Gracias por los reviews, los ffs y los alerts, saber que alguien me lee me llega al alma. Y si encima me escribís y me decís qué os gusta mejor que mejor. Pensaba subir este capítulo mañana pero... me habéis ablandado ;)
xoc13: Gracias por todo. Aunque no sea tan glamuroso como lo pintan siempre puedes intentar saltar las medidas de seguridad de los estudios (no me responsabilizo de este consejo XD). ¿Ya estás pensando en que vuelvan a romper las leyes físicas? Desde luego... eres igual que yo ;)
Diana: Muchas gracias por leerme, y más aún por escribirme no teniendo cuenta. Me alegra que te guste.
CookiesChocolateCandy: Gracias por haberme agregado a alerts. Huesos será siempre Huesos, Temperance no acaba de pegarle... Por cierto, llevo una enganchada a tus fics... ;)
Disclaimer: "Rompiendo las leyes físicas" es un fanfic basado en la serie Bones. Booth, Brennan y el resto de los personajes mencionados son propiedad intelectual de su creador, Hart Hanson, de la antropóloga forense Kathy Reichs y de la cadena Fox. Yo no intento violar las leyes de copyright, ni obtengo ningún tipo de remuneración económica por escribir esto. Sólo escribo para divertirme y con la idea de compartirlo para que más gente lo disfrute.
Capítulo 9: Una vez aclaradas las cosas…
Ninguno de los dos supo con claridad cuál de ellos dio un paso hacia el otro. Sus labios acortaron con suavidad la distancia que les separaba y se fundieron. Poco a poco el fuego fue apoderándose de ellos, el anhelo, la espera… Se besaban con la intensidad de quien se pertenece, sabiéndose el uno del otro.
Booth sentía las manos de su compañera en la nuca, profundizando el beso, haciendo que alcanzara los límites de la locura. Sin separar sus bocas, las manos de él acariciaban su pelo, recorrían su espalda… La bata de su compañera le estorbaba y ella protestó cuando Booth la separó para retirársela suavemente.
-Calma, fiera –dijo con una sonrisa.
Brennan tampoco se quedó quieta y lo liberó a él de la suya. Aquellas manos tan pequeñas y suaves lo estaban volviendo loco.
La tumbó sobre la cama y comenzó a besarle el cuello. Ella se sentía morir de placer. Era el mejor sexo que había tenido nunca. Y eso que había tenido muchas más relaciones antes. Pero no recordaba ya la cara de ningún otro amante. Ni siquiera la de Sully. Ni siquiera la del antropólogo aquel de las islas Maluku, el último hombre con el que se había acostado. Quizás porque mientras aquel hombre tenía relaciones sexuales con ella, ella soñaba que hacía el amor con Booth.
Sintió las manos que tanto había anhelado recorriendo su cuerpo, transmitiéndole firmeza y seguridad. No le hubiera importado morirse. Aquello era el cielo. Quería devolverle parte de lo que él le había dado. Lo acercó y le lamió suavemente la oreja, después sopló y le mordisqueó el lóbulo.
Él gimió de placer, "¿cómo ha podido saber que la oreja es mi punto débil?" pensó.
-Huesos, para. Para, por favor.
-¿Por qué? ¿Algo va mal?
-No… no, vas a llevarme a la locura –dijo, con la respiración agitada.
Ella sonrió con malicia, disfrutando de su recién adquirido poder.
-Es lo que pretendo.
-¿Volverme loco? Pues ya lo has conseguido.
-Empate –susurró ella.
Sus miradas volvieron a encontrarse y sus bocas a devorarse. El fuego les consumía. Por una parte estaban deseando ser uno otra vez, por otra querían conocer cada recoveco de la piel del otro.
Rodaron por la cama, riendo, acariciándose y besándose con ternura. Booth no supo cómo acabó el cuerpo de Brennan tumbado encima del de él, pegándose libidinosamente al suyo. Así empezaron la danza de todos los enamorados, una danza de deseo y anhelo, de placer y fuego.
Como fuego ardieron y como fuego estallaron ambos. Al final resultaba que los milagros se repetían, que las leyes físicas podían romperse siempre que quisieran. La idea de que nunca más tendrían que esconder sus sentimientos al otro los emocionó.
Booth recordó lo que ella siempre decía, que era muy buena en la cama. Era un hecho. En eso nunca le llevaría la contraria.
Brennan siempre imaginó que su compañero era un buen amante. Nunca llegó a imaginar cuánto. Él no amaba su cuerpo, lo veneraba, llegaba a su alma a través de él. No mantenían relaciones sexuales, hacían el amor.
Acabaron abrazados, exhaustos, tumbados sobre la cama.
-Quiero quedarme contigo para siempre –dijo Booth.
-Yo también.
-¿Me respetarás por la mañana?
-Claro que sí –sonrió-. Siempre te he respetado.
Los reviews son extremadamente agradecidos y me hacen seguir escribiendo y actualizando con ilusión ;) Además de tener un efecto antidepresivo... en mí XD
