Gracias por los reviews y los alerts, saber que alguien me lee me llega al alma. Y si encima me escribís y me decís qué os gusta mejor que mejor.

xoc13: ¿Estás en Los Ángeles? ¡Oh, qué bien vives! XD ¿Has intentado colarte en algún rodaje de Bones? Yo mataría por aparecer de asesina (ser interrogada por Booth ;) o de simple extra… Sospecho que este es el comienzo de una gran amistad. Gracias por seguir leyéndome y escribiéndome.

Como prometí actualizo antes para compensar el minicapítulo de ayer y además este capítulo es más largo. Y mejor.

Disclaimer: "Rompiendo las leyes físicas" es un fanfic basado en la serie Bones. Booth, Brennan y el resto de los personajes mencionados son propiedad intelectual de su creador, Hart Hanson, de la antropóloga forense Kathy Reichs y de la cadena Fox. Yo no intento violar las leyes de copyright, ni obtengo ningún tipo de remuneración económica por escribir esto. Sólo escribo para divertirme y con la idea de compartirlo para que más gente lo disfrute.

Capítulo 8: La verdad

-La atracción física no lo es todo, Huesos. O, al menos, no es todo lo que quiero que haya entre nosotros.

Brennan estaba sorprendida. Bueno, más bien descolocada. ¿Cómo podía Booth pensar que ella no lo quería? ¿Cómo podía alguien no quererlo? Era fuerte, valiente, cariñoso, inteligente y conectaba con las personas con tanta fluidez como ella leía huesos. Lo adoraba, lo quería, lo veneraba. No entendía cómo él no había podido leerla.

-Booth, yo… te he dicho que te quiero-. Era difícil decirlo así, en frío y cuando lo hizo se sintió vulnerable y también liberada. Era extraño pero todo era extraño e incontrolable cuando estaba con él.

-Huesos, estabas teniendo un orgasmo. Según todas las leyes universales, eso no cuenta.

-¿Qué leyes? –Brennan no sabía si reír o mosquearse. Aquello era un poco ridículo.

Booth estaba completamente desconcertado. Decidió respirar hondo y coger el toro por los cuernos:

-Huesos, ¿qué sientes tú por mí? Digo más allá del compañerismo y de la atracción física. Huesos, yo… -intentó pensar con claridad, sacar de su alma aquello que realmente le preocupaba-. No te entiendo, hay cosas de ti que no entiendo y que necesito saber.

-Dispara –Brennan se sentó en la cama a esperar a que él dijera lo que tenía que decir. Ella no tenía dudas, no las tuvo desde que él se derrumbó en sus brazos. Pero su compañero necesitaba respuestas y ella sabía que no tendría paz hasta que las tuviera.

-¿Por qué querías tener un hijo mío? ¿Por qué dejaste de quererlo? –preguntó y, una vez en materia, soltó todo lo que llevaba dentro-. No entiendo por qué me rechazaste cuando te dije que te quería y ayer me besaste y me hiciste el amor como si fuera lo que más amaras en este mundo –respiró hondo e intentó contener las lágrimas-. No lo comprendo. Y necesito entenderlo, Huesos.

Brennan miró al techo y después miró a los ojos oscuros de su compañero, brillantes por las lágrimas retenidas. ¿Realmente había sido ella la que le había hecho sufrir tanto?

Tenía que ser sincera. Él se merecía sinceridad.

Booth se sentó en la cama, a su lado, y esperó a que su compañera hablara.

Los ojos azules de Brennan se clavaron en los de él. Booth sintió más que escuchó su suave voz.

-Quería tener un hijo tuyo porque quería tener una parte de ti. Alguien que me recordara a ti, con tu mirada y tu sonrisa, tan inteligente como yo y con tanto don de gentes como tú –suspiró y pensó, ¡bah, de perdidos al río! -: Quería tener una parte de ti para cuando tú me dejaras.

-¿Cuando yo te dejara? Somos compañeros, no está en mi mano separarnos.

-Sweets tiene razón. Desde que empezamos a trabajar juntos no hemos tenido ningún tipo de relación seria con nadie. No es sólo el hecho de que pasemos más de la mitad del día juntos, además vamos juntos a tomar una copa y exponemos nuestra visión de la vida al final de cada caso. Nos implicamos más allá de lo estrictamente profesional. Pero eso no podía ser para siempre. Tarde o temprano tú encontrarías a una mujer que fuera capaz de darte todo aquello que tú quieres: matrimonio, hijos, etc. Una conexión física y espiritual. Y yo te perdería para siempre. Si tuviéramos un hijo estaríamos unidos eternamente.

-Ya. Eso explica la primera pregunta, pero no las demás. ¿Por qué renunciaste a él con tanta facilidad?

-Porque tenías un tumor cerebral.

-Aún así…

-No, no era porque estuvieras enfermo –se apresuró a aclarar Brennan-. O sí. No era porque tuviera miedo de que el niño sufriera la enfermedad. Sólo es hereditaria en un porcentaje muy limitado de veces. No. Era porque estabas enfermo y sólo me importaba que sobrevivieras.

-Lo cierto es que entré tranquilo a aquel quirófano sabiendo que tú estabas allí. Sabía que si tú estabas no podrían equivocarse.

-Pero se equivocaron con la anestesia –dijo Brennan apenada-. Se equivocaron y durante cuatro días temí que te perdería para siempre.

-Tu historia me salvó –sonrió él-. Por una parte no quería despertar porque era feliz estando contigo. Era feliz casado contigo y sabiendo que íbamos a ser padres. Pero por otra parte… supongo que una parte de mí sabía que la persona real eras tú. No Bren. Sólo tú, Huesos. Por eso desperté, para volver a verte.

Brennan sintió que la situación la desbordaba y sintió miedo. Miedo al dolor, miedo al sufrimiento. Pero se había dado cuenta de que el sufrimiento era mayor cuando estaba lejos de él. Cuando lo imaginaba en otros brazos, consolado por otros labios, por otro cuerpo.

Como si le leyera el pensamiento, Booth le dijo unas palabras que recordaba haber oído en algún momento, aunque no recordaba exactamente cuándo ni dónde:

-Cuando amas a alguien te expones al sufrimiento. Puede que esa persona te parta el corazón o…

-O que tú se lo partas a ella y no vuelvas a verte de la misma forma –completó Brennan-. Esa es la carga.

-¿Cómo conocías eso? –dijeron ambos a la vez.

Booth contestó primero.

-No sé, lo oí en algún momento de mi vida, no recuerdo cuándo. Y desde entonces no lo consigo olvidar.

-Era parte del libro que estaba escribiendo y que te leí durante el coma. ¿Recuerdas cómo seguía?

-Al igual que las alas, tienen un peso. Un peso que notamos sobre la espalda, pero son una carga que nos levanta. Una carga que nos permite…

-Volar –completaron a la vez.

Se miraron a los ojos y por un momento ambos pensaron que podían volar perfectamente. Ambos sentían la carga de las alas a la espalda y ambos querían despegar. Sin embargo, Brennan sabía que aún quedaba mucho por hablar.

-Te rechacé porque tengo miedo al abandono. Tengo miedo a abrir mi coraza, a que me destroces y que nunca más pueda recomponerme. No tiene nada que ver con la psicología –se apresuró a aclarar.

-Claro que no –sonrió él.

- Tal vez no te hayas dado cuenta, pero nunca antes te habías derrumbado delante de mí.

-Huesos, te he contado hasta los peores traumas de mi vida.

-Ya, pero Booth, nunca te has derrumbado, no de esa manera. Ayer lo hiciste. Te dije que era una científica, que no podía cambiar. Pero también soy un ser vivo y los seres vivos evolucionamos. Y yo supe que tenía que estar contigo, supe que había evolucionado al ser que puede estar contigo. Si te interesa, claro –respiró hondo-. Te hice el amor como si fueras lo que más quiero en este mundo porque eres lo que más quiero en este mundo.

-Simple y lógico –dijo Booth un poco trastornado.

-Sí.

-Tú también eres lo que más quiero en este mundo –sonrió-. Sí que me interesa, sigue interesándome. Quiero estar contigo, Huesos, y tener un millón de hijos contigo y despertarme cada mañana y saber que estás a mi lado. Sentir tu cuerpo al lado del mío cada mañana, trabajar junto a ti, pillar a los malos y volver cada noche a tu lado –se acercó más a ella-. Te quiero, Temperance.

-Llámame Huesos.

-¿Por qué?

-Soy Brennan para todo el mundo, Tempe para mi familia y para ti soy Huesos. Sólo soy Huesos para ti.

Él sonrió: Te quiero, Huesos.

-Yo también te quiero, Booth.

-Nunca me doy cuenta de lo bonito que es mi apellido hasta que tú lo pronuncias.

-¿No prefieres que te llame por tu nombre? –preguntó, siempre había dudado con eso.

-No. Aunque no seas la única persona que me llama así, tú haces que suene diferente –se acercó más a ella-. Bueno, ¿por dónde íbamos antes de aclararnos?

-Mmmm, no sé… -dijo Brennan con picardía-. Recuérdamelo.


Los reviews son extremadamente agradecidos y me hacen seguir escribiendo y actualizando con ilusión ;) ¡Ah! Y se ha demostrado que previenen el cáncer de piel, amén de prevenir un sinfín de enfermedades… XD