Título: El chico de la parada
Resumen: John no toma muy seguido el autobús, y cuando finalmente lo hace descubre que es mucho más divertido e interesante que ir en taxi, se encuentra con el chico misterioso de la parada y su vida cambia.
Notas: Los personajes no son míos y espero que disfruten del relato.
Víctor la calavera
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Más tarde que temprano se entero que la chica de ojos avellana y el hombre de uniforme eran Molly Hooper y Gregory Lestrade, vinieron a darle su pésame a la señora Hudson, y a preguntarle cómo es que se encontraba. Ambos se sorprendieron cuando notaron la presencia de una cuarta persona, John los saludo de forma educada de todas maneras, la chica era más tímida, pero expresó un gran amor por su trabajo de médico forense, y Lestrade demostró estar muy comprometido con su trabajo, y además también hablaron de su divorcio. John escuchó pero no habló mucho.
John había estado viviendo allí hace dos o tres semanas, aproximadamente. La señora Hudson le aclaró que la mitad de la renta todavía estaba siendo pagada por el hermano de Sherlock, así que no tendría que buscar un compañero de piso. Molly y Gregory marcharon del departamento y la señora Hudson le dijo a John que descansará un poco, sus ojeras se notaban a kilómetros de distancia.
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Muchas veces no puede conciliar el sueño, siente una nostalgia, casi como si extrañara a Sherlock, y el sólo hecho de estar durmiendo en una habitación frente al otro cuarto donde anteriormente dormía el chico de la parada lo unía más a él, aunque fuese una idea extremadamente ridícula y sin sentido.
Esa noche, como muchas otras, no se pudo dormir, bajo las escaleras todo para llegar a la sala, donde la calavera se encontraba apoyada en un mueble, y se acordó de la señora Hudson, «Sherlock adoraba hablarle a esa espantosa calavera. Él estaba muy sólo, consideraba a la calavera un amigo, hasta le puso un nombre, con v, Vicent, Vince, Víctor, claro, era Víctor» eran exactamente las palabras que ella había usado.
Se atrevió a agarrar la calavera, no sabía si el cráneo era real y no quería averiguarlo aunque podía apostar a que sí, el hueso estaba levemente desgastado, sintió un poco de compasión por el detective consultor. No es fácil ser un genio y no ser envidiado.
— Conocí a Sherlock Holmes — no podía creer que esté hablando con una calavera, él no se lo podía creer —. Fue un buen hombre, y sé que te hablaba todos los días... Nunca podré remplazarlo, pero si me dejas, podría ser yo quien te hable todos los días, una hora al menos.
John volvió su mirada a la calavera, que obviamente no le respondió, miro esos ahuecados orificios donde unos ojos tendrían que ir y se sintió vacío, y estúpido, por estar hablándole a una calavera, pero de algún modo se sentía mejor así, sabía que esa calavera era la perfecta confidente, jamás podría hablar, jamás podría contarle sus secretos ni hablarle de Sherlock Holmes, pero sentía que estaba cada vez más cerca de él cuando hablaba con Víctor.
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Aquel día, nublado, como todos en Londres, estaba decidido a hacer una visita al cementerio, como siempre, había comprado orquídeas para su querida hermana Harriet, y para Sherlock... No estaba seguro de lo que tenía que darle, incluso entró a internet, y buscó el "lenguaje secreto de las flores" buscó el significado de cada flor. Y se decidió, finalmente por una rosa azul, no importaba si el mismo iba a tener que teñir una flor blanca, o unas cuantas, para hacer un ramo. Una rosa azul significaba todo lo que Sherlock significó, para John. Una rosa azul significaba misterio, obtención de lo imposible, libertad y franqueza. Según John, era perfecto para Sherlock.
Salió, teniendo en su mano unas orquídeas y unas rosas azules, y camino, con esfuerzo pero sin ese asqueroso bastón, hasta que llegó allí, y puso las flores en su tumba, miro la de Harry, pero no dijo nada, después fue un poco diferente cuando estuvo frente la tumba del chico de la parada, porque empezó a hablarle, era sorprendente como tenía cosas que contarle a él, un hombre del que poco conocía, y a su hermana, nada, simplemente, frente a esa tumba no surgía conversación, en cambio, frente a la de Sherlock, las palabras surgían de forma natural, como si de un río se tratase las palabras fluían como agua.
Había empezado a llover, no quería sus zapatos se ensuciarán de barro y tampoco empaparse, el taxi no era una opción cuando había salido de su hogar con poco dinero, así que tomó un ómnibus, sintiéndose, casi sin querer, levemente miserable, por no habérselo encontrado.
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[03:40] Número desconocido: Tú también crees que Sherlock Holmes no está muerto.
John leyó este mensaje a las 7:30 de la mañana, listo para ir al trabajo, se encontró sorprendido por el mensaje, y a la hora que había sido enviado, porque dios, ¿Quién manda un mensaje a esas altas horas de la noche? Watson consideró entonces, que podría haberse confundido de número. Además el mensaje ni siquiera era una pregunta. Era una afirmación.
[07.33] John Watson: Disculpa creó que te has confundido de número. No deberías mandar un mensaje a esas horas de la noche, de todas maneras.
Su respuesta llegó un minuto después, pero no quiso leerla, tenía que concentrarse en el trabajo.
Ese día fue especialmente aburrido, sólo muchos chicos con un resfrío por el clima, bien llegó a casa se sentó en el sillón, y Glandstone fue el primero en correr y subirse a sus piernas, John lo dejó, con una sonrisa, y acarició su fiel perro, miro a Víctor la calavera y pensó en charlar un rato, pero antes agarró su celular y se puso a leer los mensajes del número desconocido, vio que tenía dos más.
[07:34] Número desconocido: No, claro que no me estoy equivocando de número, John Watson, doctor, saliste en las noticias defendiendo a Sherlock Holmes, y llevaste unas rosas azules a su tumba, un lindo detalle, algo que no harías por cualquiera que hayas conocido en una parada de autobús.
John se asustó, pensó en muchas personas que podían haber escrito ese mensaje quizás sólo para burlarse de él, pensó en el mismo Sherlock Holmes y se sintió patético, porque una parte de el de verdad anhelaba que fuese Sherlock. Después pensó en su hermano, ¿Y si era Mycroft? Quiso saber, si no era ninguno de ellos dos, como tenía esa información. Continuó leyendo los dos mensajes restantes.
[08:16] Número desconocido: Antes de que te preguntes como es que supe todo eso, fácil, soy como Sherlock, se deducir, pero sobre todo tengo mis contactos, así pude seguirte y conseguir tu número.
[09:22] Número desconocido: Puedes agregarme en tu celular como "La Mujer"
— ¿Qué opinas, Víctor? Parece que Sherlock tenía una amiga. — dijo, sintiéndose inmediatamente mal porque aquella mujer conozca a Sherlock Holmes. — Sin duda es alguien excéntrica, como le gustan las cosas a Sherlock.
Bromeó un poco con la calavera, aunque sabía que nunca iba a responderle.
Más tarde, a la noche, se decidió a responderle los mensajes.
[22:02] John Watson: Conocías a Sherlock, entonces.
[22:03] La Mujer: Estas en lo correcto, John.
[22:03] La Mujer: Eso que tu ni siquiera eres el detective.
[22:04] John Watson: No quiero sonar grosero, ¿Pero qué quieres de mí?
[22:05] La Mujer: Pero que grosero Dr. Watson.
[22:05] La Mujer: Es fácil.
[22:06] La Mujer: Quiero que nos encontremos, esperó que estés de acuerdo.
[22:06] John Watson: ¿Puede ser en «Fish and Ships» el jueves?
[22:07] La Mujer: Perfecto.
