DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a bicyclesarecool. Yo solo me adjudico la traducción.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)


Simple as This

Capítulo 7

—Es oficial —dice Alice, dejando caer su mochila en la silla junto a ella—. Mandé mi última solicitud mientras estaba en Estudio independiente. Todo depende de los dioses de la admisión ahora.

Le aplaudo desde mi propio asiento y ella hace una pequeña reverencia mientas Edward llega a la mesa. Su bandeja está llena de comida. Él siempre come lo suficiente como para tres personas; no sé dónde pone tanta comida.

—¿Qué sucede? —pregunta él, sonriendo con su usual sonrisa.

—Alice acaba de terminar su última solicitud —le digo, y Edward la felicita, su tono es alegre y sincero.

—¿Tú casi terminas? —me pregunta.

—Terminé hace un par de días —le digo mientras me encojo de hombros, él arquea sus cejas.

—También yo —dice felizmente.

Estamos a finales de noviembre y nuestra clase ya no quiere saber nada más del último año. La mayoría de las solicitudes ya se mandaron, las vacaciones de invierno se aproximan y nadie tiene ganas de hacer nada, en realidad. De todos modos, se siente una vibra de emoción por la escuela e incluso yo puedo sentirla. La señora Cope estaba tan emocionada por leer mis ensayos de admisión, habló de ellos por días, y me siento bastante segura de quedarme en algún lugar, quizá incluso en Northwestern. Edward y Alice me han estado apoyando sin cesar; Alice me ofrece demasiados comentarios positivos acerca de lo que escribo en los ensayos y me ayuda con el proceso de solicitud en sí, y yo hago lo mismo con ella. Soy una editora dura, pero creo que ella lo aprecia (cuando no está murmurando enojada cuando quito párrafos enteros). Edward me da dulces y una soda extra cuando se da cuenta de que no me siento bien. El gesto es amistoso, eso lo sé.

Pero luego hay veces en las que él pone su mano en mi codo más tiempo que el necesario, o su pierna roza la mía por debajo de la mesa del almuerzo y él no la mueve. A través de dos capas de ropa, siento el calor de su piel contra la mía y siento que estoy a punto de derrumbarme. Mi cuerpo ansía por estar más cerca de él, por tomar su mano o tocar el desastre que es su cabello con mis dedos.

Pero algo en mi pecho detiene mis manos. Cuando prácticamente muero por su piel como una estúpida adolescente, entro en pánico ante el pensamiento de perderle. Sé que está a punto de irse, se irá lejos y, quiero decir, aunque es probable que Alice se vaya al sur de California o Nueva York, sé que estaremos bien. Nuestra amistad es demasiado profunda. Hemos pasado por tantas cosas juntas; nuestras vidas están completamente entrelazadas.

Pero Edward es otra historia.

Él aún no me dice qué universidades ha solicitado. Es molesto pero también es increíblemente estresante. Es como si estuviéramos en una especie de limbo y no pudiera adivinar el siguiente paso. Por lo menos puedo poner donde estaremos Alice y yo en un mapa. Edward solamente está flotando en el espacio, dándome dolores de cabeza.

Y, honestamente, no debería importarme. Nos hemos convertido en una especie de amigos en estos meses y eso es todo. No hay nada que nos mantenga unidos, no es lo mismo que con Alice.

Pero hay algo que me hace sentir que sí lo es. Como si existiera esta cuerda que corre por mi pecho al suyo y siento como si tiraran de ella cuando él está cerca de mí y, constantemente, estoy en un estado de pérdida cuando él no está. No puedo lidiar con más pérdidas.

Sentada junto a él ahora, mi corazón está, prácticamente, ahogándose de emoción. Sus ojos están tan brillantes, como una luz resplandeciendo detrás del verde, mientras habla con Alice acerca de la próxima nevada, la primera de la temporada. Sus largos y pálidos dedos tamborilean sobre la mesa, hay manchas de tinta en su mano y hay algo de pintura por debajo de sus uñas. Eso es nuevo, nunca lo había visto pintar y, créanme, presto demasiada atención. Una de sus manos se mueve hacia su cabello y lo recorre con ella. Está demasiado largo, curvándose alrededor de sus orejas y su cuello.

Él me atrapa mirándolo y me dedica una sonrisa torcida.

—¿Qué? —pregunta. Siento como me sonrojo.

—Nada —digo—. ¿Cuándo se supone que comienza la nieve?

—El tipo de las noticias dijo que en la tarde pero, ¿cómo saberlo? —continúa Edward hablando y estoy escuchando pero Alice atrapa mi atención. Está mirándome, con la cabeza ligeramente inclinada y una mirada intrigada pero no dice nada.

Hablamos sobre la nieve y la posibilidad de salir temprano si el clima es tan malo, pero secretamente deseo que no suceda porque eso significaría no ver a Edward en Estudio independiente.

La campana suena y nos movemos hacia las puertas, Edward choca contra mí cuando un chico lo empuja por accidente. Él se queda detrás de mí, su mano está en mi codo para recuperar su equilibrio. Mi piel está por arder mientras siento su mano a través de la lana de mi suéter. Mis ojos van hacia donde sus dedos están en mi brazo, donde se quedan más tiempo del necesario. Lo miro y sus ojos están atrapados en los míos, la electricidad corre en nuestras miradas.

—Te veo luego —dice, su voz es más grave de lo usual. No puedo hacer que mi voz diga algo mientras él entra en un salón.

Alice y yo caminamos hacia Ciencias Políticas en silencio, pero sé que no será lo mismo una vez que lleguemos a nuestros lugares al fondo del salón.

Se mantiene en silencio, incluso después de habernos sentado. Llegamos temprano, el salón está casi vacío. Siento como me mira por el rabillo del ojo.

—Solamente dilo. —Suspiro. Ella exhala con profundidad.

—Estás tan enamorada de él que haces que me duela la cabeza —dice, y yo volteó para asegurarme que nadie la haya escuchado.

—¡Alice! —siseo. Ella sonríe—. No estoy… enamorada de él.

—Quizá, pero estás a punto de. —Suena tan segura y confiada de sus palabras. Mi corazón se acelera.

—No sabes de lo que estás hablando —murmuro, a pesar de que sé muy en el fondo que probablemente tiene razón.

—Déjate de mierdas, Bell. Tú le gustas. Está bien que él te guste. Te mira como si tú hicieras que él brillara, es difícil que eso no te guste.

Realmente no tengo una respuesta pero no la necesito porque el profesor llega pidiendo por nuestras tareas.

Durante toda la clase pienso en la acusación de Alice. Sé que es cierto; sería absurdo negar que me gusta Edward. Soy testaruda pero no estúpida.

El verdadero problema es qué hacer al respecto.

Lo que supongo que en realidad no será un problema porque sé que no haré absolutamente nada.

Ver: problemas de abandono.

Ver también: el fiasco de la fiesta de Halloween.

Alice no lo vuelve a mencionar porque sabe que no servirá de nada. Probablemente es capaz de ver cómo trabajan los engranes en mi cabeza durante la clase.

En Gimnasia, estoy tan distraída que, por accidente, golpeo a Jessica Stanley en el estómago con la pelota de voleibol y ella casi me asesina ahí mismo. Todos los demás se ríen.

Soy un desastre en el momento en el que llego a Estudio independiente. Edward ya está ahí, pero en lugar de estar dibujando, tiene una paleta de acuarelas junto a él y está añadiéndole color a unas gruesas y oscuras líneas que no recuerdo haber visto en su cuaderno de dibujos.

—Esto es diferente —le digo, sentándome. Él me mira, sonriendo.

—Solo experimento —contesta con facilidad, mezclando verde con azul en la paleta.

—¿Acaso no es eso para lo que sirve la universidad? —bromeo. Él pone los ojos en blanco pero su sonrisa no abandona sus labios. Olvido mi ansiedad previa, ni siquiera puedo recordar por qué estaba tan nerviosa de verlo. Estoy abrumada por la ola de felicidad que siento. Puedo dejar que mis hombros se relajen y respirar profundo porque Edward está aquí y todo está bien.

Pasamos el periodo como siempre lo hacemos, riéndonos del otro y hablando sobre mis proyectos, y cuando suena la campana, Edward me acompaña a mi casillero como lo hace todos los días.

Esta vez, parece dudoso mientras yo recojo todas mis cosas.

—Así que, eh, estaba pensando —comienza y lo miro.

—¿Sí? —le digo.

—¿Quieres venir? ¿A mi casa? ¿Para pasar el rato? —No creo haber visto tan nervioso a Edward como lo está ahora. Honestamente, es adorable.

—Oh, no lo sé, Edward —le digo suavemente, tratando de ignorar lo adorable que es. Estoy tan confundida, porque sí quiero ir con él. Mi corazón se siente como si quisiera salir de mi pecho ante el pensamiento de ir a su casa. Pero los nervios que revuelven mi estómago hacen que me retracte.

—Quiero decir, no es por presumir ni nada de eso, pero tengo como seis pizzas congeladas en el refrigerador y tengo un gran talento para precalentar el horno así que… —Su confianza había vuelto.

—¿Cómo se supone que le diga que no a eso? —pregunto débilmente.

—No tienes que decir que no, Bella. —Tan pronto como mi nombre abandona sus labios, estoy deshecha.

—Okay, de acuerdo —le digo, incluso aunque no estoy para nada segura.

—¿En serio? —Su felicidad es cegadora.

—Sí, solamente necesito decirle a Alice que no es necesario que me lleve a casa.

—Tengo que ir por mis libros. Te veo afuera.

No me toma mucho tiempo encontrar a Alice; está en su casillero, muy cerca de Jasper, ajustando el cuello de su chaqueta.

—Hey —digo cuando los alcanzo.

—Estaré lista en un minuto —dice Alice sin mirarme.

—De hecho —digo—, no necesito que me lleves hoy. Voy a casa de Edward. —Su cabeza gira tan rápido hacia mí que temo que vaya a salir volando de su cuello. Jasper me mira con las cejas arqueadas—. Como sea, los veo luego. —Me voy antes de que Alice pueda decir algo pero estoy segura que más tarde recibiré un muy largo correo de voz.

Edward me encuentra en la entrada de la escuela y caminamos hacia su auto. Ya ha nevado y el suelo está muy resbaloso. Casi me he caído dos veces para cuando él hace que me agarre de su brazo. Pasamos junto a Lauren y Rosalie en nuestro camino y veo cómo Lauren le susurra algo a Rosalie, su boca curvándose en una mueca de burla. Rosalie la ignora y me dedica una pequeña sonrisa.

Estoy demasiado sorprendida como para sonreírle de vuelta.

Edward abre la puerta para mí y su auto es un desastre. El asiento trasero está lleno de sudaderas y CD´s. Éstos también están en el suelo del asiento del pasajero y él rápidamente los quita para que pueda sentarme. Enciende la calefacción, por lo cual estoy agradecida, porque mi rostro está ardiendo por el helado viento de afuera.

Pone música mientras salimos del estacionamiento. Es alguna canción de rock alternativo que Edward está cantando acerca de películas tristes y tragos en la noche. Tiene una linda voz, se mantiene afinado y es muy cálida. Me siento cómoda en su auto. Veo la nieve caer en gruesos y húmedos copos, el suelo está cubierto de ellos pero las carreteras no están en tan malas condiciones.

Edward vive en el lado del pueblo opuesto al mío, donde las más grandes y lindas casas se encuentran más cerca del río. Su calle no está tan llena como la mía, solamente hay algunas otras casas más. Se estaciona en la entrada de una simple casa de ladrillo con un amplio porche principal. Hay persianas azules en todas las ventanas y la puerta principal es de un color rojo intenso.

—Mamá está en casa, puede que te haga un millón de preguntas, solo es una advertencia —dice casualmente, pero siento los nervios en mi pecho.

Entramos por el garaje, limpiando un poco la nieve de nuestras botas para no arrastrarla dentro de la casa. La cocina es lo primero que veo, brillante por la luz del día y oliendo como velas; los estantes son blancos y se ven relucientes contra unas paredes cálidas y oscuras. Una mujer está sentada en la mesa, suspirando en el teléfono y masajeándose las sienes. Asumo que es Esme Cullen porque su cabello es del mismo tono que el de Edward, amarrado elegantemente en su cabeza. Voltea a vernos cuando Edward cierra la puerta tras nosotros y sonríe. Ella también tiene los mismos hoyuelos.

Edward deja sus cosas en una barra en el centro de la cocina antes de tomar mi mochila y abrigo para hacer lo mismo. Esme está terminando su conversación mientras Edward saca una pizza de queso del refrigerador.

—Hola, mamá —dice Edward, precalentando el horno. Tomo una profunda respiración—. Ella es Bella.

—Es bueno conocerte, Bella —dice amablemente—. He escuchado mucho de ti.

—Cosas buenas, espero —le digo, mirando a Edward. Él sonríe cuando mi voz tiembla.

—Solo lo mejor —me asegura. Le sonrío con cautela. Soy pésima con las madres. Puedo hablar con hombres de mediana edad acerca de la pesca y el fútbol durante todo el día, pero pónganme en una habitación con una madre y soy un completo desastre. Creo que puede ver que estoy un poco incómoda y espero que no la esté ofendiendo.

—Así que, ¿te gusta el arte, como a Edward? —me dice, mirándolo para asegurarse que está en lo cierto. Él asiente.

—Sí, señora —contesto—. Pero solamente en la historia, no soy tan talentosa para hacerlo. —Edward ríe fuertemente.

—Es verdad, es terrible —agrega él, y Esme le lanza una mirada.

—No puedo discutir eso con él —digo y mi voz es clara, me siento en confianza. Cómoda, incluso porque Edward está sonriéndome. Esme me pregunta acerca de artistas que me gustan y ella conoce algo de ellos. Puedo hablar de arte por siempre con quien sea. El horno suena mientras Esme me pregunta acerca de la universidad.

—Sí, realmente me gustaría ir a Northwestern —le digo con un encogimiento de hombros, probablemente crea que estoy loca. Sus cejas se alzan.

—Oh, ¿en serio? ¿Te dijo Edward que…? —Pero él la interrumpe, sosteniendo la pizza terminada en sus manos y caminando hacia mí.

—Iremos abajo a ver televisión —dice Edward con rapidez, abriendo una puerta con su mano libre. Esme luce enojada.

—Bueno, no estaré tanto en su camino —dice amablemente, más hacia mí—. Fue muy bueno hablar contigo, Bella.

—Igualmente —le digo, y sigo a Edward a través de la puerta y las escaleras. Me encuentro en un pequeño sótano, las paredes pintadas de un color cálido como en la cocina. Hay un viejo sofá y una mesa de café en el centro de la habitación, frente a una gran televisión. Bajo las escaleras y, a mi derecha, hay una pared entera de repisas llenas de CD´s y discos de vinilo. En la repisa central se encuentra un modesto reproductor de discos.

—Wow. —Suspiro porque verdaderamente es sorprendente—. ¿Son todos tuyos?

—No todos —me dice—. La mayoría, pero los viejos son de mi papá.

Asiento y camino hacia las repisas, mirando los títulos. Reconozco algunos de los más viejos.

—¿Quieres poner uno? —pregunta y de repente está muy cerca de mí. Puedo sentirlo detrás de mí, su respiración en mi piel. Asiento y tomo uno con una portada negra. No tengo idea de qué sea y él está tan cerca que siento que si tomo un paso atrás, estaría presionada contra él. Toma el disco y se mueve para ponerlo. Veo como el cabello cae sobre sus ojos mientras él mueve la ajuga donde es necesario.

La canción comienza muy suave, solamente con la música de una guitarra. Es muy liviana, lo siento en mis pulmones. Una voz de chica comienza a cantar muy suavemente y me giro hacia Edward, él está mirándome tan intensamente como lo hizo en el almuerzo. Todo es demasiado. En extremo demasiado.

—Así qué, ¿te quedó bien la pizza? —pregunto, mi voz está ronca. Él parpadea pero se recupera con rapidez.

—Tú dime. —Sonríe y nos movemos al sofá. Me siento, doblando las piernas debajo de mí, y tomo un pedazo de pizza. Él se estira junto a mí, pero no tan cerca como para tocarme. Doy un mordisco a la pizza.

—En verdad eres bueno para precalentar hornos —digo. Él se ríe y es casi como si la energía de hace un rato la hubiéramos hecho a un lado. No se ha ido, porque no creo que en algún momento se vaya cuando estoy con él, pero está a la distancia, esperando por otro momento. Pero ahora, hablo con Edward de la pizza y me río de sus chistes y simplemente estoy muy feliz de estar cerca de él. Cuando el disco termina, Edward enciende la televisión y vemos malos reality shows. Puedo escuchar a Esme caminando por la cocina pero en ningún momento baja con nosotros.


Edward me lleva a casa unas horas después, la patrulla de Charlie aún no está en la entrada. Él encuentra en el radio una canción que me sé y me hace cantarla a todo volumen y se ríe de mí cuando desafino. Canto más fuerte y más fuerte.

Cuando lo veo marcharse desde la puerta de mi casa, siento como si hubiera despertado de un sueño. Mi vestíbulo está oscuro, las paredes están blancas y desnudas, no son cálidas como las de la casa de Edward. Pero en lugar de correr a mi habitación como normalmente hago, enciendo las luces y el radio. Comienzo a cocinar algo para papá, cantando suavemente lo que sea que está sonando. Mi teléfono vibra, no lo he checado en toda la tarde.

Hay tres mensajes de Alice:

¡Tienes algunas explicaciones que dar!

¿Aún estás con él? ¡Llámame cuando llegues a casa!

Usa protección ;)

Pongo mis ojos en blanco ante sus mensajes; no la llamaré de inmediato. Seguiré flotando en este momento por un rato más.

El nuevo mensaje es de Edward.

Si hay más nieve mañana, tengo dos trineos y más pizza.

Le escribo de vuelta.

Ahí estaré.


¿Qué les pareció el capítulo?

Les adelanto que el siguiente es muy, muy, MUY bueno ;)

Como siempre, gracias por leer, a Yanina por betear y no se olviden de dejar sus reviews con sus opiniones :)

¡Hasta la próxima!