28ღSonríe
Hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina.
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.
Despertar en casa de los Cullen era sencillo, el olor de la cocina de Esme llamaba a tus sentidos gustativos incluso antes de ser consciente. Alice faltaba cuando desperté, estaba algo incómoda por haber dormido con la ropa que había usado, pero había estado muy cansada. Cuando entré al baño de la habitación encontré una nueva mudada y un cepillo de dientes. Sonreí preguntándome como Alice se las arreglaba para tener todo listo aún no fuera cosa suya, se lo agradecía casi siempre.
Tomé una ducha rápida y bajé, solo encontré a Esme en la cocina. Según me había explicado, Alice le había pedido a Carlisle que la llevara a un aeropuerto.
En casa siempre desayunaba un sencillo tazón de cereal, mis únicas comidas elaboradas eran la cena y almuerzos en fines de semana pero con Esme era todo distinto. Me sirvió un suculento desayuno con una abierta plática.
-...Edward también quiere ir a New Hampshire -Me comentaba ella cuando escuchamos que alguien entraba-, Y hablando del diablo... -Dijo ella y sonreí.
Me sentía aún algo cohibida cuando Edward me besaba en frente de Esme o Carlisle, claro, no era nada más que simple roce de labios pero igual no podía voltear a ver a alguno de los dos por largo momento.
-Aún no puedo creer que me lo hayan ocultado -Esme seguía sorprendida por que le guardáramos el secreto pero no por ello menos feliz.
Los dos reímos.
-No fue mi decisión -Se escabulló Edward y le di un golpe pequeño con el pie.
-En realidad esta muy confundida para entonces –Repuse con la voz casi culpable.
Esme me sonrío y nos volvió a ver juntos sin borrar algún rastro de felicidad.
-Nunca me lo imaginé –Confesó ella-, más ahora que los veo juntos no puedo entender como no lo hice…
Volvimos a reír y seguimos disfrutando del desayuno, ahora los tres. Me tuve que disculpar después de ello por que era necesario ver a Charlie.
Edward me llevó con toda tranquilidad. Nos bajamos tomados de la mano hasta la puerta de mi casa donde desaparecía cualquier rastro de contacto -mientras Charlie estuviera-.
Abrí la puerta para encontrarme con un ocupado Charlie que apilaba sumados títulos de periódicos sobre la escalera.
-¿Me perdí de algo? –Pregunté.
-Nada en realidad –Dijo él tranquilo, me observó con alivio y después vi como su mirada se centraba en mi acompañante de atrás-, la próxima vez me avisaras con tiempo antes de quedarte a dormir en algún lugar –Habló serio sin verme, estaba más concentrado en Edward y agregó-; ya se me han ocurrido mejores castigos que quitar salidas…
Rodé los ojos.
-La casa de mis padres es muy seguro –Respondió Edward, con algún tono inocente que no comprendía-, estoy seguro que nadie entraría a hacerle algún daño además…
-No le tengo miedo a lo que hay afuera de la casa –Le interrumpió Charlie antes de irse hacia la cocina y mirarlo amenazante.
Al instante sentí el calor invadir mi rostro, de reojo vi que Edward escondía una larga sonrisa.
-Debería callar cuando el habla –Le sentencié.
-¡Oh vamos! –Se burló él-, sabías que eso era lo que pensaba incluso antes de entrar, yo solo quería que lo dejara claro…
Puse los ojos en blanco y él me sonrío dulcemente.
-Solo te está cuidando.
Alzó su mano hacia mi y la tomé. Me jaló y nos abrazamos apenas cuando…
-¡Contacto fuera de lugar chicos! –Gritó Charlie.
Me sobresalté y de nuevo morí de vergüenza. Escuchando ya las contenidas risitas de Edward.
-¿Gafas oscuras? ¿Cafés o negras? –Preguntó Alice con usando una lindas gafas negras y sosteniendo las cafés en su otra mano, en lo que se miraba en el espejo que le ofrecía la 'amable' vendedora.
-Creo que depende de lo que uses y el tiempo –Contestó Madisson, tomando ella unas verdes con lentes negros.
Pagó rápidamente y se dirigió hacia donde nosotras estábamos.
-Mmm… demasiado difícil, creo que… -Dudada Alice colocándose una después de otra sin avanzar en un gramo de decisión.
Desesperé rápidamente.
-Alice vamos a perder el vuelo –Le recordé ya con insistencia.
Frunció el ceño.
-Es cierto, faltan solo quince minutos y tenemos que atravesar 8 puertas para llegar a la nuestra –Agregó Rosalie molesta por la pérdida de tiempo.
Sí, solo Alice Cullen y Madisson Roux son capaces de tomarse un tiempo hasta en la tienda del aeropuerto a punto de que el avión despegue.
Alice refunfuñó.
-Esta bien, esta bien –Aceptó nuestras suplicas-. Me llevo las dos –Le dijo a la señorita antes de sacar su tarjeta.
Unos pocos minutos más y teníamos que correr hacia la puerta 8, estando apenas en la entrada. Bufé cuando Alice dijo que estábamos a tiempo.
-Nos están esperando, Alice –Le regañé molesta.
Todas hacíamos el intento de caminar lo más rápido posible entre maletas y gente.
-Los chicos son buenos, han de estar tranquilos, además ellos tienen nuestras maletas –Se defendió-, debieron de tardarse más que unos poco minutos…
Decidí ya no decir nada, Alice era divertida a su modo. Pero a veces, como cuando tenías que abordar un avión en minutos o si no lo perdería y ay no recibiría unas estúpidas vacaciones esperadas con la persona que más querías en el mundo… en estos casos su diversión, no divertía.
-Pasajeros con destino a Orlando, Florida del vuelo 2700841 favor de abordar ya, antes de dar la última llamada…
El alto parlante me desesperó y parece que no fui la única ya que Alice y Madisson me tomaron de los brazos y me jalaron listas para correr.
-¿Están locas? No podemos correr.
-Oh claro que si, Bella, será como una de esas películas en las que corren para detener un vuelo… será emocionante –Chilló Mad entre risas.
Alice se le sumó y yo les seguía el juego. Rosalie se río un tiempo pero después observé como nos seguía el paso sin perder su agilidad entre tanta gente.
Tenía que correr, y para no caerme observaba el piso por cada troté que daba en lo que mis amigas me guiaban hacia donde ir.
Brincar maleta.
Esquivar niña pequeña.
Escalón bajo.
Goma de mascar.
Entonces un rayo de luz hizo que uno de los objetos en el piso brillara con intensidad, la figura inigualable me trajo tontos e incómodos recuerdos.
-¿Me la estás dando a mí? ¿Enserio? –No podía creer Richard me diera esto.
Observé que tan guapo se veía hoy. Sus rizados cabellos casi rojizos me hicieron sonreír y observé sus hermosos ojos cafés chocolates, casi iguales a los mío. Sentí un calor en mis mejillas.
Él solo me observó extrañado y continuó.
-Más o menos, Maddie me las ha dado a mi y me dijo que te diera una… Son muy lindas en verdad.
La mirada de Richard se perdió en las cadenas de plata con un dije de un extraño material y figura hechas por Mad.
Asentí de acuerdo, aún cuando lo que yo consideraba lindo, observaba con devoción la cadena entre sus manos.
La cadena, ¡Esa!
Me detuve con toda la fuerza posible que me lo permitió mi cuerpo. Por inercia, Alice y Madisson que alaban de mis manos retrocedieron hacia atrás sin cuidado alguno. Me sentí mal cuando Alice cayó sobre la alfombra del suelo y Rosalie se perdió entre algunas personas, antes de observarnos y regresar desesperada.
Mad en cambio tuvo más suerte y cayó sobre una maleta. Ayude a Alice a levantarse antes de recoger la cadena que me traía tantos recuerdos.
¿Cómo era posible? ¿Se le había caído a Madisson? Es que era exactamente la misma figura incomprensible que había hecho mi amiga.
-¿Qué diablos…? –Farfulló el dueño de la maleta sobre la que Madisson había caído.
Observé como el alto joven, pelirrojo se giraba hacia Madisson. Aunque cuando se vieron, ambos se quedaron en definitivo Shock.
RICHARD.
-Rii… Riich..ch –Balbuceó Madisson antes de que yo sintiera una alegría enorme en todo mi ser.
Había sucedido. Por fin había sucedido lo que años pasados Madisson había perdido esperanzas.
-Richard –Pronuncié yo con una sonrisa.
Alice y Rosalie me observaron sorprendidas y después no despegaron ni ojo, ni oído de Madisson y Richard.
Él la ayudó a levantarse ofreciéndole un tembloroso brazo. Madisson estaba tan… confundida que no se daba cuenta de su boca abierta.
Después de un momento de observarse se abrazaron con tanta fuerza que juraba se quedaría sin aire. Observé a distancia que Richard olía su cabello.
-Él es él –Dijo Alice a mi lado sin ocultar su emoción-. ¡Oh que el jodido avión espere!
La última llamada sonó y ambos se tuvieron que separar.
Madisson lo observó con tristeza y él igual.
-Alice, Rose, Madisson y ¿Dolli-Bellis? ¿Esta seguro Sr. Emmett? –La voz de la mujer dudó y entonces carraspeó y continuó-. Favor de abordar su vuelo a florida, puerta 8, ya.
Alice y Rose se rieron y yo me enojé, ahora todo el mundo había escuchado el ridículo apodo que Emmett usaba.
Madisson reaccionó a su nombre y dio unos pasos hacia atrás.
-¿Irás a Florida? –Preguntó Richard.
Su voz había cambiado inigualablemente.
-Así es –Asintió Mad.
Aunque la escena era extremadamente de película, con la mirada dulce, añorada y temerosa yo moría por que llegaran a la parte "Te he extrañado, no me dejes".
Y era eso lo que se decían con la mirada.
Madisson sonrío y pude notar como el inmediatamente hacía lo mismo.
-Estás realmente linda, Maddie –Y esa fue la bienvenida…
Madisson lo tomó de una mano y río a su lado en lo que el levantaba su maleta.
-Tú no te quedas atrás –Repuso ella cuando caminaban hacia nosotras.
Ya todos en grupo caminamos la última puerta que nos faltaba. Richard se giro hacia atrás y se tocó la base de su cuello. Recordé la cadena.
Giré el dije de extraña forma para toparme con la R grabada en plumón.
-¿Es tuyo? –Le pregunté ofreciéndole el collar.
Él lo tomó antes de sonreírme.
-Hola Bella, que bien que…
-¡No te preocupes! Ya no te vigilare cada tres segundos –Bromeé tras su incomoda mirada.
Él río y Madisson le siguió.
No faltó mucho para que Edward, Emmett y Jasper nos divisaran y así caminamos más rápido para entrar al vuelo.
La azafata fue amable por alguna extraña razón. Nos indicó nuestros asientos pero cuando Rosalie abrazó a Emmett, dijo que deberían de agradecer lo considerados que había sido la aerolínea con un tono molesto.
Rose río y yo le seguí el juego.
Con todo apenas y podía decirle a Alice que dejara de observar a Madisson cada cinco minutos, ahora que estaba con Richard.
-¿Él es… -La voz de Edward me trajo a mi verdadero lugar en el avión. Ya que casi me sentía estrangulando a Alice en su lugar.
Me giré hacia él y observé que miraba a Richard.
Levanté una ceja.
-¿Celoso?
Edward me miró con reproche. Aunque yo lo dijera en juego, él se había vuelto muy sensible al tema de Madisson, y era la primera vez que bromeaba con ello.
-Es Richard.
-Tu solución –Recordó él.
Asentí queriendo un poco de aire. Los recuerdos de lo mucho que Richard había salvado mi amistad con Madisson me hacían sentir agradecida.
-Pero –Continuó Edward-, según, él jamás sintió algo por ti, ¿Verdad?
-Así es… ¿Por qué?
No veía a donde iba.
Pareció más aliviado y se recargó sobre su asiento pasando un brazo por mis hombros y acercándome hacia él.
-Por que -Explicó él dándome pequeños mordiscos en los labios-, eres solo mía…
¿A que no? Mad tenía que encontrarse con alguie, y quién si no, el amor de su niñez: Richard. Aunque ahora es un hombre más grande (le lleva unos añitos) y bueno... ¿Qué hace en el areopuerto? ¿A qué va Florida?
Ahhh!! Qué lastima que solo me falte el epílogo(!)
Es triste :(
Espero que sigan disfrutando del fic, realmente muchas gracias por leer :D
