La historia de Jill Sutcliff: Capitulo 33: Mundo humano

Fui citada en la oficina del director del departamento de recolección al finalizar las pruebas, Grell me acompaño hasta la entrada de la oficina, y se quedo fuera, cuando pase el umbral de la puerta, anuncie mi llegada presentándome y haciendo una reverencia en señal de saludo. Will estaba también en la oficina, y detrás de el, sentado en uno de los sofás, estaba Ronald, el único del grupo que no quería ver.

- Que haces aquí?- le pregunte secamente

- Creí que Sempai vendría a acompañarte así que vine- me respondió con su ya típica y fastidiosa sonrisa infantil y burlona.

- Están ante un superior- nos reprocho Will- así que será mejor que ambos se comporten.

- Disculpe mis modales señor- me disculpe haciendo una reverencia.

- Bien, ahora que están todos aquí, pasemos a las cuestiones técnicas del examen final...- dijo el director tomando una carpeta de su escritorio- Jill Sutcliff: Técnica practica: AA; Escritura: B, Ética: A, Rango General: A... y Ronald Knox: Técnica Practica: B+, Escritura A, Ética A, Rango general: A... Ustedes dos son el primer equipo asignado para el examen final- nos dijo acomodando sus gafas

- Queee!- Exclame- Que YO tengo que hacer Equipo con el?- proteste

- Me hubiera gustado más que me asignaran con Sempai- se quejo Ronald despreocupadamente

- La fecha de muerte será dentro de un mes- Nos dijo el director dándonos una carpeta de cuero negro- Durante ese tiempo ustedes evaluaran si la persona merece o no morir de acuerdo a su criterio, por supuesto que pueden completar su misión antes de la fecha limite- entrecruzando los dedos de ambas manos entre si, debajo de su barbilla.- Partirán mañana al anochecer, les deseo la mejor de las suertes

Me di media vuelta y salí de la oficina con paso apresurado, Grell aun me esperaba recargado frente a la puerta, pero no le hice el menor caso. Estaba molesta, Ronald era un tipo demasiado fastidioso para mi gusto, todo lo tomaba a la ligera, además, de que por mas que lo intentara, jamás se alejaba de mi hermano cuando tenia la oportunidad de estar con el, sabia que Grell tenia gustos extraños, y no me importaba en absoluto si le gustaban o no los hombres, siempre y cuando aun tuviera lugar para mi. Podía ser cualquiera, compartiría a Grell casi con quien fuera, pero no con Ronald.

Me marche directo a la casa y me encerré en mi habitación, afortunadamente no contaba con demasiados objetos, por lo que no pude arrojar nada contra las paredes para desahogar mi ira. De pronto abrieron la puerta de mi habitación, estaba apunto de lanzarme para atacar, pero me detuve al ver que era Grell. Mis ojos comenzaron a picarme por las lagrimas que se estaban formando en ellos, para el resto del mundo yo podía ser fría, agresiva, violenta, seca, poco sociable, gruñona, caprichosa; pero, con Grell era todo lo contrario, muy dulce, sensible, delicada, amable, solo el conocía mi personalidad como realmente era.

Me abrace fuertemente a el, acaricio mi cabeza y apoyo su mentón en mi, sabia que algo estaba mal conmigo, era por eso por lo que me había seguido hasta aquí.

- Parece que ocurrió algo que hizo que te molestaras querida hermanita- susurro sin soltarme

- No quiero ir al mundo humano con "el"

- Ronald?... vaya que suerte la tuya

- Yo diría que es una maldición- le dije separándome un poco de el para verlo a la cara

- Oh Jill, tu primera vez en el mundo humano jamás la olvidaras

- Me gustaría que si... Aun recuerdas aquel día en el que hiciste el examen?

- Por supuesto, mi primera vez fue con William- me respondió insinuantemente guiñándome un ojo

- Tu... Primera vez?- repetí con algo de celos en mi timbre de voz

- Ah! jamás lo olvidare- gimió levemente- Cada fibra de mi cuerpo aun recuerda esa sensación

- No es necesario entrar en detalles- le dije dándome media vuelta para ocultar mi sonrojo

- Parece que tu perversa mentecilla esta yendo en una dirección equivocada- me dijo al oído con cierto aire de burla

No respondí nada, mis mejillas estaban completamente enrojecidas, Grell tenia razón, mi mente tomo sus palabras en un sentido muy diferente al que era realmente. El resto del día me la pase en casa, por ningún motivo quería toparme con Ronald antes de partir.

Al día siguiente me presente en la oficina, William nos dio indicaciones y consejos, tales como tratar de no llamar mucho la atención, y tratar de mezclarnos con los humanos, no teníamos prohibido entablar contacto frente a frente con la victima en cuestión. Nos pidió estudiar bien al humano, y decidir justamente si merecía o no morir.

Cuando el sol se puso en el horizonte, partimos rumbo al mundo humano. Cuando llegamos, note que las calles eran demasiado estrechas para mi gusto, apenas y podía ver el color rojo del atardecer teñido en el cielo entre las casuchas apiladas en tres pisos, por su parte Ronald se veía emocionado, y curioseaba todo cuanto veía, incluso a uno que otro hombre ebrio que aparecía tirado en el piso conforme avanzábamos.

El mundo humano era de verdad asqueroso, había comenzado a lamentar, por primera vez en mi vida, que como shinigami tuviera los sentidos mas desarrollados que los humanos, todo lo que veía, oía y mucho mas lo que olía me causaba repulsión, hacia uso de toda mi fuerza para no vomitar ante tan nauseabundo olor que provenía de este estrecho callejón.

- Te vez pálida- me dijo Ronald mirándome

- Este lugar me da asco, busquemos a nuestra victima y terminemos esto de una vez!- le dije enfadada

- Ahhh?!- exclamo confuso- Acaso quieres volver tan pronto, pero tenemos un mes para tomar la decisión

- Yo ya tome la mía, busquémoslo y matémoslo de una vez!

- Es un examen en pareja, no puedes decidirlo sola!

- Si no me ayudas a matarlo lo hare yo, pero no pienso quedarme en este lugar mas tiempo- lo amenacé sacando la pequeña guadaña y colocándosela en la garganta

- Tenemos un mes para completar esta misión, por lo menos me gustaría aprender mas del mundo humano en ese tiempo- me dijo Ronald desafiándome con la mirada

Lo mire con enojo, después retire la guadaña de su garganta, solté un suspiro de resignación, y salte a un techo para alejarme de aquel mugriento y asqueroso callejón, después Ronald hizo lo mismo.

- Lo haremos como quieras esta vez!- le reclame sin voltearlo a ver- Pero si llego a hartarme de este lugar, matare a esa persona yo misma y volveré a casa entendido?... ahora camina, aun hay que localizarlo para mantenerlo vigilado.

No nos fue tan difícil localizarlo como esperaba, tal vez fue por que tuvimos suerte, o simplemente por que era una persona que no pasaba desapercibida en esta ciudad que llamaban Viena según había escuchado decir a algunos humanos.

Tome unos binoculares y lo observe desde el tejado de enfrente, era un hombre mayor, vivía solo en una casa un poco mas grandes que las demás, a mi parecer aquel hombre parecía normal y desordenado como todos los humanos, había papeles regados por donde alcanzaba a ver.

- Es oficial... me estoy aburriendo de este lugar- murmure sin dejarlo de observar- Que tiene de especial este hombre? es un simple anciano!- me queje

- Ludwig Van Beethoven- leyó Ronald abriendo la carpeta negra de cuero que nos había sido entregada al momento de ser asignados- Es un Famoso compositor Alemán, ha escrito varias obras muy famosas, su fecha de muerte esta programada para el 26 de marzo de 1827 antes de las a las 5 de la tarde.

- Un músico dices?- pregunte con desagrado- No hay nada mas interesante

- Solo disfrutar de este mudo- dijo Ronald cerrando la carpeta y bajando del techo- No me acompañaras?- me pregunto desde abajo

- Por supuesto que no!- le respondí sentándome y observando a aquel músico en su desordenado cuarto- Esperaba algo mas interesante de mi primera victima- murmure observando como se aproximaba a un viejo piando que estaba en un rincón, cubierto de montones de papeles.

El anciano se sentó ante el y comenzó a tocar una bella y suave melodía, use los binoculares para verlo con detenimiento, su semblante lucia serio y melancólico, el verlo ahí pasando sus dedos sobre las teclas de marfil reflejaba una inmensa soledad.

Me quede observándolo hasta muy entrada la noche, cuando Ronald regreso traía un ligero aroma a alcohol que me causo cierta repugnancia.

- Deberías de probar las bebidas de este lugar- me dijo alegre

- Hueles a alcohol- le reclame sin voltear a verlo

- No esperaba que te molestara tanto- se defendió- Además averigüe ciertas cosas sobre nuestra victima que tal vez te interesen.

- Espero que sean mas útiles que lo que he observado en todo este rato

- Bien, pues resulta que nuestro querido amigo Beethoven es un famoso compositor...-comenzó a decir

- Me he dado cuenta al ver todas esas partituras regadas en el piso, así como el escucharlo hace unos momentos tocar ese viejo piano- le dije sin interés- igualmente el reporte lo menciona.

- Pero además de eso... el hombre es sordo... dicen que siempre lleva un cuadernillo con el, ya que al ser incapaz de mantener una conversación con alguien, le pide a sus interlocutores que escriban lo que le quieren decir en el, así pude dar una respuesta y entablar una conversación mas o menos coherente

- Has dicho sordo?!- exclame con sorpresa

- Escuche que se quedo sordo hace unos años, y que eso lo sumió en una gran depresión

- Parece que has averiguado cosas útiles- le dije poniéndome de pie

- A donde vas?- me pregunto

- Quiero observar a ese músico mas de cerca, tu...puedes seguir divirtiéndote por ahí, y trata de averiguar mas cosas- le dije saltando sobre el techo de la casa de Beethoven, y después entrando por la ventana.

La casa estaba completamente a obscuras, exceptuando por la tenue luz de una vela que iluminaba la habitación de aquel solitario hombre, lo escuche quejarse debido a algún dolor que de seguro sentía, después apago la vela, y la casa entera se sumió en tinieblas; por mi no había problemas, después de todo mi visión nocturna era mucho más desarrollada que la de los humanos. podía ver hasta el mas mínimo detalle en esta desordenada sala, veía el piano en un rincón, los papeles regados aquí y allá, una mesa en el otro extremo de donde me encontraba, y la puerta que daba a la habitación de mi anciana victima.

Pude haber terminado mi trabajo en ese momento, sin embargo me di la vuelta y salí de ahí, aquel hombre había capturado mi interés en el momento que había tocado el piano hacia unas horas, mi curiosidad hacia el era tal, que había decidido dejarlo vivir mas tiempo.

Me la pase días enteros vigilando cada uno de sus movimientos, incluso cuando salía a veces a caminar por las calles, me mezclaba entre los humanos y lo seguía desde un distancia prudente, o eso creía, no me percate de que se había dado cuenta de mi presencia, en todo momento, el sabia que lo vigilaba, Ronald por su parte, se la pasaba de vago por ahí, y solo se reunía conmigo cuando tenia mas información que pudiera ser interesante.

Una mañana lo descubrí observándome fijamente desde la ventana, sabia que el hombre era sordo, pero no tenia ni la menor idea de en que estado estaba su vista, pero aun así no me equivocaba, el me observaba desde su desordenada sala de estar, incluso me llamaba haciéndome señas con su mano derecha. Will había mencionado que no nos estaba prohibido interactuar con los humanos, siempre y cuando no reveláramos nada que pudiera comprometer a nuestra agencia. Decidí correr el riesgo y acercarme a el.

No me fue difícil comunicarme con el, los shinigamis podemos hablar casi cualquier idioma con fluidez, entendía lo que me preguntaba, quería saber quien era, y por que lo vigilaba tanto. No sabía como responder, tome una pluma y la sumergí en el tintero, escribí la respuesta en su cuadernillo que usaba para comunicarse. "soy una shinigami" fue mi respuesta. Esperaba que reaccionara de una manera negativa. Pero, fue todo lo contrario. Me sonrió divertido, mi respuesta parecía ser aquella señal divina que había estado esperando desde hacia mucho tiempo.

- Eres tu la que ha venido a terminar con el sufrimiento que aqueja a este anciano en esta vida?- me pregunto suplicantemente

"Acaso deseas morir?, ponerle fin a tu vida de una vez por todas" le escribí en las paginas amarillentas de papiro al tiempo que lo decía en voz alta para escucharlo yo misma.

- No sabes los tormentos que aquejan mi vida jovencita- me respondió con una amplia sonrisa pero con una mirada llena de melancolía- Los dolores que me aquejan, tanto físicos como espirituales son mas de lo que un ser humano puede llegar soportar

"De verdad deseas que todo acabe en este momento?" le escribí de nuevo

- Si debe terminar en este instante que así sea mi bella dama- me respondió- Pero ahora en estos últimos momentos y desde que descubrí tu presencia, me ha llenado de una inspiración tan repentina, que temo mucho que se vaya a perder en vano de un momento a otro.

"inspiración?" le pregunte extrañada, me sorprendí al ver ese débil destello de vida iluminar momentáneamente sus ojos. el tomo unas hojas que estaban colocadas en el piano, en ellas estaban dibujadas varios grupos de 5 líneas rectas , y en ellas había una serie de diversos símbolos. era una partitura musical, Beethoven estaba escribiendo una ultima pieza musical antes de su muerte. Me pidio que le contara mas acerca de mi, mi presencia, la repentina presencia de la muerte lo había inspirado a escribir una pieza mas antes de su muerte.

Le conté algunos detalles acerca de nosotros, con la condición de que aquel cuadernillo no debía ser mostrado a nadie, a lo que el accedió sin dudarlo.

Pasaron los días, el plazo estaba por cumplirse, Ronald y yo le contábamos algunos detalles de nuestra vida de shinigamis, nuestro trabajo, y que aun no sabíamos lo quera recolectar una vida humana.

Un par de días antes de cumplirse el plazo, Beethoven enfermo seriamente, sentía fuertes dolores en el vientre que hicieron que cayera postrado en cama, tenia una criada que comenzó a cuidar de el por las mañanas, lo cual me dificultaba en poder estar cerca de su lecho. El día 26 de marzo llego, sentí una gran opresión en mi pecho, sentía enormes deseos de dejarlo vivir, pero su cuerpo humano agonizaba, era más de lo que un anciano podría resistir.

- Sabes que dejarlo vivir solo prolongara su sufrimiento - me dijo Ronald sin dudarlo

- Este día, será borrada la existencia de un gran hombre en este mundo- dije colocándome mis anteojos y levantándome del techo.

Esa tarde, el cielo se había obscurecido, las calles de la ciudad estaban desiertas, una fuerte ventisca se desato de pronto, dando aviso que se aproximaba una poderosa tormenta primaveral. Los pocos humanos que quedaban en la calle huían despavoridos buscando donde refugiarse de aquellos fuertes vientos, Las nubes cada vez se obscurecían mas en el cielo, y los relámpagos era lo único que iluminaba los callejones de la pequeña ciudad.

Estábamos de pie sobre el techo de la casa de aquel gran músico, entramos por la ventana como era nuestra costumbre, la casa entera estaba sumida en penumbras, y el, mi tan apreciado músico estaba tendido en su lecho, sumido completamente en su dolor y agonía.

- Dichoso yo que he podido charlar con la muerte antes de que esta me arrancara de este mundo- murmuro con dificultad al vernos- Ahora amigos míos, completad este que es su trabajo, y terminad de una vez con aquel dolor que me ha estado aquejando durante muchos años.

Cerré los ojos para tratar de concéntrame, había cometido el error de tomarle cariño a mi victima, tome su mano cálidamente con mi mano izquierda, y con la otra tome mi guadaña.

- Sobre el piano esta el ultimo regalo que le hago a aquellos que vinieron a terminar con mi agonía, de los pocos en los que pude confiar en mis últimos días.

Un fuerte relámpago Sonó afuera, los cristales enteros de la casa retumbaron con el estallido, fue justo en ese momento en el que yo había tomado su vida con mi propia guadaña, su mano, la que momentos antes estaba sosteniendo, tan rígida como un hombre agonizante se aferra a la vida, ahora había caído inerte sobre la cama, a un costado de el.

El Cinematic record broto de su cuerpo, y de inmediato me vi rodeada por el. Mi hermano me había dicho que cuando el humano se aferra a la vida, el Record podía atacar al shinigami, pero en este caso no era así, se estaba absorbiendo en la punta de mi guadaña, al tiempo que observaba la vida de aquel hombre, en los tiempos de su infancia, los tiempos en que escuchaba, su primera sonata, sus decepciones amorosas, todo, absolutamente todo estaba plasmado en el Cinematic record.

Ronald tomo las hojas de la última partitura de Beethoven, junto con el cuadernillo de nuestras conversaciones. Tome las hojas de sus manos, los humanos jamás sabrían de la existencia de esta ultima obra de aquel gran músico, tome el cuadernillo y lo arroje al fuego de la chimenea que apenas ardía en la habitación.

- Nadie jamás sabrá que la muerte estuvo charlando con el antes de este día- dije dándome media vuelta - Es hora de irnos Ronald.

Al volver, entregamos nuestra carpeta en la dirección de administración, ambos habíamos aprobado este examen con honores, ahora podíamos recibir unos anteojos personalizados. Ronald se apresuro al departamento de los anteojos, por mi pare me tome mi tiempo para recorrer los pasillos de las oficinas. Mis anteojos, aunque los cristales no tuvieran aumento alguno, ahora eras acordes a mi, un armazón azul brillante seria de ahora en adelante parte de mi imagen de recolectora...

... ... ... ... ... ...

- Jill Sutcliff!- escuche la voz de William llamándome y sacándome de mis recuerdos- Acaso has escuchado lo de tu nueva misión?

- Ah?.. Nueva misión?

- Deberías de poner mas atención, eres igual que tu hermano- suspiro con molestia- Les decía que pronto se llevara acabo una gran recolección, esta vez será un barco de lujo con destino a Nueva York, aunque el barco en cuestión jamás llegara a su destino.

- Recolectaremos almas en medio del mar?- pregunte

- En ese barco pasaran cosa extrañas, y parte de su misión es averiguar que es lo que las causo.

- Defíneme "cosas extrañas"- le dijo Ronald

- Muertos que caminan- dijo Will seriamente al tiempo que acomodaba sus gafas

- Eso... eso es imposible que no?- pregunto Grell

- Es por eso que deberán investigar, Jill y Ronald partirán el día que zarpe el barco

- Tengo que ir...con...El?- pregunte con fastidio

- Como en los viejos tiempos no Jill?- me dijo entusiasmado pasándome un brazo por los hombros

- Nee...nee y yo que hare?-pregunto mi hermano colocándose a lado de Will y recargándose en su hombro

- Tu les darás alcance después de que hayas terminado con tus asuntos pendientes- dijo William fríamente avanzando hacia el frente para alejarse de mi hermano- El barco Zarpara por la mañana del 17 de Abril de 1889 en el Puerto cercano a Londres, el nombre del barco es Campania, deberán abordar junto con los demás pasajeros, y mezclarse entre ellos hasta que llegue la hora... pueden retirarse.

Fui la ultima en salir de la oficina, antes de marcharme, me quede de pie en el marco de la puerta con la mirada hacia el piso, Grell y Ronald ya se habían adelantado un poco.

- Ocurre algo Jill Sutcliff- me pregunto William fríamente

- Nada, solo pensaba

- Pensabas...?

- Es tu culpa que mi hermano sea medio afeminado no es así?

William no respondió, me marche directo a casa, entre en mi habitación, y abrí uno de los cajones de mi escritorio, del cual saque aquella partitura que había traído conmigo del mundo humano el 26 de marzo de 1827, las hojas ahora eran de un tono amarillento, pero se conservaban en buen estado. Las volví a guardar en su lugar, y comencé a prepararme para mi próximo trabajo.