Drabble 2: Procedimientos para llegar a un común acuerdo (KibaIno)

(Adv: ooc, lemon, character bashing)

Sé que quieres, yo también; la depravación en mi es sensual

Ino Yamanaka ya estaba harta de esa misión. Por un momento pensó que no acabaría nunca. Al final habían logrado su objetivo, pero el viaje de regreso a Konoha parecía interminable. Rastreo e interrogación. Odiaba ese tipo de misiones y la única razón era por el compañero que le tocaba cada vez: Kiba Inuzuka.

Ambos eran extrovertidos, temperamentales y arrogantes, lo que causaba que discutieran constantemente, sí no fuese porque trabajaban juntos se habrían cortado la garganta el uno al otro hace mucho tiempo.

Pero su personalidad no era lo que más le molestaba de Kiba. No, era ese amor incondicional que tenía por su novia y ex-compañera de equipo, Hinata Hyuuga. La mojigata ojiperla había reducido al casanova a un patético perrito enamorado. Verlo babear todo el tiempo por la otra kunoichi, le disgustaba como no podía imaginárselo.

En el camino de vuelta ya había mencionado al menos cinco veces cuanto la extrañaba y de cuánto quería llegar a la aldea para poder verla. De hecho estaba por mencionarla una vez más, pero Ino bufó y lo cortó antes de que pudiese continuar.

—Descansaremos aquí — sentenció. No hacía mucho acababan de conseguir la información del blanco que habían rastreado por días, e Ino estaba física y mentalmente agotada después de haberlo torturado.

Kiba iba a oponerse, pero Akamaru ladró algo que pareció persuadirlo de no hacerlo. Lo más seguro es que el can también estaba cansado. Kiba era único que quería apurarse a llegar a Konoha, pero se vio derrotado por la mayoría.

Seguro se va a quejar toda la noche de no poder ver a su 'amada', pensó con amargura la rubia. Habían acampado junto a una laguna y cuando Ino se acercó para beber agua se le ocurrió una idea. No por nada la conocían como perra más mala de Konoha.

Se desnudó sin ningún pudor, soltando los vendajes que aprisionaban sus senos con demasiada parsimonia. Sonrió cuando sintió la mirada de Kiba clavada en ella. Hasta el hombre más enamorado sucumbé. Pero su orgullo fue lastimado cuando lo sintió alejarse. Maldita sea, no se iba a rendir tan fácil.

Porque habían trabajado tantas veces juntas, ella sabía que cuando el otro shinobi concentraba chakra en su nariz para agudizar su olfato le tardaba varias horas para regresar a la normalidad. Y ella tomaría provecho de su sensible nariz.

Llevó dos dedos a su intimidad y comenzó a masajearse sensualmente. Pronto sintió sus jugos vaginales bajar por sus muslos y cubrir sus falanges. En algún lugar detrás suyo, pudo escucharlo inhalar fuertemente. El aroma de su excitación le había llegado.

Tomó un par de minutos para preparase mejor, y cuando él no la buscó decidió que ella iría a él.

—Oye, Inuzuka, ¿quieres tomar un baño antes de que anochezca? — preguntó con falsa inocencia y como sí no estuviese completamente desnuda.

Se sintió satisfecha al ver al hombre frente a él luchar contra su propia naturaleza. Trataba de mantener la distancia y de ignorarla, pero cada cuantos segundos sus ojos recorrían con rapidez su cuerpo y la única tienda de acampar que había instalado era la de sus pantalones.

¿Ahora adónde está el amor que le tienes a Hinata?

—Vamos, el agua está fresca y yo estoy muy caliente — separó sus piernas un poco más, acentuando así su fragancia natural, causando una reacción inmediata en el hombre frente a ella.

—Ya para — gruñó él.

— No sé a que te refieres — comentó juguetonamente.

—Estás tratando de seducirme.

Ino soltó una carcajada, que lo hizo fruncir el ceño, y luego, de improviso, agarró su erecto miembro.

—Y veo que está funcionando — Kiba dejó salir un gemido ronco involuntariamente. Maldita bruja. Su cerebro le dijo que la apartara, pero el resto de su cuerpo lo contradecía.

— Me deseas — anunció ella con prepotencia, bajándole el zipper del pantalón. —Y sé que puedes oler que yo te deseo a ti.

Kiba tragó seco cuando sintió su cálido aliento sobre su polla. La jaló bruscamente por su larga coleta rubia para detenerla.

—No puedo… Hinata — Ino lo siguió masturbando y con su mano libre apretó con poca fuerza sus testículos.

—No se tiene que enterar — sintió el agarré en su cabello aflojarse, y aprovechó para envolverlo con su boca. Las rodillas de Kiba temblaron bajo ella, y ahora la mano en su cabeza la empujaba para que se lo chupase. Seguro que su princesita Hyuuga nunca se lo ha tragado. Pero ella sí podía darle ese placer. Aumentó el ritmo de su mamada y lo combinó con lengüetazos y ligeras mordidas. Cuando el se corrió, saboreó hasta la última gota de su semilla.

Cuando ella se levantó, él cayó de rodillas. Claramente sintiéndose culpable, pero ella no estaba a punto de dejar las cosas así. Apenas habían comenzado. Kiba estaba increíblemente bueno, y ella quería follarlo al menos unas dos veces más.

—Lo hecho está hecho — le dijo con sorna. — Ahora solo queda disfrutar.

Lo empujó hasta que estuviese recostado sobre la grama y se sentó a horcajadas sobre él. Rozó su clítoris contra el falo que ya comenzaba a endurecerse de nuevo. Fue una victoria personal para ella cuando las ásperas manos del Inuzuka encontraron sus pechos y le pellizcaron los pezones.

Cuando alcanzó la rigidez total, se insertó con fuerza en ella. Ino soltó un quejido por lo violentos que sus movimientos se habían vuelto. Tirándola al suelo, Kiba se alzó dominante sobre ella y le ordenó a ponerse de rodillas y ella obedeció, demasiado excitada como para rechistar.

—Te voy a tomar como la perra que eres — le gruñó él antes de arremeterse en su centro. Sus caderas chocando en un duro vaivén contra su trasero. Kiba agarró su cabello nuevamente y lo jaló con fuerza. Ella gimió sonoramente, empujándose contra él, buscándolo.

—Apuesto que nunca te la has follado así — su comentario pareció enfurecerlo ya que aumentó la velocidad de sus estocadas. — Apuesto que no grita tan fuerte como yo, la tartamuda esa.

Kiba la estaba partiendo por la mitad de la intensidad, pero ella estaba disfrutando cada segundo de su apareamiento (no, no había otro nombre para ese acto meramente animal). Al final, ella había ganado. Lo había roto y cada vez que su miembro la taladraba, el compromiso que le tenía a Hinata se deshacía un poco más.

Sintió su caliente semen en su interior, ya empezaba a bajar por sus muslos. Ella tuvo su orgasmo poco después. Kiba podía haberla follado, pero el jodido era él.

Dos semanas después cuando escuchó que la pareja de dos años se separaba, Ino Yamanaka sonrió con arrogancia.


Vaya, nunca había escrito a Ino mala. Pero me encantó. Sorry not sorry por Hinata, no la odio pero encajaba con lo que quería escribir.

De hecho me encanta el KibaIno, se ven tan lindos juntos…pero nunca me da por escribir de ellos.

Sí, ya sé que pasó las mil palabras y no es un drabble pero whatevs..

Ahora tengo que escribir algo cute y romántico para contrabalancear esto.

¡Saludos y hasta el próximo!