ella dubitativa.
-Solo quiero caminar por la playa -Contesté lo más normal que pude.
-Pero no hemos hecho nada juntas -Hizo un puchero.
-Ya luego habrá tiempo, solo quiero caminar -Pedí.
Lo pensó durante un segundo, todos los demás parecían metidos en su propio asunto por lo que me alegre de no todos notaran mis cambio de humor.
-Está bien -Aceptó monocorde Alice y se despidió con la mano.
-Gracias -Le sonreí y me fui.
Al salir por la puerta todo estaba lleno de arena, técnicamente ya era la playa. No cabía duda que la casa de Rosalie me encantaba, seguí caminando, después de todo, todo era playa. Me fui alejando poco a poco de la gran casa y varias casas -de tamaños normales- aparecieron por el recorrido.
Luego llegué a la última, una casa pintada de un rojo descolorido, con un par de motocicletas recargadas en la parte derecha y olía a asado. De seguro se la estaban pasando bien.
Escuché algunas risas y caminé más rápido, no quería que me vieran y pensaran que estaba husmeando. De poco me encontré ya en el bosque, ¿Bosque y playa, he? Era algo raro. Tal vez no era bueno caminar por el bosque sola pero no tuve tanto miedo al ver un pequeño garaje.
No estaba tan deshabitado.... Al garaje le invadía un total silencio, tenía su propia gracia la forma que estaba construido. Mi curiosidad ganó y entré, encontré varias piezas de autos irreconocibles para mí, seguí con la mirada a cada uno.
Era bueno encontrar algo emocionante en una excursión... Tontería solo quería dejar de pensar... Bloqueé mi mente en el instante en que, de nuevo quería pensar.
-¿Quién es? -Escuché una voz grave, extrañamente familiar pero a diferencia de las otras voces que me sorprendieron esta venía de adelante, como del piso.
Me asusté un poco y retrocedí algunos pasos.
-No es gracioso Seth -Se enojó la voz.
Dudaba si rime o no, pero aún no reconocía quien era la voz, ni mucho menos por qué me era conocida.
Me quedé viendo el garaje por donde fuera hacia abajo y entonces un chico empezó a salir de la parte delantera del coche que parecía descompuesto.
Tenía piel cobriza, un cabello oscuro algo corto y unos oscuros ojos que me veían con asombro. Ahora recordaba...
