¿Mugre bebé? ¿Es en serio?... JAJAJAJAJAJJAAJA Venga ya, me tenté con eso JAJAJA

¡Hola, gente, ¿come están?! *Inserte voz de German*… Ahre, no.

Hummm…Sus comentarios… ¿El bebé tiene que vivir? ¿Tigresa morirá? ¿Quién recibe más daño, el bebé o Tigresa?... Y solo porque me encanta ocupar este espacio en algo, les digo que nada es lo que parece. El pequeño es importante, sí, pero no por lo que se pueda pensar… y Tigresa no tiene salida, está atrapada en una mala jugada del destino que le tocó…

¿Por qué a ella?

¿Qué fue lo que realmente pasó?

¿Y saben qué es lo mejor?... Que solo yo lo sé MUAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAA Ok,me calmo… Son exactamente las 9:59…Tendría que estar durmiendo, disfrutando de estos últimos días de vacaciones… ¡Pero no! A Rose se le antojó café y ¡bueno! A levantarse a preparar el dichoso café y de paso, ¿por qué no?, a escribir un poquito…

¿Qué es unponycornio?... Emmm… ¿Una mezcla de pony y unicornio? (((Duuuuh)))

¿Qué hace la adivina aquí?... Oh, mío amore, nada es lo que parece

Sinceramente, tengo cierta ilusión puesta en esta historia… Una idea, una trama, algo que espero sorprenda a quien guste leer. Una historia detrás de otra historia. Es especial. Porque la idee junto a mi hermana. Sí, chicos, mi hermana me ayudó a organizar las ideas para escribir esto… ¡Y estoy feliz! Porque es la primera vez que consigo que mi hermana haga algo conmigo, que me escuche, escucharla… Feliz porque, por primera vez desde que éramos pequeñas, nos siento más unidas y cercanas…

¡Y a cuidarse!... Porque si cree que puedo ser cruel con mis personajes, imagínense a dos como yo… jejejeje

Ahora sí, ya que los efectos propios de la cafeína en este débil cuerpo están a punto de desaparecer… ¡A leer!


Bastardo

La puerta del cuarto se abre y por esta se asoma Shifu. Tigresa quiere hundirse en la cama y desaparecer, automáticamente su mano se aferra a la del panda, en un ruego silencioso para que no la deje sola. Los rastros del dolor aún presentes en su cuerpo, pero cada vez menos notables, le impiden reincorporarse sin la ayuda de las miles de almohadas que le han colocado detrás de la espalda. Con voz suave e inescrutable, el panda rojo pide a Po que le deje a solas con su hija. Al panda no le queda más opción que obedecer. Tranquiliza a Tigresa con un suave beso en la frente, murmurándole que no se preocupe, antes de abandonar el cuarto.

El silencio no es precisamente incómodo, pero tampoco agradable. Shifu observa a su hija con una mezcla de reproche y preocupación en sus ojos, solo quiero comprender por qué ella no se lo ha dicho antes. ¿Es acaso que, de no haberse sentido mal, iba a esperar a que todos se dieran cuenta por sí solos de su estado?

Suspira, apartando la mirada de ella al comprender lo tensa que se encuentra. No es momento de reprocharle. Con las manos tras la espalda, sujetando el viejo báculo de Oogway en estas, camina hacia la ventana, mirando por esta tan solo por tener algo en qué concentrarse que no sea Tigresa en esa cama.

—Estás de doce semanas —Dice.

—No, menos.

—La doctora dijo que eran doce —Repite— Lo cual significa que el riesgo de que lo pierdas es menor.

Tigresa arruga el entrecejo, sin querer comprender lo que su padre adoptivo le dice.

—No lo voy a perder —Asegura.

—Es peligroso.

—Podré con esto.

Y Shifu sonríe, sin que ella lo note. Tigresa, siempre tan fuerte y segura, ella sabe lo que puede y lo que no… y Shifu también. Voltea, con las palabras revoloteando en su mente.

—Ese… bebé, es de Po —Afirma más que pregunta— ¿Cierto?

—Me estás ofendiendo.

—Lo siento.

Eso es un … Aunque, de haber escuchado un no, hubiera estado feliz.

No tiene nada contra el panda, de hecho, cree que será un buen esposo y padre. Pero aquel bebé está poniendo en riesgo la vida de su hija y no piensa negárselo a sí mismo, ni a ella.

La mirada de Tigresa se encuentra fija en sus propias manos, que arrugan la sábana a la altura de su abdomen. Shifu se sienta al borde de la cama, observándola. Se ve cansada y tan angustiada como él mismo. Él no cree que Hikari le haya dicho la verdad, ni por asomo, pero su hija siempre fue una chica lista, de segura ha notado algo.

—Lo siento… —Murmura de repente Tigresa— Debí decírtelo antes.

—No, eso ya no importa —Le resta importancia él —Lo que me importa ahora es tu salud, Tigresa… y la de tu hijo.

—Tu nieto.

Y cuando ella levanta la mirada, Shifu no puede ocultar lo feliz que aquella palabra le hace y a la vez, lo mal que se siente. Nieto… Va a ser abuelo, será abuelo de un niño que muy difícilmente llegue a nacer.

—Sí, mi nieto —Acepta feliz, pero severo— Tigresa, ¿Tienes una mínima idea de en lo que estás?

A Shifu no le queda más remedio que desistir al verla asentir. No, no le está pidiendo que pierda a aquel bebé a propósito, que aborte, eso sería una abominación. Simplemente… quiere saber que ella está preparada, sea cual sea el final de eso. No quiere verla sufrir con un hijo que probablemente apenas si llegue a conocer.

No quiere verla sufrir y punto.

—Escucha, papá… —Muy raramente le llama así. Su mirada estaba fija en sus manos, se acaricia el abdomen— Sé lo riesgoso que es, he leído, también sé que esto… esto es casi imposible —Murmura, tímida— Y tampoco lo he buscado en un principio… Jamás pensé en ser madre, para serte sincera, y puede que esto sea lo que se llama un accidente… pero estoy feliz con esto, te lo aseguro. Es… —Se detiene, toma aire, como si no creyera ni lo que ella misma está por decir— Es lo que quiero… —Continúa— Por encima de todo lo demás.

No, no quiere reír… pero lo hace. Una risa nasal, bufona e incrédula. No, Tigresa no acaba de decirle eso.

—¿Me estás diciendo que renuncias a tu título? —Es una burla más que una pregunta.

—Si.

Pero ella es demasiado seria.

No puede creer lo que escucha.

No, esa no es Tigresa… ¡El Kung Fu lo es todo para ella! Su arte, su vida. Fue criada bajo los estrictos valores que este implica y en cierto aspecto, Shifu no le enseñó como a cualquier mujer. Le enseñó tal y como le habría enseñado a un varón. Crio a Tigresa como un hijo, lo admite, porque tenía la fuerza y voluntad necesarias para ello.

—No… —Niega— Tú no renunciarás a tu título.

—Creo que esa es mi decisión…

—Soy tu maestro, Tigresa, y no te lo permitiré —Asegura, severo— Escucha, esto va en contra de siglos de tradición y valores, pero tú vida no se va a acabar con un hijo.

—Seré madre… y aunque no puedo creer que diga esto, quiero dedicarme a mi hijo.

Silencio.

Esta vez, el silencio sí es tenso.

Shifu se levanta de la cama, con el bastón de Oogway firmemente sujeto en sus manos… se acerca a Tigresa y sin previo aviso, deja caer el báculo sobre la cabeza de ella, tal como ha hecho miles de veces con Po.

Ignora el hecho de que ella acaba de gritarle un "¿Qué carajos hace?", lo deja pasar solo porque no puede ponerla a subir y bajar cien veces las escaleras.

—Escúchame bien, mujer… y sí, acabo de llamarte así —Tigresa, a punto de replicar, cierra la boca— Tú no estás casada, y no creo que quieras estarlo, no se te crio para ello, por lo que no tienes ninguna obligación de abandonar tu título.

—Lo hago porque quiero.

—¿Tienes idea de lo que estás echando al tacho?

—Una vida, tradiciones, valores… —Lo dice como quien no quiere la cosa— Sí, lo sé.

Shifu, hastiado, lleva los dedos índice y medio de la mano derecha a su sien. Si algo le ha enseñado la vida, es que no discuta nunca con una embarazada.

—Bien —Masculla— Obviamente no entrenarás en tu estado. Pero eso no te retira como maestra. Lo eres ahora y lo serás incluso cuando estés más vieja que yo. Punto y final.

—Pero…

Se acerca a la felina y por primera vez en toda su vida, se inclina para besar afectuosamente la frente de ella.

—Descansa, hija —Murmura.

Sonríe y sin esperar respuesta, se retira del cuarto.

No tiene idea de donde ha sacado aquella idea Tigresa, pero le resulta hasta divertida. ¡Vamos! ¡Tigresa! ¡La maestra Tigresa! Ella no renunciará, seguramente solo son ideas provocadas por los cambios de humor propios de su estado.

III

No tiene idea qué, pero sabe que algo la ha despertado. Se encuentra sola en su cuarto, oscuro y escasamente iluminado por la poca luz de la luna que la ventana le ofrece. Aun así, está segura que no se ha despertado solo porque sí.

Intenta acomodarse de vuelta, pero le es imposible por tantas almohadas... Las cuales no tardan en estar esparcidas en el suelo del cuarto. Mucho mejor¸ se dice con la espalda recta en la cama.

La conversación con Shifu le tiene pensativa durante unos largos minutos. Está segura de lo que ha decidido y no lo ha decidido solo porque sí, solo porque de repente le ha apetecido hacerlo y ya. El Kung Fu es gran parte de su vida, fue líder de los cinco desde que tuvieron su primera misión juntos, pero ahora va a tener un hijo… y no quiere que ese pequeño viva lo que ella de pequeña. Shifu pudo haber sido un gran maestro, pero no era un buen padre. Ella es una gran maestra, lo sabe, y también quiere ser una buena madre.

Quiere que ese pequeño sienta que es lo más importante en su vida, que no crea que prefiere un arte antes que a él. Quiere que su hijo lo sea todo para ella. No solo le dará su amor, sino también todo su tiempo. Ha vivido mucho, ha tenido aventuras y toda clase de experiencias, ha probado que es la mejor en lo que hace (o lo ha intentado) y se ha superado más veces de las que fracasó… ahora, su vida se enfocará en un último objetivo.

Sonríe, solo porque sí, con las manos por debajo del chaleco.

Acaricia su vientre como si este fuera el cristal más delicado del mundo, le mima como si fuera el mayor de los tesoros. Para ella lo es. Ese hijo es un tesoro concedido por los dioses… Si tan solo supiera.

No pasa mucho tiempo para que el estómago comience a gruñirle. Decide que es momento de levantar y cuando lo hace, se asegura de ser lo más cuidadosa posible. Nada de movimientos bruscos (aunque igualmente termine mareada al reincorporarse), nada de presionar demasiado su abdomen... Entonces, la idea cala hondo en su mente, llevándola frente al espejo. Se quita el chaleco y afloja las vendas en su pecho, para luego hacer lo mismo con las que sostienen su pantalón.

Ahora, sin tanta presión y ya vestida, se da cuenta que el embarazo realmente comienza a notarse a través de la ropa. Su cintura está más ancha, su abdomen más redondo y aunque no sea algo que le importe demasiado, puede notar unos kilos de más en sus caderas. Sonríe. Le gusta lo que ve.

Tigresa…

Por poco no cae de culo al suelo por el respingo… ¡Ha oído eso!

Voltea, con el corazón torturando su pecho, solo para encontrarse sola en el cuarto. Mira a todos lados, mira por la ventana, incluso sale a ver por el pasillo. No hay señal de que alguien haya andado ahí.

Cuando se aleja del cuarto, por poco no lo hace corriendo. Se dice que de seguro se lo ha imaginado, sí, eso tiene que ser. Ha estado muy alterada y de seguro fue una mala jugada de su mente. No hay otra explicación, no puede haberla.

III

Ya todos están en la cocina cuando ella entra.

Sea de lo que sea que hayan estado hablando, ella no se entera, pues de repente el silencio hace acto de presencia. Las miradas automáticamente se posan en ella, pero es únicamente Víbora quien mira a su abdomen, como si de repente esperase encontrarse una enorme y pesada barriga debajo de la ropa. Por acto reflejo, Tigresa cruza los brazos sobre el estómago, como si de aquella manera se protegiera de algo. No le gusta ese escrutinio.

—Levantaste… —Sonríe Po.

Se acerca a ella con una ancha sonrisa, recibiéndola con un corto beso en los labios.

—¿Qué tal te sientes? —Se interesa Mono.

Mantis y Grulla asienten, acompañando la pregunta del simio.

—Bien, gracias.

—Anda, iba a llevarte la cena a tu cuarto luego.

Po le sujeta del brazo para ayudar a caminar hacia su asiento. Se queja, alegando no estar inválida, pero el panda se excusa diciendo que mientras menos trabajo tenga, mejor.

El hecho de que el silencio continúe en el lugar le confirma a Tigresa que, definitivamente, estaban hablando de ella… y por la manera en que Víbora le sigue observando, tiene una leve idea de sobre qué. Recuerda aquella charla, sobre la hermana de la serpiente, y también los comentarios ofensivos.

Nuevamente, sus manos se ciernen a su abdomen, cual depredador defendiendo lo suyo. Poco le falta para gruñir. No hay palabras, pero las miradas lo dicen todo.

—¿No hablas, Víbora? —Comenta, con toda intención.

—Si no tienes nada bueno que decir, no lo digas… ¿No?

—Si tienes algo por decir, solo dilo y ya… ¿No?

Sonríe, cínica, observando el entrecejo de la reptil arrugarse más a cada segundo.

—Tigresa… —Llama Po— ¿Recuerdas lo que dijo la doctora?

—No estoy haciendo esfuerzos, ni mucho menos renegando… —Asegura— Estoy bien.

—Te has postrado a una cama por esa cosa…

—¡Víbora!

Shifu, Po y Grulla reclaman a coro, dos de ellos ofendidos y el otro simplemente apenado del comportamiento de su novia.

—No, déjenla. No me importa.

No, claro que a Tigresa no le importa… No le importa nada de lo que ella o cualquier otra persona pueda decir de su hijo. Toma los palillos de la mesa y con ciertas ansias (todo sea dicho) levanta un bocado de fideos hasta su boca. Le saben mucho mejor que de costumbre y está segura de que aquello en la salsa es pescado.

Sonríe, relamiéndose los labios sin poder evitarlo… Ella nunca prueba carnes, por más que esta sea de pescados. Pero, por simple naturaleza, sabe que es deliciosa. Apura el plato, bajo la risueña mirada de los chicos.

—Agh. Carnívora.

Y de repente, en medio del silencio, los palillos se quiebran en manos de Tigresa.

—¿Disculpa?

—No puedo creer como ustedes están tan relajados de la vida… —Masculla la serpiente, alternando miradas en cada uno de los presentes, incluso en su maestro— ¡Esa cosa va a matarte! —Grita en dirección a Tigresa— ¿Qué no lo ves?... ¡Morirás! Tú y tú jodido bastardo…

Y de un momento a otro, cuatro líneas, finas y sangrantes, surcan la mejilla de Víbora.

Aunque no lo admita, lo que Tigresa ve en ese momento en los ojos de la serpiente le asusta.

Es… distinto. La ha visto enfadada, indignada, resentida, dolida… de todas las maneras posibles y jamás vio esa mirada. Una vez, hace casi un año, ambas se enteraron que Grulla la había engañado con Mei Ling, aquella maestra de Lee Da, y ni siquiera la ira que vio en aquel momento se comparaba con el brillo oscuro que ahora presencia.

De repente, como la más filosa de las navajas, el dolor mezclado con el ardor atraviesa su vientre… No se queja, demasiado impresionada para ello. Como una cortada, así se siente.

—Víbora, vete —Ordena Shifu.

Po, sin decir nada, se coloca de pie y toma el rostro de Tigresa entre sus manos. De un momento a otro, la felina se ha quedado como ida… No reacciona y aunque imperceptiblemente, comienza a agitarse.

—Tigresa… Tigresa, ¿Qué sucede?

Víbora se va sin mirar a nadie.

De un momento a otro, todos han rodeado a la felina, a excepción de Shifu, que ha desaparecido antes incluso que la serpiente. Po obliga a Tigresa a sentarse y Grulla le abanica con un ala, mientras que Mono y Mantis permanecen parados a su lado, esperando ser de ayuda por si necesitan algo.

—Po… —Susurra tan bajo, que el panda tiene que acercar el oído para entenderla— Me está lastimando.

—¿Quién?

—El bebé…

Y apenas aquellas palabras manan de sus labios, ella pierde la conciencia, siendo sujetada por todos para evitar que caiga de la silla.

Continuará…