La historia de Jill Sutcliff: Capitulo 22: Misterio

Todos en la habitación estaban consternados, Ciel, Finny, Bard y Tanaka llegaron guiados por el alboroto, el señor Keane opino que no se moviera nada antes de que la policía llegara, pero Bard dijo que la carne se pudriría en poco tiempo, y más con el calor que salía de la chimenea encendida. Sebastian tomo la resolución de llevar el cuerpo a la bodega, ya que ahí era frio y obscuro, así el cadáver se preservaría mas tiempo, y mando a Finny a traer una camilla.

Sebastian y Bard se llevaron el cuerpo, todos estaban paralizados de la impresión, además, el señor Lau comento que la policía no llegaría en algún tiempo, ya que afuera había una terrible tormenta, no seria posible que alguien llegara, y mucho menos que alguien saliera de esa casa.

El señor Woodley se altero, al perecer la idea de permanecer en una mansión donde se había llevado acabo un asesinato no le era muy agradable. Además de eso, Charles menciono que incluso, el asesino podría estar aun en la casa, o peor aun, entre nosotros en ese mismo momento, Causando mas estupefacción entre los invitados.

Gracias a esas palabras dichas sin meditación alguna, comenzaron a especular cosas, primeramente que el asesino había entrado por la ventana, cerrado la puerta, y asesinado a Siemens, y huido nuevamente por la ventana, cosa que quedo descartada, de haber entrado por la ventana, se habrían dejado huellas debido a la fuerte lluvia de afuera, además de que la habitación estaba en un segundo piso.

Después se especulo que alguien había asesinado a Siemens, había salido, cerrado la puerta por fuera, y huido por el pasillo, cosa que se descarto por Sebastian, el cual menciono que todas las llaves de la mansión eran únicas, cada cerradura tenia su llave, las cuales estaban guardadas en una caja fuerte, de la cual solo el mayordomo principal, ósea el, tenia la llave. Además de que la puerta contaba con un pestillo para poder ser cerrada por dentro, lo que nos dejaba con un asesinato en una habitación cerrada.

Ciel bostezo, un tanto fastidiado, dijo que eso seria como una novela dramática, cuando solo se podía usar una aguja e hilo.

- Aguja e Hilo?- pregunte, todos los demás estaban callados, bastante sorprendidos por la afirmación de Ciel.

- Es simple- respondió este- La única forma de cerrar la puerta es con el pestillo no?, pues en ese caso solo clavas la aguja y el hilo en un ángulo que mantenga el pestillo en posición, después pasas el hilo por debajo de la abertura le la puerta, y al salir de la habitación solamente jalas cuidadosamente el hilo para no romperlo, así el pestillo caerá, y la habitación se cerrara, después tiras de la aguja para sacarla de la habitación, y listo, no dejas huellas atrás, es uno de los trucos mas viejos que existen.

- Eso explica el asesinato a habitación cerrada- dijo el señor Lau

- Pero eso solo indica que el asesino puede estar entre nosotros- murmuro Arthur

Woodley y Keane se alteraron de inmediato, echándose la culpa mutuamente por la discusión que se había dado en el salón. Pero Lau los calmo diciéndoles que aquel que tuviera una coartada podría quedar fuera de sospechas.

Así que todos se reunieron en el salón nuevamente, para poder decir la coartada que cada uno tenia, avance al lado de Sebastian, el cual me miraba sospechosamente. me quede intencionalmente mas atrás, para poder charlar mediante susurros.

- Tuvo algo que ver my Lady?- me pregunto

- Por supuesto que no, tal vez sea un dios de la muerte, pero esta vez esto no tiene que ver conmigo

- Que hay de su lista de recolección

- En vista de que Siemens esta muerto te diré que el estaba en esa lista, pero no puedo darte mas detalles, además aun necesito un espacio para recolectar su alma antes de que desaparezca. Así que puedes hacer dos cosas demonio, o me ayudas, o te mantienes al margen de la situación.

- Me deja en una difícil posición my Lady

- Piensa lo que harás, no creo que busques involucrarte en otro duelo cuerpo a cuerpo conmigo

Entre al salón seguida de Sebastian, Woodley estaba dando su coartada, mientras Lau las analizaba, Keane menciono que ninguno sabría en donde estaba la habitación de Siemens, ya que no conocían la extensión de la mansión, lo cual solo nos dejaba a mi y a Ciel, ya que Sebastian había ido a traer mas alcohol a esa hora, y los otros tres estaban ocupados limpiando.

- Lady Sutcliff estaba charlando conmigo en el salón- murmuro Arthur algo apenado

- Lo que solo nos deja con una sola sospecha- dijo Lau al tiempo que todos miraban a Ciel- Discúlpeme por preguntarle esto, pero que estuvo haciendo en ese tiempo?

- Ciertamente soy el único que no tiene una coartada- respondió con una sonrisa irónica- Pero tampoco tengo razones para haber asesinado a Siemens

- Eso es algo de cual no sabemos nada al respecto- dijo Lau- Acaso tu compañía no tiene una sucursal en Alemania, hay que recordar que Siemens era Banquero

- Insinúas que mi compañía tiene alguna deuda, eso es absurdo

- Esperen un momento!- exclamo Finny- No entiendo las cosas complicadas, pero el joven amo...

- Suficiente- le ordeno Ciel- Retírate ahora

- Aun así me gustaría que tomáramos algunas medidas para estar seguros- Dijo Charles

- Que medidas- Pregunte

- Confinamiento- respondió Lau- confinaremos al conde

- Si eso los hace sentir mejor- se resigno Ciel- Entonces, adelante

- Pero, normalmente las habitaciones de los nobles tiene una ruta de escape- dijo Charles- Además de que si alguno de sus sirvientes lo vigila podrían ayudarlo a escapar, así que uno de los invitados debería de vigilarlo

- Uno de nosotros he?- pregunte

- Lamento decirle Lady Sutcliff que tampoco usted podrá participar de esto... ha vivido con el conde este tiempo y conoce todos los lugares de la mansión- me dijo Lau

- En ese caso, todos aquí conocen donde se esconden comúnmente los pasadizos en una mansión, exceptuando al señor conocedor de las palabras- les dije

- Muy bien- dijo Ciel- Sebastian, escolta a todos a sus habitaciones

- Por favor déjenme guiarlos- dijo Sebastian haciendo una reverencia, después me miro con seriedad, y me hizo una seña de que guardara silencio al tiempo que sus ojos carmesí brillaban, nadie excepto Ciel y yo se dio cuenta.