VI

Sorpresa, Sorpresa

Alice y Rosalie se divirtieron de lo lindo los días siguientes a mi 'confesión'. Pensé que harían algo como extorsionarme, quizá algo peor que mi mente todavía no había imaginado pero no, sólo estuvieron cada día, cada minuto y cada segundo del tiempo que Edward pasaba conmigo en el hospital, sentadas ahí, en el sofá con una sonrisa estampada en sus rostros. Por supuesto que el chico ni cuenta se dio, la mayor parte del tiempo las ignorábamos vilmente y, de todas formas, se pasaban más cuchicheando entre ellas que intentando meterse en la conversación que manteníamos.

Unos días después, con Alice y Rosalie en la habitación y Edward y yo enfrascados en una discusión sobre las diferencias entre Romeo y Julieta y Tristán e Isolda que tanto a la gente le gusta comparar, sonó el teléfono de la habitación y contesté.

La voz emocionada de Renée me golpeó y lágrimas se me agolparon en los ojos. Charlie vociferaba algo en el fondo mientras sólo oía a mi madre decir "Te extrañamos, cariño…" y "Regresaremos enseguida".

Me sentí culpable. Mucho.

Sobretodo porque era la primera vez que Em los convencía de salir de la ciudad para celebrar su aniversario de bodas con nada menos que un crucero y venía y despertaba en medio de su viaje.

Logré convencerlos, primero a Charlie y luego a mi madre que no cambiar sus planes, es decir, se suponía que estaban celebrando, no? Pues, ¿qué mejor que, de paso, celebren mi vuelta al mundo de los vivos? Mmmm, eso sonó un poco zombie… Dejémoslo en mi vuelta al mundo de los conscientes, vale?

Sin embargo, sólo llegué al punto de no dejarlos devolverse enseguida, porque insistieron en regresar una semana antes para aprovechar los días restantes de vacaciones de papá, para irme a pasar unos días con ellos, lo que me pareció raro porque, quiero decir, yo vivía con ellos, no?

Sospecho que no soy muy buena con la cara de póker porque, nada más colgar, Rosalie y Alice se acercaron a la cama, sentándose en el extremo opuesto de Edward, quien me miraba fijamente con una ceja levemente arqueada.

"Creo que me he quedado sin casa" susurré.

"¿Cómo así, que sucedió?".

"No sé, Edward… Renée ha dicho que cuando regresen les gustaría que me quedase unos días con ellos, pero no sé si es por el coma o es que, de plano me estoy perdiendo de algo, porque yo vivo con ellos, no?".

Fue más un monólogo que una pregunta pero la risa de Alice me desconcentró y más tarde, Rose y Edward la siguieron.

"Oh, Bella, lo siento… Con todas las cosas que han pasado, lo último que pensamos fue en eso…" Alice empezó a explicarme la situación. "Y no tienes que preocuparte por nada. Desde que Emmett trabaja en el hospital, compró un apartamento a unas dos cuadras y se llevó todas tus cosas con él, así que…".

"Técnicamente estás viviendo con tu hermano… Y conmigo, por supuesto" Edward la interrumpió.

Quedé en shock.

"Tierra llamando a Bella" dijo Rose chasqueando sus dedos justo frente a mis ojos sonriendo.

"Bueno, al menos no quedé en la indigencia, lo que me recuerda… Eddie, cuando me darán de alta?".

"Creo que era una sorpresa pero no importa, según el director se te dará en 3 días siempre y cuando te comprometas a asistir cuatro veces a la semana a sesión con el kinesiólogo" respondió.

"¡Pero eso es demasiado tiempo!" protesté. "Además que el tipo ese me odia tanto que su hígado seguro está resentido, la gelatina que dan de 'postre' no tiene olor, no tiene sabor e, incluso, usan un colorante que no le resulta nada atractivo a mi vista! ¡Tiene todas las propiedades del agua pero… ¡Ni siquiera sabe como agua! Es como comer papel sólo que sí se digiere… o eso creo".

Después de reírse por un rato debido a mi arranque de rebeldía por la comida, acordaron traerme algo de 'comida de verdad' más tarde y por los siguientes tres días.

Tres días que se me hicieron eternos, sobretodo ante la perspectiva de ver a Edward Anthony Cullen prácticamente las 24 horas del día, fin de semana incluido. El mejor paquete de vacaciones que una agencia de viajes podría ofrecerme, sólo que esto no eran vacaciones y el kinesiólogo me lo hizo saber la mañana antes de irme.

Emmett se encargó de llevarme papas fritas todas las tardes, Jasper me llevó un poco de chocolate, Rosalie me dió un par de sándwiches de pavo que vendían en la cafetería y que, para provenir de algún departamento de éste endemoniado hospital, sabía increíblemente bien, Allie intentaba darme a probar sus nuevos inventos culinarios que, a decir verdad, me hacían preferir comer la gelatina-papel digerible que me daban las enfermeras.

Tres días después, la entrada de Eddie a la habitación desvió la atención de Alice hacia él y yo, mientras tanto, escupí en la servilleta lo que sea que me estuviera dando, que no era comida –ni lo parecía- y que me hizo pensar si lo que quería era envenenarme.

Edward me miró arqueando una ceja y rió entre dientes y, al acercarme, me percaté de que traía un pequeño bolso y lo dejó cuidadosamente al lado de la cama.

-Al, deberías dejar de darle a probar a Bella tus experimentos culinarios. Estamos intentando que salga del hospital no que se quede de por vida. Además… -agregó al ver como mi mejor amiga abría la boca para protestar- En estos momentos, lo que debería preocuparte es que debería estar lista para las cinco de la tarde y yo todavía la veo con la bata, así que…-.

Edward no alcanzó a decir ni 'hasta luego' cuando su hermana, 35 centímetros más pequeña que él –vale la pena recalcar- lo echó de la habitación.

"No tenías que hacer eso, Allie".

"No, no tenía, pero la verdad, verte suspirando cada vez que él está en un radio de menos de 10 metros tuyo, me da risa. Es decir, lo conoces desde que tienes 4 y ahora lo miras y te pones como una tonta enamorada" respondió.

"¡Oye! No me comporto como una tonta enamorada porque no lo estoy" repliqué mientras tiraba la servilleta con el intento de comida en ella por el extremo opuesto de la cama.

"Bueno, puede que no lo estés, pero sí que lo estarás muy pronto, ¿quieres apostar?".

"No, no quiero apostar… Y siento decirte que te estás pareciendo a Em y a Jazz con eso de las apuestas, eh" le dije y me acomodé mejor en la cama mientras la miraba sacar la ropa del bolso y ponerla sobre las sábanas.

No dijimos nada en medio minuto y cuando me miró de nuevo a los ojos, tenía esa mirada de 'lo-sé-todo-y-no-se-te-ocurra-negarlo' en la cara, así que, no dije nada y le dejé ayudarme a cambiar la aburrida bata del hospital con algo de ropa –que no era mía- y que, definitivamente, tenía más estilo de ser algo que Rosalie e, incluso Alice se pondrían, pero no yo.

"Alice, no creo que esto sea adecuado para mí".

"Bella, haz el favor de quedarte calladita… Ya no tienes 13 años y nadie se escandalizará porque muestres algo de pecho y tengo en mente a alguien a quien le agradará mucho ver la mujer en que te has convertido, eh!" dijo sonriendo y me miró directamente a los ojos. Fue entonces que supe a quien se refería y me sonrojé furiosamente.

De más está decir que no volví a abrir la boca.

*****

Vivir con Emmett y Edward era raro. En primer lugar, porque el apartamento que compraron se parecía más a un penthouse que al apartamento que yo me esperaba, y Emmett rara vez estaba porque prefería estar con Rose en el que compartían ella y Jasper y además, no hay que ser un genio para saber que siendo médicos apenas pasan el tiempo suficiente por allí para dormir, ducharse y, si queda tiempo, comer.

Yo solucioné eso.

O, al menos, lo de la comida y el tiempo de Edward, porque lo que se dice mi hermano, no se siente muy cómodo ahí si aparece Rose y estamos los cuatro y menos si viene a dormir, así que, por lo menos, me hace sentir mejor que en la parte nutricional no tienen fallas porque el refrigerador estaba repleto de comida congelada.

Ahora, Edward me estaba preocupando. No sé si tiene alguna clase de vida social porque sus días libres los pasa conmigo y los ha abandonado por mí o, de plano, sólo están las parejas y le resulta tan incómodo a él como a mí. Aunque, debo decir, que el tiempo con él es tan genial que apenas me siento culpable si hay alguien abandonado por ahí sin saber que él está vivo o no.

Era lunes y además, el día libre de Edward y el mío. El de él del trabajo y el mío de las sesiones de fisioterapia y no sé si fue cosa del chico de ojos verdes o si fue dispuesto así, pero los últimos cuatro días libres que ha tenido yo tampoco he tenido que ir al hospital a verle la cara al tirano. Digo, kinesiólogo.

Eddie picaba la cebolla de pie frente a la mesa isla de la cocina mientras yo estaba sentada batiendo las claras de un par de huevos con rapidez hasta que la masa estuviera tan concentrada que no se botara si se volteara el recipiente.

¿El menú del día? Lasaña y, de postre, merengue.

De más está decir, que el hacía la lasaña y yo el merengue, en parte porque ha dicho que no quiere verme de nuevo por el hospital a menos que tenga algo que ver con las terapias o de visita porque estoy aburrida y, por la otra, porque quiere hacer notar las muchas horas que pasaba ayudándole a Esme a cocinar porque Alice estaba muy ocupada viendo algún desfile o, últimamente, Project Runway para hacerlo.

Por cierto, ya sé quien es Heidi Klum y de qué trata el dichoso programita.

Sin embargo, debo decir en mi favor que el único accidente que tuve con una cocina de por medio fue el que desencadenó el coma. Sé que es mal ejemplo teniendo en cuenta todo lo que pasó, pero fue en una sala mientras enceraba el piso, no mientras picaba algo y la cocina sólo fue un objeto pasivo en todo aquello.

Ser buena en la cocina era prácticamente lo único en lo que no veía mi vida peligrar y ahora, éste chico me lo quiere quitar.

Casi me enfadé con él, pero la visión de los músculos en tensión de su espalda me jugó en contra y sólo pude suspirar.

Se suponía que lo vi todos los días por nueve años, pero vivir con él era otra cosa. Y, al parecer, no sólo yo había despertado del coma, también mis hormonas, que se estaban dando un festín cada vez que mi amigo aparecía por la puerta de la cocina acabado de levantar con la parte de abajo de su pijama o recién bañado, vestido de traje y corbata, con el cabello húmedo y revuelto inundando toda la estancia con el olor a canela de su perfume y se quedaba mirándome fijamente sonriendo.

Esa era una estampa que siempre me hacía sentirme dichosa y de paso, hacerme sonrojar, pero no lo cambiaba por nada.

45 minutos más tarde, estábamos los dos sentados en la mesa del comedor terminándonos la lasaña, y después fuimos al sillón de la sala a escuchar algo de música comiéndonos el postre.

"Oh, Bella…" dijo con los ojos cerrados, claramente disfrutando el postre, lo que me hizo muy feliz. "Eres muy buena en esto. Está delicioso".

"Gracias…"susurré. "Mmm… ¿Edward…?".

"Dime, Bella".

"Desde hace días me he estado preguntando algo y… bueno, ¿tienes algo que ver con aquello que tus días libres coincidan con mis días de descanso de las sesiones de fisioterapia?".

Edward me miró fijo y me distrajo momentáneamente cuando se pasó la mano por el cabello.

Estaba nervioso. ¿Por qué?

"Verás, Bella… No pensé que te incomodara, sólo…"

"No me incomoda, sólo es que… Es raro y pensé que quizá tú habías influido en ello".

"Sí, lo hice porque bueno, ya que voy al hospital porque trabajo allí, pues era mejor que los días coincidieran…" me miró directo a los ojos y agregó "Además, me gusta pasar tiempo contigo y el tener que llevarte al hospital en alguno de mis días libres no era algo que tenía en mis planes".

Sus ojos chispearon y me dedicó una sonrisa torcida.

Me sonrojé y su sonrisa se hizo más grande.

En estos momentos, me daba completamente igual si había o no alguien que lo extrañara, claramente, yo era más importante para él que cualquiera y justo en ese instante Claire de Lune sonó.

No pude evitar sonreírle de vuelta y darle otro mordisco a mi merengue. Si no lo hacía corría el riesgo de hacer algo estúpido. Como besarlo, por ejemplo.


Si, lo sé... No tengo perdón de Dios!! pero, lo sientooo!!!

Ésta semana fue la locura más grande! El lunes entregué uno de los trabajos que tenía pendiente y el otro se fue hasta el viernes y, además tuve un congreso que fue miércoles, jueves y viernes y apenas pude avanzar el trabajo del viernes y me sólo dormí dos horas hasta las ocho de la mañana que tenía que entregar el trabajo, así que, cuando regresé el viernes, lo único que quería era ver mi cama... jajajajajaa Pero ya estoy oficialmente sin compromisos, así que, actualizaré tan rápido como tenga más de 15 reviews, así que... xD

Y bueno, el sábado me levanté a las tres de la tarde (XD) sí, soy una boa pero es que llevaba demasiado tiempo sin dormir en condiciones y además tuve unos compromisos familiares porque una primita se murió hace dos semanas de cáncer y era la misa, así que, bueno, tuve que aplazar a escribir todo hasta las siete de la noche y cuando ya lo tengo todo terminado, viene y se me va el internet.... Menos mal y sólo fueron 15 minutos jejeeje....

De todas formas, espero, de verdad que les haya gustado el capi y bueno, también muchos reviews jejejjejeje

Porfi, porfi???!!

Besos

Andre!