Título: El chico de la parada

Resumen: John no toma muy seguido el autobús, y cuando finalmente lo hace descubre que es mucho más divertido e interesante que ir en taxi, se encuentra con el chico misterioso de la parada y su vida cambia.

Notas: Los personajes no son míos y espero que disfruten del relato.

Una misteriosa mujer de labios rojos

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Ese mismo jueves se dirigió a «Fish and Ships» a la hora acordada con aquella mujer, que se sentó justo frente a él, unos diez minutos después de que él se sentara en una mesa.

Una misteriosa mujer de labios rojos carmesí, un rojo oscuro, parecido al color de la sangre, su cabello castaño tirando a negro, recogido en un rodete, unas piernas de infarto que podían verse ya que tenía un vestido negro, pegado a su cuerpo delineando su figura y ajustándose como una segunda piel, sus uñas estaban pintadas del mismo color de sus labios, y sus ojos eran grises, pero tenían algo... Algo misterioso, extraño para John, le recordaba un poco a Sherlock. John no podía creer que esa mujer haya venido tan bien vestida sólo para ir a un restaurante informal, con unos tacones resonando cada vez que daba un paso.

— Dr. Watson.

— Señorita...

Ella sólo sonrió, divertida, sentándose frente a John.

— John, querido, estoy dudando en decirte mi nombre — al ver la curiosidad en los ojos de John quiso explicarle —. Verá, doctor, usted se ha involucrado mucho, demasiado, muchísimo, en esto, e implicarse tanto nunca es bueno — dijo con una sonrisita burlona que a John le crispó los nervios. —; una vez, un hombre que es el mismísimo gobierno británico en persona y está acompañado siempre de su fiel paraguas dijo «Los sentimientos son una debilidad»

— ¿El hombre del paraguas? — dijo, recordando cuando Sherlock le habló de su hermano.

— Así es, Mycroft Holmes. Sherlock creció con aquello en mente, también, que los sentimientos eran una debilidad, y por eso, no te ilusiones, que aunque esté vivo, no se fijaría en ti, no de la manera que tú quieres.

— ¿La manera que yo quiero? ¿Se puede saber de qué manera quiero que se fije en mí? — contestó, ligeramente agresivo.

— Una romántica, John, es obvio que-

— Discúlpeme, pero no soy gay, y no voy a permitir que una completa desconocida venga aquí y me diga que me gusta un hombre. ¿Ha entendido? — interrumpió, sin soportar que una burla más salga de aquellos rojos y apetecibles labios.

— Uy, el doctor se enojó... — dijo con una sonrisa coqueta. — Seguro te enojarías si te digo que yo soy la pareja de Sherlock.

— ¡Ja! ¿Porque estaría yo enojado por aquello? Era obvio que iba a tener alguna novia.

Aunque John nunca le había preguntado, y le había dolido saber de esa manera que el tenía una pareja, debería haberlo imaginado.

— Porque te gusta, Sherlock Holmes te enciende. — John podría apostar que "La Mujer" sólo uso aquella palabra «enciende» para molestarlo.

— No es cierto.

Ella levantó una ceja, dispuesta a abrir la boca para contradecirlo pero el volvió a hablar sin cederle la palabra.

— Qué más da, Sherlock está muerto.

— Ahí es donde te equívocas. ¿De verdad crees que alguien tan inteligente como Sherlock se suicidaría?

— Los genios tienen una vida dura muchas veces, y tenían sus propios demonios, y bueno...

— Así es, pero él se quería demasiado para suicidarse, y creó que lo sabes, eres más inteligente que algunas personas, menos inútiles es la definición que te daría Sherlock. — John sonrió casi sin darse cuenta ante esto — Además, el nunca mentiría que es un fraude si no es por necesidad.

— ¿Entonces?

— ¿Te habló de un tal Moriarty? Seguramente no, no te conocía tanto...

— Si me contó sobre eso. — el rubio quiso reírse por la cara de sorpresa de "La Mujer" — Su archienemigo James Moriarty, estaba algo obsesionado con él.

— Oh, pobrecito, ¿Te puso celoso cuando te contó sobre él? — burlándose.

— ¡Que NO soy GAY! — gritando enojado, todos se giraron a verlo, y John se sonrojo con fuerza.

— Yo sí.

— Si quieres confundirme y molestarme, mujer, lo has conseguido. — dijo John parándose para irse, enojado.

— Doctor Watson a usted le interesa Sherlock, ¿No?

Suspiro derrotado y volvió a sentarse en la silla.

— Mira, John, sólo... Si algún día, Sherlock aparece vivo, no te vayas a sentir tan mal, o shockeado.

— Él está muerto, por más que no nos guste, — dijo con seriedad — además mira lo que me pides, ¿Cómo no me sentiría enojado si se aparece como si nada vivo?

Ella sólo sonrió divertida.

— Eres especial John Watson, algo te debe haber visto Sherlock. — la mujer se levantó de su asiento, a la vez que John se quedaba sentado, mirándola, ella se agachó y le dio un beso, en la mejilla, cerca de su boca, la pintura quedó marcada. John se sonrojo levemente avergonzado. — Irene Adler.

— ¿Eh, disculpa, qué?

— Mi nombre es Irene Adler.

Y sin más, sin despedirse siquiera la misteriosa mujer de labios rojos marchó de aquel local para no volver a mandarle ni un sólo mensaje. John no iba a desperdiciar la oportunidad y comió algo en el restaurante.

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Cuando volvió al Baker Street 221b no pudo evitar inmediatamente ir a hablar con Víctor la calavera, acerca de Irene Adler y la relación que tenía con Sherlock. No le conto acerca de los celos. Eso no le conto a absolutamente nadie. Sería extraño contar «me encontré a un chico en la parada de autobús, y ahora está muerto y vivo en su departamento, ah, y una mujer llegó y empezó a decirme cosas que me hicieron dudar de mi sexualidad, ya no sé si soy gay o no... Ella primero dijo que era pareja de Sherlock, y luego me dijo que era lesbiana, y ya no sé qué pensar. Creó que me gusta, o como dijo esta mujer, me "enciende" Sherlock Holmes. No sé si está vivo o muerto. ¿Qué idiotez, no?»

Ahora de verdad John pensaba que era patético. Más cuando después de tres años no dejó de pensar si el detective consultor estaba vivo o muerto.