Amores condenados
Capitulo 2
¿Desde cuándo no miras las estrellas?
Dicen que debes dejar al ser amado irse si no corresponde a tus sentimientos, pero ¿Qué haces? Si es tu ser amado es el que decide irse llevándose tus sentimientos. Esa noche Kagome buscaba en el closet unas cajas apiladas en el fondo, de estas, saco unos pantalones y unas franelas muy bien guardadas.
-Ten, puedes cambiarte.- dijo la joven mirando las ropas en sus manos.-
-¿Qué tienen de malo las mías?.- la interrumpió Inuyasha observándose un poco.-
-Me parece que el carnaval dónde estabas, ya se acabo y mañana cuando te vayas no podrás irte así.- la joven sonrió tras estas palabras.-
-¿No importa si las uso?- pregunto el joven.-
-La persona ya no las necesita, ve y cámbiate preparare la cena.-Dicho esto se dirigió a la cocina.-
Mientras agregaba un par de huevos en el sartén, Kagome no sabía ¿Cómo era que un extraño se quedaría en su casa?, pero tampoco podía echarlo a la calle ya caída la noche; a veces podías escuchar desde tu cuarto algunos gritos en las calles, los Vampiros salían a alimentarse, normalmente mataban a los humanos que aun vivían en casas, era más fácil entrar a una casa que a un departamento. Kagome solamente escuchaba el ruido de los huevos sobre el aceite la noche estaba muy callada más de lo normal; mientras seguía en sus pensamientos fue interrumpida por el joven que entraba a la cocina.
-Me queda un poco grande, pero no me quejo, este color naranja es muy vivo, antes para un caballero los colores de las ropas solo eran negro, blanco, marrón o gris.-Dijo Inuyasha mientras veía su camisa.-
-Bueno Shakespeare, me alegro que te guste, espero tengas hambre.-Kagome colocaba los huevos en la mesa.
-Yo paso, gracias señorita.- Inuyasha se sentaba a la mesa.-
-¿No tienes hambre?, o comiste después de que saliste del parque?- Pregunto Kagome mientras se servía un vaso de jugo.-
-Digamos que perdí el apetito, sin embargo la acompañare a la mesa.- Dijo Inuyasha mirado fijamente a Kagome.-
La joven comenzó a comer y noto que Inuyasha miraba cada movimiento que ella hacía en la mesa, no sabía si salir corriendo a llamar a la policía o averiguar un poco más sobre aquel joven tan extraño. Al terminar se levanto y terminando de recoger la mesa, se escucho la voz del joven que no había emitido sonido alguno mientras ella comía, sin embargo no había sido un silencio incomodo, al contrario era el toque que daba calidez a la noche, la simple certeza de saberse acompañada.
-¿Desea salir a respirar aire fresco?.
-¿has perdido el juicio?, la noche cayo hace ya 2 horas, no se puede salir ¿recuerdas?.- Kagome se secaba las manos con un paño.-
-En esta época los vampiros dominan las noches ¿no es así?.- Inuyasha bajo la mirada mientras decía esto.-
-¿Quién eres tú? ¿Cómo subiste hasta mi ventana? ¿Cómo me encontraste? ¿Qué quieres de mi?.- Dijo Kagome mientras retrocedía muy despacio.-
-No tienes por qué tenerme miedo.-Inuyasha veía a la joven que parecía inquieta.- pasare la noche en la azotea para no incomodarle.
El se levanto dirigiéndose hacia la puerta, al desaparecer del umbral la joven dejo el paño sobre la mesa logrando tranquilizarse un poco, no entendía muy bien la situación pero de algo estaba segura, si el hubiera querido hacerle daño ya había tenido miles de oportunidades pero nada había pasado. Algo apenada decidió ir a la azotea, nadie se merecía dormir bajo el frío de la noche, además las noches ya no solamente se caracterizaban por su frialdad ahora eran aterradoras y tétricas. Subiendo las escaleras ella temerosamente abrió la puerta, camino a su mano derecha y se encontró al joven sentado en el suelo recostado de una pared, la azotea terminaba con unas rejas de alfajor plateadas; Kagome se acerco y se quedo viendo la ciudad de noche.
-Me había olvidado lo hermoso de ver la ciudad de noche.- Kagome perdía la mirada en la ciudad.- últimamente solo veo la calle que pasa frente a mi ventana.
-¿Te da miedo estar conmigo?.- Pregunto el joven sin mirar el rostro de Kagome.-
Ella se sintió un poco mal al escuchar que él pensaba eso, pero si le temía un poco al final era un simple extraño. Sin decir nada se sentó junto a él abrazando la cobija que había subido.
-No acostumbro a tener extraños en mi casa, y menos en estos días tan horribles.-Dijo Kagome sin voltear a verlo.-
-Te debo el que me ayudaras a salir del lago, mi vida te pertenece puedes quitármela cuando quieras.- Inuyasha volteo a ver a la joven.-
-¿Qué estás diciendo?
-Lo que escucho… dígame ¿el dueño de estas ropas regresara pronto?.- Pregunto Inuyasha cambiando un poco la conversación.-
-Como te dije, el ya no las necesita… las ropas eran de mi padre, el murió hace un mes… un vampiro lo mato, le dije que no saliera tan tarde del trabajo que respetara el toque de queda… no me escucho.- por la mejilla de Kagome broto una lagrima.- ahora estoy sola con mis recuerdos, pero estoy decidida a convertirme en cazadora para matar a esas bestias.
-Lo lamento… ya no tienes por qué estar sola, yo voy a estar contigo.- Inuyasha miraba hacia las estrellas.- además, nunca estas sola…
Kagome no entendía muy bien las palabras del joven, le parecía que hablaba muy triste sentía que no era el mismo que había salvado del lago.
-¿Desde cuándo no miras las estrellas?.- le pregunto
-Desde que la noche me da miedo.- respondió Kagome con una voz apagada y triste.-
-Míralas, allí está tu padre y el nunca te dejaría sola… y ya no debes temerle a la noche.- Dijo Inuyasha.-
Tomando la cobija y desdoblándola, se acerco hasta Kagome quien se sonrojo al sentir la mano de Inuyasha en su espalda, el extendió la cobija sobre los dos y volvió a hablar suavemente.
-Mientras yo exista no dejare que te ocurra nada, puedes volver a sentir la noche cuando quieras, solo debes decírmelo.
-No has respondido mis preguntas y ahora la que más me interesa es saber ¿Quién eres?- Pregunto Kagome mientras recostaba su cabeza del hombro de Inuyasha.-
-Inuyasha, eso es todo lo que necesitas saber…
-Siento que me conoces de antes…- Kagome iba cayendo en sueño.-
-Así es, o eso creo…la noche oculta secretos y sueños Kagome, no tienes que temerle mientras este contigo, pero por ahora solo tú no temerás.
-¿Por qué existirán esas bestias?.- Esta fueron las últimas palabras de Kagome ya que el sueño la venció.-
-Por mi culpa… duerme, es suficiente por hoy…
Inuyasha quedo despierto junto a Kagome que yacía plácidamente dormida, las estrellas los cobijaban esa noche. El solamente pensaba en el miedo que lo abarcaba al desconocer aquel mundo, pero la paz le volvía cada vez que veía a la joven junto a él; simplemente sabía que estaba en casa.
