Espero que os guste este capítulo. He incluído la carta de San Pablo a los Corintios porque es típica de las bodas y es preciosa. A ver si, con vuestra ayuda, consigo llegar a los 100 comments. ¡Por fin hay boda! ;)
xoc13: Me conoces demasiado bien. No te puedo engañar, jaja. Por fin hay boda.
kateloverByB: Es que estos dos son muy tiernos, sólo que todavía no se han dado cuenta ;) ¡Se casan, se casan!
Dianythaa12: Le dijo que sí pero... Brennan es Brennan.
valiitho-huesiitos: Son muy tiernos, a ver qué tal su boda, jaja.
Detective Emily Lockhart: Cuidado con el colmo... a veces se cumple :S
bones17: Este es bastante más largo.
saharabyb: Brennan es imprevisible... para todo.
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Disclaimer: "Rompiendo las leyes físicas" es un fanfic basado en la serie Bones. Booth, Brennan y el resto de los personajes mencionados son propiedad intelectual de su creador, Hart Hanson, de la antropóloga forense Kathy Reichs y de la cadena Fox. Yo no intento violar las leyes de copyright, ni obtengo ningún tipo de remuneración económica por escribir esto. Sólo escribo para divertirme y con la idea de compartirlo para que más gente lo disfrute.
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Capítulo 24: ¿Sí, quiero?
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La habitación en la que Brennan daba vueltas como un león enjaulado no era especialmente grande, tan sólo lo justo para que una novia pudiera arreglarse el día de su boda; un tocador, una mesilla, dos sillas y un espejo grande.
"Oh, Dios mío; oh, Dios mío. Temperance, ¿cómo te han podido convencer para hacer esto?" pensaba Brennan mirándose al espejo con su vestido color crema. "Y además de blanco, el color que simboliza la virginidad, ¿cómo he podido acceder a ponerme un vestido blanco?"
Pero sabía cómo. Cuando Angela, Booth y ella habían ido a la tienda a por su vestido, Angela se había enamorado de él y la obligó a probárselo. Y cuando vio cómo la miraba Booth vestida así… supo que no tenía escapatoria. Adoraba el vestido. Se casaría de blanco. Se casaría con ese vestido.
Se casaría… ¡oh, por favor, se iba a casar!
Se oyeron unos toques en la puerta.
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-¿Brennan? ¿Ya estás? ¿Estás bien? –preguntó Angela, abriendo la puerta. Se encontró a una Brennan prácticamente derrumbada sobre la silla, con la cara apoyada en las manos-. ¡Brennan! Cielo, ¿qué ocurre? –se arrodilló frente a ella.
-No sé qué hago aquí, Angela, con este vestido… ¡blanco!
-¿No te gusta?
-Es precioso pero… el blanco simboliza la virginidad, la pureza… yo no debería llevarlo.
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Angela suspiró: Para empezar no es blanco, es crema. Ya, ya sé que la del talento artístico soy yo –acalló Angela la protesta no formulada de la antropóloga-. Pero si te empeñas en lo de la pureza… Dime que lo que sientes por Booth no es puro. Estás enamorada de él y es la primera vez que te enamoras, la primera vez que te abres a alguien; de alguna manera es tu primera vez. Mereces ir de blanco –Brennan sonrió entre lágrimas.
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-¿De veras?
-Por supuesto. Aunque insisto, es crema –siguió Angela-. Estás perfecta, cielo. Vas a ser la novia más guapa que ha habido… después de mi, claro –bromeó.
-Gracias.
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En ese momento volvieron a tocar a la puerta.
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-Cariño, ¿estás bien? ¿Puedo pasar? –se oyó la voz de Max.
-Sí, adelante.
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La puerta se abrió dejando pasar al padre de Brennan, trajeado y feliz.
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-Bueno, cielo, yo me voy con los demás invitados mientras tú hablas con tu padre. Le digo a Booth que bajas en 5 minutos, ¿vale? –la antropóloga asintió-. Un placer, Max –saludó Angela antes de cerrar la puerta tras de sí.
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Max mudó el semblante al ver a su hija con semejante cara sentada en aquella silla.
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-Cariño, ¿qué ocurre?
-Me voy a casar, papá. Me voy a casar… ¡yo! Yo no me iba a casar nunca, es irracional creer que el amor pueda ser para siempre y… ¿cómo he acabado aquí?
-Bueno –comentó Max con humor-, según te entendí Booth te pidió matrimonio y tú aceptaste así que probablemente por eso estás aquí- Max suspiró, a veces su hija era tan irracional…-. ¿No quieres a Booth? Porque si no lo quieres no tienes que casarte con él.
-Sí que le quiero –contestó Brennan rápidamente.
-Y quieres estar con él indefinidamente, ¿no?
-Sí.
-No necesitas más para casarte-. Max la miró con orgullo-. Tempe, ponte de pie –Brennan así lo hizo-. Estás preciosa, cariño –Ambos miraron al espejo en el que se reflejaban-. Lamento que tu madre no pueda verte –sonrió tristemente Max-. Eres su vivo retrato. Me recuerdas tanto a ella el día de nuestra boda… Me acuerdo de estar frente al altar, esperando a que ella apareciera. Y de repente ahí estaba, de blanco, tan hermosa… Entonces supe con más claridad que nunca que pasara lo que pasara siempre estaríamos juntos.
-Es la primera vez que me lo cuentas.
-Es la primera vez que te casas –ambos sonrieron-. Siempre eres libre de no casarte pero, cuando lo veas en el altar, esperándote, recordarás todos los motivos por los que dijiste que sí. Y aceptarás –Max sonrió de oreja a oreja-. Aún no me creo que te vayas a casar por la iglesia.
-A Booth le hacía ilusión –aclaró Brennan, recordando la noche en que la había convencido. A veces se preguntaba si sería bueno que él pudiera llevarla a su terreno tan fácilmente.
-Ya va siendo hora de que me des un nieto.
-¡No seas impaciente! –rió Brennan.
-Es verdad. Ahora lo importante es que formalicéis legalmente la "relación monógama de larga duración asentada de mutuo acuerdo". ¿No lo llamaste así? –sonrió Max.
-¡Yo nunca he dicho eso! –contestó Brennan. De repente se dio cuenta-. ¡Ah, era broma!
-Cariño, no tiene por qué ser el día más feliz de tu vida, no tiene por qué salir a pedir de boca pero, cuando pasen los años, Booth y tú os miraréis y recordaréis este día. Y, aunque no haya sido perfecto, os hará felices. Porque es el día en el que empieza vuestra vida en común.
-¿A los ojos de Dios? –bromeó Brennan.
-A los ojos de Dios, también –rió Max-. Vámonos, cariño, que se admite que la novia llegue tarde pero tampoco demasiado. Ojalá tu madre estuviera aquí –repitió con la voz ligeramente quebrada-. Estás preciosa.
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A Booth se lo comían los nervios. Había llegado a su boda (su boda, ¡por fin!) completamente puntual. Se había mirado un millón de veces en el espejo, atusado el pelo, buscado pelusas imaginarias a su traje… Se sentía como un niño la mañana de navidad.
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Nunca pensó que pudiera convencer a Huesos para que se casara con él, pero lo que más lo sorprendió fue lograr que accediera a hacerlo por la iglesia. Booth sonrió al recordar cómo lo había conseguido. Y costó. Pero ahí estaban, en la parroquia en la que Booth estaba inscrito, la St. Matthew.
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Bueno, ahí estaban… o más bien ahí estaba él y todos sus amigos, porque de Brennan y su padre no se sabía aún nada. Se estaba cambiando en una de las salas que tenía la parroquia para estos menesteres pero con Huesos nunca se sabía. ¿Y si huía?
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Miró a su alrededor y fue fijando la mirada en cada una de las caras que le sonreían, a su lado estaba Jared con esmoquin, haciendo las veces de padrino; Hodgins de testigo a su lado; Cam era una de las damas de honor de Brennan junto con una acalorada Angela, que acababa de decirle que la novia llegaba en 5 minutos, ambas preciosas; Zack, el pirado del ayudante de Brennan, ya curado y feliz de estar ahí; el hermano de Brennan con Amy y las niñas; Parker, su querido hijo, vestido con su pequeño traje, llevando los anillos y sonriendo de oreja a oreja; Sweets y Daisy; y Caroline, la fiscal.
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¡Ah, Caroline! Nunca la olvidaría. Ella fue quien hizo que ambos se dieran la oportunidad de besarse por primera vez y fue la experiencia más increíble de su vida. Cada vez que perdía la fe con Brennan, recordaba la pasión con que lo besó y la recuperaba. Huesos lo quería a él y él se moriría si no podía estar con ella.
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Pero eso no iba a pasar, porque estarían juntos para siempre. Y, cuando llevaran 30, o 40, o 50 años juntos y les preguntaran cómo se habían enamorado él diría: "Supe que era ella. Lo supe desde el principio".
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La única persona que faltaba y a la que realmente echaba de menos era su abuelo. Hank los había juntado y le parecía en cierto modo injusto que no pudiera estar en la boda de su nieto.
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El cura miraba la hora preocupado. Todo estaba perfecto, todo a punto. Lo único que faltaba era la novia.
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Se oyó un revuelo en la puerta y todos los invitados se levantaron, expectantes. El sacerdote dio la orden al organista y empezó a sonar la marcha nupcial de Mendelssohn.
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Booth se giró y… ahí estaba ella. Vestida de blanco (color crema, se corrigió, recordando la clase cromática de Angela cuando lo compraron), del brazo de Max. Estaba preciosa. Al fin estaba ahí. Intentó por todos los medios secarse las lágrimas de la emoción que pugnaban por salir. Max dejó a Brennan al lado de Booth y le dijo: Cuídamela bien.
-Lo haré.
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Brennan caminaba hacia el altar como en sueños. Todos se giraban para verla pasar y ella no podía evitar sentirse fuera de lugar. Y entonces cruzó su mirada con la del hombre que estaba en el altar. La miraba con auténtica veneración. Era el hombre de sus sueños, era el hombre de su vida. Cuando su padre la dejó al lado de Booth, le dijo algo que no entendió. No importaba. Sólo importaba el hombre que estaba frente a ella.
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El sacerdote se aclaró la voz y los presentes se fueron sentando.
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-Podéis sentaros. Queridos hermanos, comencemos con la lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios.
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"Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, no soy más que bronce que resuena o platillos que aturden. Aunque tuviera el don de profecía, penetrara todos los misterios, poseyera toda la ciencia y mi fe fuera tan grande como para cambiar de sitio las montañas, si no tengo amor, nada soy. Aunque repartiera en limosnas todos mis bienes y aunque me dejara quemar vivo, si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no es presumido ni se envanece; no es maleducado ni egoísta; no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, soporta sin límites."
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Curiosas palabras –pensó Brennan-. Nunca pensé que en un libro "sagrado" se pudiera definir tan hermosamente el amor.
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Brennan cada vez estaba más nerviosa. Miraba a Booth y se tranquilizaba pero la misa seguía adelante y apenas era consciente de la voz del sacerdote.
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-Nos hemos reunido aquí para unir a este hombre y a esta mujer en santo matrimonio.
Seeley Joseph Booth, ¿quieres a esta mujer como tu legítima esposa y prometes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, y amarla y respetarla todos los días de tu vida?
-Sí, quiero –asintió Booth solemnemente.
-Temperance Brennan –prosiguió el cura-, ¿quieres a este hombre como tu legítimo esposo y prometes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, y amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?
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Brennan se quedó callada, muda. Era la primera vez en su vida en la que no respondía a una pregunta de la que sabía la respuesta.
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Brennan es imprevisible, os lo dije. ¡No me matéis!
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Los reviews son extremadamente agradecidos y me hacen seguir escribiendo y actualizando con ilusión ;) Además de tener un efecto antidepresivo... en mí XD
