Disclaimer: Los nombres no me pertenecen, pero la historia es enteramente mía. Prohibida la reproducción parcial o total de esta locura… Así que ya saben! xD

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Cinco Cumpleaños para Bella

Alice no volvió a mencionar nada acerca de cualquier celebración por el resto de la noche.

Estuve tan eufórica por eso que olvidé que en menos de 48 horas sería un año más vieja y mi hermano, en gran medida, ayudó en eso.

Dos días más tarde, mientras el despertador sonaba estruendosamente al otro lado de la habitación y trataba –sin éxito- de quitarme de encima dos pares de cobijas, fue que caí en cuenta que había pasado el día de mi cumpleaños y ni siquiera lo había sentido.

Me levanté y caminé inconscientemente hacia la cocina pensando en algo para darle al alien que estaba haciendo de las suyas en mi estómago que me sobresalté al encontrarme, en mitad del pasillo, a un Emmett aún somnoliento supongo que en busca de lo mismo que yo.

"Buenos días, Em".

"Buenos días, Bells".

Mi hermano no era muy comunicativo en las mañanas y menos cuando no tenía, al menos, medio litro de cafeína corriendo por sus venas.

"Lo siento, Bells" murmuró.

"¿Por qué?" respondí poniendo cerca la cafetera para que se sirviera mientras preparaba la masa para hacer el desayuno.

"Por no estar aquí para cenar".

Yo me encogí de hombros. "Cosas de médicos, supongo…" suspiré restándole importancia "¿Alguna emergencia?".

"Accidente de tráfico y cuatro autos implicados…" dijo mientras se llevaba la taza a la boca y bebía "Gracias a Dios, ningún muerto, pero nos volvió el hospital una locura por 5 horas".

No volvimos a decir nada y 15 minutos más tarde, Emmett engullía su segunda torre de pancakes y Edward bostezaba en el pasillo sonoramente dando a conocer su pronta llegada. Me volví hacia la estufa y suspiré.

Supongo que mi alien tendrá que esperar.

*****

Visiblemente no estaba en mis cabales cuando pensé que la 'grandiosa' idea de Alice no estaba mala… Bueno, se suponía que era buena hasta que Jasper apareció, sacándome a las 10 de la madrugada de mi cama para llevarme a quién sabe dónde mientras yo lo único que quería era volver a sumergirme en medio de las cobijas tibiecitas que había dejado abandonadas en mi habitación.

Pero como en la vida nunca es lo que uno quiere, me tuve que aguantar una ducha fría para despertarme del todo y eso no ayudó mucho a mejorar mi estado de ánimo… Aunque tampoco lo fue, el que Edward no estuviera allí para hacer algún comentario tonto acerca del clima, decirme que tuviera cuidado y advertirme algo sobre montañas rusas. Eso era seguro.

Era divertido verlo con aquel tic de pasarse los dedos entre el cabello y rascarse la nuca estando preocupado por nimiedades.

Pensar en él me hizo sonreír y mejoró –un poquito- el humor de perros que tenía pero es algo que no voy a admitirle a nadie. Ni siquiera saldrá de mi boca. No.

La tranquila voz de Jasper me sacó de mi estupor y sólo fui capaz de balbucear un "¿Ahh?" que, a juzgar por su reacción, le hizo mucha gracia.

"Sólo te preguntaba si estabas preparada para tu primer cumpleaños".

Me tomé mi tiempo en responder porque, a decir verdad, no tenía ni la más remota idea de qué responder.

"Mmm… ¿No sé?".

Jasper me miró por un segundo antes de volver la vista al frente y mover la palanca de cambios. "Creo que es con esa respuesta me vale".

Sonreí. Él me sonrió de vuelta y me acomodé mejor en el asiento de cuero del auto preparándome para, lo que esperaba que fuera, un largo viaje.

No fue muy largo… Bueno, en realidad ni siquiera era un viaje, creo… Estábamos frente a su consultorio y eso me dio mala espina.

"Mmm… Jasper, ¿estamos en el lugar indicado?" pregunté.

"Claro, sígueme un momento" respondió y yo le seguí todavía reticente a aceptarlo dentro de mi cabeza sicoanalizándome.

"Hola María… Te presento a Bella".

"Mucho gusto María" dije pero la chica sólo sonrió aburrida y volvió a lo suyo mientras yo seguía al chico a su consultorio.

Supongo que era ese su regalo… Unas horas de terapia gratuita. Lo necesitaba, en serio, pero no sentía que el era la persona no conocida a la que iba a abrirme.

Él se dirigió a su escritorio y revolvió un par de hojas con apuntes y empezó a escribir algunas cosas en ellas. Levantó la mirada y me vio ahí, a escasos dos pasos de la puerta, con las manos en los bolsillos de chaqueta de jean e incómoda.

"¿No vas a tomar asiento?".

"Ehh… no sé. ¿dónde?".

¡Qué tonta! Obviamente la elección más racional era el cómodo sofá ubicado en la esquina derecha de la oficina.

"Supongo que el sofá es cómodo pero, siéntete libre de sentarte donde quieras…" respondió sumido de nuevo en los papeles.

Me dirigí al sofá, me recosté, suspiré y miré al techo.

Esto iba a ser más incómodo de lo que había pensado.

"Jasper…".

"Listo. Ahora sólo nos queda disfrutar el día" musitó mientras se levantaba de su silla y caminaba hacia la puerta.

"¿Qué? ¿Por qué? ¿No ibas a…?" empecé.

Entrecerró los ojos mirándome fijamente y, sin entender, giró la perilla y abrió la puerta unos centímetros.

¡Oh, Dios mío! Me sonrojé furiosamente y salí pitando del consultorio. Mientras íbamos de regreso al auto me preguntó "¿Qué pensabas…?".

"Nada" le interrumpí.

Entramos. Jasper encendió el auto y, luego de salir del parqueadero, tomé el suficiente valor –aún con las mejillas encendidas- para decir la verdad.

De todas maneras, con lo fácil de leer que soy, lo adivinaría antes de acabar el día.

"Pensé que tu forma de 'celebrar' era darme terapia gratis".

Rió ruidosamente sin poder evitarlo ni un poquito y yo no me enfadé. Dicho en voz alta era un poco retorcido y bastante improbable como regalo para cumpleaños.

Salí del auto desperezándome y haciendo sonar un ligero 'crack' en mi espalda. Tampoco había pasado tanto tiempo sin movimiento, sólo que no reconocía mucho de la Seattle que veía, así que me había concentrado tanto en el paisaje urbano que había olvidado por completo que nos dirigíamos al lugar donde Jasper celebraría mi cumpleaños.

Fuimos a dar una vuelta por un centro comercial que no conocía a las afueras de la ciudad y desayunamos tranquilamente… bueno, más o menos fui yo la que lo arrastré dentro de una cafetería para una taza de café 'mañanera' -que de mañanera no tiene nada, por cierto porque ya pasaban de las 11- y luego terminamos en una tienda de videos cinco veces más grande que el departamento de Emmett y Edward.

Jasper me regaló una tarjeta preferencial por cinco años y pensé que hasta ahí llegaba mi regalo.

No contaba con que el pedido de Jazz de buscar algo en la guantera significaba una cámara digital dentro de aquella caja decorada en plateado y azul, pero igual me hizo feliz.

Si no fuera el novio de mi mejor amiga estaría en serio peligro de convertirse en el objeto de mi afecto.

No es cierto.

Ja. Se lo creyeron.

*****

Si el día anterior no estaba muy segura de que fuera una buena idea lo de los múltiples cumpleaños… La intrusión de Rosalie en el departamento terminó de confirmármelo y, no estando conforme con eso, echó –literalmente- a mi hermano y a Edward de allí. Claro, luego de empujarlos al baño, tocar puertas cada 5 segundos y gritar algo que se entendió como 'la privacidad no existe'.

Contradictorio como ella sola, pero en fin, ¿quién se el mide a discutir con ella?

Una palabra. Nadie.

Media hora más tarde, me di cuenta que ella no estaba sola. Alice venía en camino.

Y temí seriamente por mi vida.

Entre las dos habían decidido obtener, no uno, sino dos días de 'celebración conjunta' como le llamaron.

Me queda claro que en cuanto a tratos con el diablo –digo, Alice- tengo las de perder por cláusulas no mencionadas. Debo señalar que si no fuera tan buena con las compras, tal vez tendría una buen futuro como abogada.

La duende siempre se sale con la suya. En serio. Pensándolo bien, quizá le auguraba una muy buena carrera en Wall Street si no estaba muy segura del diseño de modas.

Quizá es muy improbable. El término 'seguramente' sería el mejor para pronosticarlo… y eso que no soy buena adivinando el futuro.

Bufé.

Había personas que eran buenas para tantas cosas y yo me sentía tan inútil no sabiendo ni una cosa en la que era medianamente aceptable.

Oh, sí! Hay algo. Tengo un romance secreto con el suelo, pero… Shh! Es un secreto. Sólo lo saben todos los paramédicos y las enfermeras de 5 hospitales de Seattle. De 7, debo aclarar.

Bah! Que broma más mala.

Alice me mostró una cuchilla haciéndome olvidar mi yo bromista conmigo misma –que raro sonó eso-, con la que intentó, con un poco de ayuda de la Rosalie capaz de taclear a Emmett, masacrar mis cejas vilmente y sin anestesia.

Sufrí una tortura bastante cruel durante los dos días que estuvieron allí con las clases de 'Cómo Soportar una Caminata con Tacones de 10 Centímetros y no Morir en el Intento'; 'Maquillaje en 5 Minutos'; 'Peinados Lindos que se Ven más Complicados de lo que Parecen' y, el favorito y siempre usado de Alice y Rose 'Cómo Hacer un Atuendo para Bella en 10 Minutos'.

Lo dicho. Una tortura.

Y no estando contentas con eso, se tomaron el trabajo de sacar fotos a cada cosa que me hacían con la cámara –estrenada por ellas- que me había regalado Jasper la tarde anterior, pasándolas inmediatamente a la impresora que era mi regalo de cumpleaños y -que no se habían tomado el tiempo de envolver siquiera- con instrucciones de 'cómo lo hago' por el reverso.

Y no sé por qué me temí que algo así sucedería.

Nunca confiaría mi vida en Jazz si la duende estaba de por medio… Menos aún si Rose estaba inmiscuida también… Él es demasiado influenciable para su propio bien –y el de los demás-.

Lo tomé como nota mental antes de notar que Alice estaba aún más emocionada haciendo algo que no me incluía a mi y, dándome cuenta –con un horror mal disimulado-, que entre la rubia y la pequeña había empapelado el envés de mi armario completamente con las fotografías tomadas.

Intenté reprender a Alice pero me dio su mejor cara de perrito remojado que no pude –más bien ni siquiera intenté- oponerme a lo que estaba haciendo.

Ambas abandonaron el apartamento el miércoles faltando un cuarto para las 10 de la noche con un 'Feliz Cumpleaños, Bella' y sendas sonrisas estampadas en sus rostros.

A las 10:05 de la noche aparecieron mi hermano y Edward con caras de cansancio y ojeras violetas bajo sus ojos. Yo estaba tan cansada que ver la cocina me daba arcadas. Gracias a Dios que le había hecho caso a Emmett y no boté la comida congelada.

Nunca antes había agradecido tanto que 'San Microondas' fuera al rescate.

Y eso que aún faltaban dos días.

Y mi hermano sería el siguiente.

*****

Emmett durmió hasta bien entrada la mañana mientras que Edward abandonó bien temprano el apartamento.

Hubo un momento en que pensé que había olvidado por completo que mi cumpleaños era con él.

Le escuché caminar por el pasillo mientras veía distraídamente un capítulo de repetición de Project Runway en el que un chico rubio bastante afeminado –bastante es poco, creo- hacía un vestido con cáscaras de maíz.

Lindo pero no, gracias… Prefiero vestir algo que no necesite refrigeración.

Apareció en el resquicio de la puerta vistiendo su camiseta de los Marineros de Seattle que, a diferencia de los 'cumpleaños' de los otros tres, me daba una ligera idea de a dónde rayos íbamos a ir… Pero eso no significa necesariamente que únicamente iríamos a 'ver' el partido.

Afortunadamente, mi hermano no tuvo problema en dejarme a mi la decisión sobre qué vestir así que me puse los jeans más cómodos que encontré, un par de zapatos deportivos, una blusa azul celeste de tiritas y saqué de la bolsa, la camiseta del equipo local de béisbol que las chicas habían logrado infiltrar en mi armario sin darme cuenta el día anterior.

Me desenredé el pelo, me hice una cola de caballo, me cepillé los dientes y, a toda prisa, caminé hasta el ascensor y atravesé la recepción del edificio vislumbrando ya el enorme jeep de mi hermano.

"No, no, no" grité ida completamente luego de aparcar en una zona cercana de la entrada en el parqueadero del Safeco Field [1] y justo acaba de decirme que mi regalo era hacer el primer lanzamiento en el partido de las 6.

Obviamente me negué… Pero igual no tuve opción.

Algunos jugadores habían sido compañeros de equipo en la escuela o en la universidad y le hicieron el contacto… Claro, Emmett no especificaba que no era lo que se dice buena en deportes, es más, aduciendo a mis recién descubiertas habilidades para predecir el futuro, me atrevía a adivinar a alguien con un morado en la cara… En el mejor de los casos.

Pero si Alice te convence a punta de miradas de perrito remojado, mi hermano convence llevándote sobre los hombros y exponiéndole a todo el mundo tu trasero.

Preferí evitar la vergüenza de ser llevada a rastras… Eso se dejaría para más tarde, cuando dejara a alguien sin alguna extremidad, aunque esperaba que eso no sucediera.

No sucedió, pero la pelota que lancé apenas sobrepaso la mitad de la distancia y pasé la vergüenza más grande de mi vida frente a 40.000 personas. Porque, sí, no había caído en cuenta que el equipo tenía todavía oportunidad para pasar a los play-offs[2] y el juego contra los Atléticos de Oakland era decisivo para acceder al wild card[3] así que, a decir verdad, Emmett lo hizo medio a propósito.

Luego, en la sexta entrada del partido, al final de un varios mensajes de cumpleaños, apareció en la pantalla del marcador central del estadio:

¡Feliz Cumpleaños, Bella!

Gracias por regresar y hacer mi vida más feliz, hermanita!

Te quiere, Emmett!

Y después, una cámara apuntó directamente hacia nosotros y salí –de nuevo- con mi hermano en la pantalla casi bañada en lágrimas abrazándolo mientras me entregaba la bolsa de regalo de los Marineros con una carta de Cumpleaños, una bolso, una pelota y una gorra del equipo, un cupón de 10% de descuento en compras de la Tienda de Equipo de los Marineros y una tarjeta de regalo de $5 dentro.

"Feliz Cumpleaños número diecinueve, Bells" me susurró al inicio de la séptima entrada, después que todo se calmó.

"Emmett, sólo te perdono ésta porque eres mi hermano… Y fuiste realmente tierno al preparar todo esto para mi" respondí.

Ambos regresamos al apartamento pasadas las 10 de la noche. El juego había estado reñido, aunque en una jugada espectacular al final de la novena entrada, los Marineros se quedaron con la victoria.

Me sentía eufórica por dos cosas.

Una, por la sorpresa tan linda –e inesperada- de parte de mi hermano.

Y dos, porque solo faltaba el cumpleaños con Edward.

*****

Una risa musical me hizo salir de un sueño nada apacible del que únicamente recuerdo es estar siendo perseguida por fotografías de mi misma con zapatos y labiales como armas homicidas.

Tendría que arrancar todas las imágenes que pegó Alice dentro del armario a ver si me dejaban en paz en mis sueños.

Murmuré algo de 'Acabar con Bellas' y me volteé, arropándome mejor con el edredón de flores azules que se había hecho mi favorito.

Sonreí.

La misma risa pero dos veces más fuerte, me hizo abrir los ojos de inmediato.

El sol se colaba por las rendijas de la persiana gris que había pero tendría que ver el reloj en mi mesita de noche para saber a ciencia cierta qué horas –del demonio- eran para que Edward estuviera en mi habitación mientras dormía.

Me volví y me senté, lo más rápido que me dio el sueño que se negaba a abandonarme y me di de frente con unos brillantes ojos verdes y una sonrisa completa y deslumbrante que había visto sólo en contadas ocasiones antes.

El sonido de su risa escapándose entre sus dientes me distrajo un instante y miré por un segundo hacia el reloj de mi nochero.

9 de la mañana.

Edward dejó de aguantar la risa, que salió como una catarata inundando, no sólo mi cuarto, sino todos y cada uno de mis sentidos.

Por un segundo, me sentí de nuevo con 12 años, viendo a Edward recostado sobre el auto del doctor Cullen, pero sin ser yo.

Era sólo una más de las que suspiraban por él mientras seguía ignorante de todo lo que me pasaba.

Y me dolió sin saber ni entender el por qué.

El aire se escapó de mis pulmones cuando vi la mesa-desayuno que teníamos en el apartamento rellena de tostadas con mermelada, pancakes de carita feliz, un vaso de jugo de naranja y un vaso de leche.

Lo que siempre me hacía Renée cuando era mi cumpleaños de desayuno.

¡Se había acordado!

Pero ahora me preocupaba seriamente su salud mental porque se estaba revolcando con ganas sobre el tapete de mi habitación riendo como un poseso y agarrándose con fuerza el estómago.

"Edward, ¿Qué demonios sucede contigo?" pregunté al borde de la histeria al ver que pasaban el rato y todavía seguía en la misma posición.

"Es tan gracioso… Dios, Bella… No te imaginas cuánto" fue lo único que salió de su boca luego de calmarse un poco.

Yo me limité a alzar una ceja con incredulidad y me crucé de brazos.

"Mi desayuno".

"Oh, sí claro… Lo olvidaba".

Se acercó con cuidado a la mesa-desayuno y la puso con cuidado sobre mis piernas, sentándose frente a mi en el proceso.

Comencé a comer con avidez siendo invadida, de vez en cuando, por un tenedor que Edward llevó para sí mismo, robándome algo de mis pancakes.

La leche tenía vainilla y canela y estaba tibia… Tal como me gustaba y él parecía recordarlo con claridad, lo que me alegró mucho.

"¿Qué estabas soñando, Bella?" preguntó intentando, al máximo, retener las ganas de reír.

"No lo recuerdo exactamente, pero fotografías de mí misma me perseguían con zapatos y maquillaje como armas homicidas mientras yo sólo corría" respondí dándole un trago al jugo de naranja luego de acabar con la leche.

"¿Y cómo rayos soñaste algo como eso?" preguntó Edward incrédulo, arqueando una ceja.

"Ohh, es que Alice empapeló mi armario con fotos de cuando jugaron ella y Rose a 'Viste y Peina a Bella' durante dos días.

Si el cerebro no me dio para omitirle lo de las fotografías a mi mejor amigo, la mesa no ayudó mucho más a impedirle a Edward la rápida huida hasta el armario y abrirlo de par en par.

"¿En serio te hicieron esto durante dos días completos?".

Asentí metiéndome un trozo de pan con mermelada a la boca.

Arrancó algo de allí, cerró la puerta y se sentó en el mismo lugar que había ocupado antes.

"Eres mi heroína, Isabella Marie Swan" respondió riendo mientras yo le gruñía de regreso. "Tomaré ésta como un regalo por las seis últimas navidades, ¿de acuerdo?".

Me mostró su mejor sonrisa torcida mientras en su mano derecha me mostraba una foto dónde aparecía yo con algunos mechones recogidos atrás desordenadamente en una media coleta, un suéter grueso cuello de bandeja manga larga, de lana color verde hierba, entallado y que me llegaba hasta más allá de las caderas, un pantalón de pana negro y unas botas sin tacón también negras.

"Hecho" respondí.

"Y quiero que te lo pongas hoy" sentenció saliendo de mi habitación como no aceptando un 'no' por respuesta.

Lo que él no sabía es que ése precisamente, había sido mi atuendo favorito de todos los que me hicieron probar las torturadoras mayores.

Fui al baño inmediatamente y me arreglé lo más que pude, siguiendo las instrucciones del peinado que llevaba en la foto… Al menos a ellas, se les había ocurrido también tomarles foto porque yo no sabía qué habían hecho.

Me vestí rápidamente y me eché algo de polvo compacto, brillo labial y delineador como me habían enseñado y, ciertamente, el reflejo que me mostraba el espejo era mucho mejor de lo que esperaba.

Edward me puso mi abrigo blanco, uno que Alice había comprado de la misma referencia del que tenía porque me encantaba y él vestía un abrigo negro del mismo estilo que le recordaba.

Subimos al desconocido Aston Martin V12 de Edward y nos dirigimos a alguna parte de Seattle.

Almorzamos alitas de pollo en un restaurante de comida rápida y luego seguimos nuestro camino hasta las afueras de la ciudad, según pude reconocer varias edificaciones y cuando estacionó cerca de un parque supe exactamente de que parque se trataba.

Aquel al que siempre íbamos a dar una vuelta y, en verano, a pasear en bote por el lago. La última vez que fuimos está bastante borrosa en mi mente, pero sabía que vestíamos exactamente los mismos colores que llevábamos en ese instante.

Reí.

Caminamos inconscientemente hasta sentarnos en el mismo banco que usamos una y otra vez durante años.

Estuvimos bastante tiempo –al menos, una hora- mirando al vacío lago de agua fría antes de dirigirnos alguna palabra.

"¿Lo recuerdas, cierto?" preguntó sonriendo.

"¿Los colores de nuestros abrigos? Claro, es difícil de olvidar cómo no te despegabas del abrigo roído que habías usado una y otra vez durante dos años".

Reí de nuevo.

"¿Sabes por qué me gustaba tanto?".

"No sé" respondí volteando a mirarlo mientras él hacía lo mismo.

"Me lo regalaste para Navidad, cuando tenías 11 años… Tu cara se iluminó de felicidad cuando me diste el paquete envuelto diciéndome que habías ahorrado cada centavo desde mi cumpleaños hasta una semana antes".

Me sonrojé y aparté la mirada pero seguí sonriendo.

El silencio volvió mientras yo miraba fijamente los robles desnudos de hojas que estaban alrededor.

"¿Aún…?".

"¿Qué si aún lo tengo?" preguntó y yo asentí. "Sí… Me hacía sentir acompañado cuando no estabas… Sabía que tenía una parte de ti conmigo y eso me gustaba mucho, ¿sabes por qué?".

Me sentía nerviosa por el rumbo que estaba teniendo aquella conversación pero, de ningún modo, iba a evitarla. El saber que se sentía tan apegado a algo que le regalé cuando era una niña.

Tomé valor y volví a mirarlo.

"¿Por qué, Edward?" pregunté.

Y, estando allí, sentada junto a él y con sus ojos verdes encandilándome sin tregua, me di cuenta que era el chico más guapo que había visto en mi vida, que era celestial su forma de tocar el piano –aún cuando tenía años de no escucharlo- y que podía no encontrar jamás en que era yo medianamente aceptable, pero que era lo suficientemente bueno por los dos en eso de besar porque, definitivamente, no eran un sueño sus esponjosos labios contra los míos moviéndose con delicadeza.

Sus manos rodearon mi cara y sus labios encontraron la forma de abrirse paso entre los míos. Su aliento a menta me mareó por un instante justo antes de separarse de mi suavemente y pegar su frente a la mía.

Aún con sus manos sobre mis mejillas sonrojadas completamente, abrió los ojos.

En sus orbes brillaba algo que no supe identificar.

"Dos cosas antes que digas nada…" susurró sobre mi boca "Te amo, Isabella Marie Swan… Feliz Cumpleaños".

Era la segunda vez en el día que me llamaba por mi nombre completo pero, ésta vez lejos de enfadarme, me hizo sonreír.

Nunca mi nombre había sonado a gloria antes de ese momento.

Entonces fui consciente que no era mi mejor amigo el que me besaba sino el chico que me amaba.

Y que yo, amaba.

Y ése pensamiento me hizo inmensamente feliz.

"Yo también te amo, Edward Anthony Cullen".

Y por segunda vez en el día, su sonrisa completa hizo su aparición.

Ahí, abrazada al mejor chico que pudo cruzarse en mi camino, en el mismo banco que siempre usábamos, fue el momento en que mi felicidad fue completa.

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[1]: Nombre del Estadio de los Marineros de Seattle.

[2]: Postemporada de béisbol, donde el primer equipo de cada división (Este, Oeste y Central) y un comodín, pertenecientes a dos ligas (Nacional y Americana) se disputan el banderín de cada una para ir a la Serie Mundial.

[3]: Llamado también 'comodín' es el equipo con el mejor récord de los tres que quedaron en segundo lugar.

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No se si tiene fallos pero, hice lo que pude… Disculpen las erratas (si las hay)

Sí, me tardé muchísimo… pero, ¿no tengo perdoncito por lo que sucedió al último??? XP

Gracias por todos los comentarios que me dejaron y las personas que se tomaron el trabajo de hacerlo!!!

Fue el capi con mayores reviews de mi historia en el fanfiction, así que lo celebré con un besito muy lindo entre Eddie y Belly-Bells!!

Jajaajjaja

Bueno, de más está decir que es mi capi más largo y no se pueden quejar, eh!!! Que es el doble de lo que escribo normalmente, pero este capi se lo merecía jajajajaja…

En el próximo será la celebración de todos jajajajjaa… Y, adivinen?? El Doctorcito mayor hace su aparición, así que… NO SE LO VAYAN A PERDER!!

OME! Ya parezco hasta propaganda de novela… No, no, no… XD

A que me merezco como un millón de reviews, no??? jajajajajaja