26. Buen momento
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Y para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor.
Mario Benedetti (1920-2009) Escritor y poeta uruguayo.
¡No!, ¡No ganarás este juego Edward Cullen!
Permanecí sin parpadear viéndolo fijamente desde el otro lado de la habitación, de vez en cuando y solo de soslayo, sin nunca despejar de mi visión sus ojos, podía ver su perfecta sonrisa torcida, como se marcaban pequeñas líneas entre sus labios y sus mejillas, me encantaba. Por otra parte parecía que me había distraído más de lo debido y el soltó apenas una carcajada.
No, no ganarás.
Justo cuando pensaba haber ganado, me concentré completamente en sus ojos de nuevo.
Sin parpadear, sin parpadear.
¡Oh, pero mis ojos ya picaban tanto!, además sentía que ya no podía...
Sentí repentinamente el cosquilleo en mis mejillas provocado por mis pestañas. Sí, imperceptiblemente había perdido.
Edward soltó la risa que había contenido y me observó divertido.
No dije nada, pero estaba segura que él ya sabía lo que pensaba. El rubor en mi rostro aportaba que tenía que pagar mi apuesta.
–¡Lo tengo! ¡Ya está! –La voz de la duende reventó nuestra burbuja privada y la sala de su casa apareció repentinamente a mí al rededor.
También estaban ahí Rosalie, Emmett y Jasper.
Me sonrojé aún más por haber estado tan distraída y se escuchó otra carcajada por parte de Edward.
Emmett rodó los ojos y Rosalie nos miró recelosa como si estuviera tratando con unos dementes.
–¡Edward y Bella, concéntrense! –Alice estaba realmente seria.
Todos nos habíamos reunido ahí para ver cual sería el asunto de nuestra graduación. Me sentía extraña al decir que ya era mi último curso, pero lo era. Cuando el proyecto del bebé finalizó yo estaba tan abrumada con Edward que no recordé mis principales motivos porque el proyecto concluyera.
Aparte claro, de que yo no quería ser madre de un producto plástico, estaba el hecho de que el proyecto marcaba el final para mi curso. Mi último curso. Si no fuera por Alice no habría podido estar atenta de mi graduación. No sabía por que había que darle importancia, pero después de un tiempo había aprendido que lo importante era estar con mis amigos y lo que Alice planeaba era precisamente eso.
Claro, ella siempre quería meter sus pequeñas manitas en todo lo que tuviera importancia para las personas que quería. Y como la escuela no había podido darle más poder que organizadora del baile, se sintió inconforme.
–Yo no quiero ser solo la "or-ga-ni-za-do-ra" –Me había dicho–, quiero ser la que planeé todo –La observé con incredulidad, después de todo, eso era lo que hacía una "organizadora"–. No entiendes –Replicó–, no quiero un sencillo baile y un tema de una noche que siempre termina en una fiasco o un autentico cliché. Quiero… no sé, algo que no se pueda olvidar, y los fondos de la escuela más su cabeza dura no me complacen –Terminó.
Entonces ella aceptó organizar el baile, pero según dijo era solo para que las fotos que nos tomara ahí fueran espectaculares. Aún así, se quedó inconforme y nos pidió que nos reuniéramos ahí para saber que haríamos nosotros 7 en nuestra verdadera despedida institucional.
Sí, los siete. Maddisson estaba incluida ahí, mi ex–mejor amiga había dicho que iría, no podía rechazar a Alice. En parte eso, y estaba claro el hecho que no aceptaría que la única amenaza en el viaje seriamos Edward y yo. Me sentía mal, ya que yo sabía lo que dolía, junto con la confusión y todo.
Más jamás me atreví a decirle algo por que ella siempre replicaba que había olvidado a Edward, que ya no le quería. Y que estaba orgullosa de que por fin yo hubiera encontrado a alguien que me quisiera tanto.
Lo único malo en su plan, es que le mentía a su mejor amiga, y yo podía notar como batía las pestañas para ocultar su incomodidad cuando decía "no querer a Edward". Como una sonrisa dulce y no sonsacarrona como lo es común en ella, se formaba en su rostro cuando me decía de su supuesta felicidad por mí.
Le agradecía que tratara de ocultarlo, pero me dolía cuando veía como sus ojos brillaban cada vez que se mencionaba a Edward. Cuando lo mencionaban podía leer la melancolía en su rostro, casi como si de un difunto se hablase, pero cuando lo veía notaba cierto resentimiento.
Con el tiempo que Alice hacía que todos saliéramos juntos pude notar que cambiaban ciertas cosas. Maddisson jamás iba sola, siempre llevaba a alguno de sus pretendientes, ya que cuando dejó de ser la "novia de Edward Cullen", miles de hombros se ofrecieron para apoyarla en "el engaño de su amiga".
La primera semana que ella regresó a la escuela muchas de la bola de envidiosas de Laurent, me trataron de hacer sentir mal. Más Maddisson me sorprendió cuando delante de todos dijo lo valiosa que yo era como persona, y que no había quien se comparase como para entregarse sin problemas a un sentimiento puro.
Sí, Maddisson era demasiado buena. Mucho mejor que yo ocultando la depresión y siempre tenía una sonrisa premeditada.
Aunque tampoco era fría, y las veces que podía, prefería acompañar a su mamá al supermercado, o tener una cita a solas que estar con tres parejas.
– ¡Podemos viajar! –Chilló Alice trayéndome por tercera vez de regresó.
Me sobresalté un poco, ya que me había perdido en el recuerdo de los tristes grises de Mad. Busqué un punto en el cual concentrarme, inmediatamente mis esmeraldas ocuparon mi visión.
Él pareció preocupado, siempre que me veía en ese estado se ponía así. Le sonreí y por un leve momento pude ver algo que no comprendí pero entonces se giró hacia Alice.
No me extrañaba lo que pasaba, los primeros días que Maddisson y yo volvimos a hablarnos, me separé un poco de él. Ya que, había estado casi mis veinticuatros horas a su lado y al estar Mad cerca no podía hacerla sentir mal. Por tanto habíamos reducido nuestras horas, a sus visitas a mi casa después de la escuela y sus continuas llamadas en las noches, si no es que se colaba por mi ventana y me hacía dormir.
Cuando comprendí que era lo que verdaderamente lo distanciaba de mí, me sentía muy débil.
El terror se reflejaba en mis ojos y yo lo sabía, no me importaba ocultarlo. Edward me miraba de la misma forma que ya me tenía cansada, no podía descifrar y si lo intentaba me dolía demasiado. Podía ver infelicidad y eso me aterraba.
–Esto no va bien –Dije en un murmulló, tan bajo casi que el ruido de los grillos me hacían competencia.
Él se removió incomodo en mi cama. El brazo que había mantenido sosteniendo su cabeza lo dejó caer para sujetar mi cintura y arrastrarme a su lado.
Me acomodé como pude entre las almohadas y su pecho. Si 'esto' iba a terminar quería que por lo menos me dejara un buen sabor.
–Lo sé –Escuchar la aceptación de sus labios me hizo sentir tan desprotegida como dolida.
Había contado que al saber él, que yo me encontraba tan aterrada me reconfortaría, me daría seguridad de que este no era un fin. Pero la aceptación que me dio solo me dejó desprotegida y vulnerable al dolor.
Asentí pesadamente, sin darme cuenta del escozor que ya estaba en mis ojos y mis pestañas luchaban por no dejar libre las lágrimas.
Edward tomó consciencia y la misma mano que me había impulsado tocó mi mejilla, casi con miedo.
Entonces como ley de activación, las lágrimas cayeron sin compasión y un sollozo se escapó de mis labios.
Él me observó con dolor, pero no dijo nada más. Solo me observó y ahí estaba de nuevo. Aquella mirada indescifrable que solo trasmitía más dolor.
Como pude entre todos mis sollozos que no luché por guardar me acerqué a su generosa boca. Lo besé como pude, ya que la respiración irregular por mi llanto y el ligero temblor en mis labios por el miedo no me ayudaban.
Él acunó mi rostro en sus manos y me apretó a él como pudo. Su lengua me dio la seguridad que yo había estado buscando... pero, no, él seguía sin decir nada. Él no decía nada.
Me derrumbé y un sollozó de dolor más fuerte que los anteriores interrumpió nuestro único enlace.
–Lo siento –Dije sin contener más.
Pero dolía, dolía demasiado. Todo el tiempo que desaproveché cuando lo nuestro pudo haber sido perfecto, y cuando por fin di una oportunidad por alguna razón que no comprendía ya nada funcionaba. Edward me había mostrador un lugar que nunca pensé visitar. Donde yo me sentía tan dramática y feliz como alguna vez detesté.
–Amor mío no... –Rogó él.
Levanté el rostro tratando, sin sentido alguno, de secarme las lágrimas y contener mi llanto.
–Lo siento tanto –Repetí entre sollozos.
Él tomó mis manos y me miró sin comprender, agregado claro, aquel dolor en sus ojos que no comprendía.
De nuevo me acerqué a su pecho y lo abracé dando toda mi fuerza. Cuando él tomo todo mi cuerpo entre su brazos como una bebé, lloré sin detenerme en lo que él trataba de mecerme para controlarme. Más yo apenas era consciente.
–El dolor siempre te regresa por partida doble –Repetí las palabras de mi padre, que hace meses me había dicho.
Edward no me dijo nada, ni si quiera podía saber si me escuchó pero no me soltó de sus brazos y fue para mi suficiente.
Después de un rato me desesperó, ya había dejado de llorar y él no decía nada. Más tenía miedo de que si yo dijera algo, él no contestara.
–¿Te vas a ir cuando me duerma? –Quise saber tan ansiosa por escuchar su voz, que casi lo dije esperanzada.
No contestó, solo lo escuché tomar aire.
–Sí, tal como siempre –Contestó taciturno.
Su frialdad hizo que mis brazos enrollados a su figura lo soltaran. Aún así, no lo vi y permanecí a un lado.
–Entonces, la próxima vez que el sol salga... Solo serás mi... –La voz se me quebró y me enojé–.
Siempre que me sentía débil el enojo venía y me sentía una tonta por haber llorado como lloré hacia minutos. Era un tonta.
–Solo serás mi compañero en Biología –Afirmé y me levanté de la cama–, ¿Sabes? He decidido que hoy quiero dormir sola por favor...
No fue necesario que tuviera que pedirlo. Escuché como a mis espaldas se levantaba de la cama. Incluso imaginé sus pasos para abotonarse los primeros botones de su camisa. Luego buscar sus zapatos y entonces escuché como la ventana rechinó al abrirse.
Ya, ya se había ido. Ya había acabado 'esto'. Cuando me percaté de que 'esto' ya era 'eso'. Sentí que mis piernas temblaron y caí.
Ya no volvería a estar con él, ya no podría verlo con la misma felicidad, y como tampoco era novio de Mad no lo vería ni obligatoriamente. Ya los cursos de biología acabarían y entonces lo dejaría de ver para siempre. No iría a su casa nunca más, no nos recostaríamos en el pasto de su prado secreto de nuevo, no podría tomarlo de la mano con algún derecho, no recibiría sus cosquillas... sus carcajadas hacia mi torpeza... sus abrazos... sus sonrisas torcidas... sus besos... ya nada. Todo 'eso' había terminado.
Apenas fui consciente de unos chillidos y unos cuanto sonidos ahogados más un dolor en mi garganta; cuando supe que era yo, no me importó.
¿Qué caso daba? Charlie me había dejado sola, estaba ahora completamente sola.
Una cálida mano se posó en mi hombro y cuando lo vi pude estar segura de que ya me había dormido.
Me ofreció su mano para levantarme. Con ojos rojos sentí vergüenza pero acepté su mano. Y una vez que me levantó me tomó en brazos y me llevó a la cama.
Me dejó ahí y jugó con mi cabello hasta que casi me dormía en mi propio sueño. Pero sentí cuando se iba y lo tomé fuertemente del brazo.
Si este era un Edward de sueño, podía secuestrarlo para la eternidad y nunca despertarme.
Él regresó a su lugar y me acurruqué en su pecho cuando lo hizo, volvió a jugar con mi cabello pero yo no lo sentía.
–Todo terminó –Le dije cuando pude.
– ¿Qué lo ha hecho? –Quiso saber él, con la voz más rota de lo que esperaba.
–Supongo que tú aún no lo sabes, por que yo apenas me hago a la idea... –Susurré como una demente hablando más para mí que para él–, Edward... él... yo ya no, ya no estaré con él de nuevo.
Mi Edward de sueño me atrapo más fuerte.
–Estoy aquí –Musitó tan fuerte como pudo.
–Tú sí, pero él no...
– ¿Él? –Su voz se levantó tanto que quise callarlo, no quería me sueño estuviera intranquilo.
–Tú no entiendes –Refunfuñe–, tú eres un sueño... Edward ya se fue...
Tomó mi barbilla e hizo que girara a verlo.
–Bella, estoy aquí, sigo aquí mientras tú me quieras...
– ¿De qué hablas? Yo siempre te querré a mi lado.
Me dejé llevar por la desesperación de creer que no había perdido nada.
–Eso no es lo que dijiste hace un momento, tú dijiste que 'esto' no funcionaba.
Me alegré que la aplicación 'esto', aún prevaleciera. Sonreí y lo miré más segura.
–No, Edward, no funciona por qué tu no me quieres decir qué te pasa, has estado tan raro, además ya no sonreímos... y solo han pasado apenas dos semanas... tampoco quiero sonar como una loca, pero es imposible no poder estar pendiente de eso, si tu pareces siempre... forzado –Edward también había hecho que fuera más fácil exponer lo que sentía.
Me sonrío y me beso sin darme lugar para continuar.
Volví a caer en él, pero ya después rodamos quedando una deliciosa presión contra mi cuerpo. Los botones que había abotonado antes volvieron a estar libres. Y marqué ligeramente líneas entre su musculatura. Río sin aliento en mis labios y bajo a mi cuello para besarme.
– ¿Es tu manera de explicarme? –Quería sonar exigente pero en vez de ello, solo se escuchó como un ronroneo.
Volvió a reír y me estremecí de placer.
Se detuvo y levantó su rostro al mío.
–No es cierto –Repliqué.
Dibujó esa hermosa sonrisa y volvió a su zona de interés.
–Yo no estoy forzado, jamás lo estaré a tu lado –Me explicó en un recorrido de besos y palabras.
Suspiré y continuó.
–Es solo qué, no sé que hacer, no puedo olvidar lo estúpido que fui contigo... Pude haber ahorrado esa pelea con tu mejor amiga y sé que eso es lo que hace que te distraigas y entristezcas... entonces, no sé qué hacer.
Tenía razón, era la única manera en la que lo escuchaba y no interrumpía.
–No, eso no –Me separé un poco de él.
–Todo pasó como tenía que pasar, yo no me arrepiento de nada –Le sonreí.
–Solo lo dices por mí, y cuando te pierdes y pareces estar en otra lugar...
–Eso –Le interrumpí–, es algo inevitable en mí y en cualquiera, siempre va a ver algo malo para poder tener algo bueno, y tú, tú eres todo lo bueno, entonces solo necesito esto –Nos señalé–, para estar bien.
–Las tonterías son mi naturaleza –Rodó los ojos y me dio lugar a un respiro.
–No, Edward, tu naturaleza es hacer que cada día te quiera más –Volví a acércame a él y lo besé como pocas veces lo hacía.
Sí es que era raro que fuera pocas veces...
–...Canadá, es una buena idea, tal vez Sudamérica... ¡Oh si! –Alice seguía con su excitación.
–¡NO! –Gemí cuando terminé de escuchar la idea.
Alice me observó con paciencia.
–Bella, me he comportado solo por miedo a que tu burbuja de felicidad estallé, pero por favor –Me rogó con la mirada–. Espero que ahora que ya ha... –Se interrumpió a si misma, se giró hacia Edward y éste negó con la cabeza. Entonces ella rápidamente agregó–, nos merecemos un viaje...
–Nada fuera del país –Pedí con la mejor sonrisa que se me ocurrió.
Alice pareció pensarlo y después de un momento:
–Quién esté a favor de Bella alcé la mano –Dijo con un puchero, rendida.
Por suerte todos me apoyaron y Alice pataleó hacia Jasper.
–Sería justo que tú escogieras el lugar entonces –Sugirió él.
Alice tomó una sonrisa una nueva.
–Eso estará bien.
No fue necesario que nosotros dijéramos algo, de todos modos yo ya no protestaría.
Alice tomó a Jasper de a mano y le dijo que buscaran algunos lugar buenos en Internet.
Emmett contó una broma a Rosalie y ella se río antes de darle un suave golpe en el hombre y ambos rieran.
– ¿Nos vamos? –Me preguntó mi voz preferida antes de llegar a mí.
Sonreí.
– ¿A dónde?
–Es un secreto –Su pícara sonrisa me deslumbró y dirigiéndose a alguien más dijo–. Emmett, por favor.
Escuché la gutural sonrisa de su hermanote y luego unas llaves cayeron a las manos de Edward.
Sin dejar de mirarme las atrapó y me tomó de una mano para que saliéramos. Una vez fuera de su casa y en camino hacia la Jeep de Emmett mi curiosidad llegó a un punto importante.
–Edward, esto se llama secuestro en muchos países, incluyendo éste –Amenacé pero mi voz sonó como un clemencia a que dijera.
Él río y sacó del bolsillo trasero de sus jeans un pañuelo blanco que dobló.
– ¡Oh no! Ahora si es un secuestro...
Me ató el pañuelo por la cabeza nublándome la vista.
Después sentí sus manos por debajo de mí y el suelo desapareció. Luego solo sentí la piel de los asientos de la Jeep. Escuché como cerró la puerta y cuando se subió. El carro arrancó y yo no podía valerme de mi sentido más virtuoso... o eso creía.
–Edward, cuántas veces te diré que odio las sorpre...
–No es así –Me interrumpió–, puesto que eres Isabella Swan, y odias el matrimonio... no te preocupes, a las Vegas, no vamos –Río apenas y continuó–, además no quieres tener hijos pronto, así que tampoco vamos a adoptar o a... "practicar el proceso" –Volvió a reír y supuse que el sonrojo que sentía era notable, aún con el pañuelo. Tomó una de mis manos y continuó–; Haber que más... Tampoco iremos al gimnasio para que tengas un chico musculoso –Me sonrojé más, yo consideraba a Edward lo suficiente como para volverme loca, no necesitaba más–. Y como es difícil hallar un buen regalo que no sea ostentoso, caro, brilloso, piedra, salida cara... –Cuando las palabras formaron el recuerdo en mi mente me sentí llena de... algo que aun no podía descifrar.
Recordaba cuando hablamos de aquello, y cuando él me demostraba que él también, era como decirme mil veces que me quería. Y yo solo sentía ganas de aventarme a sus brazos y besarlo hasta que mi vida se fuera en ello. Sentía que lo quería tanto. Y me sentía tan querida...
–Olvidaste inmerecido –Apunté al rememorar cada palabra dicha.
–No, Bella –Me contrario.
– ¿Quieres decir que no hay ningún buen regalo inmerecido? ¿Qué me dice de la gente que te hace daño, pero aún así quieres y le das todo lo que puedes? –No hablaba de nosotros, claramente.
Pero quería hacer ver mi punto, como siempre.
Su mano se deslizó hacia arriba y escuché su tono de conformidad. Casi me lo imaginaba encogiendo sus hombros.
–No concibo algo que sea inmerecido para ti –Respondió con normalidad y depositó un beso en mi mano.
De nuevo el sentimiento se repitió. Más la sensación vino acompañado de una caída, un golpe, y una vibración después: la Jeep parecía ir por un camino nada agradable. Lo que sea que pasáramos, era bueno haber traído el todo–terreno. Y eso hizo que regresara a mi curiosidad junto con el comienzo de una velocidad más lenta y varios saltos que daba dentro de la camioneta.
–Edward, por favor –Supliqué–, ya no aguantó, dime, por favor...
Utilicé la mejor voz persuasiva –nada comparado a la suya, claro está–. No dijo nada y continuó jugando con mi mano hasta que la Jeep se detuvo.
–Llegamos –Anunció tan pronto sentí que mi ansiedad crecía y mi curiosidad llegaba a su clímax.
Escuché que abrió la puerta y antes de cerrarla dijo–: No hagas trampa.
Rodé los ojos, aunque él no pudiera verlo. Traté de palpar algo para ubicarme, pero aún seguía dentro de la Jeep y nada podía decirme algo hasta que saliera.
Mi puerta se abrió haciendo que mi estómago se revolcara de los nervios. Estaba realmente ansiosa. Él río. El humor de Edward solo me comprobaba que yo ya debía de quitarme el pañuelo y ver todo.
Cuando sentí sus manos rodear mi cabeza no pude evitar tomarlas, ansiosa por que desatara el nudo. Hizo que camináramos unos pasos más adelante, él por detrás y yo muy, muy, nerviosa por delante.
Intenté arrastras mis pies para sentir la textura del suelo, pero no podía a causa de mis zapatos. Edward río y yo solo dije algo inteligible en lo que él volvía a reír.
–Bien –Dijo cuando empecé a sentir como desataba los nudos–. Es hora.
Sentí mi cabeza libre de presión pero él mantuvo el pañuelo nublando mi vista. Levantó mi cabeza hacia arriba y entonces el pañuelo dejo de envolver mi vista.
Tan nerviosa había estado que no me percaté de haber estado con los ojos cerrados, loas abrí y observé el oscuro cielo. Recordé que Edward había hecho que observará hacia arriba, ubiqué mi vista mejor y vi una clara e intensa luna que refulgía en su lugar. Conjugando una hermosa tonalidad de azules a su alrededor, combinados con la clara luz, que el sol –a kilómetros–, emitía a su haz.
El sol y la luna mantienen una relación de lejos pensé. Son muy diferentes pero el sol siempre esta ahí para dar luz a la luna en la oscuridad de la noche. No la desampara, la cuida. Recordé la noche que creí que Edward y yo nos separaríamos de nuevo, recordé haberle dicho que él era lo bueno, y que él era el único que en lo malo que podía darme luz... lo bueno. Me gustó pensar que éramos así, como sol y luna.
Aún entretenida en mis propias cavilaciones escuché la repentina respiración de Edward. Él también estaba ansioso por lo que venía, sea lo que fuese cerré mis ojos fuertemente.
– ¡Edward! –Grité sabiendo que era un lugar nada concurrido. Todo estaba muy silencioso y a menos que fuera una biblioteca tenía que ser un lugar deshabitado.
Escuché como Edward se pasó rápidamente por delante de mí.
– ¿Qué te... –Cuando entendió, supuse, no escuché nada más.
Y yo seguiría con mi jueguito, hasta molestarlo.
– ¡Estoy ciega! Se qué lo estoy –Dije fingiendo histeria aunque no podía evitar que mis mejillas se estiraran tanto como para ocultar un vengativa sonrisa.
–Bella, solo tienes los ojos cerrados.
–Uh, ¿Qué te dice eso?
–Me dice que estas completamente loquita, pensé que querías ver todo esto, por que en mi opinión es hermoso...
Pude identificar su voz persuasiva. Suave como un arrullo apenas notable, pero de una forma a otra, placentera.
–No sé –Titubeé aún a sabiendas de lo que era expuesta.
Quería ser más fuerte pero la curiosidad manejaba gran parte de mi razón.
–Entonces, ¿Abrirás los ojos?
Sonreí, él quería que yo lo hiciera. Saber que él estaba ansioso dejaba a un lado mis sentimientos. Ahora, era yo la que me divertiría.
–No, decidí que me gusta tenerlos así... –Le chantajeé, haciendo un puchero, me gustaría poder haber visto como miraba mi gesto pero debía permanecer "ciega"; y luego agregué–: Los tendré así toda la noche.
Él resoplo, cosa que me hizo sentir culpable. Luego sentí sus manos tomando las mías.
–En ese caso... –Dijo suave de nuevo, soltó mis manos y me abrazó–. Es mejor que valga la pena.
Sintiendo sus manos en mi espalda acercándome más hacia él, pude saborear de repente su aliento en mi boca. Sonreí antes de besarlo. No, no había ganado. Pero era un empate justo.
El beso fue tan dulce que cuando terminó solo pude suspirar como una débil romántica, y lo abracé apoyando mi cabeza en su hombro; lo que me permitió ver hacia atrás de él. Me quedé en una pieza.
Con molestarlo, con saber que era un lugar silencioso, con sentir una textura acolchonada en los pies y con no percatarme de otro aroma que la droga que mi cerebro procesaba cuando estaba a su lado. Jamás me imaginé.
Al haber visto la luna, sabía que era algo en las afueras, más no seguí ninguna pista.
Sentí un delgado y cálido liquido extenderse por mi mejilla.
-¿Alguna idea de que será?
Bueno, ya este cap no trajo mucho más que un resúmen de el último mes...
Vendrán solo un par más de capítulos y daré fin al fic :)
Muchas, muchas gracias por leer.
~Yayi G.M.
