DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a bicyclesarecool. Yo solo me adjudico la traducción.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)


Simple as This

Capítulo 10

No perdí mi virginidad en el Día de San Valentín. Esa es literalmente, la cosa más cliché en la que puedo pensar.

—Solo era una pregunta, Alice, no me des esa mirada.

—Solamente estamos esperando por el momento adecuado.

—¿Quieres decir cuando tu mamá no esté en casa gritándote que dejes la puerta abierta?

—Cállate. ¿Cómo estuvo tu noche con Edward? Estaba tan emocionado cuando hablé con él en Inglés ayer.

—Estuvo bien, trató de hacerme la cena pero terminé entrometiéndome porque estaba segura de que si no lo hacía, él habría quemado mi casa. —Sonreí ante el recuerdo. Él había tocado el timbre justo cuando Charlie se había ido para su turno y lo encontré sonriendo en mi porche, usando una linda camisa de botones metida dentro de esos pantalones negros que siempre usa.

—Voy a hacerte piccata de pollo —dijo con orgullo, sosteniendo una bolsa llena de ingredientes, que balanceó en el aire y que casi me golpea en el rostro.

Al principio no me dejó ayudar, pero eventualmente, aprendí que en lo que se refería a la cocina, él era muy torpe. Había descubierto la única cosa en la que Edward no era bueno y era satisfactorio sacarlo del camino y enseñarle una cosa o dos.

—Eres increíble —suspiró contra mi hombro mientras yo cubría el pollo de harina.

—Tú me distraes —le dije, riendo.

—Sí, bueno. —Entonces lo besé, como lo había hecho frecuentemente por el último mes y medio. Hemos caído el uno por el otro tan fácilmente.

Tan fácil que en ocasiones tengo que retroceder un poco, tomarme un día para no responder mi teléfono incluso cuando estoy desesperada por hablar con él porque no estoy segura de cómo proceder. No he añadido a nadie en mi vida durante tanto tiempo, estoy tan asustada de él porque es tan incondicionalmente amable y me entiende tan bien, es muy bueno para ser cierto. Así que lo beso mientras nos cocino la cena y dejo que sus manos lleguen debajo de mi camiseta mientras susurra dulcemente en mi oído pero estoy lista para que todo esto se vaya. Es inevitable, pasará, solo que no estoy segura de cuándo será.

—¿A dónde te fuiste? —me pregunta Alice, moviendo su mano frente a mi rostro. Parpadeo, volviendo al presente. Estamos en el suelo de la habitación, ella está pintándome las uñas de azul y yo debería estar cuestionándola para Historia.

—Lo siento —digo rápidamente y ella me lanza una mirada preocupada—. ¿Te ha llegado respuesta de algún lugar? —pregunto porque siento que comenzará a pedirme que exprese mis sentimientos.

—Aún no, ¿a ti?

—Nope —le digo y ese es el fin de la conversación.

Papá llega a casa poco después con dos bolsas de comida china y convenzo a Alice para que se quede. Él ha estado actuando extraño los últimos meses, y no puedo decir que sea por culpa de Edward. Él y Charlie se han estado llevando bastante bien, hablan de deportes y campamentos y papá aún no lo ha encontrado con las manos bajo mi camiseta, así que aún no lo ha perseguido por la casa.

Pero Charlie ha estado más callado de lo que usualmente es, más nervioso y demasiado amable conmigo, felicitándome por lo que hago, pretendiendo estar interesado en mis tareas y dándome un abrazo de vez en cuando.

Realmente me está preocupando y cada vez que le pregunto algo al respecto, me lanza alguna excusa relacionada con el trabajo.

Así que ahora los tres estamos sentados en la mesa de la cocina y noto como uno de los focos en la luz que está por encima de nosotros, se ha fundido, así que la luz está más tenue de lo normal. Alice está jugando con la comida en su tenedor, preguntándole a Charlie sobre su día mientras yo como arroz, observando nerviosa la interacción entre ellos.

—Bella dice que ha estado demasiado estresado por el trabajo —dice Alice, y los ojos de papá se abren demasiado por un segundo antes de volver a la normalidad.

—Sí, uh, solo son, uh, cosas que pasan —contesta, y Alice me mira por el rabillo de su ojo—. El juego está por comenzar así que voy a… —Señala, parándose y llevándose su plato al sofá. Es mejor que yo para evitar las confrontaciones.

—Ya veo lo que dices —susurra Alice.

—¿Verdad? Me está preocupando.

—Quizá hay algún asesino serial por ahí. Quizá realmente sí se trata del trabajo —me dice. Pongo los ojos en blanco dramáticamente mientras papá enciende la televisión en la otra habitación.

~SaT~

Es sábado por la mañana; Edward acaba de llegar a mi casa agitando un sobre frente a mi rostro. Aún estoy en pijama y mi cabello es un nido de ratas pero, afortunadamente, me lavé los dientes.

—¿Qué estás haciendo aquí? —le pregunto pero no puedo evitar la sonrisa que se está formando en mi rostro. Su alegría irradia de él como electricidad.

—¡Recibí algo de la Escuela de Artes Visuales! —dice, entrando en el vestíbulo, quitándose la bufanda del cuello y lanzándomela.

—¿En Nueva York? —pregunto, lanzándole la bufanda de vuelta.

—¡Sí! No quería abrirlo solo. —Le sonrío suavemente, agradecida de que me haya escogido.

—Bueno, ¡ábrelo!

—Bien, bien, bien. ¿Tienes café? Necesito café.

—Edward, realmente dudo que necesites café pero está bien.

Así que una vez que el café está servido y Edward está sentado frente a mí, poniéndole azúcar y crema a su café y haciéndole gestos al mío —el café negro es el único que me gusta—, finalmente se aclara la garganta, sosteniendo el sobre frente a él.

—¿Puedo tener un redoble de tambores, por favor?

—Solo ábrelo —murmuro, pero estoy tan divertida por este ridículo chico.

—Necesito el redoble, Bell. Esto es tan importante. —Sé que no se moverá hasta que haga lo que él quiere, así que golpeo mis dedos contra el borde de la mesa rápidamente y él sonríe como si hubiera encontrado la cura para el cáncer.

Rompe el sobre y comienza a ver los papeles, no puedo ver su expresión hasta que los baja de su rostro y oh, sus ojos están brillando, y sé que estoy perdida.

—Logré entrar —susurra.

—Entraste —repito, mi voz más fuerte que la de él, sonriendo tan ampliamente como puedo. Me pongo de pie, arrojando mis brazos a su alrededor y él me levanta, sus brazos rodeando mi cintura—. ¿Irás? —pregunto, mis labios presionados contra su cuello.

—No estoy seguro, no he escuchado de nadie más.

—Debemos salir por una comida de celebración —propongo tan alegremente como puedo. Mi corazón se está hundiendo. Nueva York está tan lejos. Él besa mi mejilla y deshace nuestro abrazo—. Necesito vestirme, vamos —digo y él me sigue a mi recámara, a la cual nunca antes había entrado.

—Lindo póster —dice, y sé que habla acerca del que está por encima de mi cama porque él me lo dio en Navidad. Es de una exhibición de Picasso que el Instituto de Arte en Chicago tuvo. Yo le di un excepcionalmente malo Paint-by-Numbers de su pintura favorita, la de Manet. Él rio y rio, pero dijo que la colgaría en su cuarto.

Él mira por el cuarto mientras yo tomo ropa del armario, deteniéndose en mi librero y la pila de libros junto a él.

—Guau —dice, silbando ante la colección.

—Me gustan los libros —digo antes de ir hacia el baño para cambiarme. Paso demasiado tiempo cepillando mi cabello y mirando el espejo, perdida en mis pensamientos acerca de él yéndose. Ya me está doliendo demasiado, quién sabe qué pasara en algunos meses más cuando él se vaya al otro lado del país. ¿Cómo puedo continuar con esto? ¿Cómo puedo no hacerlo?

Trato de imaginar el momento en el que no pueda verlo sonreírme como si yo estuviera hecha de estrellas y cuando no pueda oírlo reírse de mí cuando estoy molesta, o cuando me abraza fuerte cuando tengo un mal día, dejándome sumergirme en uno de mis libros sin presionarme demasiado. Siento que estoy colapsando dentro de mí ante el pensamiento.

Cuando finalmente vuelvo a mi habitación, Edward está en mi tocador, girando la pequeña vasija de cerámica, mirando la pequeña inscripción que tiene debajo.

—¿Quién es Renée? —pregunta, y suena genuinamente curioso al respecto. Siento mi rostro arder.

—Mi, uh, mi mamá —tartamudeo. Edward deja la vasija y puedo ver, de manera muy breve, el pánico en sus ojos, pero se desvanece tan pronto como llega. Sus hombros están tensos y sus labios forman una delgada línea.

Esto no puede ser bueno.

—Lo entiendo ahora —dice.

—¿Entender qué? —pregunto, jugando con mis manos. Edward generalmente es bueno sintiendo mi incomodidad y no me presiona al respecto pero no parece que ahora vaya a hacerlo.

—La cosa del arte. Te mantiene cercana a tu mamá —dice, su voz es baja pero confiada. Deseo que el suelo pueda tragarme entera y me quedo callada. Se acerca a mí, sus brazos me llevan hacia él.

—Lamento si te he puesto triste, es solo que… solo trato de entender… no tengo idea de qué es lo que está pasando por tu cabeza. En algún momento tienes que dejarme entrar, Bella. —Su voz se vuelve más dura y siento las emociones en mi garganta, las palabras saliendo de mis labios.

—Se s-supone que me ayudaría, lo hizo a-al principio, es solo que no sabía p-por qué se fue. Ahora no puedo parar, está matándome, pero es todo lo que tengo. Es todo lo que tengo. —Trato de no llorar, mis ojos arden y Edward me abraza cada vez más fuerte—. Piensas que es mío, el arte, pero no lo es. Todo es de ella —le digo y es como si no pudiera parar. Nunca le he dicho nada de esto a nadie, ni siquiera a Alice. Edward se separa de mí para poder mirarme, sus ojos de bosque me miran con tanta honestidad que no puedo respirar.

—Bella... —Sé que está por soltar un famoso discurso motivacional pero no puedo lidiar con eso ahora. He hablado y mi pecho se siente más ligero. Es bueno, un ligero consuelo.

—Edward —suspiro—. Vamos a comer. Muero de hambre. —Su mirada escéptica me hace poner los ojos en blanco—. Estoy bien. Lo prometo. Gracias por escuchar.

—Si estás segura —dice, y lo empujo hacia las escaleras—. Entré a tu habitación y ni siquiera pude besarte —murmura y lo empujo suavemente.

—Debemos arreglar eso entonces. —Alzo las cejas sugestivamente y él me toma, cargándome hacia arriba mientras me rio durante todo el trayecto. Me deja en la cama y me besa con rudeza y siento que estoy flotando, mis manos sintiendo sus pómulos y su mandíbula, las duras líneas y su barba son rasposas bajo mi toque.

—Dios, tus manos están heladas —se ríe—. Ponlas aquí. —Toma mis manos y las pone bajo su camiseta, dejándolas en la suavidad de su abdomen. Le dan escalofríos pero las mantiene ahí. Sonrío y lo beso con gentileza.

—Eres demasiado lindo conmigo —le digo y espero que suene tan honesto como pretendo que sea.

—Tú lo mereces —dice sin ninguna duda y siento un nudo en mi garganta porque no estoy segura de qué fue lo que hice para merecer a alguien como Edward Cullen.


Eventualmente llegamos al Spartan y terminamos encontrándonos con Alice y Jasper. Entran al lugar y parecen estar a la mitad de una discusión. Alice tiene los brazos cruzados y esa mirada en sus ojos que te dice que no debes meterte con ella. Jasper luce exasperado, pasando su mano por su cabello, que ha crecido demasiado; ahora le cae poco más allá de sus orejas.

Edward suspira junto a mí mientras ellos se acercan y puedo escuchar lo que Alice está diciendo.

—Solo digo, Jas, no hay manera en la que el Sur podía haber ganado esa batalla, incluso con un líder diferente, no me interesa lo que dices. Esta conversación se terminó.

—Pero Alice, solamente trato de decir que… —Pero Alice lo interrumpe, alzando su mano hacia el antes de deslizarse en el asiento.

—Lo siento, llegamos tarde —dice, sonriéndonos con calidez.

Edward y yo solo los miramos antes de echarnos a reír.

—¿Qué? —dice Jasper, irritado.

—Nada —digo aún riendo.

—Solo pienso que…

—Jasper, di una palabra más y voy a matarte —dice ella y él le da una mirada. Ella le da un beso en la mejilla y los ojos de él se suavizan.

Edward me aprieta la mano por debajo de la mesa. Le devuelvo el apretón y él me sonríe ampliamente, Alice nos está mirando tan felizmente que mi corazón no puede soportarlo todo.

Comemos y bromeamos acerca de todo y nada en particular. Jasper y yo charlamos sobre un concierto en Seattle que será en unas semanas más al que ambos queremos ir y de pronto todos estamos hablando acerca de hacer un viaje en carreta para ir. Jasper trata de hablar más acerca de la Guerra Civil (ambos habían visto un documental acerca de eso antes de venir y él está algo obsesionado con eso) y Alice grita acerca de la preservación de la unión y yo solamente rio y rio y rio.

Les digo que la única forma de terminar con su discusión es que todos veamos el documental y Edward y yo decidamos por ellos, así que todos vamos a mi casa porque es la más cercana y porque papá volverá hasta tarde.

Edward toma mi mano durante todo el trayecto a casa y yo canto la canción que suena en la radio. Llegamos antes que Alice y Jasper, y cuando llegamos a la puerta, suelto la mano de Edward porque hay un pequeño paquete frente a la puerta. Lo levanto, está dirigido a mí, lo que es sorprendente porque no ordené nada, lo cual es lo que digo en voz alta después de un momento de silencio.

—Quizá Charlie te ordenó algo —dice Alice mientras ella y Jasper se acercan a nosotros.

—Lo dudo —rio y vamos adentro, quitándonos nuestra ropa de invierno antes de sentarnos en el sofá. Jasper está buscando la película en Netflix y yo estoy abriendo la caja mientras trato de ver lo que hay dentro.

Siento cómo se me atora el aliento cuando lo descubro.

Una pequeña vasija de cerámica, pintada con esmalte azul intenso.

Hay una nota dentro, también dirigida a mí.

Reviso el reverso de la vasija y el nombre de Renée está escrito en el centro.


¡Lamento mucho el retraso! pero afortunadamente, ya estoy de vacaciones, así que espero poder actualizar más seguido.

¿Qué les pareció el capítulo?, espero sus opiniones en sus reviews :)

Como siempre, muchas gracias por seguir leyendo y a Yanina por el beteo :)

¡Hasta la próxima!