Amores Condenados

Capitulo 6

La condena de Inuyasha

Por un instante Kagome corría, había perdido la noción de lo que había pasado simplemente el miedo le había dejado pensar que no había tenido un encuentro con Inuyasha en el parque, creía que no había parado de correr desde que salio del colegio a media mañana. Cuando sus pies finalmente se rindieron apoyo su mano en la pared de uno de los edificios, la calle estaba completamente sola y el sol estaba casi por completo escondido, pero ella no se percato ya que estaba parada con su cabeza boca abajo, la boca abierta respirando profusamente.

-Mira lo que nos trajo la noche.

-Talvez esta huyendo de uno de nosotros.

-O talvez perdió su camino a casa.

Estas voces rodeaban a Kagome, ella se irguió recostándose de espaldas al edificio, aun respirando fuertemente y con el corazón a punto de explotar llego a pensar. Por mas que miraba a su alrededor no podía ver de donde provenían aquellas 2 oscuras voces, que aunque le infundían temor por su oscuridad, eran dulces y deliciosas al oírlas.

-¿Quién…-Fue lo único que logro decir Kagome aun jadeando.-

-Pobrecita, esta ahogada.

Kagome cerro sus ojos y recostó su cabeza de la pared, respirando un poco mas tranquila, pero ahora el problema eran las voces, al abrir sus ojos, vio en la pared como 2 mujeres estaban apoyadas sobre la misma pared del edificio, ambas estaban de pie como si la pared fuera su piso. Por alguna extraña razón Kagome no reacciono desesperadamente, ella solo bajo su rostro mirando a su alrededor por donde podía huir.

-Es extraño que no te eches a correr como es de costumbre.

-Tal vez no le quedan fuerzas.

Una de las mujeres apareció frente a Kagome, sus ojos eran color turquesa, de tez blanca y cabellos color chocolates, tomándola bruscamente por el cuello le golpeo la cabeza contra la pared. Kagome soltó el bolso y coloco sus manos sobre el brazo de aquella mujer, se estaba asfixiando.

-Si vas a matarla hazlo rápido, no juegues con la presa Kagura mira que pueden venir los Cazadores.

-Me tienes harta Kikyo.- Kagura soltó a Kagome quien cayo sentada en el suelo.- no dijiste nada en todo el camino, elegí la presa y ahora que hago todo el trabajo comienzas a quejarte.

-No me quejo, solamente te digo que pueden llegar los cazadores.

-¿Por qué no haces tu el trabajo sucio?, anda rómpele el cuello.

Kagome en el suelo miro hacia arriba mientras veía como su muerte era decidida tan al azar. Kikyo era realmente hermosa, su rostro perfecto era reflejado por la luz de la luna tenuemente, parecía que aquella conversación comenzaba a disgustarle.

-Haz lo que te plazca.-dándose media vuelta y comenzando a alejarse.-

-Es por Inuyasha que estas así ¿cierto?

Era ella, Kagome sintió que podía escapar cuando quisiera pero ahora al mencionar aquel nombre creyó que esta conversación la incluía. Kikyo se detuvo siempre dando la espalda, nuevamente su deliciosa voz se dejaba escuchar.

-El no tiene nada que ver, y no menciones su nombre o harás enojar a Naraku.

-Todo el día no hiciste mas que estar encerrada, y normalmente tu eres la que da el toque mágico a la noche cuando matas a la presa; pero hoy te has vuelto la desabrida que eras en un principio cuando recién te habías convertido.

-No me pasa nada, ya te lo dije…

Kikyo quedo en silencio y volteo a donde se encontraba Kagome y Kagura; sus cabellos negros se posaron suavemente en su rostro al voltear cayendo despacio con la brisa que empezó a jugar con ellos.

-¿Qué haces aquí?

Kagura volteo a ver con quien hablaba Kikyo, de la sombra apareció el joven de cabellos color luna, miraba fijamente a la hermosa mujer que le hablaba. Kagome aguardo con mucha cautela y un poco de miedo en el corazón, pero no entendía lo que le ocurría, no sabia si aquel miedo era porque esa noche estaba a punto de morir o si era por la forma en que Inuyasha veía a Kikyo, entonces se engaño a si misma repitiéndose que era el miedo a morir.

-Vengo por Kagome.

-¿Cómo demonios pudiste librarte del fragmento de la Shikon no tama?- Pregunto Kagura con un tono molesto.-

-Hay cosas que un vampiro vulgar como tu no entendería, además ¿Quién le dijo que me libre de esa condena?.- Inuyasha hablaba con Kagura pero no dejaba de mirar a Kikyo, quien no daba ni un paso.-

-Se acercan unos humanos, escucho su palpitar.-Dijo Kagura retrocediendo.-

Ya se podían escuchar unos pasos que se acercaban, tras Kikyo dos figuras se posaron, ella volteo dejando ver sus afilados colmillos, pero Kagome no visualizo los rostros ella solo veía como Inuyasha caía al suelo como si algo le estuviera devorando las entrañas.

-¡Kagome!, Atrás malditas bestias!

Por un instante Kikyo noto que nuevamente había escuchado aquel nombre, todos deseaban proteger y amar a Kagome pero ¿Quién era esa joven?; volteándose vio aquellos humildes y sinceros ojos color chocolate, la esencia mas dulce y divina que había visto durante todos los siglos. Sintió como una espada le había penetrado el cuerpo y vuelto a salir.

-Vámonos ya Kikyo.- Advirtió Kagura y dando un salto desaparecía tras la neblina.-

Kikyo no había sentido dolor ante la herida, ella simplemente se alejo sin dejar de ver los ojos chocolates que se compadecían del sufrimiento de Inuyasha.

-Maldición Kagome, te hemos dicho que no debes estar a estas horas en la calle.- Dijo Kouga acercándose a la joven.-

-De seguro nos estaba siguiendo como le es costumbre.

-Haz silencio Ayame, ¿estas bien Kagome?- Pregunto el Joven mientras se arrodillaba frente a la joven.-

-¿Qué le pasa?- Pregunto Kagome viendo a Inuyasha intentando ponerse en pie sin éxito.-

-No lo se, tal vez se esta transformando en vampiro… ¿Lo mordieron?

-Imposible.-casi susurro la joven.- el ya es un vampiro.

-Entonces hay que eliminarlo.- La voz de Ayame poseía un poco de satisfacción.-

Inuyasha gruñía entre dientes tocándose el pecho, a medida que Ayame se acercaba desenvainando su espada, el se retorcía mas llegando a un punto en que parecía escarbar en su pecho dejándose rasguños.

-¿Qué demonios le pasa a este?.- Pregunto Ayame.-

Apenas dicho esto Inuyasha se levanto todo desesperado, mostrando sus colmillos y dejando salir un fuerte gruñido; su pecho mostraba un poco de sangre y desorientado dio un salto alejándose velozmente de aquel lugar. Kagome desconoció por completo aquel rostro, no era el de dulce joven que había rescatado en el lago y menos la silueta perfecta a la cual era adicta.

-¡Vamos tras el Kouga, no debe estar lejos!.- Ayame envainaba nuevamente su espada.-

-¡No!.- Kouga ayudo a levantar a Kagome quien aun estaba atónita.- ¿no ves en el estado que se encuentra Kagome? La llevaremos a su casa.

Sin chistar Ayame acompaño a la pareja esa noche, Kagome no supo lo que le ocurría a Inuyasha por mas que le preguntaba a Kouga, el no tenia una explicación; pero el dolor que sabia había sentido esa noche talvez le había quitado una parte de la agraciada esencia.