DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a bicyclesarecool. Yo solo me adjudico la traducción.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)
Simple as This
Capítulo 5
El nombre de mamá es Renée. Su cabello es de un castaño más claro que el mío y más ondulado, aunque lo mantiene corto porque odia la manera en que le estorba al trabajar. Siempre usa un par de botas de lluvia azules y tararea canciones viejas cuando lava los platos.
Al menos, lo hacía.
No la he visto o escuchado nada de ella en seis años.
Tal vez sea rubia ahora. Tal vez le guste el rock pesado.
No podría saberlo.
Cuando era pequeña, recuerdo que me hacía sándwiches de mortadela y me leía demasiados libros acerca de princesas y piratas y animales parlantes. Las paredes de nuestra casa estaban cubiertas de pinturas famosas. Monet, Van Gogh, Klimt, Warhol, demasiados pintores. Mamá amaba el arte, incluso pintaba un poco en cerámica. Aún tengo un pequeño tazón que ella me hizo en mi tocador, guardando centavos y pasadores.
Se llevó todo su trabajo de arte cuando se fue; nuestras paredes están casi vacías ahora.
El verano en el que fuimos a California, nos detuvimos en lo que parecía como un museo de arte cualquiera en el camino y nos sentamos por lo que parecieron horas a observar las pinturas y esculturas. Recuerdo haberme sentido tan ansiosa, como cualquier niño de diez años lo hubiera hecho. No le prestaba atención a las obras maestras que estaban a nuestro alrededor, no me importaba. Solo podía ver la expresión de asombro de mamá cada vez que veía una escultura de Degas. La manera en la que dejaba salir un suspiro cuando una pintura o fotografía llamaba su atención.
Nunca entendí su fascinación con el arte, pero después de que empacara sus cosas dos semanas antes de mi onceavo cumpleaños y se fuera, me obsesioné con saber por qué se sentía de la manera en la que lo hacía por esos artistas y sus trabajos, quizá si averiguaba su pasión, podría hacer lo mismo con su mentalidad. Quizá descubriría todo lo que me había perdido en esos años en los que no había prestado demasiada atención.
No dejó nada más que un libro que se había caído tras su estantería; una guía de recopilación de uno de los museos a los que habíamos ido aquel verano. Nunca le he dicho a mi papá que lo tengo, aún lo mantengo escondido bajo mi colchón.
Las páginas están gastadas ahora mientras hojeo el libro. Dejé a Edward con Jessica en la fogata en la casa de Emmett, ella salió poco después de mi pseudoconfesión, con Edward comenzando a hacer preguntas que no quería que hiciera, así que salí de ahí tan rápido como pude.
Ahora estoy llorando pero no sé cuándo comencé, y la humedad en mis mejillas me sorprende. No he llorado en mucho tiempo, especialmente no por mi madre y mucho menos por un chico.
Este dolor nunca desaparecerá, el sentimiento de pérdida me ahogará por completo. Nunca tendré esa cercanía y el entendimiento que deseo, pero parece que nunca me cansaré de intentarlo, quiero hundirme en estas pinturas e historias para siempre. Edward es una dolorosa distracción.
Lloro en silencio en mi habitación hasta que Halloween desaparece y la música y el ruido en la casa de Emmett se vuelven más y más lejanos, como si nunca hubiera pasado.
Por supuesto, sí sucedió. Y soy dolorosamente recordada de ese hecho cuando mi teléfono suena en la mitad de la noche mientras estoy acostada en la cama, mirando la pared. Es un número que no reconozco, así que lo dejo irse directo al buzón de voz. Pero suena de nuevo. Y de nuevo. Para la cuarta llamada, contesto.
—¿Hola? —Mi tono es más duro de lo que planeaba, incluso para un susurro.
—¿Bella? —susurra la voz rasposa—. ¿Por qué estamos susurrando?
—Porque son las tres de la mañana, ¿quién es?
—Es Edward —responde, pero alarga su nombre, así que suena más como Edwaaaaaard.
—Edward, ¿por qué estás llamándome, cómo conseguiste este número? —Deseo que mi corazón deje de acelerarse y espero que mi voz no muestre lo alterada que estoy.
—Detalles sin importancia. Ven afuera. —Abro mis cortinas y presiono mi cara contra la ventana. Claramente, Edward está sentado bajo el árbol que se encuentra entre mi casa y la de Emmett, con el teléfono en su oreja, pero se pone de pie de repente—. Ahora sí puedo verte —dice con alegría.
—Eres tan extraño —murmuro pero sonrío contra mi voluntad.
—Te estoy saludando, ¿puedes verme? —Edward está más cerca de mi ventana, su brazo se mueve con rapidez.
—Te estás poniendo en ridículo.
—¿Vas a salir o no?
—Dame un minuto. —Con eso, cuelgo el teléfono y camino hacia mi baño, asegurándome que mi rostro no se vea tan hinchado. No puedo recordar si la patrulla de Charlie está afuera o no. Mi cabello es un desastre por estar presionado contra la almohada y estoy usando la playera más vieja que tengo.
Mientras bajo las escaleras, evitando el escalón que rechina, trato de convencerme para no estar nerviosa, porque solo es Edward y solo somos amigos.
Solo son las tres de la mañana.
Seguramente ya no está tan ebrio.
Abro la puerta y dejo que se cierre lentamente, descubriendo que papá, efectivamente, está en casa, la patrulla está afuera. Edward está dando grandes pasos hacia mí y cuando me alcanza, su sonrisa es imposiblemente grande. Se deja caer en el suelo, llevándome con él.
—Estás ebrio —digo, golpeando mi hombro con el suyo. Él resopla.
—Ya no tanto —dice con tristeza.
—¿Dónde está Jessica? —pregunto.
—Se fue, no lo sé. Hablando de Jess, me abandonaste con ella y todo lo que puedo decir es: ¿qué clase de amiga eres? —No puedo evitar mi risa y él ríe a mi lado.
—Quiero decir —jadeo—, pensé que te gustaba, ustedes se veían bastante cómodos cuando llegaron juntos en la fiesta. No quise interrumpir o algo así. —Muerdo mi labio, quizá dije demasiado, quizá crucé la línea. Él rueda los ojos.
—Jess está bien —dice lentamente, tomando una profunda respiración—. Pero no quería estar con ella; yo quería estar contigo.
Mi corazón está acelerado y él luce como un desastre, para ser honestos. Su cabello está por todos lados, como si hubiera estado pasando sus manos sobre él toda la noche. Sus ojos lucen cansados y su nariz brilla por la grasa de su rostro y su camisa está completamente arrugada.
Aun así es hermoso, y su voz es imposiblemente más profunda y rasposa que lo usual.
No respondo, pero no puedo dejar de mirarlo, y él está mirándome también, su sonrisa es pequeña pero es tan, tan hermosa.
—Bella —dice.
—¿Sí? —Respiro.
—Dime algo sobre ti. No sé nada de ti. —Suspiro y pienso su propuesta, tratando de descubrir algo interesante acerca de mí.
—Me rompí la muñeca cuando tenía trece. Puedo doblarla con gran facilidad ahora —le digo y lo demuestro. Me había caído de mi bicicleta y Alice no dejaba de llorar porque así es de emocional. Limpié su rostro con mi playera envuelta en mi mano buena e hicimos el viaje de vuelta a su casa para que pudiéramos ir a Emergencias.
—Eso es tan asqueroso —se queja Edward, pero sus ojos brillan—. Me hice un esguince en el tobillo una vez.
—Eso no es nada. Me he roto la muñeca, la pierna en tres lados diferentes, he tenido dos contusiones y me removieron el apéndice y las amígdalas cuando tenía ocho años —le digo, enumerando cada hecho con mis dedos. Edward se ríe histéricamente a mi lado.
—Dios, ¿cómo es que sigues viva?
—Tenemos un hospital decente aquí —le digo—. ¿A tu papá le gusta trabajar aquí?
—Lo ama —contesta él—. Ama Forks y le encanta poder conectarse con sus pacientes. El hospital de Chicago era muy grande.
—Eso es genial —le digo y en verdad lo siento. Me pregunto si alguna vez conoceré a sus padres.
—Como sea, dime más —me dice. Y lo hago. Pasamos las siguientes horas congelándonos en el porche mientras le cuento cómo mi papá es alérgico a los perros y cómo siempre he querido vivir en la ciudad. Edward me habla sobre Chicago e imaginamos lo que haríamos si pudiéramos pasar un día ahí. Me hace reír con sus historias y le doy una expresión seria cuando menciono todos los gastos que tendríamos. Usualmente termina rodando los ojos hacia mis hipotéticas preocupaciones pero siempre las tiene en consideración.
—Amo el amanecer. —Edward suspira, haciéndose para atrás y recargándose en sus codos. El sol apenas comenzaba a salir, tan solo se veía un rayo de luz entre los árboles. Volteo hacia él para ver el indicio de un bostezo en sus labios.
—Papá se despertará pronto —digo, luchando por reprimir mi propio bostezo.
—¿Incluso después de una larga noche como esta? —pregunta, rascando la barba que ha empezado a crecer en su mandíbula.
—Sí, nunca duerme más de cuatro o cinco horas por la noche, siempre le digo que eso no es sano pero nunca me escucha. Y eso combinado con la cantidad de carne roja que come. Y no me hagas empezar con las vitaminas.
—Cuidas bien de él, ¿no es cierto? —pregunta Edward suavemente. Sus ojos están cansados.
—Alguien tiene que hacerlo. —Suspiro mientras me levanto, estirando mis músculos. Edward me imita y no puedo evitar mirar la porción de la piel de su abdomen que queda a la vista cuando se estira. Mi corazón late más fuerte.
—Apesta que tengas que ser tú —dice y me congelo. No sé por qué me sorprende tanto que él sepa acerca de mamá pero lo hace. Por supuesto, alguien le dijo, especialmente alguien como Jessica o Lauren. Puedo escucharlas ahora: Oh, Bella Swan es un completo desastre. Su mamá se fue y ella se volvió tan extraña. Aléjate de ella.
Edward siente mi incomodidad.
—Lo siento, no es mi lugar para decir algo así —dice y se rasca detrás del cuello. Las arrugas que se forman alrededor de sus ojos me dicen que en verdad se siente mal por ello.
—Está bien —le digo, probablemente demasiado rápido.
—¿Quieres hablar de…?
—¡No! —lo interrumpo rápida y fuertemente; él frunce el ceño—. Quiero decir —añado—, está bien. Estoy bien. ¿Tu auto está cerca? —Necesito que se vaya pero mi pecho duele ante la idea de él yéndose de este porche.
—Sí, está por allá. —Apunta con su pulgar a la entrada de Emmett, donde está un pequeño auto plateado.
—Te acompaño —le digo, forzándome a respirar con normalidad. Él camina junto a mí lentamente, tentativamente. Me preocupa que él comience a tratarme diferente. Sus hombros están hundidos y sus ojos no se despegan de sus zapatos. Muerdo mi labio.
—No te sientas mal, Edward —le digo en lo que pretendía que fuera un tono seguro, pero mi voz se rompe. No sé por qué estoy tan triste, mi mamá era un tema que difícilmente sacaba una reacción en mí. Quizá solo estoy preocupada de que él se dé cuenta del desastre que soy y se aleje de mí.
Ese es un pensamiento ilógico, ¿cierto?
Él aún luce como si se estuviera castigando a sí mismo cuando llegamos a su auto.
—Edward —le digo con firmeza. Su silencio es tan raro para mí; está matándome—. No te pongas extraño conmigo, lo estábamos haciendo tan bien. —Río débilmente. Él suspira pero me da una pequeña sonrisa torcida, su hoyuelo marcándose en su mejilla—. ¿Te veo el lunes? —pregunto.
—Hasta el lunes —dice y su mano se mueve, como si quisiera tocarme. Retira su mano y mi cuerpo duele por la pérdida.
Veo a Edward irse calle abajo y me quedo donde estoy aun después de que se haya ido, hasta que escucho a alguien carraspeando detrás de mí. Emmett y Rosalie están sentados en su porche, mirándome. Emmett luce completamente divertido, Rosalie parece intrigada.
—Lo siento —digo nerviosamente y Emmett me saluda.
Prácticamente corro a casa, mi rostro ardiendo en diferentes tonos de rojo.
Seguramente diré esto con todos los capítulos, pero éste es uno de los mejores. ¿Acaso no lo amaron? :´3
Muchas gracias por leer, por sus reviews y, por supuesto, a Yanina por betear :)
¡Hasta la próxima!
