DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a bicyclesarecool. Yo solo me adjudico la traducción.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)
Simple as This
Capítulo 9
—Deberíamos volver adentro —suspira Edward.
—No quiero —me quejo en voz baja.
—Te estás poniendo azul —señala, y tengo que admitirlo, me estoy congelando aquí pero no quiero volver a la fiesta. Solamente quiero besarlo en la oscuridad por un millón de años más.
—Edward —me quejo mientras él me lleva hacia dentro, mis piernas están entumecidas y sus dientes castañean.
—Te llevaré a casa —dice cuando atravesamos la puerta. La gente aún está bastante animada por la alegría del nuevo año y aunque todo el ruido que hay no es agradable, el calor que la casa produce sí.
Alice nos encuentra, un poco más ebria que la última vez que la vi. Está con Jasper y tiene una gran sonrisa en el rostro.
—Amo la víspera de Año Nuevo —canta y Jasper la mira, feliz.
—Edward va a llevarme a casa —le digo y no estoy segura si mi rostro está rojo o si en verdad es así de buena, pero sus ojos se entrecierran y su sonrisa me dice que lo sabe todo.
—Desayunaremos juntas mañana —dice.
—Sí, jefa —contesto y ella agita su mano, despidiéndome a manera de broma, como solo Alice lo hace. Edward me lleva a la puerta principal, su mano está en mi espalda y yo envuelvo mis brazos a mi alrededor para el frío de afuera.
Es brutal y ambos estamos temblando, así que Edward me acerca hacia él y yo comienzo a reír como una maniaca porque estoy tan contenta pero también estoy a punto de congelarme hasta la muerte.
—Te ofrecería mi abrigo —dice Edward—, pero no traje ninguno. Realmente lo siento. —Me rio aún más.
—Edward Cullen es todo un caballero —digo hacia nadie en particular. Las calles están oscuras y el suelo resbaloso. Todo está en silencio y el aire es tan puro. Quiero gritar hacia la noche acerca de Edward y ver el sonido dejar mi boca en una nube de vapor.
En su lugar, me volteo rápidamente hacia él, haciendo que casi perdamos el equilibrio pero nos las arreglamos para mantenernos de pie mientras lo acerco hacia mí para besarlo. Sus brazos se enredan alrededor de mi espalda y nos movemos juntos, bruscamente y sin respiración, antes de que él me levante del suelo por un segundo. Puedo sentirlo sonreír contra mis labios cuando me baja.
—Aún no puedo creer que esté besándote —dice—. Jamás pensé que podría hacerlo.
—Cállate, Edward —me rio, avergonzada a pesar de que siento una punzada en el pecho, como si pudiera volar en cualquier momento.
—Es la verdad —murmura, aún sonriendo.
Me besa de nuevo en su auto, una vez que la calefacción está encendida y que ambos estamos agradecidos por eso. Sus manos recorren mis brazos y mis dedos se enredan en su cabello. Ese maldito cabello termina hecho un completo desastre y estoy satisfecha al saber que fui yo la que lo hizo.
—Eres tan nerd —me dice como si supiera por qué estoy tan orgullosa.
—Qué bien —es todo lo que puedo decir porque él vuelve a besarme.
Alice ya está terminando con sus huevos mientras yo sigo cortando mis hotcakes en pedazos infinitamente pequeños, rehusándome a hablar hasta que haya terminado de comer. Ella prácticamente está vibrando de la ansiedad por escuchar de mi noche. Se la estoy poniendo difícil porque quiero mantener a Edward para mí por un rato más, pero también es muy divertido jugar con ella.
—Bella Marie, te juro por Dios —me amenaza. Tomo un pequeño pedazo del hotcake y lo sumerjo lentamente en la miel, batiendo mis pestañas inocentemente—. Puedo llamarle a Edward y preguntarle —dice altaneramente. Alzó una ceja—. Él me dirá, tenemos una buena relación.
—Estoy segura —le digo, el sarcasmo siendo evidente en mi voz. Ella saca su teléfono y realmente presiona la tecla de llamada al lado de su nombre. El timbre suena una vez antes de que lo tome de su mano y termine la llamada tan rápido como puedo—. Estás demente —resoplo ante su mirada retadora. La imagino sacando un segundo teléfono de su bolsillo y llamándolo de nuevo.
—Habla —me dice y yo suelto un suspiro resignado.
Así que le relato los eventos de la noche pasada, empezando con mi conversación con Rosalie y Alice se muestra perpleja. Prácticamente escupe su jugo de naranja hacia mí.
—¿Hablas en serio? ¿Ella dijo eso? Oh por Dios, Bell, ¿quién eres? —Pongo mis ojos en blanco hacia ella.
—¿Vas a dejarme hablar o qué? —Ella cierra sus labios para que pueda seguir hablando pero exclama "ooh" y "aww" durante toda la historia, para cuando llego al final, está cubriendo su boca pero sus ojos brillan—. Él me llevó hasta la puerta y estábamos besándonos cuando de repente la luz del porche se encendió, fue traumatizante. Edward prácticamente corrió de vuelta a su auto. —Me río. Aún puedo verlo, deslizándose por el camino cubierto de hielo, lanzándome una gran sonrisa antes de meterse al auto.
—¿Qué hizo Charlie? —jadea ella, sus ojos están muy abiertos pero una sonrisa está en sus labios.
—Estaba dentro, con los brazos cruzados. Su rostro era casi púrpura. Me dijo que me fuera a la cama. Eso fue todo. Fue tan vergonzoso pero también gracioso —digo, y ella se echa a reír frente a mí.
—Pobre Charlie —es todo lo que puede decir.
Nos reímos un rato más y Alice me cuenta acerca de su noche, de lo maravilloso que es Jasper y lo feliz que la hace. Pero eso ya lo sabía, puedo ver que la felicidad irradia de su piel.
—Creo que podría dormir con él —dice, revolviendo su bebida con el popote.
—¿Qué?
—Él tampoco lo ha hecho —dice, encogiéndose de hombros—. Lo amo, de todas maneras.
—Bueno. —Le sonrío y ella trata de mantenerse calmada pero está sonriéndole a su jugo.
—Creo que debería presentarme oficialmente con tu padre —dice Edward con firmeza. Estamos sentados en su sótano y sus manos están acariciando la piel debajo del dobladillo de mi suéter.
—Creo que esa es la peor idea que has tenido. —Mis dedos están en su cabello, desordenándolo aún más.
—Quiero decir, si voy a estar por tu casa más tiempo, en algún momento nos vamos a encontrar, es mejor de esta manera. Más amable.
—¿Quién dice que te quiero por mi casa? —bromeo y él me frunce el ceño, haciéndome cosquillas en los costados y yo me muevo debajo de él—. ¡Detente! —grito.
—Solo si puedo conocer a tu padre —dice, moviendo sus dedos más rápido. Me río tan fuerte que no puedo respirar.
—¡Bien! ¡Bien, bien, bien! Puedes conocer a mi padre, ¡detente! —le ruego y finalmente se detiene, jadeo por aire y él está sonriendo de una manera tan arrogante que quiero quitársela a golpes—. ¿Cuándo? —Suspiro.
—El viernes, cuando tengamos una cita.
—Oh, ¿tendremos una cita? —Alzo una ceja hacia él, su confianza flaquea por un momento.
—A menos que, ¿estés ocupada? —Su incertidumbre me hace reír.
—No lo sé —digo con rapidez—. Tengo un calendario social bastante apretado. Otros chicos tratan de salir conmigo.
—Bella —dice severamente.
—Bien, pasa por mí a las seis.
El Viernes, estoy tratando de leer uno de los libros que papá me regaló en Navidad, sobre la historia del Louvre. Edward puede llegar en cualquier minuto y estoy sentada en la cocina tratando de no desesperarme. Charlie está frunciéndole el ceño a la televisión en la otra habitación, temiendo este encuentro tanto como yo.
Cuando le dije que hoy tenía una cita, sus ojos inmediatamente se fueron a la funda de su pistola, colgada al lado de la puerta principal.
—Papá —le advertí—. Él quiere conocerte.
—Quiere hacerlo —dijo inseguro—. ¿Vale la pena conocerlo?
—Yo, um, creo que sí. —Él asintió bruscamente y ese fue el final de la conversación.
Reviso mi teléfono por la que parece ser la centésima vez en dos minutos. Edward me dijo que me mandaría un mensaje cuando viniera en camino. Eso fue hace cinco minutos.
El timbre suena y siento que voy a vomitar.
—¡Yo abro! —grito, y Charlie continúa frunciendo el ceño. Cuando abro la puerta, Edward está sonriéndome, con sus manos en los bolsillos y su cabello menos revuelto a lo que estoy acostumbrada—. Tu confianza es perturbadora —digo en voz baja.
—Los padres me aman.
—Apuesto que sí —murmuro entre dientes, dejándolo entrar. Papá se ha puesto de pie y está caminando hacia el vestíbulo, con los brazos cruzados y los ojos entrecerrados hacia Edward. Contengo el aliento.
—Hola, jefe Swan. Soy Edward Cullen. Es bueno conocerlo —dice amablemente, extendiendo su mano hacia Charlie para saludarlo. Él lo hace rápido y con firmeza.
—¿Tu padre trabaja en el hospital? —pregunta reacio.
—Sí, señor.
—Es un buen hombre.
—Gracias, señor. —Hay alguna clase de alboroto en la televisión y ambos hombres concentran su atención en la sala de estar—. Los Halcones Marinos lo están haciendo bien este año —dice Edward, y Charlie asiente.
—Esperando otro Super Bowl —dice papá y puedo ver que las comisuras de su boca se elevan muy poco. No puedo creerlo pero no quiero tentar nuestra suerte.
—Volveremos más tarde —digo, moviéndonos lentamente hacia la puerta.
—En casa a las once —dice Charlie, su ceño fruncido ha vuelto.
—Adiós, papá —gimo y estamos fuera de la casa, somos libres.
—Me agrada —dice Edward con alegría una vez que estamos en el auto. Lo miro con cautela—. ¿Qué?, lo hace. ¡Creo que estuvo bien!
—Espera a que vea tu cabello cuando no esté peinado —le digo, jugando con su radio.
—Yo siempre peino mi cabello —dice defensivamente, pero está sonriendo.
—A papá no le gustan los mentirosos —digo con suficiencia y Edward suspira junto a mí.
Terminamos en un restaurante mexicano en Port Angeles, en donde Edward ordena totopos* con guacamole, queso y salsa. Nos estamos ahogando en tortilla frita y botellas vacías de Coca Cola.
—Aquí tienen los mejores tacos de pescado —está diciendo Edward y yo me río con él, con mi boca llena de guacamole.
—No sé si pueda comer algo más —gimo.
—Tienes que —dice Edward—. Son los mejores. Voy a pedirlos. Puedes tener uno de ellos.
Así que compartimos tacos de pescado y pedimos tres cajas de totopos para llevar cuando terminamos.
—¿Qué pasó con la cena y una película? —me quejo, sintiendo la ansiedad cuando Edward entra en el edificio.
—Es tan aburrido. ¿Por qué tienes tanto miedo? Solamente es el boliche.
—Voy a matarme de algún modo. O a ti. O a un inocente niño.
—Bella, es el boliche.
—Estoy consciente de eso, Edward —me quejo más.
—Entonces, ¿qué quieres hacer? —dice, cruzando los brazos sobre su pecho. Espero verlo enojado conmigo pero puedo ver la diversión en sus ojos.
—Lo siento —le digo y realmente lo hago—. Siento que he sido muy desconsiderada contigo. Vamos al boliche.
—Nope, es demasiado tarde —canta él—. Iremos al cine y tú elegirás lo que vayamos a ver y yo intentaré besarte por lo menos dos veces.
—Voy a elegir una terrible comedia romántica —le advierto. Él me besa rápidamente y me lleva de vuelta al auto.
*Totopos: es el nombre que se le da en México a los trozos de tortilla fritos o tostados hasta adquirir una textura crujiente, y generalmente su forma es triangular y varían en tamaño.
¡Hola a todos!
Lamento mucho la demora pero estoy en pleno final de semestre en la universidad y llena de trabajos por todos lados así que me es muy difícil sentarme a traducir, por lo que las actualizaciones tardarán un poco más, quizá hasta finales de mes o inicios de Junio :(
En fin, muchas gracias por seguir leyendo y por sus reviews :)
¡Hasta la próxima!
P.D. ¡Feliz día de las madres para aquellas que lo celebran!
