Solo un momento
No hay disfraz que pueda largo tiempo ocultar el amor donde lo hay, ni fingirlo donde no lo hay.
François de la Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.
Con mis piernas débiles me quise bajar del escritorio, choqué contra el cuerpo de Edward. Me sujetó fuertemente mirándome de hito en hito.
Quise de nuevo decir tanto, pero lo único que salió de mis labios quemó verdaderamente a mi garganta.
-Madisson.
Me separé un poco de él, soltando su mano de poco a poco hasta que solo quedamos con nuestras manos extendidas y corrí hacia la puerta, me topé con el profesor de biología pero lo esquive, por suerte el estaba más interesado en Edward.
Y corrí.
No sabía por qué lo hacía con exactitud, Madisson podía estar muy lejos ya. Más aún así corrí por todo el camino de casilleros a toda prisa, no veía ni pizca de ella por alguna parte hasta que escuché un sollozo a mi derecha.
La escuela estaba completamente vacía por lo que no había como preguntar. Debía haber supuesto lo que pasaría, ¡Era una completa tonta!
Doblé con cuidado de no ser vista hacia la derecha por un parte repleta de casilleros. Fue cuando vi la figura de Mad completamente destrozada, recargada sobre un casillero llorando a lágrima viva.
Me acerqué con más cuidado aún, pero ella lo escuchó. Levantó su rostro y cuando vio que era yo, agachó su rostro tapándose la cara y caminó rápidamente hacia el lado contrario a mí.
-Mad, por favor –Camine rápidamente por detrás de ella pero comenzó a correr.
¡Grandioso!
Traté de no caerme al seguirla y logré tomarla del brazo antes de que el pasillo terminara.
-¡Madisson, por favor! –Grité exasperada.
Se rindió de avance y me vio con la mirada más fría que pude imaginar, su rímel estaba completamente corrido por sus mejillas, sus grises ojos podían pasar por horrible color opaco.
-¿Por favor qué? –Su voz era completamente rota y reprochable-. ¿Por favor permíteme seguir besando a TU novio?
Me sentí totalmente mal por lo que decía, solté su brazo como si quemara y le miré molesta.
-Sabes que no te diría eso…
-¡Claro! ¡Claro que no me lo dirías! Si ya lo haces… Y lo haces como una vil persona, ¿Amigas? ¡Sí claro! –Ufano su sarcasmo-. ¿Querías seguir con lo de antes, verdad? ¿Querías ser compartida? ¿O querías ser una de esas cualquiera roba novios? –Me lanzó la pregunta con el peor de los tonos.
En realidad estaba molesta y yo sabía que me merecía cada cosa que decía. Exasperada lancé mis manos al aire y entonces comprendí que estaba desesperada por llorar. No podía…
-Mad no…
-¿Desde cuándo, eh Bella? Solo dime desde cuándo –Su tono fue más suave pero podía ver que solo quería era hacerme sufrir.
Fue irónico el recordar que había hablado exactamente igual cuando me defendió de Laurent una vez, en contra de Tyler.
-¿Eh?
-¿Desde cuándo están juntos? ¿Fue antes o después de haber confiado en ti y haber quedado como una tonta? Porque realmente quiero saber mi grado de estupidez…
-No, Mad, no entiendes…
Seguía sin escucharme y no me dejaba continuar.
-Por supuesto que no, ¿Cómo podría siendo tan tonta? ¡Los dos me vieron la cara fácilmente! –Me acusó, parecía haber dejado de llorar pero le seguía encantando gritarme-, ¿Me dirás que fue amor? No me vengas con tonterías… porque alguien como tú no puede tener sentimientos.
Escuché un sollozo que desgarró mis oídos, ahora si me sentía débil. Comprendí que era yo la que lloraba ahora.
-¡Cállate, cállate ya! –Le grité entre todas mis lágrimas.
Se cruzó de brazos y me vio con una mirada despreciable. Verla de esa forma me hizo recordar tantas cosas. Cuando la conocí, cuando hablábamos sobre las peleas de nuestros padres, cuando a los 4 años juramos ser mejores amigas por siempre, cuando la volví a encontrar y comprendí nada había cambiado, cuando nos reíamos de cualquier cosa. Ella era mi mejor amiga.
-Yo jamás quise esto –Comprendí que tenía que dejar de llorar si quería hablar, tomé aire y hable aprovechando que me escucharía-. Yo jamás quise esto y tú lo sabes mejor que yo…
¿Pero que podía decir? ¿Cuál era mi excusa? No había nada que pudiera decir para mejorar algo.
Me miro con aquella mirada que me esperanzo, esperando algo más. Por un momento creí que algo mejoraría pero luego no supe que decir más que-.
-Lo siento –Era la única palabra que no era una excusa.
Es que ciertamente de lo que había pasado no había una sola palabra para Mad, no la había porque sencillamente yo jamás pensé en ella cuando me enamoré de Edward. Y aunque Edward fuera novio de Madisson… ¡Yo era una mala persona!
Luego de un momento Madisson volvió a verme con odio y se alejo de ahí a paso presuroso. No la detuve, ya no podía.
Mis piernas me temblaban extremosamente, me sentía tan débil. Como si hubiera asistido a una lucha, una lucha interna tal vez. Me deje caer sin cuidado alguno sobre el piso y lloré sin miedo a algo. O tal vez con miedo a todo. Me sentía realmente muy vulnerable.
Me sentía tan sola. Mi cerebro solo podía recordar el dolor del rostro de Madisson. Y era cuando todo dolía de nuevo.
Escuché unos pasos por enfrente de mí, me esperancé solo por un segundo pero entonces alcé la vista y comprendí quien no era a quien yo quería únicamente.
-Noah.
El me vio con aquellos ojos sin comprender en absoluto, tal vez hubiera sido mejor fingir pero no estaba para ello. Otro sollozo se escapó de mis labios, y entonces él corrió a abrazarme.
No impedí que lo hiciera y lloré en sus hombros hasta que me calmé.
-Jasper me dijo que estarías por aquí pero… ¿Qué ha pasado? –Preguntó del todo preocupado en mi oído.
Me separé inmediatamente él, no podía seguir eso así.
-No puedo, no –tomé aire y le miré a la cara, traté de sonreír-. Soy muy mala Noah.
Él me miró con duda pero esperó por algo más, cuando no dije nada, habló.
-Yo no pienso así –Trató de volverme a acunar en sus brazos pero no lo permití y me levanté del suelo.
Él hizo lo mismo y me miró aún perplejo.
-Pues deberías, deberías porque es a ti a quien yo he hecho más daño –Le confesé totalmente fría, tratando de apaciguar la tormenta de miedo que tenía por la reacción de Noah.
Pero debía hacerlo, me lo merecía. Merecía si Noah me odiaba igual que Mad. Y mejor acabar con las dos rondas de una vez.
-Bella no entiendo, yo apenas llegué para verte y estás así, tú no me has herido, si no todo lo contrario –Me miró con tanto amor que lastimó cada de una en una mis células.
-¡No! –Le grité cerrando los ojos, trató de tomarme de las manos, pero retrocedí como una loca mental-. ¡Yo te fallé Noah y merezco que me odies al igual que Madisson ahora!
-¿Bella de qué hablas? –Ahora parecía dudar de mi cordura y me habló con cuidado lastimándome palabra por palabra-, Yo te a…
-¡No! ¡No lo digas! –Acallé su voz con mis gritos.
-¡No lo merezco! –Me volví a soltar a llorar y Noah volvió a tratar de acercase, esta vez no lo impedí.
En su hombro lloré de nuevo desconsolada. Es que con solo ver sus ojos yo sabía cuánto dolor le causaría, pero debía decírselo, de todos modos mejor que me odiara desde hoy a que se peleara mañana con alguien más cuando le llegara el chisme. Yo sabía que no lo creería, yo sabía que me defendería, y eso era otra de las razones por mis lágrimas.
-Noah, yo he sentido algo por alguien más, incluso antes de que te fueras –sentí como se puso tenso por debajo de mis brazos-. Noah, ya no puedo seguir contigo –Las palabras le cayeron como piedra, yo lo sabía.
Estaba completamente inmóvil por debajo de mí. Me separé un poco de él para verlo a la cara. Sus ojos eran algo parecidos a los de Mad, pero esta era peor, en estos ojos todavía había incredulidad aún, y no había odio. Yo sabía que le dolía pero no había odio.
-Noah, lo sien… -Me besó desesperadamente antes de que pudiera continuar.
No respondí, no podía. Siguió moviendo sus labios a un compas desesperado pero yo no podía responder, cuando se cansó se separó de mí y me vio con dolor. Seguía sin haber odio.
-De verdad lo siento –Le dije con el mayor sentimiento de culpa que había en mí.
Noah negó con la cabeza y una forzada sonrisa de lado.
-No lo hagas –Dijo antes dar media vuelta e irse.
Eso era lo mejor, caminé como una zombi por el camino por el que había venido. Ya había lastimado a las personas que más quería, ya no importaba.
Justo cuando pensaba en ello una aterciopelada voz sonó con dolor por delante de mí.
-Bella –Fue lo único que dijo viéndome con una mirada culpable-. Yo no quería todo ello…
Ya no lo escuché, solo me tambaleé hasta sus brazos y me aferré a lo último que me quedaba.
Edward manejó tranquilo por detrás de mí hasta que llegamos a mi casa, sorprendentemente aún tras todo las cosas podían estar tranquilas. Con ello me refería a lo calmado que mi cerebro estaba después de haberlo abrazado y que me consolara con palabras que probablemente ni el creía.
No, Madissson no me perdonaría.
Aún así no me opuse cuando quiso acompañarme a mi casa, realmente el hecho de haber ido con mi camioneta esta mañana había impedido que yo me fuera a lado de él pero mi cerebro apenas era consciente de cosas mínimamente importantes.
Eché otra mirada por el parabrisas, alcanzando a ver –muy borrosamente-, su rostro sereno sobre el volante; él también me miraba. Inmediatamente cambié la dirección de mi vista y me concentré en la derecha línea de la carretera.
No porque quisiera ocultar lo que sentía, para nada. Fácilmente admitía que amaba a Edward. Tampoco era porque me molestara verle tras lo sucedido, al contrario; tras las palabras de Mad, todos mis anhelos se habían vuelto inconscientes y me aferraba como un niño pequeño a lo único que me proporcionaba calidez y eso era él.
Luego quedaba Madisson, la había perdido. Había perdido a la primera niña con la que entable comunicación y simpatía. Tenía que borrar los recuerdos de las muchas veces que salimos para comprendernos. Borrar mis primeras revelaciones como adolescente… aquellas charlas…
Todo. Entonces venía a mí una imagen totalmente desagradable. Una imagen de la chica que dejo a su mejor amiga de años, por el apuesto e irresistible muchacho, que por cierto robó, aunque claro no se consideraría un robo ya que el chico siempre estuvo enamorado de ella… ¿Pero cómo decírselo ahora a su mejor amiga, si ni le habla?
Y el pensamiento viajaba a través de mis neuronas quemándome en el transcurso. ¿Eso debería de dolerme?
Las palabras de Madisson me habían destrozado una por una, insignificante sílaba por oración dicha más propósito contado. Aún así, eso era lo que dolía. Más no me afectaba volver a abrazar a Edward y tampoco incomodaba volver a besarlo… o pedirle que este cerca de mí.
Todo era demasiado confuso; algo me decía que debía de sentirme mal, pero ese mismo algo me cuestionaba ¿Por qué dejarlo?
Los profundos helechos dejaron de bordear la carretera para dar paso a mi casa. Me mordí el labio aún con los pensamientos en cuestión. Tenía que hacer algo, y a diferencia de la otra vez no esperaría.
Baje de mi camioneta tan pronto como la estacioné. Edward aparcó por fuera de la calle, igual salió y camino hasta mí, mientras en mí volvían cada uno de los pensamientos anteriores y la confusión hacía estragos a mi coherencia.
Impero mi cuerpo no era víctima de ello, o tal vez lo era. Mi cuerpo era más incoherente que mi cerebro mismo. Tomé su mano sin pensar en mucho y di una forzada sonrisa.
Edward me observaba con escrutinio sin negarme nada, incluso cuando entramos en mi casa con un incómodo silencio él quería averiguar qué era lo que yo pensaba.
-Tenemos que hablar –Sus labios se separaron quedamente para decir aquello con una mirada elocuente.
Una mirada de terror me invadió pero debía de sofocarla, qué más daba. Había fingido delante de todos menos delante de Edward. Y mucho menos quería hacerlo ahora.
Asentí y fui directo a mi sala, él me siguió pisándome los talones. Nos sentamos en el sillón en medio de sala, como si fuéramos completos extraños. Odiaba eso.
-Hablaré con Madisson –Propuso tan rápido como pudo.
Negué con la cabeza hecha añicos.
-Si lo harás te pido que lo hagas únicamente por ti –Le murmuré sin mirarlo en absoluto-, Yo merezco todo lo que me dijo… además te dolería verla tan destrozada… -Mi voz se extinguió al recordar el dolor de Mad.
-Para empezar –Opacó el débil silbido de mi garganta-, no lo mereces –Su forma de verme era igual de dolorosa, ¿Cómo ahora podía ver tanta dulzura? –Y verla de igual manera no me dolería tanto como me duele verte a ti –Volví mis ojos hacia los suyos.
¿También a él le hacía daño? ¡BAH! ¡Yo era peor que godzilla!
-Edward no –Gemí llena de frustración.
Mi cerebro de la nada se había vuelto fuerte y mis pensamientos eran hilos dispuestos a atarse. Pude ver todo de una manera fría y nada me importó más que Edward.
-A ti no debe de dolerte nada… fui yo la que eligió por ti, la que no pudo hablar con Mad a tiempo…
Edward me interrumpió sin dejarme proseguir.
-No, fui yo que tuvo que elegir de novia a tu mejor amiga, aún sabiendo lo que sentía por ti…
-Y fui yo quien no pudo darse cuenta de lo que sentías por mí –Apunté tratando de hacerle entender que era mi culpa.
Más no se rindió y negó con la cabeza.
-Yo pude habértelo dicho de una manera directa, fui un cobarde…
-Y yo una ciega que no pudo…
Sus labios acallaron mis palabras y mi cerebro fue para nada frío. No hubo necesidad de decir nada más.
Con un beso te diré todo lo que he callado.
En ese beso era comprensible que hubiera tensión, pero también podía ver el amor en sus labios. La aprensión entre nosotros decía más que seguro que no queríamos separarnos pero el cuidado daba a entender que también nos importaba el otro.
Me separé de él, ahora podía tener algunas cosas claras.
-¿Qué haremos entonces? –Musité recargada sobre su cómodo pecho totalmente tranquila.
Pude escuchar su leve suspirar y sentir su respiración.
-No lo sé, sin presión lo que digas –Respondió con sus dedos entres mis cabellos dándome un quedo beso en la coronilla.
-No podemos seguir con esto –Resumí con la incredulidad repartida entre mis palabras.
Pude sentir una fuerte presión en mi mano sujetada a la de él, y dejé de escuchar su respiración por un segundo.
Hubo un enorme silencio por su parte, incluso dejó de jugar con mis cabellos, hasta que finalmente resopló.
-¿Estás segura que no hay otra solución? –Su voz sonaba débilmente esperanzada, levantó la unión de nuestras manos y señaló-: ya lo hemos intentado antes, ¿Por qué habría de funcionar ahora?
Menos ahora… Menos ahora que ya he probado el néctar de tu amor.
Oculté mi rostro bajo su pecho sin expresión alguna. Él tenía razón.
-Solo que… -Algo bobo se me había ocurrido pero era lo único que no me afectaba del todo por el momento.
-Qué…
-Ocultarlo solo para no lastimar a Mad o a Noah –Fue chistoso que al nombre del último su gesto fuera de derroche.
Me miró a los ojos, haciendo hormiguear mi estómago.
-Tampoco es muy agradable, pero igual lo prefiero –Trató de sonreírme y le besé rápidamente.
-Solo será un tiempo, y nos seguiremos viendo –Le prometí con una sonrisa, luego agregué-: Además, ¿Recuerdas que me ayudarás con ese examen tan problemático?
Río entre dientes.
-¿Cómo olvidarlo? ¿Por qué no me dijiste que lo ocultara? Sabes que te hubiera ayudado…
-¿Lo hubieras hecho? –Dudé.
-No me iba agradar del todo –Aceptó rodando los ojos-, sería un tiempo que podría pasar contigo desperdiciado, pero si tú me hubieras pedido solo para ahorrarte un problema… -Sus ojos jamás se vieron tan brillantes, ahora lo entendía un poco mejor.
-¿Por qué me evitabas? –Esta pregunta aún seguía nadando entre mis neuronas, me había explicado mucho pero esto aún seguía en cuestión.
Él tomó aire y volvió a jugar con mis cabellos, entretenido antes de responderme.
-Cuando me besaste –Colocó uno de sus finos dedos en mis labios con una sonrisa-, solo pude pensar en algo, y eso era esto… -Nos señaló en la habitación.
-¿Esto?
-Sí, estar juntos como lo estamos ahora –Me sonrío, a mí también me gustaba escucharlo-. Aún así, tu antes me habías preguntado qué era lo que pasaba… y pude ver lo terriblemente culpable que te sentías con cada palabra, entonces solo pude imaginarte como te vi cuando fuiste detrás de Madisson… -Me miró de una manera torturada pero traté de sonreírle-, eso era algo que no podía imaginarme –Se encogió de hombros-, no tenía el valor suficiente, así que simplemente me alejé, sabía que Noah llegaría, había escuchado a Jasper, así que quise que todo volviera a ser para ti tal como era antes incluso aunque… -Decidió callar y negó con una sonrisa.
-Incluso aunque… -Lo incité a que terminará.
-Incluso aunque yo no pudiera dejarte ni un solo segundo.
Lo abracé igual de fuerte que antes y le di un pequeño beso en el pecho.
-Si te afectaba –Murmure feliz contra su camisa.
Río entre dientes de una manera hermosa y prosiguió.
-Por supuesto que sí tontita, jamás me sentí tan vulnerable, y las cuatro paredes de mi cuarto están de testigo si no… Ahora que lo recuerdo, tengo muchas preguntas para usted señorita Swan…
Alcé mi barbilla solo para toparme con su hermosa sonrisa y asentí invitándolo a continuar.
En realidad fueron preguntas casi iguales que las mías, le conté todos los meses de frustración, le conté cuando Mad me confundía, también le dije porque era que le "odiaba", aunque le verdad fuera todo lo contrario, le hablé sobre mis cambios exagerados de humor, y por último me costó admitir cuanto lo quería.
Aún así tras mi cara más roja que un tomate y su sonrisa más ensanchada que el Gato de Cheshire pude decirle cuanto lo quería.
Con el dolor del tiempo le expliqué que tenía que irse ya que Charlie estaba próximo a llegar y no podía verme con él, eso sería un año más de castigo. Por suerte ahora tenía un excelente tutor al que debía visitar cada tarde… Eso solo me trajo una sonrisa y un horrible apretujón en mi estómago.
Cuando lo vi subirse a su auto, y luego marchar sentí algo extraño. Sentí una horrible sensación de irrealidad, como algo que simplemente no podía ser. Más como haber estado tan metida en una película y ahora estaba en lo últimos minutos. Entonces mi televisor regresaría al menú principal y me daría cuenta que solo había sido una película.
Tras ver el auto marcharse la sensación no desapareció, luego regresé a mi sala y ver el sillón donde habíamos estado acostados solo hizo que un nuevo sentimiento llegara. Esto era real; tan real como irreal. Y honestamente yo adoraba eso.
Tuve que recordar que tenía que hacer la cena para Charlie, y cuando escuché a mi estomago rezongar, reí, hasta yo misma tenía hambre. Camine hasta la cocina para hacer algo práctico, nada de cenas elaboradas por hoy.
Me miré en el espejo de cuerpo entero que estaba detrás de mi puerta, era la zona favorita de Alice recordé. Alice, cuanto la extrañaba… Me concentré de nuevo en la imagen.
Era yo, mis jeans se ceñían a mis piernas de una manera que me gustaba, la ramera crema con matices cafés me encantaba. ¿Y ahora de repente me preocupaba como me veía?
Una diadema crema adornó mi cabello si borrar la sonrisa de mi cara. Luego recordé quien me había regalado aquella diadema; Mad. El agujero asfixiante aún seguía en mi pecho y una solitaria lágrima rodó en mi mejilla.
Madisson se había esforzado tanto para que lo suyo con Edward funcionara… Yo en cambio solo había llegado y me había enamorado de él, al igual que se lo había quitado dejándola sola y con un enorme dolor. La vida no era justa.
Sabía a la perfección que habían muchos "peros" que justificaban mis acciones, "pero Edward se fijó en mi primero" "pero Madisson confundió las cosas" "pero él me quiere a mí"…
Daba igual, todo daba igual. Yo le había provocado un enorme dolor a mi mejor amiga. Yo tenía algo que ella quería en verdad.
En definitivo, la vida no era justa.
Me pregunté si de alguna manera haría algo por cambiarlo, ¿Acaso le pediría hoy a Edward que no volviera a hablarme esperando que luego él regresara con Mad?
No, eso no iba a suceder. Me gustaba pensar que no lo haría porque sabía que el resultado sería dolor para los tres, pero lo cierto era que me aterraba más mi propio dolor.
¿Cómo entenderme ahora? Podía estar feliz… pero no lo estaba.
¡Qué problema!
Aún así, no era como las otras veces en las que me la pasaba todo el día del mal humor, esta vez era algo distinto, esta vez podía sonreír al pensar en Edward pero sentirme profundamente mal con el recuerdo de Mad.
¿Qué resumía entonces? ¿Dónde estaba la solución escondida?
La única idea vigente en mi cabeza fue hablar con Madisson, sabía que no se solucionaría nada pero por lo menos podría sin llantos ni titubeos como sucedió todo, sabía también que eso serviría de poco…
Pensándolo bien, ¿Para qué lo hacía? ¿Para sentirme menos mal? Yo merecía sentirme como me sentía, entonces existían dos soluciones.
1. Separarme de Edward y así vivir totalmente triste por toda mi vida, pero sin el remordimiento de que continué con algo malo.
2. Fingir que Edward y yo no éramos nada para ver menos desdichada a Madisson…
La opción uno fue desecha desde que se la planteé a Edward, y ciertamente yo sabía que jamás sería una opción para mí.
Mire de nuevo mi reflejo en el espejo, verdaderamente mi lado egoísta resplandecía, salí de mi cuarto algo frustada, yo podía estar feliz, pero no quería. Al bajar a mi cocina me di cuenta de la hora… llegaría tarde a la escuela.
Pero unos dulces toques a la puerta hicieron que mi estómago se revolcara justo cuando buscaba mi mochila. Ya encontrada y con un abrigo en la mano abrí la puerta con una sonrisa.
Era como si mi cerebro hubiera guardado el sonido de sus nudillos contra la puerta para reconocerlo. Sí, era él. Tan hermoso como un dios adonis me contemplo con una sonrisa torcida.
-Ho-laa –Balbuceé, ¡Genial! Lo que no he hecho en tanto tiempo, lo hago ahora… aghh!
Pude ver que escondió su risa con unta repentina tos; un punto para él, odiaba que se riera de mí. Aunque extrañaba aquella risa burlona… esta tos también me gustaba. Rodé los ojos y lo saludé con un quedo beso.
Probablemente no me iba a acostumbrar pronto a esto, aunque el día de ayer se hubiera vuelto real al tenerlo aquí, cada segundo que estaba con él, tan pronto como transcurría se volvía irreal.
En especial cuando lo besaba.
-Perdón por llegar tarde –Se disculpó aún cuando yo seguía teniendo de objetivo sus labios-, andaba un poco… distraído –Rodó los ojos y río esta vez, sí, si extrañaba su risita-; Emmett quiere explicaciones.
Reí bajito y asentí, aceptando su mano para llegar a su auto.
¿Otro adjetivo de la familia Cullen? Caballerosidad. Esme había educado a sus hijos como tiempos de antes, esos en lo que te abrían la puerta, te conducían con una respetuosa mano por la espalda de un lugar a otro, te acariciaba tan lindo cuando te besaban… ¡Ok tal vez eso no se los enseñó Esme! Eso era cosa de Edward…
Al estar adentro de su auto, mi cerebrito nadando en la piscina de "Edward's drogs" se tomó un descanso para andar por el pasillo de la culpa. ¿Qué tontería estaba haciendo ahora? Yo que no quería que Madisson pensara que Edward y yo éramos endemoniadamente felices y ahora llegaríamos los dos juntos con una sonrisa.
Apenas Edward entró tuve que decirle.
-Lo mejor será que me vaya en mi camioneta –Le dije ya con la mano en la manija del auto.
-¿Qué pasa? –Me preguntó con el entrecejo marcado.
-Se supone que ocultaríamos todo, ya sabes… -¡Vaya! Y ahora ya empezaba a sonar como toda una gánster chantajista.
Edward pareció aliviado con mi explicación y después solo me sonrío dulcemente.
-No sería la primera vez que te llevo a la escuela…
-Pero Alice no viene –Recalqué recordando.
-Alice no está -¡Maldito buen punto!
-Además –Continuó-, soy tu tutor ahora y tendrás que venir conmigo –Sonrío de oreja y recordé en lo que me había metido. Me encantaba.
Puse los ojos en blanco y aguardé con mis manos en mi regazo.
-Voy totalmente obligada –Dije con la voz en sorna y una sonrisa en mi rostro todo el tiempo.
Ahora si que Bella se está pasando un buen tiempo con Edwrad, no pude poner la parte de la escuela, que por cierto creo que "será un día interesante" pero les prometo que eso viene en el próximo cap.
Mientras que me dicen, ¿Quieren que Alice regrese? Realmente yo ya la extraño...
Nos vemos hasta el próximo capítulo, besos y gracias por leer.
