Escondidas

Di otra mirada a Edward. Al parecer Matt seguía sin parar de hablar y él seguía concentrado en mí con la misma sonrisa.

-Sí, si le amo -Le dije sin dudar.

Asintió de nuevo rehusándose a irse y continuó.

-¿Lo conozco?

Asentí de nuevo con el estómago en las peores condiciones.

-Bien -Asintió de nuevo-, no me quieres decir nada más, ¿Me equivoco? -Mi negación fue la invitación a que continuara-. Estuve todo el tiempo desde que me dijiste rememorando cada palabra, así que tengo una pregunta más... ¿Por qué te peleaste con Mad?


A fin que Noah había llegado a la respuesta correcta, a la que yo debía de responder con la verdad. Él jugaba limpio, él no había preguntado nada relacionado con Edward, más aún así quería entenderme limpiamente.

-No lo entiendo, por favor -Me rogó algo desesperado-, sé que por eso estabas así, sé que sigues triste y no puedo olvidarte si sigo pendiente de ti...

¿Olvidarme?

Mis ojos se iluminaron sin preaviso, Noah pensaba olvidarme. Él era en realidad alguien muy bueno.

»Estoy seguro -Continuó-; que si puedo ser capaz de saber que estás bien, podría dejar de tenerte presenté.

Sonreí con una dulzura que solo podía se explicar por todo lo que sentía. Tal vez le dolería un poco a Noah, a cualquier hombre le dolía cuando tocaban en su orgullo. Más Noah ya me había demostrado que no era cualquier hombre.

-Estoy bien, te lo puedo asegurar.

Él asintió.

-¿Hay alguna manera de qué Madisson y tú...

-No lo creo -Le interrumpí regresando con el sentimiento de culpa.

-Pero ustedes son las mejores amigas -Apuntó confundido.

-Lo que hice fue muy grave -Protesté-. Ni yo misma me perdonaría... Era lo que ella quería más que a nada en el mundo... -Lamenté sin darme cuenta que había revelado de algo más.

Noah me miró severamente por algunos minutos. No volvió a asentir o decir algo, siquiera preguntar. Solo me observó. Después de algunos segundos sus pupilas de dilataron y solo conservó una idea.

-Tú... Mad... Ella... solo... -Balbuceó si comprenderse, estaba segura que no quería hablar, acaba de llegar a una conjetura que probablemente no era fácil de aceptar-: Edward -Murmuró tal cual primer palabra incomprensible.

»Tú y Edward -Resumió con la mirada perdida en algo más. Luego negó con la cabeza y ocultó su mirada-. Debí de esperarlo.

Me quedé congelada. ¿Es qué las sorpresas nunca acababan?

-¿Qu-é? -Separé el monosílabo en una palabra más complicada. Todo era más complicado.

-Bella, siempre fuiste transparente para mí... -Me sonrío.

Esperaba cualquier cosa menos eso. ¿Ahora ya estaba tranquilo?

Negué con el rostro bajo, ocultando mi vergüenza y claro el inmutable sonrojo en mis mejillas.

Noah levantó su mano y tocó con uno de sus dedos mi mejilla. Vi de reojo como Edward daba un paso más hacia la mesa, sonreí.

-Esto -Dijo Noah señalando mi mejilla-, era siempre presente cuando estabas a su lado... En la fiesta de Angela debiste de haberte visto... -Sus ojos se perdieron en un recuerdo que parecía doloroso.

Aproveché para negarle a Edward que se acercara. Con suerte me entendía y se quedó ahí parado a mitad de la nada.

-Richard -Pronunció sin aviso Noah trayéndome de nuevo a nuestra mesa.

El nombre me sonaba ligeramente conocido...

-¿Uh?

-Sí, tú me o contaste una vez, recuerda... R-I-C-H-A-R-D

Asentí con una sonrisa ahora por todo mi rostro. La historia se repetía, y esta vez la historia vigente funcionaría a mi favor.

-Gracias -Le dije de todo corazón, tenía que fijar toda mi esperanza en esta nueva oportunidad.

La campana sonó justo a tiempo; evitándome la incomodidad de agregar algo más. Noah se levantó y me sonrío de despedida.

-Cuando quieras -Agregó Noah como despedida.

Camino justo por donde Edward iba. Y me sorprendió cuando lo vi sonreírle, Edward no dudo en hacer lo mismo.

Algo extraño se removió en mi estómago, ¿Podía ser cierto?

Si Noah de un día para otro me hubiera dicho que había encontrado a alguien especial, yo probablemente me hubiera alejado con la misma sonrisa que ahora él llevaba.

En verdad tenía suerte.

Solté el aire que había contenido todo el tiempo; tenía una solución a la que me tendría que arriesgar.

En tanto procuraría seguir con Edward. Me levanté de mi lugar y lo abracé. Las pocas personas que salían se iban mirando hacia nuestra dirección pero supongo que no les aseguraba nada un mudo abrazo.

-¿Terminaron las escondidas? -Preguntó esperanzado.

-Algo así -Asentí con un sonrisa.


&

Edward me observaba con paciencia en lo que yo resolvía las funciones trigonométricas de un triangulo recto. ¿Realmente se divertía al verme borrar tantas veces?

Como sea, dejaba que me observara en cuanto yo pudiera seguir rompiéndome la cabeza. Los temas habían avanzado.

Ahora cada vez que llegara no le mentiría a Charlie sobre mis regresos; en realidad había estado con mi tutor.

-Listo -Anuncié dejando la caer el lápiz sobre la mesita de centro de su sala.

Asintió y se levantó del sillón de atrás de mí para sentarse a mi lado en un cojín. Observó mi hoja con mis vergonzosos números y sonrío.

-Terminaste, es la última lección en la ibas mal, has terminado...

Las palabras no parecían desanimarle tanto como a mí, yo no quería que esto terminara, yo quería seguir viniendo.

-Pero... -Apenas pudo entender el dejo de desolación en mi reclamo y expliqué-; en realidad no quiero que dejes de ser mi tutor.

Sonrío torcidamente.

-¿Dónde quedó el enojo? -Lanzó la pregunta con la misma sonrisa.

Rodé los ojos.

-Era una opción... -Me indigné y cerré mi libreta de golpe para levantarme-, puedo ir con Jake de todos modos.

Río aún un poco más y me tomó de la mano justo cuando me levantaba arrastandome encima de él.

-Ángela también es una buena tutora... -Trató de persuadirme hablándome tan quedamente y haciéndome cosquillas con su aliento en mis mejillas, mandíbula y cuello.

No caería.

-Pero no me entretiene como Jacob... -Objeté con el tono correcto para que parará en su trabajito y me mirara severamente.

Ahora fui yo la que reí y le pellizque un cachete. Seguía serio.

-Aunque -Continué tratando de no intimidarme por su fría mirada-, siempre hay alguien que me entretiene más.

-Bella Swan -Habló aún serio-, ¿Ahora me dirás que también recurriste a Noah a distancia antes que a mí?

Reí de nuevo a carcajadas.

-Hablo de ti, Edward -Le dije lo suficiente cerca para perderme en sus ojos.

Rodó los ojos y me acercó para que lo besara.

De nuevo volvía al punto, todo se olvidaba y quedaba únicamente sentir a Edward. Y podía asegurar que lo hacía con mis cinco sentidos.

Mis ojos aún cerrados podían rememorar cada parte de él, sus ojos, sus brazos, su sonrisa, su cabello, él. Mis oídos escuchaban su tenue respiración, el roce de sus labios con los míos y los "Hmptf" seguidos. Mi olfato podía embriagarse con su olor más que lo que cualquier vino pudiera provocar, haciendo que me quedara corta en poder guardar cada una de las sensaciones. Mi gusto degustaba cada centímetro de su boca, tratando de encontrar una definición a lo que sentía; no la hallaba. Y mi tacto era el más dichoso, podía sentir como sus manos me envolvían de caricias, como mi espalda se dejaba caer rendida sobre el piso y como mi cuerpo adoptaba su peso haciendo cosquillear todo por donde el sentimiento existía.

Esto mismo hacía que cada uno de mis sentidos se mantuviera alerta, pero hubo algo de más. El cerrojo de una puerta y de pronto unos pasos hacia dentro.

-Sí, sí, Alice... te lo prometo, iremos por ti justo a tiempo... -Escuchar la voz de Esme hizo que saltara tratando impulsivamente de levantarme.

Por accidente al levantarme tan rápido Edward se golpeó la cabeza con la punta de la mesita.

-¡Auh! -Protestó.

Traté de disculparme pero Esme ya entraba a la sala.

¿Qué podía decir? Estaba sencillamente hecha un desastre. Mi respiración era agitada por una inexplicable adrenalina, quería disculparme con Edward pero me sentía un poco neutralizada por la presencia de Esme.

-¡Bella cariño! -Esme parecía feliz ajena a mi caos interior, luego entendí que había estado lo suficiente distraída hablando por teléfono y recordé lo primero que había dicho al entrar "Alice".

Sonreí hacia el teléfono esta vez, si no me equivocaba debía ser Alice.

-Sí, Bella está aquí -Explicó Esme y luego de dos segundos-: Ok, nos vemos hasta entonces...

Y colgó. Luego se dirigió a nosotros.

-No esperaba encontrarte acá Bella, en especial porque Alice se ha ido... -Comentó Esme sin darle importancia en lo que acomodaba algunas cosas que había traído-. ¿El proyecto no ha finalizado?

-Ya finalizó -Concordó Edward con una sonrisa-, es solo que...

-Que ahora es mi tutor -Interrumpí a Edward diciéndole con la mirada que no continuara.

Esme nos observó de una forma extraña, tomó el ramo de rosas que había traído y empezó a acomodarlo en un florero con cuidado.

-Pareciera que la escuela los quisiera juntos -Dio por concluido con una sonrisa-. ¿Ustedes no... creen eso? -Dejo al aire la pregunta antes de irse a la cocina.

Mantuve mi respiración tranquila y me gire hacia Edward con un reciente sonrojo.

-¿Por qué? Bella esto no me gusta -Se quejó Edward-, Esme sería muy feliz...

Me acerqué a él y tomé una de sus manos para tranquilizarlo.

-Solo dame tiempo, es justo que Mad sea la primera en saberlo...

Me miró ceñudo.

-¿Y qué me dices de Noah?

-Entonces reitero, es justo que Noah y Madisson sean los primeros en saberlo -Concluí con una sonrisa.

Rodó los ojos y me tomó en sus brazos.

-Tienes suerte de que te quiera -Susurró en mi oído.

-Y tú no la tendrás si Esme nos ve -Río y me soltó.

Esa tarde me la pase con Esme y Edward. Emmett se había ido con Rosalie, lo cual era una lástima, lo extrañaba realmente. Y Carlisle llegaría hasta la cena, que no me pude quedar ya que Charlie me esperaría puntual.

Al llegar a mi casa Charlie no se extrañó, le dije que había ido con mi tutor y él pareció por primera vez dudarlo pero luego le comenté que ya el viernes sería mi examen y se relajó.

El martes estuve ansiosa por encontrar a Madisson pero ella no llegó. El miércoles fue lo mismo pero tampoco llegó.

No me opuse en que Edward me llevara y trajera ya que de todos Mad faltaba. Me estaba preocupando, la conocía bien como para saber que había algo más.

-¿Tienes libre esta tarde? -Me preguntó con su tan linda voz aterciopelada cerca.

-Como si no la tuviera Sherlock, ya pasa más tiempo en nuestra casa que en la suya -Respondió Emmett por mí con un amistoso golpe en su hombro.

Reí en lo que Edward lo fulminaba.

-Emmett solo voy las tardes, y dejaré de ir en cuanto me lo pidas -Me indigné.

Emmett hizo aquella mirada culpable y luego estalló en confusión.

-¿Por qué son tan injustos? -Su pregunta fue completamente aprehensiva-. Prometo no decir nada, lo prometo por meñique si quieren, pero me tienen que decir que ya ¡Están juntos!

Desde el martes que Edward y yo entramos riéndonos a carcajadas y corrimos a Emmett del sillón porque lo ocuparíamos, él lo tomo personal y estaba decidido a que admitiéramos "lo que éramos" según él.

Realmente escondérselo a Emmett era lo más divertido, se la pasaba "espiándonos" haciéndonos juegos de palabras, molestando, amenazando pero nunca ganaba.

Edward y yo nos miramos de una manera cómplices, nos sonreímos y nos separamos de nuevo.

-¿Estamos juntos Swan?

-No lo sé Cullen...

Emmett bufó.

-Yo estoy seguro que sí, si no, no me tendrían como niño pequeño en el asiento de atrás...

Me giré hacia atrás solo para reírme de su posición; sus grandes piernas apenas y entraban entre el espacio de los asientos delanteros y traseros, además su cabeza casi pegaba con el techo. ¿Había crecido tanto?

Con razón tenía una Jeep...

No dije nada más y asentí hacia Edward cuando volvió a preguntar si me quedaría en su casa. No entendía porque insistía, siempre me la pasaba ahí, pero esta vez me pidió que le hablara a mi papá para avisar que llegaría más tarde.

Incluso llegué a pensar que encontraría algo raro cuando llegamos pero nada. Excepto que Esme no estaba, Emmett subió a su cuarto y Edward y yo fuimos a la sala tal como siempre.

-¿Qué le dirás a Madisson? -Quiso saber hablándome bajito a manera que solo yo escuchara

Tome aire y me recargué sobre el respaldo del sillón, claro que prefería estar junto a él pero estaba segura que Emmett estaría en las escaleras esperando algo de "acción".

-Es una historia larga sobre nosotras... -Iguale su tono-. No recuerdo muy bien, y casi no me gusta hablar de eso, pero sé que funcionará.

-Nunca me disculpe por dejarte sola con ella... -Se tensó pero trató de tomar un tono relajado-. Lo siento.

-No te preocupes -Me moría de ganas por acercarme a él y abrazarlo.

Rodé los ojos y me acerqué. Me senté en sus piernas y lo abracé.

-No fue tan malo -Susurré bajito.

-¡AJA! -El grito de victoria de Emmett hizo que saltará.

Aghh; había tenido la esperanza de que su curiosidad no fuera a tanto. Pero luego imagine que atraparnos sería más divertido que ver la televisión.

El timbre de la puerta sonó justo a tiempo para distraerme del dedo acusador de Emmett, y de su carita de satisfacción. Me levanté del sillón y quise ir a abrir pero Edward me tomó de la mano para que me quedara ahí.

-¡Lo sabía! ¡Todo el tiempo lo supe! ¡Y ahora se toman de las manos! ¡Ja! -Seguía Emmett de insistente.

Lo admitía, estaba un poco roja y la puerta enserio que necesitaba que alguien la abriese.

-Bella y Edward se quieren casar... muchos besitos... besitos se dan... -Empezó a cantar imitando la voz de una niñita.

El timbre volvió a sonar, esta vez duró más tiempo.

-Emmett abre -Fue lo único que Edward dijo.

Pero Emmett seguía canturreando haciendo que yo adquiera el tono de un tomate.

-Emmett Cullen, abre -Repitió esta vez más serio y luego lo miró de una forma que no comprendí.

Hubo un destello en los ojos de Emmett y le guiño el ojo antes de ir a abrir.

-¿Qué fue eso? -Quise saber, sin Emmett burlándose me daba cuenta de algo extraño.

-Nada.

Se levantó de sillón e hizo que me girara para luego taparme los ojos con sus manos.

-Una sorpresa.

-¡Odio las sorpresas, Edward! -Me quejé-, y si me tapas los ojos harás que muera o que rompa todos los floreros de Esme...

-Nada te va a pasar -Me tranquilizó e hizo que avanzáramos.

No podía saber ni adivinar, nada llegaba a mi mente. Todo estaba oscuro tras las manos de Edward. Y tenía mucho miedo de caerme, pero confiaba en él más que en cualquiera. Probablemente estaría caminando mejor ahorita que con los ojos abiertos.

Nos detuvimos y escuché que la puerta se abría, sentí el aire de afuera y luego otros pasos.

Hasta que empecé a sentir que las manos de Edward dejaban libre mi visión y entonces todo se aclaró.


¿Qué les pareció, eh?

Ya saben, muchas gracias por leer y -la paciencia-. Nos leemos pronto.