Amores condenados

Amores condenados

Capitulo 3

Hoy lloverá

Mientras soñamos con superaciones tanto en lo personal como en lo profesional, existen otros que sueñan con ver el otro día porque solamente así tendrán la seguridad de seguir vivos. Hacía ya más de dos días que Kagome había conocido a Inuyasha su nueva fascinación, desde su punto de vista era la relación más extraña que había llevado con alguien, el joven a veces parecía ausente mientras estaba con ella, siempre quería preguntarle ¿Qué estaba pensando? Pero sentía miedo de lo que podría contestarle; el parecía tener recuerdo amargos de su vida y aunque no era un amnésico ella sentía lastima al saber que él no deseaba regresar con los "suyos", porque al contrario de él, ella daría su alma por ver regresar a su padre. Inuyasha se mantenía siempre cerca de Kagome menos en el colegio donde el aguardaba a la hora de salida, continuamente desaparecía en el día y ella no sabia a donde iba. Durante la clases de Ciencias Sango hacia equipo con Kagome en la famosa disección del sapo.

-¿Puedes pasarme el bisturí?-Pregunto Sango mientras veía asqueada al anfibio.-

Kagome se lo pasó casi por inercia, le parecía una tontería el que sango le tuviera asco a diseccionar a un simple sapo, mientras que en las noches cortaba cabezas y quemaba los cadáveres de los vampiros que cazaba. Con un suspiro quedo fija en el tic tac del reloj que iba mas lento que de costumbre, además en complicidad con su aburrimiento la aguja del segundero cada 30 segundos parecía que daba un paso atrás y luego seguía la monótona marcha.

-¿Kagome te ocurre algo?.- Le pregunto Sango con un tono bajo.- Estas muy callada últimamente.

-No es nada, es solo que ya deseo salir de clases.

-¿Quieres venir con nosotros a cazar?, Kaede me dijo que un fragmento de la perla había surgido de las profundidades, no le entendí muy bien pero puede ser el fragmento que te toque a ti.-Sango le sonrío a Kagome aunque parecía ser ella la mas emocionada de las dos.-

-Tengo mucho tiempo que no entreno con ustedes, ¿Crees que podría ser una buena cazadora?

-Pues deberías de empezar por venir esta noche ¿Te parece?

Antes de que Kagome pudiera responder esa pregunta, miro atraída a la ventana como si buscara una respuesta en su interior a esa pregunta, tal vez intentaba convencerse de que lo que pensaba hacer convirtiéndose en cazadora era lo correcto, ella veía los árboles del patio mientras escuchaba como de su boca no salía ni una palabra en respuesta a Sango que aguardaba en silencio, por un breve momento sus pensamientos dejaron ver a un joven trepado sobre las enormes ramas de los árboles del patio, era Inuyasha que parecía un ángel aguardando por ella, en ese momento Kagome sintió la necesidad de atravesar aquellas paredes quedando libre para salir corriendo a donde estaba el. Pero ¿Qué le ocurría? ¿Por qué pensaba en el tan vehementemente? Ahora a su mente le daba por verlo incluso a la hora de clases, como le era costumbre quedo hechizada al ver su perfecta figura, una brisa mecía sus largos cabellos, los mechones en su cara no le molestaban y sus ojos estaban fijos en ella, y por supuesto eso le fascinaba era la visión mas hermosa y atractiva que ella había tenido.

-¿Kagome te sientes bien?.- Le pregunto Sango.-

Kagome miro a su amiga quien poseía preocupación en su rostro cuando de pronto un manotazo fue dado sobre el mesón donde ellas se encontraban, era la profesora Violeta quien las miraba de mala manera, Kagome suspiro lamentando que interrumpieran su visión, dando un reojo a la ventana noto que el aun estaba allá afuera, no era una visión efectivamente el estaba allá arriba en las ramas esperando.

-¿Pueden decirle a toda la clase de que hablan? Porque no creo que sea sobre el experimento ¿O si?- Dijo Violeta con un tono bastante molesto en su voz.-

-No pasa nada profesora, es que… es que.-Balbuceaba Sango cuando fue interrumpida por Kagome.-

-Es que le decía a Sango que no me siento muy bien.

-¿Cierto?.- Sango frunció el seño mientras escuchaba a Kagome.-

-La verdad creo que estoy a punto de repetir mi almuerzo… usted sabe de que hablo.

Kagome coloco su mano sobre la boca y con la otra se abrazo el estomago, la cara de la profesora fue un poco de sorpresa, Kagome era una buena alumna nunca pensaría en una tetra montada.

-Si es así, ve a la enfermería para que te revisen muchacha, de seguro tienes una indigestión.

-Gracias profesora, permiso.

Kagome tomo sus cosas rápidamente y salio sin mirar a nadie no fuera a ser que la profesora se arrepintiera de lo dicho o peor aun se diera cuenta del engaño; Sango le hecho una mirada a Miroku quien le arrugaba la nariz en señal de preguntar que pasaba, pero Sango solamente se encogió de hombros. Bajando lo mas rápido las escaleras y corriendo por el pasillo Kagome salio al patio, buscando el árbol donde había visto a Inuyasha pero el ya no estaba, acercándose hasta el tronco ella miro hacia arriba pero solamente podía ver el tupido follaje.

-No tenías porque salirte de clases.

La voz provenía a sus espaldas, aunque sabia de quien era Kagome al voltear se sorprendió al ver la hermosura del joven frente a ella, la intensidad de su cabello color plata era mas fuerte por los rayos del sol, sus ojos habían perdido el color miel y esta vez mostraban el color oro que de vez en cuando aparecía en ellos.

-¿Qué haces aquí?, me sorprendí al verte.

-Lo se.- Inquirió el joven.- siempre vengo, solo que esta vez me deje ver.

-¿Te ocurrió algo? ¿Necesitas algo?-pregunto Kagome intentando parecer indiferente.-

-Lo mismo de siempre, nada nuevo.

-Perdona que pregunte pero ¿Qué es lo mismo de siempre?

-A ti.- Le respondió Inuyasha como si le extrañara la pregunta de la joven.-

-No debiste venir aquí, es mejor que nos vayamos; para mi profesora de biología estoy enferma.

Kagome camino rápidamente por el patio mientras Inuyasha la seguía atrás al parecer divertido de la situación. Desde la ventana Sango veía como su amiga salía del patio acompañada de aquel extraño. Kagome disfrutaba de la luz del día que le era a veces un consolador, ya que en las noches la oscuridad le recordaba lo sola que estaba; en la plaza Kagome paro por un helado y por supuesto Inuyasha se había negado, sentados en una banca Kagome comía su helado mientras Inuyasha parecía embelezado viéndola.

-Oye vives conmigo pero.-Kagome se interrumpió a ella misma lamiendo su cono de fresa.- no se nada de ti.

Ella volteo a mirarlo, noto algo nuevo en sus ojos, parecía que una tristeza se había apoderado de ellos mientras la miraba; el al notar que ella se había percatado de ello cruzo sus piernas y fijo la vista al cielo que estaba completamente nublado y ninguno de los dos se había percatado.

-Hoy lloverá.- Dijo Inuyasha suavemente sin dejar de ver el cielo.-

Kagome no volvió a preguntarle esto de nuevo a Inuyasha, ahora en su mente un pensamiento de temor la embargo al pensar que ella lastimaba de alguna manera al joven; tal vez no eran sus palabras pero había algo en su rostro que parecía lastimarlo, palabras como "debes ser de su descendencia" pasaban incesantemente por la mente de Kagome; tomando su bolso y sin decir una palabra mas Kagome se levanto y se fue de la plaza, dejando a Inuyasha solo y confundido. Ella solo regreso a casa, estaba igual de confundida o mas que Inuyasha, a veces no entendía porque era la fuerte atracción hacia el joven, no entendía porque lo había dejado estar en la azotea de su edificio durante esos días y ahora se escapaba de clases para estar con él; arrojándose sobre la cama y ocultando su rostro sobre una almohada Kagome escucho como la lluvia comenzaba a caer, esta tocaba insistentemente en su ventana mientras los pensamientos sobre Inuyasha golpeaban insistentemente en su cabeza; tal vez ella comenzaba a gozar del refugio que tanto había anhelado y ese era la compañía de Inuyasha que aunque no estaba con ella el simple hecho de tenerlo en la azotea ya era un consuelo. Alzando su cabeza reposo su mejilla derecha sobre su almohada y al ver en la ventana estaba la agraciada silueta de Inuyasha mojada detrás del vidrio, inmediatamente apoyo las manos sobre la cama alzando el dorso para tener una mejor vista, efectivamente el la miraba detrás del vidrio las gotas que caían sobre el parecían felices de caer sobre las ondas de su cabello y delinearlas lentamente; ella se levanto de la cama y se paro en la ventana clavando sus ojos sobre el joven, su mano derecha se poso sobre el vidrio desempañando solamente la parte que le dejaban ver aquellos ojos que habían perdido lo dorado para volverse miel. Por un instante Kagome se sintió egoísta por no dejar pasar a Inuyasha, pero disfrutaba tanto el verlo mojado bajo la lluvia, se deleitaba al ver la lluvia caer sobre su figura; con un gran esfuerzo corto su éxtasis y abrió la ventana.

-¿Puedo pasar?, aunque debo admitir que me gusta ver tu cara a través de la ventana.-Hablo Inuyasha muy despacio como si no tuviera frío o no estuviera mojado.-

-Entonces es una fascinación que compartimos, y claro puedes pasar, aunque es extraño que la mayoría de las veces en que te acercas a mí estas mojado.- Dijo Kagome algo sonreída.-

Ella noto que el bajo la mirada examinándose y sonrío levemente, nuevamente Kagome sacaba una de las ropas de su padre y por supuesto Inuyasha hacia la pregunta de si podía ponérsela; esa noche de lluvia Kagome se recostó en su cama mientras que luego de cambiarse, Inuyasha colgó las ropas mojadas en el lavandero y se acerco al cuarto de Kagome viéndola recostada boca arriba, se quedo por un instante en el umbral de la puerta detallándola fielmente como si quisiera grabar su imagen perfecta en su memoria, comenzó por los cabellos que se esparcían graciosamente sobre la almohada como chocolate derretido, sobre su frente se posaba una de sus suaves manos, sus ojos estaban cerrados, su nariz emitía un movimiento casi imperceptible al ojo humano mientras respiraba, su boca estaba entreabierta y se podía ver levemente lo blanco de su dentadura bajo su labio superior color rosa, luego sus ojos inspeccionaron la pequeña barbilla y saltaron apresuradamente sobre su cuello, blanco y perfecto; una tentación vino a su mente y entendió que seria mejor estar lejos de la joven. Saliendo del cuarto se esparramo sobre el sofá viendo la extraña "caja negra" que estaba frente a el.

-Pensé que habías salido a pesar de la lluvia.

La joven se había levantado, Inuyasha negó con su cabeza bajando levemente la mirada, Kagome vestía un pequeña bata blanca, se abrigaba con una sabana y estaba descalza. De pronto ambos fijaron su vista en el bombillo de la sala donde estaban, este comenzó a titilar hasta que se apago, el bajón de luz fue hasta el centro de la ciudad. Kagome con cada rayo veía el resplandor dorado de los ojos de Inuyasha, el veía como torpemente ella se movía tanteando todo a su alrededor, intentando dirigirse a la cocina.

-Ven quédate aquí, yo iré por las velas de la mesa.- Inuyasha le tomaba la suave mano a Kagome.-

Ella se sentó en el sofá viendo en cada rayo que Inuyasha no vacilaba al caminar llegando sin problema a la cocina, mientras que a ella le costaba incluso ver la "caja negra" que estaba al frente, que no era mas que el televisor. El rostro alumbrado de Inuyasha por la luz de la vela le pareció aun mas hermoso a Kagome, la flama de la vela se reflejaba en sus pupilas como espejo y la luz amarilla dejaba ver su aterciopelado rostro mas suave aun, el coloco la vela sobre una mesa y quedo de pie como si quisiera guardar algo de distancia de ella, por un instante vagos y dolorosos recuerdos venían a su mente y no deseaba que ella lo notara, además de que la debilidad que comenzaba a sentir por la piel de la joven iba en aumento.

-Puedes sentarte.-apresuro a decir Kagome para romper el incomodo silencio.-

Inuyasha titubeo un poco antes de aceptar la invitación, pero no podía huir hacia la azotea por la lluvia, aunque talvez las gotas le ayudarían a refrescar sus pensamientos; Kagome se abrigo por completo sentándose en posición moro sobre el sofá. Ninguno de los dos hablo, solo la lluvia hablaba y cada vez lo hacia mas fuerte; ella se relajo por completo acurrucándose sobre los cojines, el mantenía su postura, no se había movido, su mente divagaba un poco intentaba de no concentrarse en la joven que lo acompañaba, no deseaba caer en su tentación pero ella no pensaba igual, a pesar de tenerlo junto a ella no le gustaba la distancia y la oscuridad comenzaba a escrudiñar en su reciente herida; necesitaba huir antes de que regresara el dolor acercándose hasta Inuyasha, levanto su brazo y lo paso por encima de su hombro, recostando su rostro sobre el hombro del joven; el trago grueso y luego comenzó a oler los cabellos de Kagome que le parecían tan apasionantes dejándose llevar por aquella atracción que a veces parecía una droga.

-Espero no te moleste, pero mi padre me dejaba dormir sobre su pecho cada vez que ocurría un apagón.

-No te preocupes, puedes hacer lo que desees.

Kagome sintió que la voz de Inuyasha se había relajado por completo, y así era Inuyasha dejo de pensar en todo lo que había en su cabeza dejando su mente en blanco; por otro lado Kagome se refugiaba en el, en contra de la pena y parecía dar resultado, esta vez no habían lagrimas en sus ojos ni dolor en su pecho, con la mejilla apoyada en el hombro del joven su mirada caía hacia abajo, por lo que cada vez que entre abría los ojos veía la ropa que llevaba Inuyasha que era la de su padre, todo esto mas el sueño que la venia venciendo engañaban a su subconsciente imaginando que el había vuelto.