• Fandom: Axis Powers Hetalia.
• Titulo: Tú me gustas.
• Claim:
Canadá, Prusia.
• Resumen: Ser acosado debe ser asombroso, sobretodo porque es Prusia quien te mira.
• Advertencias: Fail, humor (disque), sin betear.
• Notas: Para el "Feliz no cumpleaños" (Aunque lo fue ayer, 7 de Septiembre xD)
• Disclamer: Hetalia pertenece a Himaruya.


«Tú me gustas»

De eso llevaba una semana, y desde entonces Canadá había pasado de ser invisible a ojos de las naciones, a ser acosado por Prusia con sus constantes «¡Mira lo impresionante que soy!, ¡Regresa, Matthew, mira!» ¿Desde cuándo el pruso sabía su nombre de pila?; ser acosado por su hermano con sus constantes «¡Aléjate de Prusia, Mat!, ¡Es mala influencia, te digo!», ¿ahora Al sabía quién era buena o mala influencia?; a ser felicitado por Francia «Oh, mon petite, así se hace. ¡Ve a por todo!»; y finalmente, ser reñido por Reino Unido.

En serio, nunca lo veían, y apenas alguien se le acercaba y todo mundo se ponía sobre él… ¿con qué derecho? Se preguntaba, ignorando por tercera vez a su hermano y su charla sobre lo poco genial que era Prusia.

—Al, déjame ya —le dijo, empleando ese tono de fastidio que Alfred ya se conocía. Después se puso de pie—. No necesito que me digas con quienes hacer o no amistad —después miró a sus "padres" que espiaban tras una columna—. ¡Y va para ustedes también!

Finalmente, un mes después, ya harto del acoso constante, decidió hablar con Prusia (y en parte es por rebeldía, por mostrarle a su "familia" que puede hacer lo que quiera), además, ¿qué puede perder?; Lo peor que podría pasar es ser ignorado por todos otra vez y de todas formas, extrañaba un poco su tranquilidad.

No tengo un duro ni tampoco lo valgo,
llevo unos años en pecado mortal.

Dos horas. Dos horas de escuchar a Prusia hablar de sí mismo, no que estuviera poco acostumbrado, Alfred y sus kilométricas llamadas telefónicas lo habían curado de todo susto. Pero… esperaba algo diferente.

—Y, de todas formas, no es que yo necesitara la tarjeta de West, sólo le hacía un favor en comprar esas cosas, le hubieran cancelado la tarjeta de lo contrario.…

Asiente con la cabeza, sin escucharlo realmente.

Carreras de Fórmula 1, blogs, salchichas y patatas, cerveza, hermanos menores no impresionantes, ir al bar… y eso era sólo una pequeña parte de lo que Prusia le había dicho en esas dos horas. Canadá simplemente sonreía por una razón, aún podía verlo. De una forma extraña, Prusia seguía viéndolo.

Ya sé que yo a ti no te gusto nada,
y quiero que sepas que tú a mí me encantas.

—Y, ¿cómo va la temporada de Hockey? —preguntó Prusia, con esa sonrisa arrogante suya, y su voz grave y rasposa le dio un toque diferente a la oración—. ¡Escuché que has tenido problemas!

Canadá reaccionó ante la simple mención de su deporte favorito, pero se quedó perplejo y no contestó. Pensó que Prusia tomaría eso como un "todo bien" y seguiría con su cháchara.

—¿Y bien? Desde Alemania no te dan la noticia completa, ¿sabes? Sólo cortos y eso, así que, ¿qué mejor que preguntarle a Canadá? —y siguió sonriendo, acercándosele un poco.

Canadá, con timidez, le respondió que todo estaba bien. Pero después decidió explayarse un poco más, y acaparó la conversación durante un par de horas, mientras Prusia le escuchaba atentamente.

El primer consejo de Francia era: Escucha lo que tenga que decirte, por muy asombroso que seas, mon ami, a mon ange le gusta ser escuchado.

Porque me gustas, tú lo sabes,
y aunque te parezca extraño nos caeremos muy bien.

A pesar de que los primeros encuentros fueron muy malos, los que siguieron a esos (porque Prusia seguía en plan acosador) resultaron mejores. De una forma extraña, Prusia se encontraba en el comedor de la casa de Canadá, comiendo panqueques con miel de maple y un vaso de café (porque en el desayuno la cerveza no era una opción).

—Mattie, ¡Tus panqueques son deliciosos! —gritó Prusia, pasándole el plato para repetir por tercera ocasión—. ¡Impresionantes panqueques para el maravilloso yo!

—Gracias —respondió, con una sonrisa satisfecha. Mentalmente pensó en un "lo sé".

Las platicas basadas normalmente en Prusia y Hockey, habían pasado a agregar a sus hermanos, los problemas con ellos, diferentes historias graciosas que les habían sucedido, ¡incluso economía! Y ahí Canadá descubrió realmente lo buen estratega que podía ser Prusia tras esa fachada descuidada que siempre ponía.

Cuando Prusia abandonó el lugar para tomar su avión de regreso a Alemania, tras pasar una semana en Canadá, pensó que quizás, en un par de años (o quizá unas semanas, todo podía cambiar) Matthew dejaría de reírse cuando le insinuaba que le gustaba mucho su compañía y comenzaría a tomarlo en serio.

Porque al maravilloso Prusia le gustaba el alegre y simpático (aunque a veces agresivo) canadiense, y cuando a Prusia le gustaba algo sólo había dos opciones: Lo tenía por las buenas, o lo obtenía por la guerra. Algo le decía que Canadá terminaría aceptándole, ciertamente, ¿quién no quería estar con él? Así que no iba a preocuparse, y dejaría que su perfecto plan con el plazo de dos años diese efecto.