Amores Condenados

Capitulo 5

La primera batalla

Si el mundo pudiera hablar diría lo viejo y cansado que está de ver la sangre del hombre derramada por años en el suelo, ya nadie recuerda como es el cielo nocturno que cobija al día, ya el humano no recuerda como vivir sin miedo, ya los no vivos no recuerdan como respetar una vida. Los siglos pasaban uno por uno viendo como el mas apto había sido la especie dominante, dejando al hombre como su alimento. Los no vivos eran de 2 clases los Vampiros sedientos siempre de sangre y los demonios en búsqueda de carne fresca.

En el fondo sonaba una tétrica música de circo mezclada con algunas risas hipócritas y otras fingidas, la mesa estaba servida repleta de platos con carne cruda, cestas de pan y copas de un vino que era tinto y espeso. En la punta de la mesa había un joven prácticamente acostado sobre su silla, que miraba atentamente como en el otro extremo un joven de piel blanca, de cabellos y ojos negros, jugaba con una mujer de aspecto diferente al resto, esta tenia harapos en vez de la elegancia con que los demás de la mesa estaban vestidos, parecía como si hubiera estado luchando con algo, en su rostro podía verse algunos moretones y rasguños aunque leves evidentes. Aquel joven la tenía entre las piernas y ella intentaba quitárselo de encima pero sus manos estaban atadas y por supuesto en su mano derecha, aquel joven poseía el extremo de la cadena. En ese forcejeo la joven escupió la cara de aquel hombre, quedando por primera vez la sala en silencio solo aquella música circulaba en el ambiente, una sonrisa salió de la cara del joven que observaba de la otra esquina pero se borro enseguida cuando vio como la muchacha era tomada de los cabellos.

-No lo hagas…- se apresuro a decir el joven.-

Aquellos ojos negros voltearon levemente a ver al joven y pasándose la lengua por los labios dejo ver un par de colmillos en su boca clavándolos gustosamente sobre el cuello de la joven que poco a poco dejaba de forcejear, luego de esto tomo el cuerpo pálido y lo tiro al piso.

-Queridos invitados una vez más yo Naraku soy el que les doy alimento, aun tiene sangre y es carne fresca, así que todos la pueden aprovechar, ¡a comer! – Levándose y alzando los brazos.-

Dicho esto todos los de la mesa se levantaron, cayendo sobre el cuerpo algunos atacando directo a las venas y otros a la piel. Sonriendo Naraku se acerco lentamente hasta el otro extremo de la mesa y colocándose detrás de la silla del joven para hablarle despacio y en voz baja, el miraba con rabia y desprecio como todos devoraban el cadáver.

- Es hermoso el cuadro ¿no lo crees?.

-No tiene nada de hermoso, los estas convirtiendo en bestias y ese no es tu trabajo.- Respondió el joven tomándose el ultimo sorbo de su copa y colocándola en la mesa.-

-Que aguafiestas eres, deberías unirte al final son parte de nuestra familia.- Dijo Naraku irguiéndose con orgullo.-

-Nunca entenderé ¿Cuál es tu propósito?, se que quiere mi padre de ti, pero no se que esperas de el. –Dijo el muchacho levantándose de la silla siempre de espaldas a Naraku.-

-Yo no espero nada, solo deseo que ellos sigan sus instintos, que maten, que roben, que violen, como demonios y vampiros que son… ¿No lo ves? – Dijo Naraku colocándose al lado del joven.- son inmortales, ya están muertos pero hay que dejarlos vivir, que decidan su destino, como tu y como yo hermano.

-Allí es donde te equivocas, yo no decidí mi destino, yo nací así… tú si decidiste al venderle tu alma a mi padre para obtener inmortalidad hace más de 600 años. – Mirando fijamente a Naraku.- Encárgate de mantenerlos a raya Vampiro no les metas ideas en la cabeza, este mundo no esta preparado para ellos y ellos no están preparados para el mundo; además cuando te diga que no hagas algo es mejor que obedezcas no me hagas prescindir de tus servicios vampiro… y otra cosa nunca mas vuelvas a decirme hermano.

Aquel joven se retiro de la sala azotando la puerta, Naraku se sentó en la silla mirando con desprecio la puerta, tomando la copa en sus manos y rompiéndola.

-¡TODO EL MUNDO FUERA! – Grito con rabia.-

En menos de un minuto la sala quedo completamente vacía. Naraku guardaba resentimiento en su alma, un alma corrompida hacia mucho tiempo. Aquella noche la tez blanca de aquel joven había salido de aquella casa que parecía un palacio en medio del bosque, camino por un sendero hasta llegar a un lago, donde las estrellas estaban tan perfectamente reflejadas que parecían estar en el fondo del agua, el galopar de unos cascos se acercaban cada vez mas, un corcel blanco llegaba hasta el joven y encima alguien encapuchado se bajaba descubriendo su rostro, una mujer realmente hermosa, sus cabellos azabaches estaban recogidos en una trenza, sus ojos eran color cafés y su rostro suave y delicado. Ella se sonrió al ver al joven y se acerco abrazándolo efusivamente.

-Inuyasha.- Susurro con voz suave la doncella.-

-Pensé que no vendrías.-Dijo Inuyasha mientras entre sus brazos la tenia.- hubiera sido lo mejor.

-Siempre que pueda vendré, ya sabes que cada día me es mas difícil estar sin ti.-Una leve lagrima broto de su mejilla.-

-Hoy estoy muy enojado, Naraku nuevamente hace lo que se le antoja, a veces tengo ganas de retorcerle el cuello… - poco a poco fue soltándola, su respiración era mas profusa y en su mente la rabia se apoderaba de el.- Un día clavare en su corazón una estaca, y envidiare su facilidad para morir.

-No digas eso, me da miedo de lo que me dices.- Dijo la joven tomándole las manos.-

-Lo siento.- colocándose una mano en la cabeza.- me deje llevar por mis pensamientos… a veces creo que no deberías regresar a este lugar Kikyo…

-Pero yo te amo.- Dijo Kikyo acercándose a el.-

-Y yo a ti, yo siendo hijo de el no debería sentir esto por nadie.-mirando hacia el lago.- No sirvo bien ni a mi especie.

-Te he dicho que tú no eres como ellos, tú llevas sangre humana en tus venas, eso te hace diferente. – Respondió con una voz un poco mas rígida.-

-Lo se pero a veces cuando duermo siento que el demonio que tengo por dentro me devora y que cuando despierte no reconoceré a nadie.- Miro a kikyo y tomando su rostro entre sus manos.- si quiera a ti.

-No digas eso, yo siempre te recordare quien eres.- luego de esto le dio un beso en los labios y dejo rodar una lagrima por su mejilla.-

Inuyasha era aquel hijo maldito de lucifer; su padre había dejado un hijo sembrado en una de las campesinas, ella murió cuando el nació, para desgracia del demonio su hijo poseía apariencia humana, aunque en su interior estaba escondida la sangre maldita. Lucifer dejo a Inuyasha en el mundo mortal con la Tessaiga para que capturara y castigara a todas las almas que escapaban del infierno, solo que esto ya era hecho por Naraku quien se vio desplazado como mano derecha por el hijo de su amo, de aquí nacía el infinito odio hacia Inuyasha. Naraku había vendido su alma hacia mas de 600 años a Lucifer por vida eterna, el precio de la inmortalidad era la dependencia de la sangre para vivir, al verse solo Naraku comenzó a matar gente y a transformar a las campesinas en vampiros, pero esto no lo llenaba así que transformaba a hombres, mujeres y niños por igual. Lucifer nunca detuvo la masacre, pero el reinado llego a su fin cuando Naraku fue desplazado por Inuyasha quien le prohibió transformar a más personas, así aumento más y más el odio de Naraku hacia aquel que le había quitado todo lo que el sentía que le pertenecía. La envidia y la codicia de Naraku lo hacían cada vez más fuerte, y su objetivo final era poder gobernar a vampiros y demonios por igual; pero para ello debía sobrepasar 2 obstáculos que eran al hijo y al padre. Aquella noche Inuyasha disfrutaba el conversar con su querida Kikyo, mientras ambos disfrutaban el silencio de la noche y la luz de la luna, Inuyasha quedo en silencio levantándose de la grama dándole la espalda a la joven.

-¿Qué sucede Inuyasha?.- Kikyo se levantaba.-

-Sal de una vez Naraku; sabes que soy mas evolucionado puedo olerte a kilómetros.- dijo Inuyasha con una voz seca.-

-Siempre tan sensitivo.- dijo una voz entre los arbustos.- Buenas noches apreciada Kikyo.

-Vete Kikyo ahora.- Dijo Inuyasha dándose media vuelta.-

Kikyo vio aterrorizada como los ojos de Inuyasha se habían dilatado y fijado en el punto donde se iniciaba el sendero, parecía estar poseído y de entre los arbustos aparecía una silueta negra lentamente.

-¿Inuyasha? –Balbuceo la joven.-

-¡¿Dónde? Estas equivocada querida ese que esta al frente tuyo no es Inuyasha, es el vampiro que lleva dentro ¿No lo ves?- Dijo Naraku con cierto tono burlesco y de satisfacción.-

-¡Te dije que te fueras!- le grito Inuyasha a Kikyo.- esta vez voy a terminar con esto, ya no te quiero cerca de mi... voy a arrancarte la garganta.

Inuyasha comenzó a rondar a Naraku como si fuera su presa, Kikyo se mantenía casi paralizada, cerca del lago. Ella no podía entender en ese momento el ¿porque? De la reacción de Inuyasha, pero era una simple respuesta Naraku había descubierto su punto débil Kikyo. Inuyasha había perdido su esencia, sus ojos estaban llenos de rabia; de pronto vio como Naraku se quito la capa y se abalanzo como un león sobre Inuyasha, ambos peleaban ferozmente omitiendo a la testigo que deseaba correr sin que sus piernas respondieran. Inuyasha peleaba elegantemente mientras naraku gruñía exponiendo sus colmillos.

-Eres débil sin tu Tessaiga, pero no la necesitaras en el mundo de tu padre, lo único que harás allá es sufrir junto a las almas que condenaste al infierno.- decía Naraku mientras se lamía la sangre del rostro.-

Inuyasha mostró sus garras y se lanzo en un ataque contra Naraku, quien evadía fácilmente los zarpazos caminando hacia atrás, en un movimiento ágil dio una vuelta tomando por los hombros a Kikyo y usándola de escudo ante su adversario. Simplemente no pudo recordar o sentir algo, ella solo cayo al suelo llena de sangre sin poder moverse, pero esta vez no eran solo sus piernas las que no se movían esta vez era todo su cuerpo.

-¿Kikyo?- Dijo Inuyasha con voz ronca arrodillándose junto al cuerpo agonizante de la joven.-

Inuyasha veía como su querida Kikyo comenzaba a agonizar, mientras el con sus manos llenas de sangre hacia presión sobre aquella gran herida en el abdomen de la joven. Inuyasha podía haber nacido con las agilidades y las fortalezas de un vampiro gracias a la sangre de demonio que había en sus venas, pero Naraku tenia mas de 600 años usando sus poderes inmortales, esta fue la diferencia que estableció aquella noche al ganador.

-¿Recuerdas lo que me dio tu padre para disciplinar a vampiros desobedientes como tu?- Naraku tenia un pequeño fragmento de una piedra negra entre sus dedos.- yo se que no eres totalmente vampiro pero que tampoco eres demonio por eso el fragmento mas grande de la piedra maldita la Shikon no tama, lo guarde especialmente ¡para ti!

Atravesándole la espalda con la mano a Inuyasha, Naraku dejo dentro del cuerpo del Joven aquel fragmento, Inuyasha gritaba del dolor, no sabia si el dolor de la herida era mas fuerte o el de ver como moría su querida Kikyo. El efecto fue casi inmediato aquel fragmento de la perla comenzaba a dejar sin movimientos el cuerpo de Inuyasha, quien se arrodillo frente a Kikyo con mucha dificultad.

-Perdóname por favor.- Dijo tenuemente el joven sobre el cuerpo casi sin vida de la hermosa joven.-

-Morirás como el perro que eres, me das asco, siendo el hijo del señor de las tinieblas tienes sentimientos por esta humana, pero tranquilo yo no desperdiciare a tan hermosa joya.- Naraku golpeo a Inuyasha quien quedo tendido en el suelo, tomándolo de los pelos le hablo mientras lo arrastraba hasta el lago.- lastimosamente no puedo ver mi reflejo en esta agua pero tu si ves el tuyo, y ahora soy yo el que te digo que nunca me llames hermano…

Poco a poco el cuerpo de Inuyasha se fue convirtiendo en cristal, antes de que la maldición de la perla se completara, Naraku lanzo el cuerpo de Inuyasha al Lago y lo último que pudieron ver aquellos ojos color oro fue la satisfacción y el triunfo en el rostro de la maldad. La noche lloro en silencio El lago se convirtió en la tumba del hijo de Lucifer.