La historia de Jill Sutcliff: Capitulo 21: Muerte
El bufete fue en el salón comedor, Sebastian había retirado la mesa, y había acondicionado todo en una pequeña mesa, disponiendo suficientes platos para que los comensales pudieran servirse solos lo que desearan comer.
Sebastian se paseo por el salón ofreciendo copas de vino, estaba dispuesta a no beber nada esa noche, mi aversión hacia el alcohol no había desaparecido en absoluto, exceptuando claro, aquellas bebidas dulces.
Ciel estaba sentado al otro lado de la sala, junto a aquel joven y nervioso escritor, cada que lo miraba me sentía igual que el, no encajaba del todo aquí, pero no podía moverme, tenia un trabajo importante que hacer para poder regresar con mi hermano, el cual quería acabar cuanto antes.
- Parece que Lady Sutcliff no disfruta del todo esta reunión.- Dijo Sebastian dándome una copa con un liquido anaranjoso tranparente.
- Esto no es vino o si?
- Acaso no le tiene repulsión al vino my lady?- me dijo sonriendo
- Por supuesto que si- le dije oliendo la copa, me llego un suave aroma como a duraznos dulces.
- Es licor de durazno preparado a mano con duraznos y alcohol de la mas alta calidad, espero sea de su agrado- me dijo retirándose.
Lo mire fijamente mientras de marchaba, acerque nuevamente la copa hacia mi nariz para olfatearlo de nuevo y disfrutar ese dulce aroma, después le di un pequeño sorbo a la copa, era un sabor exquisito, la cantidad exacta de alcohol y azúcar mezcladas con el delicioso sabor de los duraznos.
Permanecí recargada en una pared, muy cerca de la puerta, podía ver a todos charlando y presentándose, la joven dama rubia era una cantante de ópera llamada Irene Díaz, y el hombre alto y delgado que la acompañaba al parecer su esposo, se llamaba Grimby Keane, un productor de teatro.
Había otro hombre de edad madura, su cabello solo estaba marcado por dos líneas blancas que salían de cada una de sus sienes y recorrían su espesa cabellera negra elegantemente peinada hacia atrás, se había presentado como Carl Woodley, presidente de una compañía pulidora de diamantes. Junto el había un hombre falco, joven, de cabello semilargo, tenía una mirada de desconfianza, el se presento como Patrick Phelps ejecutivo de la división de comercio de la empresa Blue Star, de construcción naval y transporte marítimo.
Aparte de ellos, El señor Lau, Ranmao, el señor Siemens, Charles Grey y el Señor conocedor de las palabras completaban el círculo de invitados de Ciel.
Siemens se aproximo a mi, por su manera de caminar deduje que ya estaba ebrio, y eso que aun no había bebido mas que un par de tragos.
- Excelente licor tiene ahí señorita...
- Sutcliff- le complete- Jill Sutcliff- agregue amablemente
- Sutcliff?... me permitiría- dijo señalándome mi copa
- Adelante- le dije entregándosela
Hizo girar el contenido de la copa agitándola suavemente, causando que se desprendiera un poco de su dulce aroma.
- Ah mi olfato no se equivocaba en absoluto, un muy buen y fino licor de durazno fabricado a mano, perfectamente balanceado- murmuro ofreciéndome la copa de regreso
- Vaya, me sorprende que sepa tanto señor- le sonreí tomándola nuevamente.
- Jamás había escuchado su nombre señorita, dígame, a que se dedica?
Me puse nerviosa, no podía decirle a un humano que era una shinigami, y me dedicaba a recolectar las almas de los destinados a morir. Trague saliva, estaba tratando de inventar una excusa convincente, el viejo estaba ebrio pero aun conservaba sus 5 sentidos.
- Yo...- musite sin saber que decir exactamente
- Lady Sutcliff se dedica a investigar las costumbres de diferentes culturas, principalmente la Japonesa- dijo Sebastian interviniendo al tiempo que le ofrecía una nueva copa de vino al señor Siemens
- Woah!, eso suena interesante, y que es lo que estudia de esas culturas
- Principalmente tradiciones- respondí nerviosa- Costumbres, gastronomía, artes, combate e Historia en general básicamente.
- My Lady parece que el Joven Amo la llama- dijo Sebastian indicándome que fuera hacia donde estaba Ciel
- Es verdad- dije mirándolo- Con su permiso señor Siemens- dije haciendo una reverencia antes de marcharme
Sentí la mirada libidinosa y ebria de aquel sujeto mientras atravesaba el salón, llegue a donde estaba Ciel con el señor conocedor de las Palabras, el cual me dijo que podría llamarlo solamente Arthur.
Hablaban acerca de un texto que el había escrito, y que de verdad deseaba escribir novelas, pero que las editoriales lo habían rechazado argumentando que sus escritos no se venderían. Ciel le dijo que si llegara a conseguir algo de autoridad sus escritos serian alabados aunque no fueran buenos, y eso era lo que la mayoría de los denominados buenos escritores tenían.
El señor Keane se unió a la charla, hasta que un grito de protesta de su esposa le obligo a volver la mirada hacia ella, al igual que las miradas de todos nosotros.
La señorita Irene estaba discutiendo con el señor Siemens, al parecer al no haberme podido mantener a mi a su lado, lo había intentado con ella, "Ahora veo por que Sebastian me alejo de el, de haber intentado propasarse conmigo, lo mas seguro es que hubiera matado al pobre hombre en ese instante" me dije a mi misma.
Siemens aseguraba que la vestimenta de Irene era bastante provocativa, e intento aprisionarla en su brazos nuevamente, a lo que ella respondió dándole una fuerte bofetada que lo derribo al suelo, Siemens se enfureció y arrojo en contra de ella el contenido de un tarro que sostenía en la mano.
Me quede helada de la sorpresa al ver que Ciel había sido manchado con el liquido del tarro en el lugar de la señorita Irene, pero Keane tomo una botella de vino sellada y la arrojo contra el viejo, reclamándole que no se volviera a acercar a su mujer.
Vi la sombra de Sebastian girando en el aire y atrapando la botella, aterrizo en la punta de una escalera al lado de una pirámide de copas de cristal, Sebastian destapo la botella y comenzó a llenar las copas con el vino, todos exclamaron asombrados, ninguno se había percatado en que momento Sebastian había levantado aquella esplendida pirámide de diez niveles.
Después se aproximo a Ciel con una toalla en la mano, ambos entablaron una pequeña charla en francés, la cual solo pudo ser escuchada por Arthur y yo.
No entendía mucho del francés, pero, lo poco que logre entender, era acerca de la conducta grosera de Siemens al estar ebrio.
Cuando el Reloj de la casa marco las 11 de la noche, Ciel observo nuevamente a Siemens, el cual estaba completamente dormido, ahogado de borracho, le ordeno a Sebastian llevarlo a una habitación dispuesta para el con antelación.
- Lo siento mucho pero me excuso también- dijo poniéndose de pie de su asiento con un fingido semblante de cansancio
- El conde ya se va a dormir?- Le pregunto Lau
- Para un niño como yo ya es hora de ir a la cama- dijo fríamente- Quédate en el salón en mi representación- me dijo mirándome amablemente
- Estas seguro de dejarme aquí?. Susurre para que solo el me oyera
Ciel no respondió, sabia perfectamente que mi recolección seria en la mansión Phantomhive, y aun así me pidió que me quedara en el salón. Se marcho junto a Sebastian, el cual cargaba al inconsciente Siemens. Los invitados siguieron con su charla de negocios, y contando anécdotas.
- Eres acaso familiar del Conde?- me pregunto Arthur
- No, solo soy una simple conocida que está viviendo en esta mansión, estoy aquí por cuestiones de trabajo.
- De verdad has ido a Japón?
Lo mire con sorpresa, al menos no tenia que mentir para responder a aquello, había estado en Japón varias veces, la mayoría de mis recolecciones eran en la isla, exceptuando cuando mi hermano estaba bajo detención o había mucho trabajo, en esos casos, era asignada a la isla Británica. Le conté a Arthur sobre algunas cosas que había aprendido durante mis viajes de trabajo hasta entrada la madrugada.
Cuando el reloj marco la 1 se escucho una pequeña campanilla, la cual era usada para llamar a la servidumbre a alguna habitación, solo que esta vez la campanilla sonaba muy insistente, después de eso, se escucharon un par de golpes sordos en una puerta, Todos en el salón salimos al pasillo a ver que pasaba.
Era Sebastian el que golpeaba insistentemente una puerta para abrirla al tiempo que Mei Rin llamaba a Siemens, me aproxime a el para tratar de ayudarlo.
- Por Favor retroceda Lady Sutcliff- me dijo seriamente. Percibí algo de energía demoniaca saliendo de el, estaba dispuesto a usar su fuerza sobrenatural.
La puerta fue derribada, dejando a la vista un cuadro no muy grato, Siemens estaba rentado en un sofá con la cabeza hacia atrás, los ojos en blanco y una mano colgando a un costado, y de su pecho brotaba una enrome mancha de sangre.
Arthur pasó corriendo entre todos y se aproximo al cuerpo del hombre, trato de buscar sus signos vitales, pero era demasiado tarde.
- El...el esta muerto!- Exclamo con marcado terror en la cara.
