DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia abicyclesarecool. Yo solo me adjudico la traducción.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)
Simple as This
Capítulo 8
—Edward, necesito que te alejes cinco pasos de mí y que me dejes ver tus manos. No bromeo —grito, pero aun así él se acerca a mí, con sus manos aún detrás de su espalda. Sus ojos son traviesos, sus mejillas están rojas por el frío.
—Edward —le advierto, retrocediendo un poco y cubriéndome el rostro. Demasiado pronto, él está frente a mí, dejando caer una bola de nieve sobre mi cabeza y riendo con demasiada satisfacción que podría jurar que tiene ocho y no dieciocho años. La nieva está cayendo por mi espalda y grito por la sensación en mi piel. Ajusto la bufanda en mi cuello y me aseguro de que mis guantes estén bien colocados en mis manos. Edward se está alejando de mí, escondiéndose detrás de unos árboles al borde de su jardín. Me agacho y comienzo a recoger la mayor cantidad de nieve que puedo antes de correr en su dirección tan rápido como mis botas puedan llevarme. Él está frente a mí, a aproximadamente diez yardas de distancia, jugando con una gran bola de nieve entre sus manos y sonriéndome. Estoy corriendo y corriendo y corriendo hasta que ya no lo estoy haciendo más. Estoy cayendo, mi bota se atoró con algo debajo de la nieve y mi rostro se estrella en la bola de nieve hecha para Edward. Él está muerto de la risa mientras yo escupo nieve de mi boca, sacudiéndola de mis ojos al sentir el hielo picar mi piel. Y luego él lanza su bola de nieve, la cual me golpea en el brazo derecho.
—¿Ya terminaste? —le digo.
—Sí, vamos a limpiarte, campeona. —Me ayuda a parame y comienza a sacudir la nieve de mi ropa por mí, lo cual es bastante inocente pero todo en lo que puedo pensar es en sus manos recorriéndome en un escenario diferente.
Es el primer lunes de las vacaciones de invierno, a mediados de diciembre. Hemos estado saliendo regularmente después de la escuela durante las últimas semanas pero éste es nuestro primer día sin clases que pasamos juntos. Alice y Jasper nos acompañan algunas veces; ocasionalmente todos estudiamos juntos o vamos a Port Angeles para ver una película. Sin embargo, hoy no hay ninguna presión para irme, para hacer tarea, para hacer cualquier cosa. Edward llegó a mi porche esta mañana, todo abrigado y con demasiada energía, y me dijo que tomara mis ropas invernales.
Lo que nos lleva aquí: mojados, entumecidos y riéndonos como maniacos.
Edward me deja en la cocina, hablando con Esme acerca de los planes para las fiestas mientras él va a buscarnos ropa seca. Mi Navidad generalmente consiste en papá haciendo jamón, lo único que en verdad sabe cocinar. Yo hago papas, salsa y algunos pasteles. Vemos Qué bello es vivir y él se duerme temprano, lleno por la comida. Es la única tradición que tenemos que realmente no ha cambiado, excepto que yo hago la comida que mamá debería hacer. Ella solía llorar durante todo el final de la película y yo siempre me burlaba de eso.
—Tenemos planes de visitar a mis padres en Chicago mañana. Si el clima coopera, deberíamos estar de vuelta para la víspera de Año Nuevo —dice Esme, sonando demasiado aliviada. Recuerdo que Edward mencionó su viaje la semana pasada, parecía muy emocionado al respecto.
—¿Lo extraña demasiado? —pregunto, quitándome mis botas y guantes.
—A veces. —Suspira—. Pero, no me malentiendas, también me gusta aquí. Es un cambio agradable. Mi esposo está tan feliz de haber vuelto.
—Me alegro —le digo. Me he encontrado al señor Cullen algunas veces. Siempre parece estar demasiado ocupado pero es amable. Sus ojos son brillantes como los de Edward, pero los de él son más grises que verdes.
—Al principio estaba preocupada por Edward —dice—. No tenía demasiados amigos en Chicago pero parece haber encontrado algunos buenos por aquí.
Estoy sorprendida, por supuesto. Edward es electrizante; siempre estaría rodeado de personas si él lo permitiera. Siento una calidez extenderse por mi pecho cuando me doy cuenta de que soy una de las pocas afortunadas.
Él llega en ese momento, su cabello aún está revuelto y húmedo, y está usando unos jeans viejos y un suéter holgado. Está cargando una pila de ropa y me la ofrece.
—Espero que estás por lo menos te queden —dice con inseguridad. Le agradezco y me retiro hacia el baño, lista para quitarme toda esta ropa mojada.
De inmediato me las pongo, una sudadera con el logo de los Chicago Cubs y un pantalón deportivo que tengo que doblar para evitar que se arrastre por el suelo alrededor de mis pies. Incluso me trajo un par de calcetines gruesos. Estoy abrumada por el aroma de la ropa, huele a chico, a jabón, árboles y Edward. Estoy en el cielo y quisiera poder describir la emoción que me rodea pero no encuentro las palabras para hacerlo. Simplemente es.
Tan pronto como regreso a la cocina, Esme toma mis ropas mojadas para secarlas. Edward está concentrado en su teléfono, sentado en la mesa pero cuando alza la mirada hacia mí, puedo ver cómo inhala, sus mejillas sonrojándose ligeramente. Me siento insegura hasta que él sonríe tan intensamente que casi le sale un hoyuelo en la otra mejilla.
Vamos al sótano y jugamos Monopoly, aunque pasamos más tiempo discutiendo sobre él en lugar de jugar el juego. Me siento como un niño hoy, con las peleas de nieve y los juegos de mesa. No he hecho nada similar en mucho tiempo y extraño sentirme tan ligera como lo hice cuando era niña, mucho antes de que mamá se fuera y las cosas se volvieran tan complicadas.
Eventualmente abandonamos el juego y nos movemos al sofá. Hemos superado la cautelosa distancia que compartíamos la primera vez que vine aquí. Dejo caer mis piernas en el regazo de Edward, estirando mis brazos sobre mi cabeza. Él suspira con suavidad y se recarga sobre sus codos.
—Así que… estaré de vuelta para Año Nuevo —comienza. Espero a que continúe hablando—. Tyler va a dar una fiesta. Podría ser divertido. Si quieres ir… quizá… ¿podríamos ir juntos?
Lo miró con escepticismo.
—Alice y Jasper también irán. Un montón de gente lo hará —dice después de un corto silencio, sintiendo mi duda.
Le sonrío, porque sabe lo que necesito. ¿Cómo podría decepcionarlo? ¿Cómo siquiera querría hacerlo?
—Iré —le digo, y oh, su sonrisa es tan encantadora. Siento el calor correr por mis venas—. Oh y nunca te voy a devolver estas ropas —bromeo, hundiéndome más en la sudadera. Él se ríe con suavidad.
—Está bien, se ven mejor en ti de todas maneras. —Siento mis mejillas sonrojarse ante la sinceridad que se esconde debajo de su tono juguetón.
—¿Puedo llamarte? ¿Cuándo esté en Chicago? —pregunta.
—Es un país libre —le digo.
—Eres tan molesta —me responde pero sonríe, ampliamente y todo por mí.
—El vuelo se retrasó —se queja Edward en el teléfono. Ni siquiera se molesta en saludar.
—Intento sentirme mal por ti, pero me despertaste. Son solo las seis de la mañana, Edward.
—No voy a disculparme por eso, dijiste que podía llamarte.
—Sí, cuando estuvieras en Chicago. No en Seattle.
—Bien, supongo que iré a ahogarme en el café del Starbucks del aeropuerto.
—Eres tan melodramático, ten un vuelo seguro. —Él murmura algo y cuelga el teléfono. Vuelvo a dormir casi de inmediato.
—OFICIALMENTE ESTOY EN CHICAGO —grita Edward del otro lado de la línea. Alejo el teléfono de mi oreja y Alice me mira con las cejas alzadas. Hemos estado en mi sofá durante toda la tarde, llorando por Realmente Amor y Bridget Jones.
—No creo que la gente en Australia te haya escuchado —le digo y se ríe. El sonido me golpea en una ola de felicidad.
—Mi teléfono está muriendo así que realmente no puedo hablar, solo quería decir hola —dice, es difícil escucharlo con todo el ruido de fondo. Asumo que todavía se encuentra en el aeropuerto.
—Bueno, hola —le digo, sonriendo.
—Hola, Bella. Te llamo mañana —dice y cuelga. Alice sigue mirándome, sonriendo con suficiencia. Ella sabe que algo pasa entre Edward y yo, aunque le sigo insistiendo que solamente somos amigos. Porque lo somos.
Solo amigos.
—Te compré algo hoy —me dice Edward.
—¿Oh, sí?
—Sí y es increíble, mejor que los diamantes y un auto nuevo juntos.
—Edward —le digo sin emoción.
—Solo bromeo, por Dios. No es demasiado, supongo. Solo pensé que era genial.
—Estoy segura que lo es —le aseguro—. También tengo algo para ti.
Él pasa el resto de la conversación preguntándome qué es hasta que finalmente le cuelgo. Miro el paquete envuelto en mi buró, sintiéndome satisfecha.
—Whoa, espera… ¿estás llorando? —dice Edward después de que contesto el teléfono. Es tarde aquí en el día de Navidad, así que no puedo imaginar qué hora es en Chicago. ¡Qué bello es vivir! acaba de terminar y papá está roncando con fuerza en su silla.
—Sí —sollozo porque comienzan a cantar una canción que me llena de emoción. Le explico eso a él y él se ríe y se ríe y se ríe.
—La dura Bella Swan está llorando por una película de Navidad —jadea—. No puedo creerlo.
—No soy dura —susurro—. Y es una escena muy conmovedora.
—Sé que lo es, yo también lloro cada vez que la veo —dice.
—¿Entonces por qué te burlas de mí? —lloro mientras apago el televisor y despierto a papá para que vaya a dormir a su cama. Siempre que pasa la noche en esa silla despierta con un dolor en el cuello.
Cuando estoy arriba, le pregunto a Edward si tuvo una feliz Navidad.
—Oh, sí, mi abuela hizo la mejor cena y no me hagas empezar a hablar del postre.
Dejo que su voz me arrulle para dormir, como lo ha hecho la mayor parte del tiempo que ha estado lejos. Papá me regaló un montón de libros nuevos, todos los había estado esperando, pero no necesito uno ahora.
El día antes del regreso de Edward, checo de manera obsesiva el clima entre Chicago y aquí. Supuestamente, no hay ninguna tormenta de nieve fuerte pero aun así me preocupo. Y estoy tan ansiosa. Aunque hemos estado hablando constantemente, lo extraño. Lo hago, en verdad. Extraño verlo reírse de mí y extraño pretender que estoy enojada cuando se come la última rebanada de pizza.
—Estaré en casa mañana —dice en un susurro. Presiono el teléfono contra mi oreja con mayor fuerza. Es tarde, él se está quedando dormido.
—Bien —respondo, sintiéndome pesada ante el tono suave de su voz—. Te extraño —susurro con demasiada suavidad que no estoy segura de que me haya escuchado.
—También te extraño —dice, su voz es más clara que la mía. Más segura de sus palabras.
—Alice —grito cuando la veo subir las escaleras hacia mi habitación. Se supone que debemos irnos a la fiesta de Tyler en una hora y ella se ve fabulosa, solamente con un vestido negro y mallas oscuras. Quiero desaparecer en la sudadera de Edward. No tengo nada que ponerme—. Vísteme —le ruego y creo que ella llora un poco.
—Pensé que este día jamás llegaría. —Pero en serio, hay demasiada emoción en su voz en estos momentos, las lágrimas no deben de estar muy lejos.
Ella comienza a trabajar, hurgando entre mi closet y tocador, haciendo comentarios para ella mientras me siento en mi cama, mirándola con nerviosismo. Finalmente escoge un vestido que había olvidado que tenía. Es rojo y parece un gran suéter, excepto que se ajusta a mi cintura, la cual ella resalta con un cinturón que saca de su bolsa. Me tiene unas mallas y unos zapatos negros.
—Hago buenos trabajos —murmura una vez que estoy vestida. Dejo que arregle mi cabello y me maquille y me siento tan bonita. En verdad hace un buen trabajo.
—¿Tu novio nos encontrará allá? —le pregunto y ella ríe sin parar. Alice y Jasper han sido una pareja oficial desde hace tres días. Ella toca el collar en su cuello, una simple cadena de plata con un dije, una flor plateada envuelta alrededor de una pequeña perla. Un regalo del novio.
—Sí —se ríe—. Así que debemos irnos.
Mi corazón late con fuerza. Veré a Edward en menos de veinte minutos.
No es que esté contando o algo parecido.
La casa de Tyler está en un lindo vecindario, como el de Edward. Es grande y está tan iluminado como un árbol de Navidad para cuando llegamos a su calle, aunque terminamos estacionándonos una cuadra después porque ya hay mucha gente allí.
Alice y yo estamos aturdidas y sin respiración, casi congeladas por el frío mientras caminamos tan rápido como podemos hacia la casa. Son en momentos como estos en los que mi corazón me duele por las cosas que no compartiremos el siguiente año. No sé lo que voy a hacer sin ella.
Ella revisa su teléfono y me enseña un mensaje de Jasper. Él y Edward ya están adentro. Están esperándonos. Caminamos aún más rápido por el suelo helado, riendo y riendo y riendo.
La casa está llena, la gente está paseando y bailando y hay tanta felicidad y emoción en el aire que la siento en el pecho y casi en mis pulmones.
Porque ahí, en la sala de estar, está Edward Cullen con su cabello imposiblemente desordenado y una camisa oscura metida dentro de esos pantalones oscuros que siempre utiliza. Las mangas están dobladas por encima de sus codos y él está sonriendo, oh está sonriendo porque sus ojos encontraron los míos y siento como un sonido se escapa de mi garganta.
Alcanzamos al otro rápidamente y me envuelve en un abrazo, sus brazos rodeando mi espalda con fuerza. Estoy tan sorprendida con la acción que no respondo de inmediato, pero me siento tan cálida y envuelvo mis brazos alrededor de su cuello. No puedo estar lo suficientemente cerca.
Cuando nos separamos, me dedica mi sonrisa favorita.
—Wow —dice y siento sus ojos sobre mí, moviéndose sobre mi vestido, mis piernas. Me sonrojo furiosamente pero Edward no me deja caer dentro de mí misma para sobre analizar sus palabras. En su lugar, toma mi mano fría, que quema contra la calidez de la suya, y me lleva con Alice y Jasper. Algo ha cambiado en su conducta, como si no estuviera conteniéndose más, si es que alguna vez lo hizo.
—¿Quieren jugar cartas? —pregunta Jasper y comienza a buscar un espacio en otra habitación para sentarnos y jugar eucre, para lo cual soy terrible. Edward es mi pareja y pasa la mayor parte del tiempo quejándose de mí. Emmett y Rosalie llegan en algún momento y hablan con nosotros una vez que termina el juego. Alice y Jasper desaparecen porque Alice le está rogando que baile con ella y él no puede decir que no, se puede deducir por la manera en que la ve. Emmett comienza a alejar a Edward para conseguir bebidas y mostrarle cosas relacionadas al deporte que el padre de Tyler mantiene en un aparador de cristal.
—Enseguida vuelvo —grita Edward sobre su hombro, Emmett ya lo está jalando. Rosalie está recargada en la pared junto a mí, con una botella de agua en la mano y su típica expresión de aburrimiento en el rostro.
—¿Tuviste una buena Navidad? —pregunto porque siento que debo hacerlo. Ella me sonríe. En verdad sonríe.
—Sí, fue muy buena. ¿Tú?
—Estuvo bien —le digo, tratando de no lucir completamente confundida por esta conversación. Nos mantenemos en silencio por un rato hasta que Rosalie habla de nuevo.
—Así qué, ¿tú y Edward, eh? —Me sonrojo, por supuesto.
—Oh, solo somos amigos —le digo, sintiendo que ya he usado demasiado esa frase. Ella se ríe por un momento.
—Okay —dice, alargando la palabra. Estoy molesta por su escepticismo.
—¿Qué? —pregunto cohibida.
—No lo sé, quiero decir, Edward realmente no habla con nadie y parece que nunca puede dejar de hablar cuando está contigo. Es raro. —Es mi turno de reír ahora.
—Estás bromeando, ¿verdad?
—Nope. Lo conozco de hace algunos años. Es amigable y todo pero supongo que es algo reservado.
—En serio —le digo porque no sé qué más hacer.
—Le gustas —dice, su tono es preciso. Ella no me mira; mantiene su mirada concentrada en la fiesta. Comienzo a murmurar una excusa para explicar lo ridículo que suena eso y ella alza una mano para detenerme pero hablo de todas maneras.
—Oh, no creo que… —Pero ella me interrumpe.
—No trato de hacer esto raro. Me agradas, Bella. Eres amable y haces feliz a mi amigo. No te reprimas solo porque estás asustada. —La miro boquiabierta, tratando de recomponerme porque Edward está caminando hacia nosotras con Emmett, riéndose fuertemente como si nada hubiera pasado aquí en esta pequeña esquina conmigo y Rosalie Hale.
—Es casi medianoche —me dice alegremente, tendiéndome una lata de Coca Cola que nunca le pedí, solamente la trajo.
Lo miro, sosteniendo la bebida en mi mano y estoy tan abrumada con las emociones que estoy convencida de que estoy a punto de llorar por una Coca Cola.
—¿Todo está bien? —pregunta preocupado. Su ceño se frunce y mechones de cabello caen en su frente cuando se inclina más cerca hacia mí. Tomo una temblorosa respiración.
—Sí, solamente necesito un poco de aire. —Así que él me guía a través de la cocina hacia el patio. Hace demasiado frío para que alguien esté aquí afuera, está oscuro y el ruido de la fiesta casi no se escucha.
—Siento lo de antes, sé que Rosalie es algo… chocante —dice riéndose. Lo miro y su sonrisa desaparece. Enderezo mis hombros y puedo ver que la gente comienza a juntarse dentro de la casa, Tyler está sosteniendo un gran reloj digital. 11:59.
—Rosalie dice que te gusto —le digo, y él se congela por un segundo pero no se perturba demasiado.
—¿Y? —pregunta.
—Bueno, ¿es así?, ¿te gusto? —Él se acerca un paso más a mí. «Retrocede», mi mente grita pero yo no. Me quedo justo en donde estoy, a solo un paso alejada de él. No sé por qué pero recuerdo las palabras de Rosalie. Ella cree que estoy asustada, bueno no lo estoy. Estoy paralizada porque Edward es demasiado bueno para mí, en el fondo de mi alma sé que lo es. Si él confirma las palabras de Rosalie, no seré capaz de detenerme, me lanzaré sin pensar hacia el dolor porque, Dios, me mira con esos ojos de bosque y siento que me voy a consumir en mi propia piel. Él está mirándome ahora, su mirada sostiene la mía con tal intensidad que no puedo respirar, y mis pulmones están ardiendo por toda la energía que hay entre nosotros. Por una vez en mi maldita vida, voy a hacer algo. No me esconderé detrás de mi investigación y mis artistas, voy a tomar esta oportunidad porque justo ahora, con este chico acercándose más a mí, se siente correcto.
Si dice que sí.
Y lo hace.
La palabra deja sus labios con firmeza, su voz elevándose a través de la cuenta regresiva de adentro.
Diez segundos para la medianoche.
Nueve, ocho, siete, seis.
Cierro la distancia entre nosotros, sus manos se mueven a mi cuello; se entrelazan en mi cabello. Alzo mi cabeza; mis huesos anhelan por él, su cálida respiración está en mi piel.
El reloj de adentro cambia a las doce y todos están celebrando y brindando y Edward me acerca más a él en este patio oscuro, mis ojos están cerrándose.
Sus labios tocan los míos con suavidad al principio, pero sus manos tiran de mi cabello y yo me presiono contra él, la barba en su rostro raspa contra la piel suave de mi mejilla y necesito ahogarme en él, nuestras bocas trabajan más rápido y con mayor urgencia, como si estuviéramos hambrientos del otro.
Cuando nos separamos, él presiona su frente contra la mía. Respiramos pesadamente, jadeando por aire.
—¿Eso estuvo bien? —pregunta con cautela y sé que no está hablando de su técnica.
No estoy segura, pero lo beso de nuevo.
Y eso es suficiente por ahora.
No sé ustedes... pero yo amo por completo a estos muchachos :3
En verdad espero escuchar sus opiniones en sus reviews, acepto que me olvido por completo de responderlos, pero eso no significa que no los lea y aprecie cada uno de ellos :')
Mil gracias por leer y a Yanina por el beteo :)
¡Hasta la próxima!
