DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a bicyclesarecool. Yo solo me adjudico la traducción.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)
Simple as This
Capítulo 11
Por poco y lo suelto, dejando que se rompa en miles de pedacitos en el suelo. Realmente quería hacerlo, pero solo seguí mirando el azul intenso de la superficie, las definidas líneas que sus dedos hicieron al girar la rueda.
Ella hizo esto en su casa, su nueva casa y aquí estaba, en mis manos, justo donde me dejó. Siento la mano de Edward tocar tentativamente mi espalda baja, un pequeño gesto de apoyo, la calidez de su mano me saca del trance en el que he caído. Jasper luce extremadamente confundido e incómodo y no lo culpo. Alice tiene las manos sobre su boca, sus ojos abiertos como si yo estuviera a punto de explotar aquí en mi sala de estar y Edward… Edward me mira tan seriamente, tan controlado y yo que ni siquiera puedo tomar un respiro profundo.
—Bella —dice Alice lentamente, caminando hacia mí. La miro.
—No lo quiero —digo tan claramente como puedo. Y no lo hago, siento como si finalmente comenzara a separarme de ella, como si al fin pudiera mantener mi cabeza fuera del agua, quizá hasta nadar a la orilla, pero si abro esta nota, no habrá marcha atrás.
—¿Estás…? —comienza Alice pero la interrumpo.
—No lo quiero —digo, se supone que con firmeza, pero mi voz se rompe.
—Quizás sea bueno, saber lo que ella tiene que decir —dice Edward con suavidad junto a mí. Alice le lanza una mirada.
—Edward, esto no es… —Pero no continúa porque vuelve a mirarme con nerviosismo con sus grandes ojos grises.
—Quizás deberían irse, chicos —digo, volviendo mi mirada hacia el recipiente de cerámica y la nota doblada.
—No me iré a ningún lado —dice Alice incrédula.
—Alice, vamos —dice Edward, y quita su mano de mi espada, siento frío al ver cómo guía a todos hacia la puerta. Puedo ver en su ceño fruncido y por la mueca que trata de reprimir que no quiere irse. Pero me conoce, sabe qué es lo que necesito ahora.
—¡Te llamaré! —grita Alice mientras Edward la guía afuera, cerrando la puerta detrás de él tras una última mirada hacia mí, una que estoy segura que me dice «tú eres fuerte».
La casa está sumida en un silencio total, tan vacía y oscura por el cielo de afuera. No sé cuánto tiempo me quedo ahí, contemplando, pero finalmente me siento en el sofá, doblando las piernas debajo de mí y viendo el paquete por más tiempo, mi nombre en la nota escrito con una curvada caligrafía. Tomo una respiración profunda y trato de ignorar el temblor en mis manos mientras la desdoblo, encontrándome la misma caligrafía en el interior. Es una carta corta y ella empieza con mi nombre, escrito de nuevo, grande al inicio y siento un dolor en mi pecho al pensar que ella escribió mi nombre, que pensó en mi nombre.
Lamento que me haya tomado tanto tiempo en hacer esto, escribe ella, pero he pensado demasiado, muchas cosas han pasado y lamento tanto que las cosas hayan terminado del modo en el que lo hicieron.
Debí haberte contactado antes, para explicarme pero no sabía cómo hacerlo. Sé que probablemente me odias pero mi número de teléfono está escrito al final de esta nota, y no espero que quieras llamarme, pero si cambias de parecer, si quieres estar en contacto, estaré aquí, estaré esperando.
Te extraño; te he extrañado todo este tiempo que he estado lejos.
Y tengo que detenerme porque firmó la nota con un «Con amor, Mamá», y se siente tan mal para mí. Hay algo en esta situación que hace que mi piel pique y mi estómago se retuerza y siento que estoy por enloquecer pero no lo hago, no me muevo del sofá, solamente sigo leyendo la nota una y otra vez hasta que me la sé de memoria.
Es casi como un sueño, que no está pasando en realidad porque, ¿por qué otra razón mi mamá trataría de contactarme después de seis años de absoluto silencio?
La puerta principal se abre y yo salto. Está empezando a ponerse oscuro aquí dentro también, puedo ver el cielo gris mientras papá entra a la casa, colgando su chamarra y el cinturón en los ganchos de la pared junto a él. Salta un poco cuando me ve.
—¿Bella?, ¿por qué estás sentada en la oscuridad? —Enciende la luz y la habitación se llena de esta, revelando los paquetes de cacahuates tirados en el suelo y a mí sosteniendo un pedazo de papel, el bote de cerámica se encuentra en el borde del sofá. Sus ojos van de mí hacia el bote y luego nuevamente a mí.
Su rostro se descompone y suelta un largo suspiro.
—Le dije que no hiciera esto —dice, y se sienta en su silla, mirándome.
—¿Qué? —escucho salir de mi propia boca. Mi garganta está seca y mi voz ronca por no haber hablado con alguien en mucho tiempo—. ¿Has estado hablando con ella?
Charlie suspira de nuevo y puedo notar por las líneas en su rostro, lo cansado que se ve en este momento.
—Hace unos meses me llamó a la estación, lo ha estado haciendo muy seguido desde entonces. Preguntado por ti, queriendo verte. Pero le dije que esperara, por lo menos un tiempo. Lo has estado haciendo tan bien. No quería… arruinar eso. —Le hace una mueca al bote de cerámica—. Pero por supuesto, no pudo esperar. Siempre es lo que Renée quiera. —El tono de su voz me sorprende, está tan lleno de enojo. No es como si habláramos acerca de mamá muy seguido pero cuando lo hacemos, su tono de voz siempre es neutral, indiferente hacia ella. Su enojo parece ser provocado por la nada pero luego pienso que tal vez se ha estado manteniendo tranquilo acerca de todo por mi bien. O por lo menos lo ha intentado. Siento las lágrimas picar mis ojos y trato de parpadear para alejarlas, para mantener mi voz firme.
—Ella quiere… quiere que la llame. —No puedo soportar la lástima en sus ojos.
—Solo quiero que hagas lo que tú deseas hacer —me dice—. Si quieres llamarla, hazlo, pero ¿Bella? Tú no le debes nada. —Se pone de pie y camina hacia mí, apretando mi hombro y diciéndome que me quiere antes de irse a la cocina a buscar algo para hacer la cena.
Me quedo sentada por algunos momentos más, tratando de encontrarle sentido a todo, pero sé lo que debo hacer y puedo sentirlo en mi pecho. Tomo la nota y mi teléfono de la mesa del centro y subo las escaleras en silencio y me encierro en mi habitación. Solamente tengo un mensaje nuevo, de Edward y lo mandó horas atrás.
Estoy aquí si me necesitas.
Siento la emoción cerrar mi garganta pero quito el mensaje y marco el número. El timbre solamente suena una vez.
—¿Bella? Oh por Dios, ¿estás bien?
—Estoy bien, Alice —le digo, mirando la nota por la que parece ser la vez número novecientas.
—¿Qué decía?, ¿qué es lo que vas a hacer?
Le leo la nota, mis ojos moviéndose rápidamente sobre la letra de Renée y casi puedo escuchar a Alice pensar al otro lado de la línea.
—Creo que deberías llamarla —dice—, obtener algún tipo de cierre.
—Pero, ¿qué tal si lo empeora? —digo suavemente.
—¿Qué tal si no?
—Voy a pensarlo —le digo y me despido de ella, diciéndole que necesito llamar a Edward. Él también responde al primer timbrazo.
—Voy para allá —dice y luego cuelga y, menos de diez minutos después, está parado en la puerta de mi habitación.
—¿Sabe mi papá que estás aquí arriba? —le pregunto, arqueando las cejas.
—Él me mando aquí —responde y luego me abraza. Exhalo profundamente antes de contarle todo, y él me escucha, no dice una palabra hasta que he terminado de hablar, y para cuando lo hago, no tengo ganas de decir una palabra más. Quiero sentarme en silencio y mirarlo, quiero desaparecer en esta burbuja.
—Siempre puedes ir a verla —dice finalmente—. Estoy seguro de que hay una dirección en el paquete. Solamente verla, espiarla un poco, y luego decidir qué es lo que quieres hacer.
Considero esa opción porque parece que puede funcionar. Podría estar en control total de la situación. Si cambio de parecer, no habré abierto una puerta con ella. Puedo solamente mirar por la ventana.
—No tengo un auto —suspiro.
—Yo sí —responde y yo frunzo el ceño.
—No puedo pedirte que hagas eso.
—No lo estás haciendo, yo me ofrecí.
—Edward…
—Bella, esta es tu oportunidad de terminar con todo esto, pero si no quieres hacerlo, no lo hagas. Es tu decisión.
Está tratando de mantener una postura neutral pero sé que quiere que vaya. Me muerdo el labio y pienso en su plan, que es tan ridículo pero tan… perfecto.
—¿Cuándo? —pregunto.
—Mañana
—¡¿Mañana?! —Entro en pánico y el ríe.
—Será como quitarse una bandita.
—Ni siquiera sabemos dónde vive, podría estar en Florida. —Edward se pone de pie y sale de la habitación pero vuelve en menos de un minuto, sosteniendo la caja que encontramos al principio.
—Vive en Vancouver —dice y ya está anotando la dirección en su teléfono—. Solamente a unas horas de distancia.
—Oh —digo y mi estómago se retuerce.
—Si no quieres ir, no quiero obligarte a hacer algo que no quieras.
—No… no, quiero ir —susurro y hacemos planes. Nos iremos en la mañana, después de que Charlie se haya marchado para ayudar a su amigo, el señor Clearwater, a mudarse. Todo está listo, va a pasar, pero aun así no puedo evitar correr hacia el baño, temblando de nervios tan pronto como Edward se va de la casa.
A la mañana siguiente, saludo a Edward en la puerta pero no puedo contagiarme de su alegría. No dormí nada y, sin importar el maquillaje que les pusiera, las ojeras bajo mis ojos aún eran visibles.
—Hice cuatro CDs con música variada y nos compré café y donas y el auto está listo. ¿Tú estás lista? —Trato de desaparecer en la sudadera que Edward me dio hace tanto tiempo y él suspira, atrayéndome hacia él.
—Todo estará bien —me dice gentilmente y avanzamos hacia el auto, la calefacción ya está encendida y él sube el volumen de la música, suena una canción en donde alguien canta acerca de lo difícil que es dejar entrar a las personas, y nos alejamos de mi calle. Edward me acerca una dona y señala el termo que está a mi lado, aunque siento que enfermaré si pongo algo en mi estómago.
No hablamos por un largo tiempo, Edward canta suavemente al compás de la música y yo observo los árboles que pasamos, mordiendo mis uñas y tratando de no pensar en Renée pero pronto me encuentro pensando en ella.
Me pregunto cómo se verá, si habrá envejecido, si cambió el color de su cabello o su estilo y dónde vive o si vive con alguien.
Siento la amenaza de las lágrimas sobre mí y tomo la cálida mano de Edward junto a mí y le pregunto sobre la música, él me sonríe y eventualmente me calmo lo suficiente como para dormir, cálida pero sintiendo el pecho tan pesado como nunca antes lo había sentido.
—Casi llegamos —dice Edward y yo medio despierto, mis ojos van hacia el GPS en el frente del tablero. Estamos a dos millas más. Parece ser que Renée vive en una linda parte de la ciudad, en un suburbio que parece estar lleno de familias como lo muestra la cantidad de niños que hay paseando en sus bicicletas por la calle.
No es como me imaginé su vida ahora, tan suburbana y normal. Siempre la imaginé en la gran ciudad en algún lugar, siendo otra molesta mujer en alguna cafetería o paseando por las galerías de arte en las calles de la ciudad.
No en la avenida Freedom Ridge en una nueva subdivisión, todas las casas tienen cercas en los patios traseros y los árboles comienzan a crecer en los jardines. Edward se detiene cruzando la calle de la casa que tiene su dirección. Es pequeña, algo rectangular con un revestimiento azul oscuro y persianas blancas para combinar con el blanco de la puerta principal y la cerca blanca que rodean la propiedad.
—Respira, Bella —dice Edward suavemente, y yo dejo salir el aliento que no sabía que estaba reteniendo. Nos sentamos ahí por lo que parecen ser horas y yo solamente me siento más ansiosa con cada minuto hasta que...
—Hay alguien ahí —jadeo y vemos a alguien correr por el jardín, girando y sonriéndole a alguien que la casa esconde. Es un niño pequeño, probablemente de ocho o nueve años, y él se está riendo ahora y de repente mamá está ahí, caminando en el jardín hacia él. Su cabello está más largo, más lacio, y está usando un abrigo de invierno, sonriendo tan ampliamente y me golpea tan fuerte que siento mi garganta cerrarse. Ambos hablan y ríen y una camioneta blanca se estaciona en el acceso, un hombre sale de ella y Renée y el niño se voltean hacia él mientras camina hacia ellos. Besa a mamá y el niño pretende parecer asqueado así que ella lo agarra y lo abraza, los tres riendo y luciendo tan felices.
La observo, como con cada movimiento que hace luce tan cómoda, como casi no ha envejecido. La manera en la que se acomoda un mechón de cabello detrás de la oreja y desacomoda el cabello del niño, y todo en lo que puedo pensar es en cómo no era así conmigo, incluso en el final. Ni siquiera en el medio. Solamente tengo vagos recuerdos de sentirme amada por ella, el resto se siente como si fuera tolerada, arrastrada a lugares porque no había otra cosa que hacer conmigo.
No recuerdo haber recibido sonrisas como esa.
Me siento tan enferma, más que antes porque no es que la vida en la familia no fuera lo suyo; es solo que no quería lidiar con nuestra familia. Soy yo la que no fui lo suficientemente buena como para mantenerla ahí.
—Vámonos —susurro y no me volteo hacia Edward pero lo escucho suspirar y encender el auto.
No comienzo a llorar hasta que estamos en la carretera y tan pronto como giramos hacia la salida es como si una presa se hubiera roto. Siento los sollozos moverse por mi pecho, como si estuviera rompiéndome y Edward comienza a detenerse pero le grito que siga adelante, que me saque de ahí. Cuando por fin lo miro, sus ojos están abiertos por el pánico, sus cejas están juntas y su mirada va de la carretera hacia mí y tiene su mano en mi muslo, tratando de calmarme, pero no puedo, no hasta que llevamos manejando por lo menos una hora. Ahora solamente estoy sollozando con lentitud y tratando de no hiperventilarme y Edward toma una salida y entra a una tienda para conseguirme agua.
No he hablado con él aún, aunque a ratos él trata de decir algo para calmarme. Mi mente es un caos, repitiendo una y otra vez: No soy lo suficientemente buena. No soy lo suficientemente buena. No soy lo suficientemente buena. Y miro al chico junto a mí, con sus manos manchadas de tinta y sus ojos verdes y su ser tan generoso y hermoso y siento que me destrozo porque sé que él se irá, me dejará porque, si mi propia madre no puede amarme, ¿cómo Edward Cullen puede hacerlo? ¿Cómo puede él ver algo en mí?
Estamos cerca de casa, puedo ver mi casa en la distancia y necesito detener esto, detenerlo antes de que llegue demasiado lejos.
—Edward —digo, mi voz es ronca—. No creo que debamos seguir viéndonos.
Él detiene el auto abruptamente en mi puerta y se vuelve hacia mí, sus ojos son salvajes.
—¿Qué?, lamento haber presionado con lo de tu mamá, pensé que ayudaría.
—No tiene que ver con mi mamá, no en realidad —digo—, es sobre nosotros… es solo que no creo que vaya a funcionar, no puedo seguir con esto.
—Bella —suspira y casi colapso ante la emoción en su voz—. No lo entiendo, las cosas van tan bien. Sé que la cosa con tu mamá fue horrible pero eso no somos nosotros.
—L-lo somos —sollozo, y sus cejas se juntan—. Es tan complicado.
—No, no lo es —dice, su voz es firme—. O quieres estar conmigo o no. Sé que hoy fue difícil para ti; quiero estar ahí para ti. Quiero ayudarte. Déjame entrar, Bella. —Siento las lágrimas otra vez y necesito salir del auto antes de que cambie de opinión.
—Esto es lo que quiero, no lo hagas más difícil de lo que necesita ser. No hemos… no hemos estado juntos por mucho tiempo, esto entre nosotros no era serio. —Puedo sentir la mentira arder dentro de mí. Es cierto lo del tiempo pero sé que esto era más que algo casual, corre fuerte por mi sangre y eso es por lo que necesito dejarlo ir.
Edward me mira.
—No reduzcas lo que siento por ti, lo mucho que esto ha significado para mí —dice.
—Lo siento —digo y abro la puerta pero él empieza a protestar.
—He terminado, Edward, solo déjame ir. —Y lo hace. No volteo mientras él sale hacia la calle, subo a mi habitación y dejo que los sollozos salgan, dejo que la desesperación me golpee con los brazos abiertos porque quiero vivir en ella, es un sentimiento que se ha vuelto mío y me llena todo el cuerpo, solamente es una pequeña burbuja que dura lo suficiente como para que tome el pequeño bote azul de cerámica de mi tocador y lo estrelle tan fuerte como puedo en el piso de madera, viéndolo romperse y hacerse astillas y sabiendo que nunca podrá estar completo de nuevo.
Las piezas nunca podrán juntarse de nuevo.
Bueno... mi corazón está roto :(
No tardaré tanto con la actualización (espero) porque no quiero dejarlas así con este final, jaja. Así que nos leemos pronto :)
¡Hasta la próxima!
