• Fandom: Axis Powers Hetalia.
• Titulo: El rey azul.
• Claim:
Prusia, España.
• Resumen: Tal vez era inocencia o timidez, España no lo sabía.
• Advertencias: Fluffy.
• Notas: Basada en "El Rey Azul" de Emmanuel (lo que está en cursiva es parte de la letra e.e). Con esta historia comienzo mi celebración de cumpleaños, que se pasará del día que era, pero bueno. ¡Feliz, feliz no cumpleaños! ¿Para mí? ¡Para tú! ¡Que los paces muy felices y ahora soplale a la luz! xD.
• Disclamer: Hetalia pertenece a Himaruya.


No importa,
Si tú, me miras, yo me convierto en un rey azul.

El awesome Prusia. En su tiempo fue una impresionante potencia militar, ya no lo es más, pero sigue siendo impresionante. Sólo basta una simple mirada para que se den cuenta de lo asombroso que es ¿verdad, España? No, España, siempre despistado, no ve más allá de un buen amigo con aires de grandeza.

Francia, entendedor y maestro del tema, se sonríe de lado y lanza una nueva indirecta al aire, Prusia responde con arrogancia y vanidad, pero España simplemente ríe y les sigue el juego, desviando la vista hacia Romano, al otro lado del salón, escapándosele pequeñas expresiones como: "Tierno", "Lovinito", "Lovi-lovi", "Tomatito", entre otras que, es preferible evitar.

—¡Joder, España, pon atención! —grita Prusia, exasperado de ser ignorado. Porque a Prusia le gusta ser el centro de atención, especialmente de sus amigos. Sobre todo de España.

Y éste sonríe, volteándose a verlos, ignorando el ceño fruncido de Alemania que intenta dirigir la cubre mundial —desastrosamente—. Romano sigue tomando la siesta, fingiendo poner atención.

—¿Qué es, tíos?

Francia se encoge de hombros, señalando a Prusia con una cabeceada innecesaria, España estaba mirando a Prusia desde que hizo la pregunta, porque España no es un tonto, simplemente le gusta fingirse el desentendido.

Me hice una promesa hace unos días,
Para tocar tu mano y no me atrevo todavía.

Prusia balancea su mano en actitud descuidada. Se han quedado solos en el descanso, Alemania lo ordenó después del desorden que causaron Rusia y Estados Unidos con su pelea de miradas (que quedó en empate, al parecer); lo importante es que Romano no estaba, y Francia y su capacidad de entender el ambiente le habían hecho inventar una excusa y se había ido en pos de Reino Unido.

Prusia no es una nación, pero está ahí porque prometió comportarse, lo cual no ha hecho, pero sus bromas pasaron desapercibidas gracias a los desperfectos de las otras naciones. De todas formas, Prusia se encuentra ahí, y su mano a centímetros de rozar la de España, quien está hablando alegremente sobre un programa de cotilleos que vio hace unos días.

—Que estupideces, Antonio, ¡eres tan ordinario! —le grita, restándole importancia a la plática.

España le mira de reojo, sabe que Francia no regresará y, seguramente, impedirá que alguien entré ahí hasta el termino del descanso (de una hora) para darle todo el tiempo del mundo a Prusia.

—Era un buen programa, sus chistes eran novedosos. Muy ingenioso si me lo preguntas.

—Pues no lo hago, ¡televisión alemana es lo que necesitas!

Y España ríe otra vez, mirando como la mano de Prusia se balancea tan cerca de la propia, pero siempre retirándose en el último momento, como un general que no está seguro de atacar. Y es que le parece gracioso, su amigo, cuyo lema es: «Estar solo es maravilloso», cuyo ego es tan grande que podría llenar una habitación, es tímido para muchas cosas.

Por ejemplo: Tomar la mano de Antonio; lo cual lleva intentando desde hace un mes sin avances.

Al principio Antonio no entendía el por qué, y fue Reino Unido (de todas las personas) quién le dio la respuesta: Es obvio, ¿no? Le interesas.

Prusia había tenido el valor de preguntar (acosar hasta obtener una respuesta, mejor dicho) a Reino Unido sobre cosas que éste hubiese hecho durante su matrimonio (breve, pero agradable) con España. ¡Pero no se atrevía a tomar la mano de Antonio!

Probablemente Prusia diría que Arthur se moría por contarle cosas, y él decidió escuchar a ver si podía chantajearle después con algo. Sí, esa sería una respuesta típica de Prusia.

El reloj que marca el tiempo, para que te vuelva a ver
Quizás sólo sea un momento, un instante puede ser.

La reunión finalizó y no volvieron a verse (por sus diversas agendas) durante un par de meses. Alemania no estaba seguro, pero al final tuvo que ceder, su hermano probablemente se colaría a la reunión con o sin su permiso.

Prusia divisó a España sólo por un segundo, iba caminando y hablando animadamente con Bélgica y Portugal, aunque la primera se veía más emocionada que él segundo. Sólo un instante, pero esa sensación de hormigueo en su estómago había sido suficiente.

—¡Eh, Gilbert, tío! —saludó España apenas le vio, estaban a punto de entrar a la sala de reuniones—. ¿Qué dices?, ¿Nos vamos el fin de semana al bar?

La mano de Gilbert se balanceaba lenta y tímidamente mientras él respondía de forma afirmativa a la propuesta del español. Antonio lo vio y sonrió, cogiéndole la mano y entrando a la sala de reuniones de aquella manera.

Prusia había sido un imperio, una potencia militar… pero España era el país de la pasión, y era normal que él diese el primer (pequeño) paso.