Me subí a mi coche y me despedí de Lisbon con la mano. No me apartó la vista de encima hasta que no hube salido del aparcamiento. No pude evitar sonreir, que poco se fiaba de mi.
Fue un trayecto corto. No había apenas coches en la calle. El único ruido que había era el de "mi vieja cafetera" tal y como lo habría dicho Lisbon.
Aparqué delante de mi apartamento y me di cuenta de algo extraño. La puerta de entrada estaba abierta. Era extraño, porque en el piso solo vivíamos tres vecinos. Y todos eran muy respetuosos con la norma de 'cerrar la puerta'.
Me bajé del coche mirando a ambos lados con cuidado. Y entré en el edificio cerrando la puerta.
Cuando llegué a mi piso, vi que todo estaba en orden así que no le di mayor importancia, aunque había algo que no cuadraba.
Abrí la puerta de mi casa con demasiada facilidad. La cerradura de la puerta casi siempre te impedia abrir al momento, pero esta vez fue diferente. Se abrió al roce de la llave. Todo encajaba. Alguien había entrado a mi apartamento. El marco de la puerta estaba en perfecto estado por lo que supuse que no la habían forzado.
Tragué saliva y entré sin hacer ruido.
No había luz, por lo que no pude apreciar nada. Seguí andando tanteando a trancas y barrancas para no chocarme con nada. Pero..mi sentido de la orientación es pésimo en la oscuridad. Y me golpeé en la rodilla con algún mueble.
"Hijo de..." Exclamé aguantandome la rodilla. El dolor era horroroso.
Busqué la pared y en ella el interruptor de la luz.
"Agh" Suspiré acariciandome el moraton de la rodilla.
Daba igual, si antes queria no llamar la atencion encendiendo la luz. Tenia que haber pensado en el factor 'ruido'
Pero había otra cosa que me llamó la ateción. ¿Que hacía la mesa del salón en la entrada?
Entonces miré horrorizado lo que antes, podía haberse considerado una casa ordenada.
Las estanterías estaban tiradas por el suelo, los libros, estaban esparcidos por todas la habitación. El sofá, estaba intacto. Suspiré aliviado.
Fui a la cocina, también estaba hecha un desastre. Todos los muebles estaban abiertos, con la comida por todas partes. Me entraron ganas de gritar de pura desesperación, pero aguanté.
Fui otra vez al salón y sin tocar nada, analicé la habitación.
"Bien" Me dije "Han entrado por la entrada, por lo que aparenta la puerta. A simple vista parece un robo. Pero...por lo que yo veo no se han llevado nada." Seguí andando hasta la cocina. Estaba igual. No faltaba nada.
Fui al baño, aunque estaba intacto. ¿Que se podrían haber llevado de allí?
La única parte de la casa que me quedaba por mirar era mi habitación. No sabía por qué pero tenía un sentimiento extraño.
Fuí andando con cuidado hasta la puerta de mi habitación. Y lo que vi me dejó sin palabras.
Una mancha circular, a la altura de mis ojos, de sangre.
Tenía el diámetro de un dedo humano.
Moví con cuidado mi mano hacia el pomo de mi puerta. Y tuve un inesperado flashback.
"Estimado señor Jane...
...si usted fuera realmente lo que dice ser no tendría que abrir la puerta para ver que les he hecho a su encantadora mujer e hija..."
El corazón me dio un vuelco. Y aguanté las ganas de vomitar. Abrí la puerta sin más.
Lo que vi me dejó sin respiración. Ahora, todo cuadraba.
Metí la mano en el bolsillo de mi pantalón buscando el movil, sin apenas parpadear.
Marqué mi número de emergencia.
"Jane, no sabes que a esta hora la gente, dueerme?" Dijo Lisbon.
"Lisbon.."
"Qué"
"Tienes que venir" Susurré "Ahora"
No podía apartar la vista de la mancha de sangre en la pared.
"Jane las cosas no son así de fáciles" Respondió con irritación "Si tu crees que eres el ombligo del mundo.."
No la dejé terminar.
"John el Rojo ha estado aquí"
