Amores condenados

Capitulo 7

Una segunda vida

Las cuatro paredes eran las mismas, solo que hacia algún tiempo parecían estar vacías, o esto creía Kagome después de la muerte de su padre. Ella estaba recostada en el sillón, viendo la ventana mientras Kouga le hablaba, pero ella no le escuchaba solo pensaba en la manera que Inuyasha se revolcaba del dolor.

-Creo que esta en shock por lo que ocurrió esta noche.- inquirió Ayame viendo el rostro perdido de Kagome.-

-No me gustaría dejarla así, pienso que no debería vivir tan sola.- Dijo Kouga acariciando los cabellos chocolates.-

-Estoy bien.- Respondió Kagome sentándose en el sillón.- solo algo sorprendida.

-Insisto en mi idea de que Sango venga a vivir contigo.- Kouga se sentaba junto a ella.-

Kagome vio la cara de celos que Ayame había dejado ver cuando Kouga se acerco, pero ella sabia que no le correspondería a Kouga por eso no se preocupaba por las malas miradas de la otra joven en la habitación.

-Es mejor no vayamos, tenemos que patrullar.

-Mañana lo hablaremos en clases, cuídate y descansa.-dicho esto, Kouga le dio un tierno beso a Kagome en la frente.-

Kagome no dijo nada, ni siquiera adiós, ella se volvió hacia la ventana escuchando como la puerta se cerraba. Solo deseaba saber ¿Qué le había ocurrido a Inuyasha esa noche?, y además comenzaba a impacientarse al reconocer que le estaba dando suma importancia a lo que le ocurría a ese vampiro. Caminando hacia el cuarto vio las antiguas ropas que Inuyasha había dejado, se preguntaba una y otra vez ¿Dónde estaba? Pero nadie respondería aquella pregunta, las palabras se perdían en su cabeza mientras acostada en su cama se dejaba llevar por el sueño, la monotonía del silencio era como el arrullar del mar que te invita a dormir dejándote caer entre su mecientes olas. El reloj ya daba las cuatro cuando Kagome soñaba con los días pasados en compañía de su encantador desconocido, en sueños ella se encontraba a las orillas del río salvando de ahogarse al joven, el sueño había dado un vuelco cuando el rostro perfecto de Inuyasha comenzaba a derretirse debido al sol que se posaba sobre sus cabezas, un vampiro no puede estar bajo el sol pero en sus sueños como en la realidad el joven había disfrutado de los rayos en su rostro mas de una vez. Algo sofocada se despertaba sabiendo que las 2 horas en las que había podido dormir solamente había soñado con el; de pronto recordó sus palabras "Mi vida te pertenece puedes quitármela cuando quieras". Levantándose rápidamente de la cama, se coloco su chaqueta y salio corriendo hasta la terraza, con la esperanza de que allí estuviera el joven su sombra se extendió en el suelo con los últimos rayos del sol.

-¿En que estoy pensando?-murmuro entre dientes.-No hay nadie.

-Perdón por lo ocurrido…

Kagome volteo viendo como el joven con una mano en el pecho se posaba frente a ella.

-¿Por qué me mentiste?... Creí que eras sincero, pero claro usabas tu hipnosis para que yo hiciera todo lo que tu quisieras, eres un ser despreciable como todos los de tu especie.

-Solo use la hipnosis una vez, y fue en el parque donde te diste cuenta de todo; perdóname Kagome.- Inuyasha termino la frase y se dio media vuelta.-

-¿Qué era lo que en realidad querías de mi? ¡¿Por qué no me mataste en estos días Maldito Vampiro?.- Reprochaba Kagome mientras las lágrimas comenzaban a correr por sus mejillas.-

A Inuyasha le dolía escuchar la voz partida de Kagome mientras lloraba, sabia que el era el culpable de aquel dolor, talvez se merecía todas las duras palabras que gritaba la joven pero no dejaba de pensar en la soledad que se avecinaba nuevamente a su existencia.

-Deseaba estar mas tiempo contigo… sabes - Inuyasha hizo una breve pausa pero fue interrumpido.-

-No digas tonterías vampiro, esta vez no caeré en tus juegos.

-Hace unas horas era Inuyasha ¿Ahora soy Vampiro?, que irónica es la existencia. Yo no decidí nacer así.

-Ustedes no nacen, ustedes son engendrados por otros demonios de su misma calaña.

-Mi madre fue engendrada por un demonio por así decirlo y nací siendo vampiro; nunca tuve el don de la vida; creo que simplemente no me la merecía.- explico Inuyasha mientras perdía la vista en el horizonte y su voz se tensaba de dolor.-

-Vivir no tiene nada de esplendido, eres débil y frágil, si existe una raza mas fuerte tienes que pasar de vivir a sobrevivir… pero ustedes tienen vida eterna.

-Te equivocas, No hay vida después de la muerte; somos maquinas, monstruos o bestias que debemos subsistir matando a otros, dependemos de la sangre y la carne para seguir "funcionando"… esto no es vida, aunque yo nunca tuve vida pero...- Inuyasha se quedo un rato pensativo y prosiguió.- una vez experimente la sensación mas exquisita que he conocido en todos mis años humanos, cuando sentí eso, me dije a mi mismo "así debe sentirse el estar vivo".

Se podía ver como los ojos color oro brillaban con intensidad mientras estas palabras salían de la boca de Inuyasha, parecía recordar aquello que tanto le hacia feliz, era una felicidad tan majestuosa que talvez ninguno de nosotros la había sentido con tanta intensidad como el. Kagome se debatía entre desbordar todo su enojo contra Inuyasha o dejarlo perderse en sus pensamientos para escuchar todo lo que le había ocultado, pero el ver como la majestuosidad de la hermosura de Inuyasha iba dejándola en el estado de letargo -que ya le era común- la obligo a decidirse.

-Te lo pregunto una vez mas ¿Qué quieres de mi?

-Esa pregunta puedes hacérmela durante todas mis vidas y la respuesta siempre será la misma, pero hoy me di cuenta de que no debe ser así.

El pecho de Kagome se ahogo en un pequeño suspiro entrecortado, aunque el joven frente a ella le había estado engañando, no podía ya negar la necesidad o dependencia que había nacido en ella por estar con el; en ese instante la respuesta que buscaba era que la necesitaba y que la quería a ella, pero esta vez era un tono y una respuesta diferente.

-Hace ya muchas lunas desde que el ser que más ame murió por mi culpa, eso no volverá a repetirse.-Inuyasha hablaba muy solemnemente.- eso no pasara contigo.

Aunque se notaba que las palabras que pronunciaba Inuyasha eran cuidadosamente elegidas para no hacerle daño a Kagome estas parecían un puñal que entraba y salía incesantemente en el pecho de la joven, ella no se movía y por un momento se sentía completamente paralizada ante aquella conversación, se sentía indefensa sin argumento alguno que le dieran un indicio a Inuyasha sobre el daño que le provocaba sin querer en ese momento; aunque por un instante también reflexionaba sobre lo que le decía Inuyasha, si ella se había convertido en un ser que ama entonces ¿Por qué aquella conversación sonaba a despedida?.

-Se que me ves como una figura paternal, pero eso no debe ser así porque te lastimas a ti misma; no soy lo mas conveniente para tu vida y tu no eres apropiada para mi existencia, no pasare por aquella horrible noche nuevamente.

-No te entiendo.- balbuceo pobremente Kagome.-

-La vida Kagome no es como tú la ves llena de soledad y tristeza, hay mucho mas detrás de la puerta, solo debes abrirla como yo lo hice al venir contigo, aunque debo confesarte algo.- Inuyasha volteo y sonrío levemente a la joven.- yo también llegue a verte como un refugio para mi tristeza.

Kagome seguía en el letargo del "asfixia" no había podido decir nada mas, el se había estado dando cuenta sobre todo lo que ella sentía al estar con el, pero eso había cambiado, finalmente entendía su vehemencia hacia el vampiro que se posaba frente a ella, no era por la paternidad como le hacia entender el; ella ahora comprendía su fascinación por la figura agraciada que poseía Inuyasha, y es que simplemente la persona que tenemos al frente nos parece hermosamente perfecta cuando la amamos. El se acerco hasta Kagome tomando su rostro entre sus manos.

-Lamento cualquier inconveniente que te pude causar en mi estadía, como último favor te pido me regales esta ropa para parecer "normal".-Dijo Inuyasha aun sonriente.- Eres la segunda vida que he tenido en mi existencia y te doy gracias por ello.

Kagome noto que Inuyasha nunca había usado la palabra vida cuando se refería a el, la palabra existencia parecía serle un poco mas adecuada ya que el nunca había poseído ese don. Si en verdad el se iba, nuevamente la monotonía entraría en la vida de Kagome, aquel aturdimiento en el que la vida pasaba sombría y opaca volvería a arropar sus días, el pensar que no vería mas los ojos miel dorada que se posaban ante ella en ese instante le parecían una condena demasiado difícil de llevar, pero no podía decir ni la mas minima palabra estaba aturdida y asfixiada al mismo tiempo que se sentía hechizada por aquella voz que le hablaba como siempre casi en susurro. Ella era la segunda vida de Inuyasha entonces ¿Quién fue la primera?, de pronto cayo en cuenta nuevamente en lo que pasaba, Inuyasha se despedía mientras su mente flotaba por cada recuerdo, duda o éxtasis que tenia que ver con su dependencia hacia el. Inuyasha aun mantenía el rostro de Kagome entre sus manos, aquella blanca y suave piel comenzó de repente a humedecerse con las lágrimas que salían de los ojos cafés que comenzaban a entender que era el adiós.

-No quiero que te inmiscuyas en esta vida de vampiros y cazadores, por favor abandona esa idea, no te quiero en peligro.- Inuyasha seco una de sus lagrimas y la abrazo.- Gracias por hacerme vivir de nuevo.

¡Basta! Dijo Kagome fuertemente, pero de su boca no había salido palabra alguna, en su cabeza hablaba sueltamente con Inuyasha pero al estar en sus brazos era como una muñeca completamente vulnerable y ante el adiós inminente que se aproximaba dificultaba más aun la expresión de las palabras. Entre sus brazos Inuyasha sentía como Kagome temblaba, los latidos de su corazón estaban aumentando cada vez mas y temió que fuera un miedo que crecía en la joven con respecto a el, nunca creyó que la decisión de dejarla fuera el verdadero latido de aquel frenético palpitar. Suavemente la soltó y se alejo tan sigilosamente como había llegado, Kagome ni se percato de que ya estaba sola en la azotea del edificio, las piernas comenzaron a temblarle cuando cayo de rodillas y empezó a llorar casi sin consuelo, el se había ido y ella no había hecho nada para detenerlo, en su cabeza entendía que la naturaleza de Inuyasha era otra y que debía alejarse de una criatura tan peligrosa, pero todo lo que el había mostrado en aquellos días había sido todo lo contrario a los pensamientos que rondaban en su mente, aunque buscaba los defectos de la relación que había nacido entre ellos, ella solo recordaba la amabilidad, la tranquilidad y la ansiedad de estar con el, esto solo Inuyasha lo había podido despertar en ella.