Shingeki No Kyojin no me pertenece.
Advertencias:
Lemon implícito.
La Vie en Rose.
Capítulo II
"Les limites du Bonheur"
Habían pasado dos meses ya desde aquel día.
Cada mañana, cuando abría los ojos, procuraba no perder ni un sólo segundo para dirigirme al hogar de Levi. El transcurrir de cada día, teniéndolo a mi lado era algo así cómo los sueños de felicidad que he concebido desde aquel olvidado universo de sangre y muerte.
Pero esta vez, pienso mientras camino, presuroso por las calles, esta vez tengo la oportunidad de cumplirlos. Cada vez que lo veo sonreír, cada vez que lo escuchó reír, cada vez que oigo su voz llamarme… En cada ocasión en la que lo encuentro en la azotea de su pequeño departamento, tendiendo las sábanas, observando a París….
Se cumplen mil sueños a la vez. Se realizan mis deseos de felicidad, se viven mis anhelos de libertad. Porque una vez ya yo deseé la libertad de mirar el cielo cada vez que quisiera, una vez hace mil años, siglos, hace más de mil universos. Y la obtuve pero fue nada en comparación a mi anhelo de volver a verle. Errar de aquí, para allá, buscando su pista, siguiendo recuerdos cada vez más borrosos…
Nada peor que no encontrarle a mí lado, cada día. Nada peor que buscar y buscar y buscar con la siempre creciente incertidumbre de no volver a encontrarle. Nada peor.
-Buenos días, Farlan.—Su voz me saca de mis pensamientos. Su hermosa voz me despierta, me eleva de un letargo que siempre creí eterno. Lo veo, abriéndome la puerta, sonriéndome cómo sólo él sabe, invitándome a pasar.—Cada vez vienes más temprano.
Me congelo en medio de su acogedora y diminuta sala.—Y ¿E-eso te molesta?
Casi puedo escuchar su risa al ver esos preciosos hoyuelos aparecer en sus mejillas.—No idiota, me refiero a que sí duermes bien. Es decir, te vas muy tarde y vienes muy temprano.—Me apretó el abdomen.—Y estoy casi seguro d que no cenas ni desayunas.
Sentí la cara caliente, pero no por verme evidenciado, sino porqué cuándo su mano tocó mi cuerpo, por instinto bajé la mirada y me encontré con que su camisa tenía varios botones sin abrochar. El pecho de Levi era igual de pálido que las blancas nubes.
-Siempre fuiste el listo, ¿sabes? Además, no quiero engordar. Corro peligro de que te encuentres a alguien más guapo y me dejes.—Él tira dolorosamente de mi cabello.
-No digas estupideces. Anda, ve por leche que te prepararé algo.—Me quedó ahí, viéndole, embelesado cuál idiota.—¿No escuchaste? Mira Farlan que…
-¡Ya voy, ya voy!.—Rió feliz.—Serás una muy buena esposa, Levi.
Cierro la puerta antes de que el cojín me dé en plena cara y e nuevo, mientras camino me siento entre las nubes. ¿Eso se siente estar enamorado? ¡Es tan extraño! ¡Por poco y lo olvidaba!
Es decir, tantos siglos vagando sin rumbo fijo, simplemente buscando algo que siempre sentí perdido… Sonrío. Ahora siempre sonrío. Es imposible no hacerlo. No con Levi esperándome cada mañana detrás de su bonita perta roja.
-¿Ya tienes tu proyecto para el concurso?
Levi no era muy hábil para la cocina, pero enserio que su comida quemada era un manjar. Bueno, al menos para mí.—Ya. Hace tiempo lo decidí.
Lo miré, curioso.—¿Enserio? ¿Por qué no me habías dicho?
Por momentos me pareció ver un tímido sonrojo encenderle los pómulos, pero todo quedó zanjado cuándo Levi simplemente se dignó a chasquear la lengua.
-¿Qué es lo que quieres hacer hoy? Aparte de limpiar, claro.
Luego del desayuno, él invirtió casi toda la mañana en dejar impecable la casa. Al final, estaba sentado dentro de su pequeño estudio haciendo quién sabe qué cosa, mientras yo trazaba en el resto del muro blanco las líneas para un nuevo dibujo. Era una sorpresa que le tendría reservada para después de su concurso. Ganase o perdiese, había decidido obsequiarle eso. Esperaba y le gustase...
-¿Sabes? Hanji quería que la visitáramos en su local. Dice que le llegaron cosas nuevas desde Rumania y quiere probarlas con nosotros.—Reí.—La última vez que probó algo conmigo, casi pierdo las pestañas.
-Agh, ni me lo recuerdes. Es fecha de que no olvido.—Levi no mentía. En esa ocasión Hanji, la curiosa y adorable amiga e Levi había solicitado nuestra presencia en su negocio de baratijas antiguas para probar una loción que según decía la etiqueta, lograría dar una apariencia más radiante a la piel.
Quizás fue porqué Irvin en esos momentos estaba fumando o quizás fue obra de algún Dios cruel pero tan pronto Hanji efectuó la primera descarga, una chispa me hizo saltar hacía atrás, salvando mi cara de quedar chamuscada por esa cosa que resultó ser flamable. Recuerdo con ternura cómo Levi casi mata a Hanji. Ósea, no me malentiendan, adoro a Han, pero me dio mucha ternura verle preocupado.
Lo siento, debo parecerles un chiflado.
-¿Quieres ir?
-No pierdo nada. Además acabo de enviar los datos de mi proyecto al viejo Pixis.—Se levantó de su silla y suspiró.—Bien, vayamos a ver qué tiene de nuevo la loca.
Simplemente sonreí.
¿Saben? Quizás yo soy algo idiota, pero para mí no hay nada más bonito que caminar de la mano con Levi. No sé, es un orgullo enorme ir tomándole la mano a mi novio. Me encanta presumirlo. Es decir, ¿quién diablos tendría un novio tan perfecto cómo Levi? ¡Pues nadie! Recuerdo que cuándo me dijo que sì, le dije a cada persona que pasaba junto a nosotros que él había accedido a ser mi chico.
Nuevamente, una sincera disculpa sí es que mi estupidez les abruma.
Pero era para mí demasiada felicidad. No sabía cómo manejarla ni cómo controlarla. Quería gritar, saltar y hasta cantar. Me puse a brincar cómo idiota cuándo él me dijo que sí. Y cómo si Dios quisiese matarme de la dicha, lo escuché reír apenado al presenciar mi reacción.
¿Les había dicho ya lo feliz y enamorado que estaba? ¿Sí? Pues lo reitero. Estaba demasiado feliz y estaba demasiado enamorado cómo para poder comportarme de manera medianamente normal.
Ah…
-¿Y qué diablos se supone que son estas mierdas?.—Hanji bufó.—Lo que tienes de enano lo tienes de ignorante, Riv. Son hilos mágicos provenientes de Asia.
-¿Tienes idea de lo tonto que suena eso?
-Igual de tonto que cuándo alguien dice que tú estás feliz, cariño. Así que cierra la linda boca que seguramente Farlan aprovecha de más y acerca tu lindo culo francés aquí.—Enrojecí al escuchar las palabras de Han.
Qué atrevida. Yo jamás…
El recuerdo de Levi sonrojado, jadeante y sofocado me llenó la mente cómo un suave destello. No estábamos en esta era, lo identifiqué por las velas que iluminaban trémulamente la oscura estancia. Pero era sin dudas él, y estaba suspirando y jadeando casi sin control.
Fruncí el ceño.
Odiaba las pequeñas regresiones. Muchas veces me desencajaban. Y definitivamente ésta no era una que tuviese muy a menudo. La imagen de mi novio en ese estado no hizo más que ponerme de nervios. Y más aún, cuándo Hanji enganchò un pequeño hilo rojo en el meñique de Levi antes de atrapar el mío en el otro extremo.—La leyenda dice que si dos personas están destinadas, un hilo rojo une sus meñiques. El hilo puede tensarse.—Estiró con fuerzas el delgado listoncillo carmesí.—..puede enredarse.—Lo hizo nudos entre sus manos.—Pero jamás romperse.
Al final, ella nos sonrió.
Y Levi bufó.—Menuda estupidez cursi.—Su voz sonaba sofocada.—Quítamela ya.
-Es un regalo. Consérvalo. Tengo unas cinco en las cajas y a ustedes no les vendría mal algo para no perderse el uno al otro.—Los ojos castaños de Hanji eran demasiado antiguos para su cuerpo joven. Lo mismo con el resto de nosotros.
Ella nunca hablaba abiertamente de nuestros recuerdos, pero a veces daba indicios de ésta. Ella lo sabía, casi tanto cómo Levi, Irvin y yo.
Quizás más.
Le tomé la mano a mi novio y le sonreí con dulzura.—No dejaría que eso sucediese jamás. Lo estuve esperando por demasiado tiempo. Lo estuve buscando por demasiado tiempo cómo para dejarlo ir.
Y Levi esta vez, me volvió a privilegiar con una de esas sonrisas que cómo Edith Piaf sabiamente decía, cada vez que eso sucedía, mi corazón se paralizaba.
"Cada vez que pienso en ti, yo siempre recupero el aliento"
Aquella noche estaba lloviendo.
Cuándo volvimos de dónde Hanji, él y yo llegamos tan cansados luego de acompañar a Zoo a sus extraños pasatiempos de recolección de cosas perdidas que tan pronto entramos en el pequeño departamento, nos quedamos dormidos.
Aferrarme a su calidez era siempre mi arrullo por antonomasia.
Cuándo ambos abrimos los ojos, la lluvia ya golpeteaba contra el techo y fuera de las ventanas se veía el cielo dejar caer su llanto imparable sobre la iluminada París.—Será mejor que te quedes.—Dijo él, sin mirarme.—Es arriesgado que salgas así.
Su mirada azul me dejó descubrir aquello que aún era capaz de ocultar en su estoica voz.—Hey...—Lo llamé yo.—Levi, mírame.—Con gentileza lo hice mirarme y los ojos del color del cielo nocturno me mostraron ese miedo milenario que aún le atenazaba el alma.—Aquí estoy. Aquí estoy, mi amor y no me iré. No me iré nunca.—En aquella era, tanto Isabel cómo yo fuimos asesinados a mitad de una tormenta, y luego de compartir dos meses en la plena compañía de Levi me hizo descubrir ese miedo suyo a la lluvia.
Lo abracé con fuerzas, queriendo yo perderlo entre mis brazos.—No temas, ¿de acuerdo? No quiero que temas.—Bajé mi rostro y él alzó el suyo. Y fue cuándo por fin nuestros labios se unieron.
El contacto con su piel era casi adictivo. La calidez que irradiaba, lo frágil que se dejaba él entre mis brazos, sus hermosos ojos mirándome fijamente… A veces me asustaba de mí mismo. Tenía siempre miedo de herirlo.
No lo haría nunca, de ninguna manera, pero a veces me perdía tanto los besos que me otorgaba que era casi imposible recuperar mi compostura.
Durante dos meses luché por nunca propasarme. Por hacerle sentir respetado y amado, pero el fuego que se esparcía por mi cuerpo y los interminables recuerdos de mí haciéndole el amor a Levi hacía ya una eternidad me extraviaban entre lo que era real lo que no.
Pero aquella noche, Levi no se apartó cómo siempre lo hacía. No, aquella noche, Levi envolvió sus brazos alrededor de mi cuello y estrechó su cuerpo contra el mío.
Y el fuego y los recuerdos desaparecieron cuándo mis manos acariciaron con timidez sus suaves costados. Cuándo exploraron con afán su abdomen pálido y su pecho blanco. Y cuándo estuvimos ambos en la cama, cuándo me separé de él y tomar el oxígeno que había perdido luego de beberme su aliento, saliva y sabor y le contemplé, aquella misma imagen antigua y milenaria, esa misma dónde Levi me miraba jadeando, agitado y sonrojado se presentó ante mí.
Temí muchas cosas en ese momento.
Y sin embargo nada bastó para hacerme perder el hilo de lo que se vivía entre las sábanas con olor a Sol, a viento y a vida de Levi.
-F-Farlan…
Me sujeto los hombros cuándo me sintió descender a lo largo de su cuerpo. Yo le miré.—No temas. No haré nada que tú no quieras. Sólo… Sólo déjame intentar algo.
Levi era hermoso en cualquier manera en la que se presentara ante mí. Era bellísimo, más precioso que cualquier criatura divina. Los ángeles mismos le envidiarían la belleza si alguna vez posasen sus ojos en él.
Pero desnudo… Desnudo nada era cómo él. Parecía incluso irreal, ahí, desnudo, entre mis brazos mientras mi boca, mi saliva y mi lengua le daban placer. Mientras lo hacían retorcerse, gemir y suspirar. Mientras me llamaba sin aliento, mientras sus piernas se deslizaban por mis hombros y sus manos acariciaban mi cabello.
No quería detenerme, no hasta hacerlo tocar el cielo. Y cuándo lo hizo, cuándo su espalda se arqueó y de su boca salió un grito que llevaba por forma mi nombre supe que pasase lo que pasase, sucediese lo que sucediese jamás, ni aunque me dejasen vivir en el infierno le olvidaría. Que jamás sería capaz de dejar de sentir este amor que me destrozaba el peso. Que sería incapaz de vivir o morir sin él. Sin mi Levi. Sin mi amor…
-Ha-hazlo...—Dijo él en un suspiro.—D-Dentro, te quiero d-dentro…
Hacer el amor era un término un tanto abstracto. Entre ambos, el amor estaba más que hecho. Adorarlo era en sí la palabra más adecuada. Amarlo, adorarlo, idolatrarlo. No sé las palabras correctas, esas preguntas serían para hombres brillantes que poseen sabiduría. Yo no soy brillante, ni sabio.
Sólo soy un hombre amando a algo que supera incluso a lo divino.
Cuándo su cuerpo me recibió, temí lastimarlo. Era demasiad estrecho, demasiado tenso y de sus hermosos ojos se deslizaron lágrimas que borré con mis labios. El jadeaba, gemía y me llamaba y yo cómo marioneta simplemente obedecía los impulsos de mi cuerpo imperfecto y humano.
Quise llorar yo también. Quise romperme, pero no encontré ninguna razón para hacerlo. La felicidad y el amor en mi pecho me destrozaban pero a la vez me mantenían en ese idílico paraíso de caderas y de besos.
Lo envolví entre mis brazos, lo besé hasta haberme bebido la última gota de su aliento y lo embestí hasta que su cuerpo no pudo más. Y me derramé en su interior, y lo vi perder sus ojos en algún punto lejano antes de mirarme nuevamente y sonreírme cómo nunca.
Y yo mismo me encontré sonriendo cómo nunca antes.
Levi, dijeron mis labios. Levi, suplicó mi corazón. Levi, gritó mi alma, mientras le volvía a besar. Mientras fundía nuestros cuerpos de nuevo entre sudor y agotamiento. Entre la enloquecedora línea de amor y de sexo. Mientras me perdía y encontraba nuevamente entre sus brazos y me dejaba arrullar por su hermoso corazón y su divina voz.
Al final…
Al final, sólo pudimos mirarnos. Mirarnos y sonreírnos nuevamente. De su boca salió una inocente petición que incluso me hizo reír.—Comienza a considerar ya no irte de mi lado.
-Cómo si eso fuese posible…
(…)
Comencé a notar los indicios de aquello a lo que más temía luego de aquella primera noche.
Muchas cosas volvían a suceder.
Nos encontramos con otros reencarnados, reencarnados que alguna vez conocimos antes de salir por primera vez de las murallas. Flagon, Sayram… todos ellos. Incluso Irvin mismo se percató de que algo raro ocurría.
Pequeños escolares de no más de cuatro años, decían conocernos cada vez que nos encontrábamos con ellos en la explanada de la torre. Tres de ellos incluso se sentaban a narrarnos lo que de no ser por que también lo vivíamos todo sería producto de una mente muy imaginativa.
Levi, sin embargo, no parecía darse cuenta de muchas cosas. Estaba feliz, lo veía en sus ojos y en su sonrisa cada vez que aquellos niños le rodeaban, llamándole "¡Capitán, capitán!" Mi precioso Levi parecía demasiado feliz, demasiado completo ahora que me pareció doloroso preocuparle.
Mi vida junto a él era un paraíso sin final, días de entera dicha y noches interminables entre las sábanas. Su regalo estaba casi listo y de sus labios eran frecuentes los "te amo" que hacían mi corazón paralizarse. Levi estaba a mi lado y la libertad de mirar el cielo cada noche junto a él fue un regalo que se me otorgó cada día, cada tarde y cada noche.
Pero cuándo Levi enfermó de gripe, y decidí ir a buscar medicamentos a la farmacia más cercana, supe que él también tenía miedo. Antes de separarme de su lado para salir e ir por aquello, Levi me sujetó la mano. Desde la cama él me suplicó más que otra cosa algo que me hizo comprender que después de todo, quizás mi dicha había superado demasiado los límites.—Vuelve conmigo...—Dijo Levi con voz rasposa.—Vuelve conmigo.
-Siempre.—Susurré yo antes de despedirme de él con un beso, tomar la receta y dirigirme hacía la calle.
Afuera, una tormenta amenazaba con dejarse caer sobre París y por largos momentos olvidé que a Levi le daba miedo quedarse solo durante éstas.
Cuándo lo recordé y quise volver, un fuerte claxon me ensordeció los oídos y la potente luz de unos faros me enceró por instantes que me parecieron exasperantemente eternos.
Todo fue muy rápido.
Oh, mi amor…
Continuará.
¡Feliz Día de San Valentín!
Mercurio17, sabes que es un regalo para ti. Espero que te guste. Y siento el final de este capítulo. Pero si te sirve de algo, todo tendrá un final feliz. Sabes que te quiero mucho, mi carnala y espero que sea de tu agrado. No soy muy buena, pero me esfuerzo. Un enorme abrazo, una cerveza para ti, muchos dulces y sabes que siempre estaré para ti con machete en mano.
Te quiero, carnala.
Y a todos ustedes que se toman la molestia de leer mis historias y les dan una oportunidad.
Elisa.
