XI
All I ever Wanted
No recordaba un día que estuviera más feliz.
Edward sostenía mi mano tiernamente mientras caminábamos hacia el parqueadero para regresar a casa.
Durante el trayecto en auto, volteó varias veces sonriéndome y, mientras no lo hacía, simplemente tenía estampada aquella sonrisa deslumbrante que me hacía ver estrellitas de colores.
Es interesante ver como, gestos y actitudes que se suponen son normal en él, toman un nuevo significado después de un beso o de una confesión de amor.
Aún no podía creer lo que había pasado, era como un sueño, uno que jamás pude haber imaginado que sucedería pero que, felizmente, sucedió y no puedo más que agradecer porque esa persona tan especial para mí, correspondía mis sentimientos.
Después de, al menos, una hora de conducción, se detuvo en un Starbucks cerca al centro de la ciudad y nos bajamos.
Edward fue al mostrador por nuestras bebidas mientras yo me sentaba en una de las mesas que daban hacia la ventana dejando mi abrigo en el respaldo de la silla. Fue entonces cuando una pequeña llovizna empezó a caer y, al menos, seis personas más, entraron, dejando el lugar sin una silla vacía.
Él se acercó con un par de humeantes tazas de café, me acercó una y dejó al lado un par de bolsitas con azúcar y una con canela, mientras se sacaba el abrigo y lo dejaba en el respaldo de su asiento, dejándome ver la camisa manga larga negra que llevaba con dos botones desabrochados que le daba a su piel más parecido al mármol de una estatua.
Arqueó una ceja por mi escrutinio visual cuando se sentaba a mi lado y yo me sonrojé furiosamente. Al final, sólo le sonreí quitándole el hierro al asunto mientras él acercaba su boca a su bebida y me miraba fijamente.
Revolví mi café, me lo llevé a la boca luego de soplarlo levemente y bebí un poco.
"Tengo algo para ti…" dijo al cabo de un minuto mientras el murmullo de la gente empezaba a subir el volumen. "Pero tendrás que esperar un poco".
"¿Ah, si?" arqueé una ceja y proseguí "yo pensé que la declaración de tu loco amor hacia mí, había sido todo".
Edward frunció el entrecejo y yo me eché a reír.
"No es gracioso, Bells".
"No, no es gracioso, es lo más hermoso que alguien ha hecho por mí y, mentiría si digo que, éste cumpleaños, vale por todos los cumpleaños del resto de mi vida".
Sonrió y se acercó lentamente hacia mí. Sus labios, ahora tibios me acogieron con ternura y se movieron acompasadamente contra los míos mientras su mano izquierda acariciaba mi cuello infundándome calor. Después de unos segundos, nos separamos.
"Aún no puedo creer que pueda besarte".
"Yo aún no puedo creer que tu me quieras de ésta manera… Siempre sentí que dependía demasiado de ti, incluso más que de Emmett, y que en el momento que encontraras a una chica me abandonarías. Ahora, en lo único que puedo enfocarme es en las mariposas que andan haciendo fiesta en mi estómago y en que no puedo dejar de sonreír por lo feliz que estoy".
"Yo tampoco, Bella…" acunó mi cara entre sus manos y se acercó pegando nuestras frentes mientras yo apoyando una de mis manos sobre las suyas. "Yo tampoco puedo creer lo feliz que estoy de estar contigo, de que todo el amor que siento sea correspondido y no puedo esperar a levantarme mañana y saber que no es un sueño que estás conmigo".
Sonreí y lo miré fijamente: "Lo único que si puedo esperar es enfrentar a Emmett cuando se entere de lo nuestro. Va a enloquecer".
Edward rió con ganas sin soltarme y respondió: "Bella, Emmett ha tenido seis años para aceptar la realidad. Lo supo desde el momento en que me encontró llorando sobre ti en la habitación del hospital el día después que te internaran, luego, simplemente se lo dije".
"Sí, pero cuando se entere que yo también estoy enamorada de ti… No sé si le entrarán esas ganas de hacer de hermano mayor sobre protector conmigo".
"El día que despertaste, hablé con él y sólo dijo que esperaba, de veras, que tu correspondieras mis sentimientos y no rompieras mi corazón porque si, todo lo que había hecho por ti, no era una prueba de amor verdadero, no tenía idea de lo que fuera".
"Muy profundo para ser Emmett, Edward".
Sonreímos.
"Yo pensé lo mismo en ese instante, pero, supongo que un poco de lucidez de vez en cuando no le hace daño a nadie".
Reímos con ganas y después de eso, nos dimos un par de besos, terminamos nuestros cafés y nos dirigimos de nuevo al Aston Martin para el resto de la sorpresa que él me tenía preparada.
Antes de seguir, hacia el lugar desconocido, me dediqué a cambiar de estación la radio sin encontrar algo que me agradara realmente, así que Edward me indicó que abriera la guantera donde estaba su ipod.
Claro que, en su ipod fue lo último que pensé cuando me di de lleno con un par de entradas de la ópera de Wagner, "Tristán e Isolda", en el McCaw Hall.
Estaba atónita.
Sentí los latidos de mi corazón retumbar en mis oídos, mis manos temblar y mis ojos no poder desviarse de lo que tenía entre mis manos.
"Feliz Cumpleaños, Bells" resonó su voz dentro de la cabina del auto y, fue entonces, cuando me volví hacia él.
Había aparcado sin que yo me diera cuenta a un lado de la calle y me miraba. Sus ojos verdes me miraban fijamente cada vez más pequeños a comparación con la cada vez más enorme y deslumbrante sonrisa.
Sonreí y me eché en sus brazos.
Dios, cómo amaba a este hombre.
Reímos fuertemente y luego me erguí un poco quedando con nuestras caras casi juntas mientras nuestras narices se rozaban. Su mirada iba desde de mis ojos a mi boca y viceversa.
Junté nuestras frentes y él cerró los ojos suspirando.
"Definitivamente este será el mejor cumpleaños de mi vida" abrió los ojos y me besó brevemente.
"Me alegra oír eso".
"sí, lo sabes, pero jamás lo volverás a oír de mi boca después de éste día y debes prometerme que nunca se lo dirás a Alice" dije volviendo a mi asiento.
"Hecho". Suspiró rodando los ojos mientras ponía en marcha de nuevo el auto.
Luego del último trayecto en silencio y justo cuando abría mi puerta frente al teatro dije: "Pero igual siempre sabrás que mi mejor regalo siempre fuiste tú, Edward Anthony Cullen".
/
Era cerca de medianoche cuando regresamos al apartamento.
No se veía movimiento, así que supusimos que Emmett estaría –como casi todas las veces- en casa de Rosalie.
Edward se encargó de sacar mi abrigo y dejarlo en el perchero mientras yo caminaba hacia la cocina, encendiendo a mi paso todas las luces.
Abría la nevera, cuando un par de brazos me tomaron de improviso por la cintura. Me erguí y sentí su risa cerca de mis oídos.
" Te crees muy gracioso, no?".
"No, no me creo… Lo soy, que es diferente".
Edward me soltó y yo me volví, sacando leche de la nevera.
Serví un par de vasos y los metí en el microondas. Todo esto mientras él caminaba de aquí para allá buscando las galletas con chispas de chocolate que yo había escondido tres días atrás luego de descubrir que era lo que se acababa con mayor velocidad de todas las cosas en la alacena.
"Bells, ¿dónde están?". Me miró haciendo un puchero y pestañeando rápidamente, sin poder evitar que la risa escandalosa saliera de mí como un auto sin frenos. Inmediatamente, y como un acto reflejo, tapé mi boca con ellas pero igual fallé estrepitosamente en el intento.
"Sigues siendo el mismo monstruo come-galletas[1] de hace seis años, Eddie".
Lloriqueó unos segundos, antes de adoptar la actitud que me hacía caer. Siempre.
Empezó muy sutil. Acercándose a mi y mirándome directo a los ojos muy serio, luego empezó a tirar su boca hacia un lado y sus ojos adquirieron un brillo chispeante.
Para cuando empezó a rodear mi cintura con sus manos y a rozar juguetonamente su nariz con la mía, yo ya estaba hiperventilando y a punto de sufrir una combustión espontánea.
"Bells, no dejarás a tu novio sin su postre después de cenar, ¿verdad?" Su voz descendió dos octavas volviéndose un susurró sensualmente que me caló en la sangre. "¿Quieres que me ponga triste? ¿Lo quieres?" Insistió.
"Nnn… No" murmuré torpemente.
Por un instante, pensé que no me había escuchado, pero el sonido del cronómetro a cero del microondas nos sorprendió y, de inmediato, Edward se separó de mi volviendo a su actitud infantil de hace un momento.
"Bells… Quiero mi galleta".
Suspiré y saqué los vasos con leche tibia del microondas y me encaminé al escondrijo que había creado para las galletas y, al sentarme junto a él, lo vi sonriendo de lado, nuevamente.
"Ni te creas que las voy a dejar ahí mismo".
Su sonrisa desapareció y yo mordí un trozo de galleta, triunfante.
"Conozco más de una forma de convencerte, Isabella Marie".
Reí mientras Edward tiraba de mí, besándome suavemente.
Sonreí entre sus labios.
Era más que feliz.
"¡Cuñado!" soltó Emmett haciéndonos a Edward y a mí saltar y separarnos instantáneamente.
Mi hermano recorrió en dos grandes zancadas el espacio entre la puerta de la cocina y el lugar donde estaba sentado mi novio y lo aplastaba en un abrazo que, creo, estaba a punto de asfixiarlo.
"Em, lo necesito vivo… No necesito que me hagas viuda antes de casarme".
Lo soltó, me miró directo a los ojos y me señaló.
"Más te vale hacerlo feliz" me dijo, luego se volteó hacia Edward e hizo el mismo gesto de señalar "Más te vale no hacerla sufrir".
Abrazó nuevamente a Edward, luego a mí y mientras me daba un beso en la mejilla susurró "mereces a alguien perfecto, pero como ese no existe… Te puedo asegurar que Edward es lo que más se acerca a esa descripción para ti".
Sonreí y le respondí "lo haré".
Besó nuevamente mi mejilla y desapareció tras la puerta, aunque claro, no podía dejar de ser Emmett y medio gritar desde el pasillo "Los quiero durmiendo a cada uno en su cama, ¿entendido? Buenas Madrugadas".
Eddie y yo reímos.
Y, por supuesto, cada uno durmió en su propia cama.
Con Emmett era mejor no jugar.
/
Edward y Emmett –como siempre- desaparecieron cuando Jasper entró en escena con cara de sufrimiento a la cocina seguido por unas Alice y Rosalie realmente emocionadas, tomando por asalto mi apartamento cuando el sol apenas aparecía en el horizonte.
No supe a ciencia cierta qué hicieron, y me dediqué solamente a no discutir sobre nada.
Alice se emocionó y Rosalie lloró cuando conté con lujo de detalles todo lo que había sucedido el día anterior con Edward.
Allie sólo dijo "sabía que eran el uno para el otro desde un principio" y Rosalie soltó un "esperemos y esto le cambie un poco el mal genio que siempre parece querer pagar conmigo".
Y las tres nos reímos estruendosamente luego que dije aquello de dormir separados.
"Típico de Emmett" soltamos las tres.
Mis amigas me hicieron vestir un vestido strapless rojo sangre bastante suelto, que llegaba hasta las rodillas y unas sandalias romanas doradas.
Mi cabello lo dejaron suelto a excepción de un prendedor a izquierda también dorado y le aplicaron un poco de mousse para que mis rizos característicos no tomaran vida propia.
El maquillaje era más bien natural, lo único que resaltaba era mi boca de un tono rojo igual al del vestido y un poco de máscara con escarcha dorada.
Tomamos un almuerzo rápido de camino a la última celebración de cumpleaños que habíamos acordado. Después llegó Edward y, justo antes de subirme al bien conocido Volvo, me vendó los ojos al decir que era una sorpresa.
"No lo había dicho antes, pero estás preciosa, cariño".
Me besó rápidamente y me ayudó a sentarme en el auto.
Igual me sonrojé por su comentario pero no sé si la venda tuvo que ver, y me sentí algo más cómoda con aquel comentario.
Edward condujo por unos 45 minutos más, siempre en silencio, aunque la música de Tchaikovsky hizo que no se sintiera tanto.
Cuando se detuvo, me revolví incómoda, segundos después, tomó mi mano y me ayudó a salir del auto.
Cuando Edward vio mi intención de descubrirme los ojos, detuvo mis manos y susurró en mi oído un "espera un poco más, si?".
Yo asentí obedientemente mientras caminaba en la oscuridad absoluta con Edward abrazándome por la espalda, conduciéndome a donde sea que me estaba llevando.
Después de un par de escalones y el sonido de una puerta abriéndose, me condujo por un pasillo y luego descubrió mis ojos.
Parpadeé unas cuantas veces y un grito de 'Feliz Cumpleaños' resonó por toda la casa.
Mi casa.
Sonreí y me tapé con mis manos mi cara. Levanté mi rostro y me volví hacia Edward y me eché a sus brazos igual que había hecho el día anterior cuando descubrí las entradas a la ópera.
"¿Eres feliz?" preguntó a mi oído.
"Sí".
Y fue entonces que me volví a todos los que estaban allí.
Mis papás estaban allí al igual que Carlisle y Esme, Alice, Jasper, Rosalie, mi hermano, Ángela y Ben.
No eran muchos, pero era la gente que de verdad me importaba y, sobretodo, a la que Yo le importaba.
¿Necesitaba más? No.
[1] Todo el que ha visto Plaza Sésamo sabe de quien hablo. Si no, pues no sé. Wikipedia existe…. Y es genial! XD
Lo sé, han pasado más de seis meses y no había actualizado, soy una irresponsable y no debería tener ni un comentario de regreso… y tampoco me voy a justificar, pero igual era mi último semestre y esta historia se fue al fondo de mis prioridades, luego entré en una organización y acabé con el poco tiempo libre que me quedaba y bueno, cuando llegaron las vacaciones lo único que quise fue dormir y comer, volver a dormir y quedarme mirando lejos… jajjajaja
Espero que les haya gustado, ahora si, prometo que el último capítulo estará en máximo dos semanas y luego, vendrá el epílogo que será una mezcla de muchas cosas… estaba pensando en poner algo así como una especie de momentos de Bella antes del coma y después… pero en ustedes está la decisión.. si así o sólo del futuro, vale?
Un beso a todas…. Y espero no demorar tanto la próxima vez.
AndrE
