La historia de Jill Sutcliff: Capitulo 30: Ir contra las reglas

A pesar de todo lo que había sucedido, Sebastian tomo de nuevo sus obligaciones en cuanto regresamos a la mansión, y presento a Snake como el nuevo mensajero de la mansión Phantomhive. En cuanto a mi, aun no había terminado mi trabajo, tan solo tenia que esperar a hacer una recolección mas y podría volver, y me era difícil ocultar mi emoción. Estaba de pie junto a la ventana en la sala de descanso junto con Ciel, Lizzy y Soma. Habían llegado acompañándonos desde el cementerio.

- Parece que esta será la ultima comida que podrás tener con nosotros- me dijo Ciel suspirando con su ya típica y fría sonrisa dibujada en sus labios.

- Ehhh!- Exclamo Lizzy- Pero por que?

- He prolongado mucho mi estadía en este lugar- le respondí mirando hacia el jardín - Mi trabajo esta apunto de finalizar, por lo que me tengo que marchar.

- Pero... no puedes quedarte aquí mas tiempo?- me pregunto abrazándome con los ojos llorosos

- Gome Elizabeth ojou-san- le dije mirándola cálidamente, aunque sabia de antemano que Lizzy no entendería el japonés, aunque al parecer logro captar el mensaje.

- A donde iras- me pregunto Soma

- Volveré a donde pertenezco junto con mi hermano- le respondí sonriendo amablemente

- Cuando te iras?- Pregunto Lizzy

- Esta noche- respondí

- Pero... no podremos hacerte una fiesta de despedida

- Podríamos hacer una solo nosotros en este momento- dijo Ciel levantándose para tocar una campañilla, y al poco tiempo Sebastian entro a la habitación.- Prepara todo para hacerle una despedida a Jill- le ordeno

- Como diga Joven Amo- respondió Sebastian haciendo una reverencia y marchándose de nuevo

Mire a Ciel con algo de sorpresa mezclada con coraje, el mocoso sabia que no me eran muy agradables las fiestas, aunque no sabia si lo había hecho solo para complacer a Lizzy o para molestarme y desquitarse de todo este tiempo, o ambas. Ciel me miro con una sonrisilla divertida en los labios, el maldito estaba planeando todo detenidamente.

Por su parte Lizzy estaba emocionada, incluso me dijo que ella se encargaría de ponerme linda para la fiesta, causando que un escalofrío recorriera mi espalda, me aterraba la idea de que fuera igual que madame Frances.

Sebastian preparo todo mas rápidamente con la ayuda de Agni y de Snake, por su parte Lizzy se hizo cargo de mi como lo había prometido, después de que tome un baño, me hizo ponerme nuevamente el vestido que Nina había confeccionado, ya que ella no había tenido oportunidad de vérmelo puesto.

La hora de la comida indico el inicio de la fiesta, todos estaban reunidos, incluso Mei Rin, Bard y Finny estaban sorprendidos de mi repentina marcha, incluso me suplicaron que no lo hiciera. Pero lamentablemente tenia que irme.

La tarde fue amena, buena comida, deliciosos postres, incluso un pequeño baile al compas de la música de un viejo gramófono. Ese día quedaría grabado en mi como un agradable recuerdo de mi penitencia y estancia en el mundo de los humanos, cuando viví bajo el mismo techo que un demonio, y un niño de 13 años con una mirada fria como la de un adulto. A pesar de no saber bailar correctamente, Sebastian me guio con paciencia al invitarme a bailar una pieza con el. Fue una tarde memorable, una tarde que jamás se volvería a repetir cono todo lo bueno en la corta vida humana.

La noche cayo, ninguno de los invitados regreso esa noche a Londres, pero ninguno de ellos volvería a verme por la mañana. Deje mi habitación en orden, y le agradecí a Ciel antes de que se marchara a dormir. Una vez que el silencio se apodero de la mansión Phantomhive, subí al techo, La luna apenas comenzaba a alzarse en el cálido y obscuro cielo de marzo, su brillo iluminaba toda la fachada de la mansión, me pare en el borde del ala oeste de la casa, mirando de frente a la enorme y brillante luna. Sebastian se aproximo a mí con pasos ligeros.

- Es hora - murmure

- Sera un poco aburrido sin su presencia Lady Sutcliff- dijo Sebastian amablemente- Bocchan parecía disfrutar de su compañía

- Recuerdas que soy la encargada de esta zona junto a mi hermano?- le dije sonriendo- Pronto nos volveremos a ver... extrañare molestar a chibi Ciel - agregue riéndome ligeramente- Hasta entonces Sebas-chan- me despedí llevando mi mano hacia mi frente.

Salte del tejado, y avance rápidamente por el frondoso y cálido bosque, aun tenía una distancia larga que recorrer, ya que tenia que alcanzar un carruaje, que había salido de la mansión esa misma mañana. Sabía que llevarían al preso a otro lado, después de haberlo llevado a la prisión de Londres seria trasladado al anochecer, y era ese el momento perfecto para llevar acabo mi ultima recolección.

La luna brillaba en lo alto, iluminando todo aquel sendero, el carruaje no demoraría mucho en pasar por ahí, subí a las ramas de un árbol, para aguardar su llegada. Lo visualice a lo lejos, era una carruaje tirado por dos caballos, en el banquillo del conductor venían dos personas vestidas con un traje negro, y una tercera venia de pie sobre el techo del carruaje, sus vestimentas blancas y la forma de parase y sostener la espada eran inconfundibles, era ni mas ni menos que el conde Charles Grey. "eso me dificulta un poco mas las cosas" pensé haciendo un plan, tendría que luchar con Grey, no tenia mas opción, por lo menos sabia que Woodley, el cual iba en el carruaje, ya estaba muerto, y la hoja ensangrentada de la espada de Grey lo comprobaba. "bien, si no me queda mas opción" suspire saltando sobre el carruaje cuando paso debajo de mi.

Grey Se quedo helado al verme caer suavemente a sus espaldas, Los otros dos estuvieron apunto de detener el carruaje pero el les ordeno que continuaran. Lo mire de reojo al tiempo que incrustaba la katana en el carruaje, para mi suerte logre hacer una pequeña incisión en el cuerpo de Woodley, pero fue suficiente para hacer brotar el Cinematic Record.

Inmediatamente saque mis anteojos junto con mi libreta, pero antes de que pudiera hacer algo, Grey me ataco con una gran velocidad. Por reflejo desincruste la katana de la madera y bloquee el ataque.

- Que haces tu aquí?- Pregunto con una mirada llena de ira

- Trabajando- respondí abriendo la libreta para guardar el registro, después selle la hoja como completada- Bien, creo que eso es todo por el momento- murmure

- Acaso crees que te dejare huir?- me dijo Grey blandiendo su espada

- Eso esperaba, la verdad no me gustaría trabajar horas extraordinarias- le respondí en tono de burla al tiempo que esquivaba su ataque

- Grey!- lo llamo uno de los conductores

- No interfieran, y no se atrevan a detener el carruaje!- les ordeno atacándome de nuevo

- No se te hace arriesgado pelear en un carruaje andando?- me reí

Grey siguió atacando impulsivamente, me dedique a esquivar sus ataques y a detenerlos ocasionalmente con el filo de la katana, El carruaje avanzaba rápidamente por el sendero, me aburrí de esquivar los ataques, y comencé a contraatacar, las chispas que salían al chocar nuestras espadas brillaban en la noche, pude notar la cara de sorpresa que Grey tenia, al parecer nunca llego a imaginarse mi fuerza, y eso que aun no usaba mi verdadero poder shinigami.

Estábamos frente a frente, el le daba la espalda a los conductores y al sendero, me sentía muy limitada en esa pequeña superficie, Vi aproximarse una rama un poco baja, así que aproveche la oportunidad, cuando estuvo a mi alcance salte sobre Grey y me sujete de ella para dar un giro y propinarle un golpe con las plantas de mis pies en su espalda, derribándolo del carruaje. Después me balancee en la rama y me solté dando vueltas en el aire; y aterrizando de pie a un par de metros de distancia de el.

Grey se levanto con su traje blanco completamente lleno de polvo, y visiblemente aturdido por el golpe que se acababa de dar.

- Aun quieres continuar?- le pregunte ajustando mis gafas

No obtuve respuesta, simplemente se abalanzo contra mi, sus movimientos eran demasiado torpes, esta pelea era demasiado aburrida, para nada se comparaba con aquel baile a muerte que había tenido con Sebastian. Lanzo un golpe de frente, el cual bloquee sosteniendo la katana con una mano en el mango y la otra sobre la punta.

- Por que rayos eres tan fuerte?... Que demonios eres tu?- Me pregunto con rabia, hablando entre dientes

- De verdad quieres saber... Charles Grey?

- Quien eres tu en verdad?

- Yo?... es una respuesta simple, casi tan simple como lo es tu inminente derrota- me reí mirándolo fijamente

Grey se alejo un par de pasos de mi, en sus ojos se reflejaban la sorpresa y el temor, era obvio que había visto lo mismo que Arthur había percibido esa misma mañana. Los ojos de la muerte.

- Lo vez ahora?- me burle- Ahora entiendes el por que jamás me ganaras?... un humano como tu no puede ganar contra la muerte.- susurre atacándolo de frente e incrustando mi katana en su hombro- Considérate afortunado- continúe diciéndole al tiempo que escuchaba sus gemidos de agonía- No puedo matar personas que no están en la lista, y tu conde Grey.. aun no figuras en ella- dije girando la hoja de la katana dentro de la carne destrozada de su hombro

- En... ese caso... que es lo que intentas?- dijo incoherentemente entre dientes

- Conoces mi verdadera identidad, sabes demasiado- dije levantando su cuerpo del suelo y arrojándolo a un lado mientras resbalaba por la hoja de mi death-scythe, al tiempo que los otros dos llegaban en su ayuda.

Con rápido movimiento me hice cargo de los dos aprovechando su guardia baja, Les cause leves cortes cerca del pecho, no eran profundos, por lo que no les causarían la muerte, de inmediato, los Cinematic Record de los tres brotaron de las heridas. No le di importancia alguna a sus vidas como para ponerme a analizarlas detalladamente.

Solamente buscaba lo que había pasado en este momento, Una vez que encontré ese fragmento en específico, use la katana para cortarlo. Alterar un Record de ese modo era contra las reglas, y mas si la persona al cual pertenecía no iba a morir. Pero mi identidad estaba expuesta, así que no me habían dado otra opción. Guarde los Records en la libreta, e hice una anotación de Caso Especial, después de ello, me marche dejando a los tres cuerpos inconscientes tirados en mitad del sendero, cuando recuperaran la conciencia, ninguno recordaría absolutamente nada de lo ocurrido ahí.