Sentimiento propio

El amor hace pasar el tiempo; el tiempo hace pasar el amor


Los pequeños rayos me llegaron a la cara, poco a poco mis ojos se abrieron sintiendo muy pesadas mis pestañas. La noche anterior me la había pasado pegada al teléfono sintiéndome completamente culpable.

-Ya todo esta bien Bella -Había dicho con la alegría quemándole la garganta.

Podía imaginármelo, con su enrome sonrisa, con su brillantes ojos y con el mejor de todos los sentimientos.

Noah.

Noah.

Volvía ya el próximo lunes, lo tendría cerca ya, me lo había prometido felizmente.

-Solo estaré una semana más aquí para despedir a mi familia, estoy muy ansioso por verte -Avisó contento haciéndome sentir como una cucaracha y solo para rematar con mi sentimiento agregó-, te he extrañado.

¿Qué podía decir yo? ¿Igual?

Lo cierto era que no había pensado en Noah desde... ni siquiera eso recordaba. Eché un rápido vistazo a Charlie, y tuve por seguro que no debía dejarme desmoronar, ya había interrumpido su cena para mirarme con un ojo crítico.

Siendo honesta, no recuerdo que fue l que pude decirle, solo recuerdo la verdad haberlo escuchado largo tiempo sobre cada detalle en el hospital. Me describió a plenitud de tiempo cada segundo, me dijo lo feliz que estaba s familia, lo feliz que el estaba, lo feliz que debía de estar todo el mundo.

Noah me recordaba a la primera navidad en la memoria de un niño, y eso me hacía feliz a ciencia cierta. Yo quería a Noah. Pero no como a Edward, sé que no estaba bien comparar, pero era algo inevitable, había llegado a tal grado de tener la necesidad de saber ¿Cuánto podía querer a Edward?

Mejor deje la duda en incógnita, todavía no había salido del ollo negro como para ponerme a divagar en cosas que solo me harían daño.

La noche anterior que hablé con Noah, tuve que colgarle cuando empezó a hablar de lo nuestro. Yo ya tenía algo en mente, iba a terminar con él. Me sentía muy mal por hacerlo justo ahora que su vida era dicha total.

Aún con esto no podía estar con él, mientras que mi cabeza fuera únicamente un nudo. Cualquier adolescente hubiera dicho que era mejor estar con él, solo para no pecar; pero Noah no era cualquier chico, era mi mejor amigo, y yo no dejaría que alguien le hiciera daño. Incluyéndome.

Escuché dos toques a mi puerta, era raro que los sábados Charlie se despertara temprano, a menos que...

-¿Estás despierta? -Dudó al otro lado de mi puerta.

Me levanté, interrumpiendo a mis propias meditaciones y me acerqué a la puerta.

-Así es -Afirmé-, Ahora bajo.

Se escucharon pasos y después el chirrido de las escaleras. Solo tomé una liga para mi cabello y baje con el piyama puesto.

Tal como había supuesto, la canasta para pescar se encontraba a lado de la puerta, al igual que la caña.

-¿No es tarde para pescar? -Le pregunté al entrar a la cocina.

Llevaba un café en manos y bebió un poco antes de contestarme.

-Estaremos todo el día pescando Bells, no me pude despertar más temprano.

Di un rápido vistazo a l reloj, nueve y media. Me encogí de hombros y pasé a tomar la caja de cereales.

-¿Necesitabas algo? -Aún no entendía porque e había despertado.

-Tenía que recordarte que estás castigada -Habló con un tono incómodo, me recargué sobre la estufa con los brazos cruzados-. No me mires así, tenía que recordártelo, ayer solo te pase el teléfono porque sé cuanto tiempo se ha ido, y porque entiendo la situación de su madre -Me explicó.

-Aún así, hoy iré a pescar y quiero saber que puedo confiar en ti -Asentí cansinamente.

-Solo estudiaré un poco más y ya, haré un poco de aseo, no te preocupes, será solo cuestión de una solitaria -Me burlé, pero al verlo enojado mejor lo repuse-. Ya que Alice no está...

Asintió pensativo y se despidió de mí con un beso en la frente, antes de tomar su caña y demás para irse.

Me estiré con flojera, tendría todo el sábado para mi solita. Estaba perfectamente consciente de que día era, hoy estaría la lluvia de estrellas. El cielo sería una pantalla hermosa esta noche.

Sabía que Charlie llegaría hasta muy tarde, lo más probable era que e la madrugada, ya que sería uno de esos días con Billy. Por un momeo me sentí una tonta, tal vez hubiera podido ir con Jake.

Luego recordé mi castigo y me lamente teatralmente. Desayuné poco, estudie mucho y luego caí en un profundo sueño.

Me di cuenta que en realidad perdí la noción del tiempo, desperté a finales de la tarde, o a comienzos de la noche. Bajé por un aperitivo, y vi mi reflejo cuando regresé a mi cuarto.

Estaba hecha un desastre, si Alice estuviera aquí, me mataría, me colgaría probablemente y en mi funeral se vengaría con las lentejuelas. Recordar a Alice me sonsacó una sonrisa.

Di un rápido vistazo a mi libro en la cama y luego al baño, que más daba. Tomé mi neceser de baño y me metí a la ducha. Al salir rebusqué en mi guardarropa por algo limpio.

Al ver que ya oscurecía era mejor utilizar una pijama, tomé mi favorita, una de un lindo tono azul oscuro que iba como camisón hasta la mitad de la pierna, era de un suave algodón y me quedaba enorme.

Siempre que me la ponía Alice decía que me veía chistosa, ella prefería los camisones que dejaran ver tu figura, pero este camisón me hacía ver como... ¿Cómo había dicho? Como un osito azul...

Reí de nuevo por Alice. Enserio la extrañaba.

El teléfono sonó desde abajo.

Baje rápidamente, Charlie no me vigilaba, era lógico que contestaría.

-¿Alo?

-¿Bella? -Escuché a Madisson.

-Mad -Reconocí.

-¿No vas a venir? -Fue directo al punto.

-Recuerda que me castigaron -Repetí aburrida.

-¡Oh es cierto! -Se lamentó-.

Hubo un incómodo silencio que yo tuve que romper.

-¿Estás ya en el observatorio? -Adiviné.

-Sí, Edward me trajo, pero no sé... -Se escuchaba que atropellaba las palabras en lo último-. ¿Qué me puedes decir de Ángela y Ben?

-¿Ang y Ben? -¿Qué rayos tenían ellos?

-¿Cómo?

-Sí tú sabes, como pareja, ¿Cómo son?

-Se adoran completamente -Conteste sin dudar-, pero ¿Qué pasa contigo? ¿Averiguarás la vida de cada persona?

-No, es solamente que... Edward apenas llegó fue detrás de ella -Masculló molesta.

¿Qué le pasaba a Mad? Estaba propasándose de celosa, Ang era la persona más honesta que podía imaginar, no era justo que alguien le hiciera cualquier tipo de sospecha.

-Madisson, ¿Te estás escuchando?

-Bella, estoy desesperada, Edward habló conmigo de camino aquí -Me platico con la voz rota-. Creo que aún podemos solucionar las cosas... es solo que... es tan difícil.

Mi corazón se estrujó de una forma dolorosa.

-Ah...

-No quiero quedarme aquí sola, Edward no aparece... -Se interrumpió y sonó algún botón del celular-. Te llamó al rato, acabo de ver a Ángela, voy a preguntarle.

-Esta bien -Aún me había quedado con las palabras anteriores.

-Hasta el lunes, que te la pases bien, ¿Sabes? Puedes subirte al techo por la jardinera que hay a lado de tu ventana... así podrías ver completamente bien las estrellas...

-Aja -Me limité a decirle antes de colgarle.

¿Las cosas se iban a arregla entre ellos? ¿Por qué esas palabras me habían dolido tanto? Eso debía que animarme... Debía de hacerlo.

Forjé una sonrisa en mi rostro y me preparé para subir las escaleras, a lo mejor la idea de Mad no era tan mala.

Iba a mitad cuando el timbre de la puerta sonó. Me maldije de nuevo, Charlie llegaba temprano, tal vez no iba poder ver las estrellas.

Llegué a la puerta, pero no era Charlie, ¿Quién era?

Edmund Gullden.

Edward Cullen.

¿Ya había mencionado que el cielo estaba claro? Pues lo estaba, eso podía ver sobre su hombro derecho. No quería verlo a ala cara.

-Ya se puede ver algún movimiento -Comentó a mi lado con una sonrisa, sin dejar de ver el cielo parecía señalar a las muchas estrellas que se encontraban e el firmamento.

Asentí débilmente, aún no creía lo que delante de mí se extendía. Sí, no era la primera vez que Edward venía a mi casa sin aviso, no era la primera vez que sentí las mariposas en mi estómago, pero era la primera vez que... no sabía nada.

-¿Qué haces acá? -No fui amable, lo admito.

Su cara se contrajo en algo inentendible. Pude ver inseguridad, ¿Edward Cullen inseguro? Luego con su pie pateo algo invisible y levantó su rostro hacia mí.

-Necesito... -Habló pero él mismo se interrumpió, parecía hacer algún esfuerzo pero, ¿De qué? -Quiero... -Continuó con su voz más suave que nunca, aún seguía dudado. No podía explica la desazón que sentía-. Sí, -Tomo firmeza en sus palabras y terminó la oración con una sonrisa segura-, quiero pasar esta noche contigo.

¿Qué hice?

Sonreí y de medio paso hacia atrás invitándolo a pasar. Él me observo durante un momento, absorto en sus propios pensamientos, sonrío torcidamente y pasó.

Esto era la completa hipocresía, a lo que había hecho toda la semana. Era afectar a Ángela, ya que, todo su esfuerzo se hacía nulo al decaer con la sencilla compañía de Edward en mi casa. Pero sobre todo era traición, tanto a Noah como a Madisson.

Dejé de pensar en ellos, simplemente no podía hacerlo, no si quería llevar a cabo mi plan de esta noche: pasar el tiempo con Edward que no voy a poder pasar por toda mi vida.

En lo que pensaba en esto, él permanecía delante de mi con una expresión dubitativa, pero me miraba a los ojos, al igual que yo a él.

-¿Tenías planeado ver la lluvia de estrellas?

Asentí con una débil sonrisa. Y dudando con el corazón desbocado, a punto de dejar de respirar, tome de su mano y lo lleve hasta el corredor.

Odiaba utilizar la idea que Mad me había dado pero era mi única opción.

-Solo voy por unas frazadas, y saldremos a verlas... ¿Esta bien?

Afirmo con una radiante sonrisa y corrí escaleras arriba.

Al llegar a mi habitación estaba sumamente nerviosa, recordé la primera vez que un chico se encontraba esperándome escaleras abajo. Era evidente decir que fue Noah, pero en ese entonces solo tenía la prisa por regresar.

Ahora lo que sentía no era nada comparado con la última vez, esta vez podía sentir a mi estómago retorcerse insensiblemente, aunque sensible era lo que más me sentía, mis sentidos parecía agudos a causa de los nervios, y mi respiración agita provocaba cierta adrenalina por mis brazos... piernas... corazón.

Era solo un chico abajo.

Era Edward esperándome. Entonces cada sentimiento solo se intensificó.

Tenía a mi cerebro prohibido pensar en otra cosa que no fuera Edward o yo. Tenía perfectamente prohibido divagar en algo más. Por lo que cuando llegaron ciertos nombres y sentimientos fuera de dicha, baje inmediatamente.

Lo encontré perfectamente lindo con las manos sujetadas una sobre otra por detrás, le sonreí y él hizo lo mismo conmigo. Parecía que esta noche habría una radiante sonrisa en el rostro de cada uno.

Al llegar al patio trasero tendimos la más grande de las frazadas que traía, luego nos dejamos caer sobre ella, aún así podía sentir la frescura de la hierba.

-Ya falta poco -Intervino en el silencio absoluto, incluso su voz era ronca.

Sonreí de nuevo, pero entonces no pude acallar más a mi cerebro.

Era justo lo que me molestaba, no habíamos hablado, y aunque en ocasiones el silencio entre nosotros no era incómodo, esta vez lo era, porque había demasiado que decir, pero había una extremada cantidad de cosas que se debían de ignorar, callar, y sobre todo, cosas que lastimaban.

-Edward, ¿Qué es esto?

Se giró a verme con la expresión confusa, pero cuando me vio a los ojos completamente fue como si todo hiciera click, entre los dos.

-No sé -Admitió con el rostro ensombrecido.

-¿El nombre Madisson significa algo para ti? -No podía hacer preguntas tan directas, pero ¡Vamos!...

Qué estuviéramos sentados el uno sobre el otro, en una atmósfera privada, con los sentimientos que ambos podíamos sentir... Simplemente esto ya no era inocencia.

Una pequeña luz pareció dividir al cielo, como si este se partiera y dejara al descubierto algo cegador. Solo era una pequeña luz, a su lado vinieron otras más. Eran como fuegos naturales en el cielo. Era hermoso.

-Resulta que llevé a Madisson al observatorio -Comenzó su relato tratando de verme claramente-. Luego de ello, vi a Ángela... Entonces me acordé de ti -Explicó con una sonrisa satisfecha.

-Entendí que quería estar contigo y no ahí -Me miro a los ojos de tal manera que taladraba cada uno de los enloquecidos movimientos de mi pulso en mis músculos.

Tome aire, no podía aceptar esas palabras.

-Pero no debías de sentir eso -Le contrarié inmediatamente.

-Sé que no -Repuso con calma-, y eso es difícil pero yo solo...

Gruñó desesperado y cerró la boca para solo ver el cielo de nuevo.

Hice lo mismo.

Era la noche que había esperado por semanas, de haber podido estar en el observatorio, hubiera visto con exactitud cada movimiento. Pero a esta altura, con Edward aquí yo no sabía que era mejor.

Entendí algo únicamente.

Me gire hacia Edward y él hizo lo mismo. Estaba apunto de hablar pero con mi mano tape su boca, yo debía hacer algo y después... no había tiempo para un después.

Retiré mi mano solo para que mis labios fueran los sustitutos de aquel espacio. Disfruté de las cosquillas que me embargaron, me hundí sin salva vidas en el profundo mar de sentimientos que tenía.

Los labios de Edward eran lo más interesantes que me pude topar en Forks, aún si aquí existieran vampiros u hombres lobos, definitivamente estos labios servían mejor para quedarte naufraga que todo el rescate posible.

Aunque repito que aún así me hundía, me hundía en todo lo que sentía, todo se volvía nada y la nada se volvía todo.

Edward tomó mi mano a ciegas sin dejar de besarme y con la otra acarició mi rostro.

Entonces solo un montón de infinitos flash-backs vinieron.

«-El es Edward, es mi hermano Mad, ¿Enserio te interesa tanto?

-¿Qué no me vez? ¿Qué no lo vez? Es obvio que somos el uno para el otro...

-Estoy completamente de acuerdo »

«-Jamás entenderé a Madisson.

-Yo tampoco Bells, pero a decir verdad mi hermano tiene algo...

-¡Discrepo! »

«-Prometiste que esto no sería tan malo... lo prometiste Alice

-Es que no te entiendo, ¿qué puede ser tan pesado en tener a un muñeco cerca? Lo hacíamos de niñas, no entiendo como no puedes ahora...

-De niñas era un juego...

-¿Y ahora no lo es?

-No con Ed... Educación por todas pates, hay que tomarse las cosas en serio »

«-Edward, no por favor, no es divertido

-¡Vamos!, solo será un tramo, solo correrás con Edbell un tramo, no me digas que ya eres una mama protectora

-Ca-lla-te y sigue avanzando »

«-Se nota lo mucho que quieres a Madisson

-¿Al igual que tú a Noah?

-Probablemente más

-¿Lo dudas tanto así?

-No lo sé, es que siento algo más...

-Algo más... »

Esto era mucho más, no voy a decir que jamás disfruté de lo que tuve con Noah. Pero lo que ahora sentía con Edward era algo totalmente distinto.

Mi refugio es tu alma y tus labios son mi hogar.

No había nada coherente, mucho menos cuando sentí que él se separó abruptamente sin decir nada más.

Aún con su frente apoyada contra la mía, y con la respiración un poco entrecortada habló.

-No podemos

Mis labios siguieron buscando a tientas los suyos, pero no, no podía seguir cuando un nuevo pensamiento llegaba.

No era necesario que yo dijera algo más, era tonta esperar algo más. Esto no era lo suficiente como para que dejara a Mad. Me sentí horriblemente, un nudo tomó presos a mis pulmones y estomago.

Asentí débilmente antes de girar mi cuerpo hacia el lado contrario y tomar mis piernas para recargarme sobre ellas.

Luego sentí como se levanta y ser capaz de de escuchar su pasos hasta el silencioso motor de su volvo, me deje caer pesadamente sobre la frazada.

Las estrellas seguían cayendo.

Quería sentirme miserable, en verdad que si. Pero l que más me hacía sentirme de tal manera, no era el hecho de lo que yo había hecho. Era Edward. Tal vez simplemente yo no había sido suficiente como para que él dejará a Mad.

Me alegré por mi amiga, esto era bueno para ella. Mientras que por mi, bueno tuve la esperanza de que algunas de las estrellas que caían, me cayera encima.