A partir del jueves a la tarde dejaré de tener acceso al ordenador durante aproximadamente una semana así que hoy os subo este capítulo y el jueves el epílogo y la historia estará terminada. Espero que este capítulo os guste.

Aprovecho para pediros que os paséis por el oneshot de pensamientos de Brennan que he escrito No has vuelto solo y me dejéis vuestra opinión.

Dianythaa12: Aquí va la continuación. Espero que realmente pase en la serie, aunque sea con un muerto de por medio. (No paro de mirar el correo a ver si ya has actualizado ;)

CookiesChocolateCandy: La verdad es que Hodgins me quedó genial :D ¡No me hagas la pelota, jaja! ¡Que luego me lo creo! XD

Detective Emily Lockhart: ¿Hart Hanson no los ve juntos? ¡Oh, no! Porque Emily y David tampoco... a ver si con la suficiente presión logramos que compartan algo más que casos y sentimientos platónicos. Me alegro de que te haya gustado y no me hagas la pelota XP

Giny Scully: Al menos la leíste, sí. Siempre nos quedará el mundo fic. A mi me consuela.

Summerbreeze2: ¿Para cuándo los niños? ¿Qué has hecho, colarte en mi ordenador? XD

xoc13: ¡La hija pródiga ha aparecido al fin! Sí que hay algunos "ayudantes" que te hacen desear salir corriendo lo más rápido posible en dirección contraria... He conocido a demasiados de esos, pero también a muchos que hacían que la fe mereciera la pena. De todo hay en esta vida. Lo de "Está muy buena"... yo creo que lo decía por las dos ;)

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Disclaimer: "Rompiendo las leyes físicas" es un fanfic basado en la serie Bones. Booth, Brennan y el resto de los personajes mencionados son propiedad intelectual de su creador, Hart Hanson, de la antropóloga forense Kathy Reichs y de la cadena Fox. Yo no intento violar las leyes de copyright, ni obtengo ningún tipo de remuneración económica por escribir esto. Sólo escribo para divertirme y con la idea de compartirlo para que más gente lo disfrute.

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Capítulo 26: Una buena noticia

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-¡Huesos, tenemos un caso! ¡Ha aparecido un cadáver en una fábrica de compost! –Booth entró al despacho de Brennan con su sonrisa y su saludo habitual.

Nada parecía haber cambiado y, sin embargo, un buen observador se habría fijado en los anillos que ambos llevaban en sus respectivos anulares. Y en que se saludaron con un beso. Y en que no se separaban.

-Ejem, ejem –Cam apareció a la puerta, sobresaltándolos-. Ya sé que sólo lleváis tres meses casados y que os queréis con locura pero… tenéis un caso así que… ¡al lío! –ordenó.

Brennan se levantó con expresión de fastidio y pasó por la puerta al lado de Cam. Booth, al pasar frente a la patóloga, le dijo:

-Hay que ver lo aguafiestas que eres a veces.

-Primero la obligación, luego la devoción –canturreó Cam con una sonrisa-. No me obliguéis a echaros un jarro de agua fría.

-Ya te llegará el turno, ya –rió Booth.

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Brennan y Booth iban en la furgoneta camino de la escena del crimen.

-Es curioso, Huesos, parece que nada hubiera cambiado, como cuando íbamos juntos a los casos y nos escudábamos en el "sólo somos compañeros".

-Es cierto, sin embargo todo es distinto… -contestó Brennan, pensando en el día de su boda.

-Sí, como el parte que tuvimos que dar para seguir trabajando juntos estando casados… ¡y eso que ya teníamos permiso para trabajar juntos a pesar de nuestra relación! –Booth en aquel momento había odiado el FBI con toda su alma.

-Han cambiado más cosas de las que crees –dijo Brennan con seriedad. Booth la miró extrañado, había algo raro en la mirada de Brennan, iba a preguntarle pero ya habían llegado a la escena del crimen.

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Se bajaron del coche y Brennan se puso el mono del Jeffersonian.

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-Por aquí, doctora Brennan –la guió uno de los operarios.

Según se iban acercando al cadáver en descomposición la cara de Brennan iba palideciendo. La antropóloga sacó la grabadora y comenzó a hablar intentando contener el asco que sentía.

-Varón, entre 20 y 25… -una arcada la interrumpió y fue corriendo a los baños a vomitar. Booth no se lo podía creer, no era, ni remotamente, el cadáver que peor olía de cuantos habían visto desde que trabajaban juntos.

-¿Pero qué…? –dijo Booth corriendo tras ella.

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Cuando llegó al baño se encontró con que Brennan, que sólo había entornado la puerta, se estaba recuperando en el lavabo.

-¿Estás bien? –preguntó Booth.

-Sí, sólo ha sido… el olor… El olor me ha dado náuseas –aclaró Brennan. Sólo que aquello no era nada aclaratorio para Booth, aquello sólo planteaba más interrogantes.

Salieron del baño y fueron hacia el cadáver. Brennan lo observó desde una distancia prudencial, a la vez que se tapaba nariz y boca con la mano. Cuando acabó con el examen preliminar pidió que enviaran los restos al Jeffersonian.

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Subieron a la furgoneta y llegaron hasta el Jeffersonian, no fue hasta que estuvieron en el despacho de Brennan cuando Booth se atrevió a preguntarlo.

-¿Estás bien, Huesos?

-Sí, claro.

-Es que lo de antes…

-Lo de antes no fue nada, Booth, no te preocupes.

Booth le puso la mano en la barbilla y la obligó a mirarlo.

-Huesos, te conozco, ¿vale? Esta vez no vas a escaparte.

Brennan suspiró. Efectivamente, no tenía escapatoria. Abrió la boca para hablar cuando Cam apareció en la puerta.

-Brennan, ya han llegado los restos.

-Bien, Cam, ahora voy.

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La antropóloga se fue a la plataforma llevándose todas las respuestas consigo. Booth, exasperado, pensó que le podía dar el premio a las interrupciones del día a Cam. Estaba muy preocupado por Huesos así que decidió ir a hablar con Angela.

La puerta del despacho de la artista estaba abierta pero aún así Booth dio unos golpecitos antes de entrar.

-¿Puedo pasar?

-Claro, Booth, ¿qué pasa? ¿Va todo bien?

-Estoy preocupado por Huesos.

-¿Qué le pasa? –Angela no había notado nada raro en la antropóloga pero si Booth sí se había fijado es que algo había.

-Lleva más de dos semanas sintiéndose más cansada de lo habitual, duerme más de 12 horas en cuanto tiene ocasión…

-Bueno, no es superwoman, han sido dos semanas bastante agotadoras.

-Pero las hemos tenido peores y siempre ha estado al pie del cañón… Además, no es lo único que me preocupa –Booth le relató los sucesos de esa mañana.

Angela escuchaba con creciente asombro el relato del agente y poco a poco se fue encendiendo la bombilla en su cabeza. Sonrió.

-…Y es por eso que estoy preocupado –concluyó Booth-. ¿Por qué sonríes?

-Algo me dice que no tienes por qué preocuparte.

-¿Tú sabes qué le pasa?

-Lo imagino… -rió la artista, que ya había pasado por ello- pero es Brennan la que tiene que decírtelo.

-¿Decirme el qué?

-Lo que le ocurre –a Angela le parecía increíble que el instinto de Booth aún no lo hubiera adivinado. Sonrió de oreja a oreja-. ¿Qué te parece si esta tarde la dejas tranquila y por la noche le preparas una cena romántica y le preguntas qué ocurre? Seguro que así estará más receptiva –sonrió la artista.

-De acuerdo, me fiaré de ti.

En cuanto Booth se fue Angela sonrió de oreja a oreja. Si era lo que ella creía (y estaba convencida casi al 100%), ¡era una magnífica noticia!

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Booth se pasó toda la tarde dándole vueltas al extraño comportamiento de Brennan y a las enigmáticas palabras de Angela. Aún así, cumplió la promesa que le había hecho a la artista y al acabar su jornada laboral pasó por la casa que Brennan y él compartían, lo preparó todo y fue a recoger a su mujer al Jeffersonian. Su mujer… ¡Qué bien sonaba!

Cruzó la puerta del despacho de Brennan con una sonrisa.

-¡Venga, Huesos! ¡A casa!

Para su sorpresa, Brennan no se resistió en absoluto.

-Huesos, tú siempre quieres acabar el trabajo, ¿qué te ocurre últimamente?

-Nada, que estoy cansada.

-¿Demasiado para una cena con tu agente favorito del FBI? –preguntó Booth con la más encantadora de sus sonrisas, esa que únicamente estaba destinada a ella.

-Para mi marido nunca –bromeó Brennan.

-¡Qué bien suena! –comentó Booth.

-¡Qué raro suena! –corrigió Brennan con una sonrisa.

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Al llegar a la puerta de casa, Booth cogió la mano de Brennan y se la puso con suavidad sobre los ojos.

-Espera un momento –le dijo mientras la sentaba en una de las sillas frente a la mesa.

Booth cogió un mechero y encendió un par de velas, después las puso sobre la mesa y se sentó frente a Brennan.

-Ya puedes mirar –sonrió. La cena era modesta, pero se notaba que Booth se había esforzado en los detalles. Brennan sonrió.

-Es perfecta.

-¡Casi se me olvida lo más importante! –comentó Booth sacando un par de copas junto con una botella de vino. Brennan volvió a sonreír, era obvio que tendría que ser ella quien se lo dijera.

-Booth… -comenzó antes de que él sirviera el vino-. Hay algo que debes saber.

-¿Sobre lo que te ha pasado esta mañana?

-Sí, y sobre por qué llevo dos semanas tan cansada –contestó Brennan mientras Booth llenaba su copa de vino. Lo miró a los ojos-. Lo siento, pero no puedo tomar vino. No puedo tomar nada de alcohol –completó con una sonrisa.

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En cuanto terminó la frase todos los cabos sueltos se ataron en la mente de Booth.

-Estás… ¡estás embarazada! –gritó con júbilo-. Acércate –le pidió. Brennan se sentó en sus rodillas-. ¿Vamos a ser padres?

-Sí –sonrió ella-, vamos a ser padres.

-Me haces el ser más feliz del mundo –dijo Booth con una sonrisa que se le escapaba de la cara-. Ojalá sea niña.

-Aún es pronto para saberlo –contestó Brennan-. Pero sea lo que sea lo querremos.

-Claro que sí –confirmó Booth. La miró a los ojos, aún sonriendo-. Te quiero.

-Y yo a ti.

En aquel momento ambos supieron que no podían pedirle más a la vida.

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Vale, sí, era muy obvio lo que iba a pasar. Ya sólo queda el epílogo y me despido de estos dos :'(

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Los reviews son extremadamente agradecidos y me hacen seguir escribiendo y actualizando con ilusión ;) Además de tener un efecto antidepresivo... en mí XD