La historia de Jill Sutcliff: Capitulo 24: El Tercer Cadáver
Arthur reviso el cuerpo de Sebastian con sumo cuidado, descubrió que además de la herida del pecho, tenia otra en la parte posterior de la cabeza, comenzó a especular acerca de que el asesino en realidad fueran dos personas, Charles se puso a sacar conclusiones junto con Arthur, a lo que Finny les reclamo que dejaran de hablar de ello frente a Ciel.
- Ciertamente- murmuro Charles como si nada- En lugar de seguir aquí parados deberíamos de mover el cuerpo al sótano, podremos seguir discutiendo después de comer algo.
- Tienen razón, no tiene sentido ser precipitados
- Entonces esta decidido, ustedes háganse cargo de limpiar esto, y de preparar el desayuno también, me muero de hambre- dijo Charles a los sirvientes mientras salía de la habitación.
Los demás salieron tras el, tan solo los 4 sirvientes, Ciel y yo quedábamos en la habitación junto al cuerpo. Ciel volvió a colocarse al lado de Sebastian, después se inclino para tomar el broche de la solapa de su chaqueta.
- Lamento mucho perderlo- murmuro- Pero es como ellos dicen, muevan a Sebastian al sótano- dijo Ciel con aquel frio timbre de voz tan típico de el- Tanaka!- agrego volviéndose a el- Sebastian esta muerto, así que tu serás mi mayordomo, te encomiendo la administración de la mansión así como la supervisión de los sirvientes... y este broche te será devuelto también- dijo entregándoselo.
- El broche del mayordomo principal, que nostálgico, pero... esta seguro de contratar a un anciano como yo?- le dijo Tanaka sonriendo amablemente, con una mirada melancólica
- Sera solo hasta que encuentre un remplazo- respondió Ciel
- Desde luego- respondió Tanaka haciendo una reverencia, después se coloco el broche en la solapa, y tomo una actitud muy seria- Muy Bien, primero prepararemos el baño matutino, Mei Rin, hazte cargo de ello, los otros dos, lleven el cuerpo de Sebastian al sótano.
- Si!- respondieron a unísono
- Joven amo, vamos a cambiar sus ropas, pescara un resfriado vestido así... Señorita Jill- me dijo
- S... si- respondí
- Por favor acompañe a nuestros invitados en representación de la casa Phantomhive hasta que el joven amo baje.
- Entendido- dije saliendo
Me reuní con los demás en el comedor, la tormenta aun continuaba con la misma furia que la noche anterior, el cielo no había dejado de tronar en ningún momento. Ciel no demoro en bajar, después de ello, Bard sirvió el desayuno que Sebastian había preparado con anticipación.
Charles engullo su porción, después de ello pregunto si podía comer lo que sobraba, fue hasta ese momento que nos percatamos que el señor Phelps estaba ausente. Arthur se puso de pie de inmediato.
- Señor conocedor de las palabras que ocurre?- le pregunte
- Deberíamos de ir a verlo a la alcoba del conde
- Te llevare ahí- le dijo Ciel levantándose de inmediato y echando a correr escaleras arriba.
Los seguimos hasta la alcoba de Ciel, Arthur golpeo la puerta, pero Phelps no respondía, le pregunto a Ciel por la llave, a lo que el respondió que esa llave era custodiada y escondida por el mayordomo, solo Sebastian sabia su ubicación. Finny se dispuso a tirar la puerta, pero Charles fue más veloz y la hizo trizas cortándola con la espada.
- Tenemos que ser rápidos- dijo sosteniendo un plato con la otra mano- Aun nos queda el postre.
Arthur entro de inmediato, Phelps yacía boca abajo en la alfombra, estaba muerto. Arthur lo examino como a los otros tres, según el ya llevaba un tiempo muerto, pero no presentaba heridas como las de los otros dos cuerpos, excepto por un par de pequeñas punzadas en el cuello. Muy similares a las causadas por un par de agujas, o a la mordida de un vampiro.
Arthur continuo revisando la habitación, encontró un reloj, Ciel dijo que ese reloj estaba al lado de su cama normalmente, pero el reloj había sido derribado y estaba roto, se había detenido a las 2:18.
- Hey por que no mejor discutimos esto estando sentados y tomando el te- Dijo Lau
- Por supuesto, Tanaka- lo llamo Ciel- Escóltalos a la sala de estar
Nos reunimos alrededor de una mesita, Charles no dejaba de comer ni siquiera en una situación así, Arthur estaba tratando de ordenar los hechos, sabíamos que Siemens había sido asesinado entre las 10 de la noche y la 1 de la madrugada, y que Phelps había muerto alrededor de las 2:38, pero no sabíamos cuando había muerto Sebastian, Arthur lo había visto por ultima vez cuando le llevo una almohada a Ciel, pero no recordaba la hora. Yo lo había visto cerca de las 2:10 de la madrugada, y Finny, Bard y Mei Rin dijeron haberlo visto a las 2:50, ya que fue a despertarlos para darles indicaciones, y le pidió a Mei Rin liberar un Búho mensajero.
Arthur comenzó a reunir la información, pero al parecer no era muy coherente, ya que el único que podía haber asesinado a Siemens era Ciel, pero Ciel estaba encadenado a Arthur cuando mataron a Phelps a las 2:38, y el único que podía haber sido era Sebastian, pero Sebastian había sido asesinado poco después.
Ciel menciono que posiblemente el asesino se beneficiaria de la muerte de Phelps, por lo cual al ser el Dueño de una importante empresa de comercio marítimo, del único que se sospechaba era de Lau, además de que el Siempre cargaba una aguja oculta entre sus mangas que colgaban.
- Incluso para un chino como yo, me seria imposible asesinar a alguien en esa habitación cerrada, además tengo una coartada para la hora en la que Siemens fue asesinado, vaya conde, no era necesario que te desquitaras conmigo
- No necesito oír eso de aquel que ordeno mi confinamiento,
- Además, no hay ninguno de nosotros que pudiera haber asesinado a los tres- Dije comiendo un pastelillo- Lastima, ahora que Sebastian no esta ya no podre comer estos pastelillos tan deliciosos.
- De que están hablando- Pregunto Woodley
- Es simple- respondió Arthur sacando una hoja de su chaqueta y dibujando algo.
Era una tabla, en la cual nos ponía a todos y cada uno de nosotros, y además ponía a los tres que habían muerto, fue tachando los espacios correspondientes a cada uno de los que teníamos una coartada en cada asesinato, ni siquiera yo quede exenta de ser sospechosa del asesinato de Sebastian.
- Si es imposible para una sola persona hacerlo, en ese caso las personas que vinieron como pareja son las culpables!- Exclamo Woodley
- Estas loco, además de estar atrapado aquí me estas tratando como un criminal!- el señor Grimby
- Como si me fuera a quedar en este lugar de todas formas!- reclamo Woodley golpeando la mesa
- En estas circunstancias te pediré que te abstengas de actuar por tu propia cuenta- le dijo Ciel tranquilamente dándole un sorbo a su te.
- Tu estas diciéndome eso?!.. Tú eres el único que...
- Soy que- lo desafió Ciel con la mirada.
- Ya lo se... fuiste tu el que realmente planeo esto desde el principio!... tu Querías acabarnos a todos y por eso nos reuniste aquí! TU PERRO DE LA REINA!- vocifero alterado- Me voy a casa, no dejare que me asesinen
- Por favor espere- lo detuvo Arthur- Es imposible salir con esta tormenta
- NO VOY A SEGUIR LAS ORDENES DE UN SIMPLE DOCTOR!- le reclamo arrojándolo contra la mesa. Causando con ello que unas gotas de te salpicaran mi camisa blanca.
- Woodley, soy yo el que te ordena que te sientes- le dijo Ciel con un tono autoritario.
- NO...NO ME ESTES DANDO ORDENES!- Exclamo tratando de golpear a Ciel.
Tanaka lo tomo del brazo y lo lanzo al suelo, doblo su brazo hacia su espalda y le coloco una rodilla encima.
- Disculpe amo Woodley, pero si alguien intenta hacerle daño al Joven amo en esta mansión, no importa quien sea, estos sirvientes no lo permitirán- murmuro Tanaka.
Todos se quedaron helados al ver a Woodley sometido por un mayordomo anciano. Y la mayoría de ellos no había visto el movimiento de Tanaka.
Ahora que Woodley estaba dispuesto a cooperar con nosotros, Ciel decidió que seria Arthur quien guiaría nuestros movimientos, ya que de acuerdo a su tabla, era el único que no tenía la más mínima posibilidad de ser el asesino.
- De todas maneras, hay tiempo antes de esta tormenta termine, suficiente como para acorralar a ese criminal- Dijo Ciel sonriendo ampliamente.- No es así Señor conocedor de las palabras?
Arthur se quedo mudo por la inocencia de la sonrisa de Ciel, eso seria algo que recordaría para toda la vida, a aquel niño de trece años, tan frio como un tempano, sonreírle en mitad de la pesadilla que se estaba llevando acabo en una mansión que parecía embrujada.
