Amores condenados
Capitulo 4
El anochecer en el parque.
Los caminos suelen ser diferentes cada día pero normalmente nos llevan al lugar donde se supone debemos estar. La mañana se tornaba fría, Kagome despertaba cuando el sol alcanzo su rostro, al sentarse se dio cuenta que estaba sola, el joven había desaparecido nuevamente. Incorporándose se arropaba lo más posible con la cobija y luego entro a su cuarto viendo los hermosos detalles de las antiguas ropas de Inuyasha, Kagome se preguntaba si volvería a ver a su interesante y deleitable extraño. Nuevamente una mañana de escuela más y Kagome era nuevamente abordada por Sango.
-Hace mucho tiempo que no hacías esto ¿Qué ocurre contigo?, llegas a la segunda hora, te escapas de clases y estas distraída la mayoría del tiempo.- reclamaba Sango a Kagome.-
-Por favor, Sango ya basta, como te dije me quede dormida.
-¿Y la escapada de ayer? ¿Y la cita a la que nunca llegaste?.- Dijo Sango aun enojada.-
-Yo no creo que este lista…
Kagome intentaba eludir aquellos temas para los que no tenia una "buena" respuesta, la verdad había olvidado la cita para ir de caza aunque entre tanta lluvia de igual manera le hubiera sido imposible llegar pensó, Sango no la dejaría escapar así de fácil, un hombre de cabellos negros se acerco al grupo acompañado de una joven de cabellos rojos, Kagome volteo a verlos dejando salir un suspiro.
-Yo creo que ella haría un excelente trabajo si se toma las citas mas en serio.- Dijo el joven de Cabellos negros.-
-Yo no apoyo la opinión de Kouga, además de que eres la menor del grupo, la muerte de tu padre es la que te llevo a tomar esa decisión.- intervino la pelirroja.-
-Ayame por favor no seas irrespetuosa.- Kouga miraba a la joven algo molesto.-
-Es la verdad y aquí todos sabemos eso, antes cuando nos acompañabas a entrenar nos decías que lo hacías por diversión y por estar mas tiempo con tus amigos. Nunca lo hiciste de corazón, solo cuando aquel vampiro mato a tu padre.- Le reprocho Ayame.-
Kagome miro a la pelirroja frente a ella muy dolida, Kouga jaloneaba a Ayame para que retrocediera y bajara su tono de voz, antes de soltar la primera lagrima Kagome salio corriendo bajando las escaleras sin voltear atrás, no podia defenderse de todo lo dicho porque era la cruel realidad.
-Bonita manera de hablarle.- Kouga sostenía fuertemente el brazo de Ayame.-
-Suéltame me estas lastimando.- Batiendo el brazo logro librarse.- Lo hice por su bien, desde que su padre esta muerto esta muy frágil, debe reponerse.
-Hay manera de decir las cosas.- Dijo Sango, dándose media vuelta, bajando las escaleras tras Kagome.-
Kagome se detuvo en la última reja de la escuela, antes de colocar un pie fuera de la acera sintió como un brazo pasaba por su cintura impidiéndole cruzar la calle, inmediatamente que dio el paso atrás vio como un carro pasaba frente a ella tocándole la corneta.
-No deberías lanzarte a esos animales, golpean duro… créeme me llevo uno por delante esta mañana.
Al voltearse entre lagrimas Kagome vio a Inuyasha parado detrás de ella, secándose como podía los ojos. Lo miro intentando tranquilizarse, en cierta manera sentía algo de vergüenza de que Inuyasha viera en el estado tan deplorable en que se encontraba.
-¿Qué te ocurre?- pasando su mano suavemente por el rostro de la joven.-
-No es nada… pensé que te habías ido esta mañana.- Dijo ella con voz entre cortada.-
-¿Te lastimaron?-Pregunto Inuyasha alzando el rostro de Kagome.-
Sus mejillas estaban sonrojadas de tanto llorar y sus ojos estaban opacos y tan tristes, aunque noto encantada como los rayos del sol se reflejaban en el suave color miel de los ojos de Inuyasha; por las escaleras Sango bajaba lo más rápido posible y al llegar a la puerta principal de la escuela comenzó a gritar.
-¡Kagome!
-Sango…- susurro Kagome entre dientes.- Quisiera desaparecer en este momento.
Mirando a la joven que se acercaba, Kagome hecho a correr antes de que ella llegara a alcanzarla, no sabía a donde iba solo corría sin rumbo fijo, parecía que en vez de escapar de Sango quisiera escapar de ella misma. Cuando finalmente se detuvo se encontraba en la entrada al parque, el sol se ponía, ya exhausta camino sobre una de las pequeñas colinas que adornaban el parque deteniéndose a ver la tranquilidad de la laguna, tal vez así de tranquilo estaba su padre en esos momentos.
-No debes acercarte tanto a la orilla.
-¿Inuyasha?- Dijo la joven volteándose.- ¿Cómo me alcanzaste?
-Te dije soy un buen gimnasta.- Inuyasha sonrió después de decir esto y extendió su mano.- Ven.
-A veces…- susurro Kagome volteándose a ver el risco.- me pregunto si ¿alguien me necesita en este mundo?... tal vez le ahorraría muchos problemas a mis amigos si solo desapareciera.
-No digas eso, la joven que corría tras de ti estaba muy preocupada.- Mientras Inuyasha hablaba se acercaba lentamente a la joven.- te quiere y eres valiosa para ella, como lo eres para mi.
-¿Para ti? ¿Cómo puedes decir eso si apenas me conoces?.
-Yo te conozco de otra vida.
Inuyasha tomo la mano de Kagome atrayéndola suavemente hacia el, tocando su cabello, Kagome apretó la mano de Inuyasha como un naufrago aferrándose a un bote sintiendo el rose de su cuerpo con el de Inuyasha, la tristeza se había apoderado del corazón de la joven y cada día que pasaba era desperdiciado y monótono para ella; Inuyasha tomo el bolso de ella y se sentó en la grama. Ella se sentó a su lado y miraba el lago donde parecía querer ahogarse pensó el.
-¿Por qué dijiste que me conocías de otra vida?- Pregunto ella sin ver la cara de Inuyasha.-
-Porque es la verdad…
-Eres un mentiroso, fue mentira también lo que me dijiste de que te habían atropellado esta mañana.
-Fue verdad, iba caminando cuando una de esas bestias rodadoras me llevo por delante, no tengo porque mentirle señorita.- Tomando el rostro de la joven.- Ni quiero mentirle.
-Entonces dime ¿Quién eres?-Kagome se levantaba.-
-Antes de contestarle tomo la mano de la joven y hablo apaciguadamente.- Ven siéntate aquí conmigo…
Kagome miro a Inuyasha, cuando estaba con el parecía que no tuviera voluntad, ella se sentó junto a el sin pensar por un instante mas que las horas iban muriendo mientras ellos hablaban sin importar el alrededor, esta vez la falta era mas grave, Kagome no había llegado a entrar a sus clases, había perdido toda la mañana, pero al ver junto a ella sentada la silueta casi perfecta de Inuyasha las penas y equivocaciones parecían no existir, como si el fuera un sedante que la ayudara a olvidar todo.
-Un poco mas cerca…- susurro Inuyasha viendo a la joven moverse.- Más, lo más cerca que puedas…
Inuyasha poso sus manos atrás tocando la grama, mientras veía como Kagome se acomodaba sobre su cuerpo, ella paso suavemente sus manos sobre el dorso de Inuyasha acariciándolo, poso su pecho sobre el de el y una de sus piernas se levanto casi involuntariamente para cruzarse con la de el; finalmente ella se detuvo, su respiración estaba agitada el la sentía sobre su rostro y parecía encantarle.
-¿Estas cómoda?...
-Si… aunque me da un poco de miedo el poder que tienes…es el de un vampiro…
-Shhhhh, no hables.-Levantando su mano para acariciar el rostro de Kagome.-
-¿Qué quieres de mi?...
-¿De ti? Esta mal dicho mi niña… yo te quiero a ti.
Inuyasha seguía acariciando aquella suave piel, mientras paso su otra mano por la cintura de Kagome, ella pudo sentir como el la sujetaba fuertemente, pero sin lastimarla, aunque no era necesario ella no se levantaría, por alguna razón el miedo había desaparecido, vio como el humedeció suavemente sus labios y al acercarse ella volteo un poco el rostro para evitar aquel beso.
-Perdón…-Dijo Inuyasha soltando lentamente a Kagome.- Me deje llevar… es que tu rostro y tu esencia…
-Te recuerdan a alguien a quien perdiste ¿Cierto?.
Aunque ya estaba "libre" Kagome mantenía su posición, de una u otra forma le era placentero estar con aquel joven. Inuyasha noto que ella no se había movido, entendió que Kagome solamente ocultaba su dolor cuando estaba con el, Inuyasha se había convertido en una figura protectora para Kagome y aunque a el no le molestaba en cierta forma, sentía algo de tristeza el pensar en la mentira en que se había convertido su existencia junto a la joven, las horas habían muerto y la tarde los había alcanzado casi como si corriera para que se acabara el día. Kagome había pasado por alto todo el tiempo en que ella y su nueva adicción dejaban morir las horas mientras se veían uno al otro sin emitir palabra alguna, era como si quisieran conocerse a través de las miradas ahora ella era la que humedecía sus labios, acercándose a su rostro.
-Será mejor que nos vayamos… ya vienen.-Dijo Inuyasha alejando suavemente el cuerpo de Kagome.- esta por terminar la tarde.
Ella no emitió sonido alguno, refunfuño un poco al sentirse mal de saber que su beso tendría que guardarse para otra ocasión aunque estaba dispuesta a entregárselo a el. Otros minutos mas en que el silencio se había apoderado de ambos, mientras ella comenzaba a examinar la posición de su cuerpo sobre el de Inuyasha la cual parecía inmutable, se percato de algo que había pasado completo por alto y que por aquella cercanía o mejor dicho por aquel roce de cuerpos era mas que evidente.
-(Su corazón no late).- Pensó la Joven.- Me dijiste que no tuviera miedo mientras estuviera contigo.
-Y así debe ser, pero ahora el que teme soy yo.- Inuyasha se levantaba suavemente dejándola a un lado y luego le extendió la mano a Kagome.-
-Creo que mientras este contigo debo temer…-Tomando la mano del joven y recogiendo con la otra su bolso.- ¡Aléjate de mi Vampiro! –Grito Kagome atinándole un golpe con su morral.-
Ella se levanto y se hecho a correr colina abajo huyendo desesperadamente, no sabia muy bien que ocurría en ese momento, solo sabia que su corazón se agitaba cada vez mas, incluso ella misma sentía como de su pecho podía saltar en cualquier momento, por supuesto no solo ella se dio cuenta de aquel palpitar lleno de adrenalina, la tarde comenzaba a alargar las sombras de los edificios mientras el sol empezaba a esconderse.
-Llego la hora de cazar.
