Me la pase días enteros asechando a Sebastian, buscaba el momento de tomarlo por sorpresa para poder atacar, hasta que cierto día descubrí que los sirvientes, menos el anciano chibi, eran unos idiotas, no entiendo cómo es que no han destruido la mansión entera.
Primero aseche a Sebastian cuando hacia los preparativos del almuerzo, observaba desde detrás de la puerta de la cocina, fue entonces que Bard, el que se supone ostenta el título de cocinero, entro en la cocina, no habían pasado ni dos minutos, y una enorme bola de fuego hizo que la puerta se soltara de sus bisagras y me aplastara contra la pared, al menos me sirvió de escudo para protegerme del fuego.
Después del almuerzo, Sebastian salió al jardín para supervisar el trabajo de Finny, el jardinero, me encontraba oculta detrás de un pequeño pino, en la base de la escalinata, hasta que mis agudos sentidos me permitieron visualizar una enorme roca que se dirigía a mí, logre esquivarla por muy poco cuando salte hacia un costado.
- Que rayos fue esto? - me pregunte con asombro
- Están bien - pregunto Finny acercándose a nosotros
- Finny, deberías de tener más cuidado- le dijo Sebastian con pequeño tono de molestia- Has puesto en peligro a lady Sutcliff por muy poco
- Lo siento mucho - se disculpo
- parte esa roca y usa los trozos para reparan la barda del jardín, y Finny... mide tu fuerza esta vez- le dijo Sebastian entrando a la mansión
- Como diga señor Sebastian- dijo Finny con alegría, después le propino un puñetazo a la roca y la partió en cientos de trozos de distintos tamaños
- Tiene... una fuerza increíble!- exclame
Entre en la mansión nuevamente, no podía sentir la presencia de Sebastian por ningún lado, camine por toda la mansión, justo antes de volver a la cocina, escuche un grito pidiendo ayuda que provenía de más adelante, me apresure a ver qué pasaba, y vi a Mei Rin corriendo con un montón de cajas apiladas que le impedían ver por dónde iba, al parecer había comenzado a correr tratando de mantener el equilibrio de las cajas y ahora no podía detenerse.
Tropezó a un par de metros de distancia de donde me encontraba, las cajas salieron volando por los aires, y se dirigían hacia mí, trataría de tomarlas para evitar que cayeran al piso, retrocedí tanteando la distancia, pero choque contra el cuerpo de Sebastian, el cual me sujeto con un brazo para que no cayera, y con el otro, tomo todas las cajas apilándolas mientras caían.
- Mei Rin, te he dicho que no apiles las cosas tan altas de modo que te impidan la visión
- Lo siento señor Sebastian- se disculpo haciendo una reverencia
- Se encuentra bien lady Sutcliff?- me pregunto sin alejar su brazo de mi
- Que rayos está pasando en esta mansión?! - exclame - Acaso les diste ordenes de que intentaran matarme?!- le reproche a Sebastian
- Mei Rin, ve a asear el hall principal, y por favor... no rompas nada!- le ordeno a la sirvienta - lady Sutcliff como la invitada de mi amo le pido a usted también que deje de exponerse a los peligros de esta mansión, en ningún momento he tratado de aniquilarla como usted asegura
- Todos los sirvientes han intentado asesinarme
- Solamente ha estado en los lugares equivocados my lady, todos estos sirvientes son así, pero existe un motivo especial por el cual están ellos aquí
- Si ese es el caso... entonces aleja tu brazo de mí, no intentes propasarte
- He notado que me ha estado siguiendo, podría preguntar a que se debe?
- Solamente quiero terminar lo que Will interrumpió en el callejón aquel día, a menos que te acobardes
- Sera en otro momento my lady, justo ahora no me queda mucho tiempo, aun debo hacer los preparativos de la comida y el postre
- La cita es antes de la hora del té demonio, espero que no huyas- le dije dándome la vuelta para marcharme
- Me deja en una difícil posición my lady- murmuro Sebastian soltando un suspiro
Salí de nueva cuenta al jardín, me apetecía explorar el bosque que rodeaba a la mansión Phantomhive; trepe a las ramas de un árbol cercano, voltee la mirada de nuevo hacia el jardín, y vi unos hermosos rosales que acababan de florecer, después vi a Finny acercarse a ellos
- Son unos lindos rosales, fuiste tú quien los cultivo no es verdad?- le dije saltando de la rama y aterrizando frente a el
- Si, los he estado cuidando desde que el señor Sebastian los mando a traer desde Alemania, me alegra que hayan florecido antes de navidad- me respondió con una cálida sonrisa, pero a juzgar por su siguiente expresión, perecía que acababa de recordar algo importante- Ya casi estamos en Navidad!... disculpe señorita Jill , necesito hacer algo- me dijo antes de salir corriendo
- Todos en esta casa son bastante extraños- murmure al ver correr a Finny
Planeaba caminar por el bosque un rato, pero cuando subí a la rama nuevamente vi un carruaje que se aproximaba a la mansión, así que decidí volver a entrar para ver de quien se trataba, me parecía extraño que hubiera humanos capaces de venir hasta acá, y menos ahora que comenzaba a soplar un viento invernal.
Cuando entre a la casa me tope con una mujer, lucia bastante joven, y tenía un semblante estricto, venia acompañada de una niña más o menos de la edad de Ciel, de cabellos rizados y de un color ambarino brillante. La cual se lanzo para abrazar a Ciel.
- Elizabeth!- le reclamo la mujer- deberías de abstenerte de hacer estas escenas impropias, además, deberías de saludar primero
- Lo lamento mucho madre- le dijo la niña
- Ha pasado tiempo desde la última vez que nos vimos, Marquesa Middleford
- Déjate de formalismos, y que es esa facha de recién levantado que tienes, presumo que de verdad te acabas de levantar
- De verdad ha sido bastante tiempo- dijo Sebastian inclinando la cabeza en señal de saludo- bienvenidas Marquesa, Lady Elizabeth, gracias por tomarse la molestia de viajar todo el camino hasta aquí
Alcance a ver que la marquesa miraba con enojo a Sebastian y a Ciel
- Tengo algo en el rostro?- pregunto Sebastian un poco sorprendido
- Que apariencia tan indecente tienes tu- le reclamo la marquesa- ustedes dos, tanto amo como sirviente a pesar de ser hombres mantienen el flequillo largo, el solo verlos me irrita- agrego tomando el flequillo de Sebastian- deberían de aprender a Tanaka
- Tía, Tía por favor espera un minuto- escuche decir a Ciel- AAHHHHH!
Cuando mire detenidamente a los dos me di cuenta de que la marquesa les había peinado el flequillo hacia atrás, no pude evitar entrar al hall y comenzar a reírme, fue un error.
- Y quien es ella?- pregunto la mujer al verme
- Yo la vi en el funeral de la tía Ann- dijo Elizabeth
- Es una conocida del amo Ciel, viene desde muy lejos y no sabemos cuánto tiempo vaya a quedarse en Londres, cuestiones de trabajo- respondió Sebastian- Su nombre el Jill Sutcliff... Lady Sutcliff ellas son La marquesa Frances Middleford, hermana del anterior conde Phantomhive, y tía del joven amo Ciel; y su hija Elizabeth Middleford, la prometida del joven amo.
- Encantada de conocerlas- dije inclinando la cabeza
- Tienes una pinta bastante extraña- me dijo la marquesa, trate de disimular mi disgusto- que son esas ropas que usas, son inapropiadas para una dama, y ese cabello,... tendré que hacer algo contigo en este instante- agrego arrastrándome escaleras arriba
"Que ser humano tan aterrador es esta mujer" pensaba al tiempo que entramos a una habitación que no difería mucho de la mía, solo que esta tenia tapices blancos con una alfombra a juego, los muebles simplemente eran una cama impecablemente arreglada, un mas de mesitas de noche a cada lado de la cama, un hermoso ropero blanco, y un lindo tocador del mismo color, con detalles en rosa pastel, a pesar de estar impecablemente limpia, se notaba que la habitación no se había usado en muchos años.
La marquesa abrió un enorme ropero el cual estaba lleno de vestidos, "sospecho que de ella, se supone que era la hermana del anterior conde, esta mujer de verdad me da miedo"
Saco varias piezas de aquel ropero, zapatos, una faldilla, medias, diferentes vestidos, y un corsé, salió de la habitación un momento y después regreso, había alcanzado a escuchar levemente que llamaba a Sebastian, pero no logre escuchar que le dijo.
- Bien quítate esas ropas indecentes- me dijo
- Indecentes? que tiene de indecentes?
- Esas no son ropas que una dama refinada deba usar, no sé como mi sobrino te permitió entrar en esta casa con esas fachas, o te desvistes sola o lo hago yo
-S..Si señora- dije haciendo caso de inmediato -"me da más miedo que Will"
Me quede solamente con la ropa interior, que por lo lograba ver, tampoco le agradaba, no entendía como esta mujer había logrado intimidar a una shinigami como yo, pero de verdad me aterraba esa mujer.
La marquesa me coloco primero una especie de fondo... después una faldilla y después, tomo el corsé.
- No es enserio que debo usar eso verdad?- pegunte nerviosa
- Claro que lo usaras, esto resaltara tu figura, eres una chica delgada hay que resaltarla mas
- "quiero a mi hermano"- me queje para mis adentros
Me obligo a ponerme el corsé, y después lo apretó con todas sus fuerzas, que por cierto eran bastantes.
- Me estoy ahogando- me queje con dificultad
- Tonterías, una dama tiene que tolerar esto, es el precio de la belleza y la clase- me reprocho apretándolo aun mas
- Ouchh!... me voy a morir! - me volví a quejar
- Solo un poco mas
Era incomodo, y me estaba asfixiando, comencé a pensar en que después de todo si existía la manera de matar a un shinigami... un corsé. La marquesa tomo varios vestidos y me los sobreponía para ver como lucían, al final término por escoger un vestido azul obscuro, pero antes de ponérmelo tomo mi katana y la observo un momento
- Excelente arma señorita Sutcliff, perfectamente balanceada, y la hoja es completamente recta y maciza a pesar de las inscripciones grabadas , muy bien, el vestido consta de dos piezas, por lo cual podrá llevar la espada oculta entre sus ropas sin que nadie pueda siquiera sospecharlo.
La marquesa coloco la espada, y después me coloco el vestido, tenía razón, a simple vista no se notaba que iba armada, al menos un humano no lo notaria, me hizo sentarme en una silla, para mi sorpresa la katana no me estorbaba, estorbaba mas el vestido, llamaron a la puerta, la marquesa abrió la puerta, era Sebastian el cual le llevaba un maletín
- Esto no es bueno- susurre, tenía razón, en ese maletín había peines y maquillaje, fue peor que una tortura. Al finalizar me mire en el espejo del lujoso tocador que estaba en la habitación, por un momento no reconocí a la mujer que veía en el reflejo, pronto caí en cuenta que era yo la que estaba ahí, me habían transformado en muy poco tiempo, y había hecho un trabajo maravilloso, el maquillaje era muy natural, además me había soltado el cabello y había sujetado algunos mechones en media coleta, me era raro verme así, pero aun así me gustaba como lucia.
Bajamos enseguida, me sorprendí de poder caminar con zapatos de tacos altos, al menos aun no me mataba, al bajar la escalera me percate de las miradas de asombro de todos.
- Luce muy bonita- dijo Elizabeth entusiasmada- Wow, mamá es sorprendente verdad Ciel
- Tienes razón, la tía Frances me sorprende
- Lo que me sorprende es que tu sigas siento tan relajado como siempre, y que tu mayordomo aun conserve esa imagen tan desaliñada, recuerda que tu vas a ser el que se casara con mi hija en un futuro, tienes que dar una buena imagen!- les reclamo las marquesa - Voy a reentrenarte el día de hoy, y comenzare por revisar esta mansión
Ciel y Sebastian se quedaron como piedras, ninguno se movió ni dijo nada.
