Confesiones II.
Decidí que lo mejor sería guardar la cajita lila. Llevarla conmigo a Forks. Todos los secretos habían sido revelados, he incluso perdí el interes en recuperar las páginas del diario. Todos estaban preparándose para volver a casa y yo ahora se quien soy. Conozco mi historia y algo me dice que recordaré más cosas de las que ya recuerdo. Pero antes de irme quiero ver la tumba de Sidney, cosa que no diré a nadie...ni siquiera a Jasper. Esto es personal, veré su tumba y luego veré a mi hermana. Ese será mi rencuentro. El reencuentro con la persona más importante de mi vida humana.
Caminé silenciosamente hacia el cementerio. No fue dificil encontrar la de Sidney, pues todavía conservaba un poco de su olor. tenía su nombre grabado y su fecha de naciemto y de muerte. Y también una dedicatoria: "Amada madre, esposa e hija. que encuentres el camino del bien..."
Y era lo que la mayoría de las tumbas rezaban. Deposité un ramo de tulipanes...sus favoritos.
-Eras una gran amiga- susurre. Observe un largo rato el lugar y minutos despues me fui no sin antes despedirme.
-Adios Sid- dije cariñosamente- siempre seremos las mejores amigas. Pase lo que pase.
caminé buscando a Thia. Esta resiulto realmente dificil de encontrar. Pues a pesar de recordarla me hacian falta detalles como algunos olores o algunas sensaciones.
Entonces me llegó un olor como de vainilla y rosas que haciendo a un lado la putrefacción resultaba encantador. Me acerqué un poco y la tumba rezaba lo siguiente:
"Cynthia Grace Brandon. Amada hija, esposa, hermana y madre. Mujer llena de amor y cariño te extrañaremos y esperaremos ansiosos el momento de reunirnos nuevamente"
Me recosté a un lado del lugar donde descanzan los restos de mi hermana. Y de pronto me sentí bien, un poco acalorada a diferencia de mi temperatura normal. No comprendí que significaba, pero me sentía reconfortada y cómoda.
Permanecí un rato en esa posición sin moverme, entonces me llegó su olor.
La brisa trajo consigo un fresco aroma de lavanda y flores silvestres que reconocí de inmediato. El día de mi visita a mi casa en Biloxi, el día que fui con Bella. El aroma lo reconocí de la vision en la que abrazaba a una mujer menuda: mi madre.
Corrí a la velocidad vampírica. Pasé cerca de árboles y la brisa golpeaba suavemente mi rostro. Cerré los ojos, olvidando por un momento lo que buscaba con tanta desesperación, disfrutando del roce que la brisa hacia con mi gélita piel. Y de pronto me sentí diferente, menos ligera pero con un espíritu juguetón más grande que el normal. Y como sí la velocidad disminuyera. Abrí los ojos y me dí cuenta que nada había cambiado, fue entonces que entendí que era un recuerdo. Pero uno extraño por que al cerrar mis ojos podía sentirlo como si de verdad ocurriera. Cerré los ojos nuevamente y las sensaciones volvieron a mi. Mis agudos oidos vampiricos seguian alerta y decidí que me guiaría solo por ellos.
"Corría por un sendero. Solo podía ver árboles y muchas flores. Delante mío corría una niña más pequeña que yo que reía alegremente. Su ondulado cabello castaño se movía en todas direcciones.
-Alice- susurro una mujer a mi espalda- voy a alcanzarte cielo.
Reí juguetonamente y corrí un poco más rápido arrevasando a Cynthia con facilidad.
-Vaya que lenta- bromee cuando pasé a su lado- Cullo te arrevasaría en unas carreritas.
Cullo era nuestro perro. Viejo y ciego se movía con mucha lentitud cuidando no chocar con nada.
-Eso crees- me desafió.
Entonces unas suaves manos se enroscaron al rededor de nosotras haciendonos caer. Todas reiamos y mamá comenzó a hacernos cosquillas.
Cuando la tortura de cosquillas termino mi madre tomó unas flores del pasto. A Cynthia le colocó una rosa. No era roja por que a mi hermana le gustan las flores rosadas. Y a mi me colocó un clavel blanco.
-Mis nenas- nos dijo dulcemente- son como estas hermosas flores.
Tomé una lavanda y le se la coloqué adornando su cabello, como a nosotras.
-Y tu eres como esta mami- respondí."
Sabía por todos mis recuerdos que mi madre no solía ser dulce. Cuando Thia y yo eramos niñas si lo era, pero cuando comenzamos a ser unas señoritas todo cambió.
Continue corriendo pero ahora abrí mis ojos, pronto llegué al lugar que buscaba. Observe la sencilla tumba de mi madre. Era linda pero sencilla.
Tenía flores frescas, igual que la de Cynthia. Alguien las había cambiado recientemente. Mi madre tenía lavandas y Thia rosas. Al lado de su tumba estaba la de mi padre que no tenía adorno alguno y murió antes que mi madre. La de mi madre decía cosas lindas como la de Thia, y la de mi padre rezaba:
"No puedes pedirme el perdón, pues solo existe una persona capaz de dartelo y esa no soy yo"
Obviamente solo yo podía brindarle el perdón. Mi madre había escrito esto ´para que yo lo entendiera.
-Te he perdonado padre- susurré- no te guardo odio ni rencor...puedes descanzar en paz.
Al pronunciar esas palabras sentí el ambiente más ligero y cálido. Y yo me sentía de la misma forma, como si me hubieran quitedo un enorme peso de encima.
Miré a donde debe estar mi madre biologica y un el chasquido dogno de una rama al romperse me sacó de mi ensoñación.
Me giré y ví un humano mirandome muy asustado. Era viejo, como de unos 60 años. Me recordó a Lorcan, si el fuera viejo asi se vería, pero sus ojos eran de un intenso color verde.
-Alice...- masculló.
-¿Quién eres?
Escuché como su corazón se aceleraba por el miedo, pero poco a poco fue acompasando su ritmo cardiaco y su respiración.
-Me llamo John Furey Brandon. Vine a dejarles flores a mi madre y a mi...abuela.
Lo miré incredula. Sabía de su existencia, pero nunca espere encontrarlo.
-También te he puesto claveles blancos- me dijo con una sonrisa sarcastica.
-Gracias- respondí con una sonrisa radiante.
-Mi madre solía hablarme de lo maravillosa que era su hermana- comenzó- ella te quizo hasta el ultimo de días.
Le sonreí abiertamente y luego el se marchó. No hice ningun intento por detenerlo, no deseaba que otro Brandon sufriera por los vampiros.
Decidí que lo mejor sería irme.
-Adios...madre- dije suavemente.
Entonces todo me dió vueltas y ahora me encontraba en el lugar de mi ultimo recuerdo, donde jugamos con mi madre. Pero ya no había niñas, solo una mujer: mi madre.
-Adios Alice- susurró- lamento no haberte salvado. En el momento que te conviertieron yo me hallaba luchando por Thia, trataba de huir de Cayo, el descubrió los talentos de tu hermana y nos perseguía a ambas. Nosotras ibamos hacia el hospital, para salvarte de tu destino- tomó aire y cuando me miró tenía los ojos anhegados en lagimas- pero no llegué a tiempo. Me enfoqué tanto en ti que no preste atención en lo que nos perseguía a nosotras, si lo hubiera sabido yo...abría tomado otro camino...y tu habrías sido humana.
Sin saber por que, la abracé fuertemente. Ella no se inmutó ante el contacto gélido. Res´pondió a mi abrazo con la misma intensidad.
-Me diste el mejor regalo del mundo- le respondí cariñosamente y con una sonrisa- mi libertad.
Mi madre me abrazó aun más fuerte.
-Solo asi podía estar con Jasper.
Eso la tranquilizó. Se separó suavemente de mi y me sonrió.
-Tienes razón. Eres feliz.
Nos fundimos en tierno abrazo y cuando abrí los ojos me encontraba en el cementerio. Sonreí para mis adentros.
"Mi madre me quiere"
Sabía que mi madre era buena, lo sabía.
