EPÍLOGO
-Ya estoy en casa-dijo Shikamaru observando los alrededores de su casa. Serían las tres de la tarde y lo que más le apetecía en ese momento era echarse una buena siesta antes de la hora de cenar pero no sin antes ver a su esposa e hijo.
-Estoy en el baño-respondió una voz a lo lejos.
Shikamaru se dirigió al baño que tenían en la habitación y se encontró con Temari envuelta en una toalla y con el pelo suelto y mojado. A pesar de acabar de salir de lo que suponía que era una relajante ducha, en la cara de la Nara había claros indicios de cansancio que provenían seguramente de pasarse las últimas noches despertándose a horas inhumanas para él, para atender las necesidades de su hijo.
-¿Y Shikadai?-preguntó recibiendo un dulce beso en los labios de la rubia para darle la bienvenida.
-Durmiendo. ¿Qué tal el trabajo?-dijo Temari cepillándose el cabello.
-Problemático como siempre… Me alegra volver a casa… Al menos aquí no hay gente gritando para que te traigan informes…-comentó el Nara apoyándose en el marco de la puerta mientras observaba a Temari.
-Puede que no haya gente pidiendo papeles pero sí que-De repente, la pareja escuchó el llanto del pequeño y ambos se dirigieron a la habitación de Shikadai.
Temari se agachó para poder sacar a su hijo de la cuna y lo cargó en brazos mientras intentaba descubrir el motivo por el que Shikadai lloraba:-Como te decía. Puede que no haya gente que te esté pidiendo informes aquí pero sí que hay alguien que está pidiendo con urgencia que le cambien el pañal…-dijo la rubia con un suspiro.
Viendo la cara de cansancio de Temari, Shikamaru se acercó a la rubia y cogió a Shikadai de entre sus brazos:-Ya me encargo yo de hacerlo. Tú termina de cambiarte
Temari sonrió ante el acto de Shikamaru y, agradeciéndole con la mirada el haberse ofrecido a ayudarla a pesar de estar él también agotado, le dijo:- Solo voy a acabar de peinarme y a ponerme algo de ropa -explicó la rubia yéndose por la puerta.
Dejando a Shikamaru a cargo de cambiar a Shikadai, el Nara, a pesar de haberse hecho el valiente delante de su mujer, en verdad estaba bastante nervioso por si hacía algo mal con su hijo de tan solo un par de semanas. Normalmente era Temari quien se encargaba de hacer estas cosas de Shikadai por lo que no tenía mucha experiencia. Dejando con cuidado al pequeño sobre la mesa que usaban para vestirle y cambiarle, consiguió liberarse del pijama que vestía el pequeño y del pañal usado.
Cuando Temari volvió, vestida con un yukata, se encontró con que Shikamaru todavía no le había puesto el pañal limpio a Shikadai. Sorprendiéndole por la espalda, le dijo:-Sabes que tienes que atárselo, ¿verdad?
-¡Eso ya lo sé pero es que no se está quieto!-exclamó el ninja intentándolo de nuevo en vano.
Riendo por la escena que tenía delante, Temari decidió ayudarle:-Es más fácil si le das algo para que se entretenga mientras le cambias
Después de unos cuantos intentos para que Shikamaru intentara hacerlo por su cuenta, el Nara consiguió, con algo de ayuda de la rubia, cambiar a su hijo y ponerle de vuelta el pijama.
-No sé cómo lo haces tú sola…-comentó Shikamaru una vez se había quitado el chaleco táctico y puesto ropa más cómoda y, seguidamente, se tumbó en la cama de su habitación.
-De vez en cuando viene tu madre y me echa una mano… -dijo Temari con Shikadai, que llevaba un chupete, en brazos y sentándose en la cama-Si tuviera que hacerlo siempre sola no creo que podría…
-Entonces puedes decirle a mi madre que se quede aquí hasta que Shikadai no nos dé tanto la noche… Te aseguro que estará encantada de cuidar de él-bromeó Shikamaru colocándose de lado para poder ver a Temari y, con una mano, le hizo una señal para que se tumbara junto a él.
Riendo por lo que Shikamaru acababa de decir, la rubia decidió seguirle el juego comentando:-Puede que funcione. Al fin y al cabo es el nieto que pensó que nunca tendría…-Tumbándose junto a su marido y con su hijo en medio de los dos, continuó:-Pero prefiero no molestarla ya que creo que ya tuvo suficiente contigo en su momento
-¿Qué clase de niño piensas que fui?-preguntó el Nara mientras jugaba con Shikadai a ver si el pequeño conseguía cogerle el dedo.
-Uno muy problemático seguramente-respondió con una sonrisa burlona Temari.
Viendo al pequeño bostezar y ver que se le iban cerrando los ojos, Shikamaru sugirió:-¿Qué me dices de una siesta aquí los tres?
-Por mi perfecto…-murmuró Temari medio dormida.
La imagen de Temari con una mano sobre el abdomen de Shikadai y las lentas respiraciones de ambos, era algo que Shikamaru pensó que nunca vería y menos que él sería el responsable de la escena tan tierna que se estaba llevando a cabo delante de él. O al menos de la mitad.
Apoderándose el sueño de él también, cogió la manta que tenían a los pies de la cama, y tapó con ella a su esposa, hijo y a él mismo y en pocos segundos, los tres se quedaron profundamente dormidos.
FIN
