Amores condenados
Capitulo 9
Vampiros
La noche comenzaba a reinar en el centro de la ciudad, los gritos de desesperación y el olor a muerte habían disminuido desde hacia ya algunos días, algo pasaba en el mundo de los no vivos. En un edificio abandonado una mujer realmente hermosa a la luz de la luna, entraba con cautela como si se cuidara de no ser vista. Aquel edificio estaba casi en ruinas los agujeros en el techo dejaban ver las tuberías y en las escaleras la falta de escalones no te habrían dejado subir hasta el piso siguiente y si lo lograses lo mas probable es que el piso se viniera abajo con cualquier peso. Sin hacer sonido alguno en el desajustado suelo la mujer se movió agraciadamente paseándose de un lado a otro hasta alcanzar una de las habitaciones que yacían sin puerta, esta estaba vacía a excepción de un único mueble que había frente a la ventana rota; se acerco mirando al hombre que estaba allí sentado, la piel blanca se hacía mas pálida con la luz de la luna, sus ojos permanecían perdidos en la noche y sus labios estaban completamente resecos al igual que la piel de sus manos.
-No has comido nada desde que despertaste, ¿quieres que cace algo para ti?-Pregunto la joven dulcemente.-
-Que sigilosa y fría te has vuelto.
-Son características propias de nuestra especie lo sabes.
-Si es verdad somos sigilosos… pero no necesariamente fríos.
-No entiendo a que te refieres.
-No hablo de la frialdad de la piel Kikyo, hablo de la frialdad del alma si es que la tenemos… ¿Desde cuando los humanos son "algo" que hay que cazar?
A pesar de la dureza de las palabras la voz del joven se mantuvo en completa calma, inalterable a pesar de que en sus pensamientos una nube de rabia se interponía; luego de un audible silencio él suspiro y hablo muy despacio.
-¿Los nuevos engendrados saben de mi?
-Naraku les hablo de ti, diciendo que le habías dejado toda tu autoridad junto con tu Tessaiga.
-Ese maldito, no dejare que siga estableciendo una ola de miedo en la ciudad, demonios como nosotros solamente deberían de existir en sueños y mitos.
-No creo que estés en condiciones de pelear con él y menos si no te has alimentado.-Dicho esto Kikyo se arrodillo junto el sillón.- ¿Por qué no huimos Inuyasha? Como me lo propusiste hace tantos años.
Los ojos color oro dejaron de estar perdidos en la oscuridad y se centraron en las palabras de aquella joven que parecía suplicar arrodillada junto a él, Inuyasha examino cuidadosamente cada facción de Kikyo noto que ya no existía el sonrojo en sus mejillas cuando lo veía, sus ojos habían perdido ese brillo de esperanza, su piel no era de durazno sino de papel y lo más importante era que ya no existía aquel palpitar desenfrenado cada vez que ella se encontraba junto a él; bien se dice que la eternidad es permanecer hermoso e inmortal pero aquellos pequeños detalles siempre se perdían. Inuyasha se enderezo en su asiento y tomo el rostro de Kikyo, noto que este era frio y no como el de Kagome que permanecía tibio y a veces podía sentir como aumentaba la temperatura cuando se ruborizaba; ella si poseía esa piel de durazno que a él tanto le fascinaba y ese sonrojar de mejillas que a su vista era perfecto y más aun si él lo llegaba a provocar, al fin de cuentas nuevamente había caído en sus pensamientos hacia Kagome recordando aquel breve instante en el que pudo detallarla mientras dormía hasta que sus instintos hicieron sentir el impulso de morderla cuando noto lo largo y blanco que era su cuello; obligándose a salirse de su trance respondió a la mujer que estaba junto a él confundida mientras veía como él se extasiaba con sus profundos pensamientos deseando saber quién era capaz de perturbarlo de esa manera, Kikyo llego al punto de desear que fuera ella.
-Yo debo regresar a la casa, basta de esconderme.
-Escúchame algo Inuyasha, si deseas que todo sea como lo recuerdas debes de cambiarlo tú mismo, así que escapémonos juntos, como antes.
Kikyo se levanto mirando los ojos color oro que se posaban serenos ante ella, Inuyasha hizo una mueca que ella interpreto como sonrisa y caminando despacio se acerco a la ventana, la noche estaba quieta como si el mundo se hubiera ido a dormir tranquilo sin el miedo de saber qué demonios y vampiros podían estar al asecho detrás de cualquier puerta, mientras más recordaba lo que escondía la noche crecían las ganas de correr junto a Kagome, de abrazarla y de refugiarse entre sus palpitaciones y sonrojos, pero la realidad era otra y era hora de volver.
-Yo no quiero seguir en esta época, aquí todo es muy diferente y la maldad se ha apoderado de la noche. Ya no logro escuchar la tranquilidad de los corazones palpitando- Cerrando los ojos y tensando el rostro al no escucharlos.- ahora todo es sufrimiento y desesperación, no puedo huir a un remanso de paz si todo esto es mi culpa… incluyéndote.
Kikyo no dijo nada mas, se quedo pensando en las palabras que quedaron en el aire, prosiguió a detallar un poco más al joven que tenia frente a ella, no era el mismo Inuyasha que ella conocía, este era más triste, sus ojos tenían demasiada añoranza, y su rostro era más duro. Noto como llevo su mano al pecho y cerro el puño tomando la camisa en muestra de dolor, pero inmediatamente la soltó y volteándose le dio aquella magnifica sonrisa que ella recordaba, era el mismo hombre del cual se había enamorado en su vida humana, era aquel que la hacía soñar y por el cual se escapaba para encontrarse con él en el lago.
-Deberías de quedarte aquí mientras resuelvo esto.-se devolvió al sofá tomando una vieja espada.- no quiero volver a ponerte en riesgo.
-Ya me aleje de ti una vez, no pienso volver a hacerlo.
Ambos salieron de aquel edificio sin ser vistos, las calles estaban por completo vacía no existía en el aire el olor a muerte y sangre que había podido percibir Inuyasha mientras dormía en la azotea, tampoco estaban los gritos de dolor y el llanto que procedía de las noches de caza, no había nada en esa noche como s se presintiera de que nuevas normas comenzarían a correr. Kikyo caminaba tan grácilmente que fácilmente dejaba a Inuyasha atrás quien se rezagaba cada vez mas, pero cada vez que ella detenía el paso para esperarlo el se apresuraba para no dar paso a la conversación, luego de unos 15 minutos de camino la vieja casa se posaba ante ellos con un lúgubre y escalofriante silencio.
-Seguramente no hay nadie, es hora de la caza.- Dijo Kikyo convencida.-
-No, te equivocas todos están allí, sus voces las escucho claramente rondar en mi cabeza.
Inuyasha subió los escalones de la entrada y Kikyo le siguió inmediatamente, aunque ella no escuchaba ruido alguno sabía que Inuyasha por ser el hijo legitimo de Lucifer poseía cualidades que ningún otro vampiro poseía, entre ellas era el saber donde estaban cada uno de sus "parientes", así como escuchar sus pensamientos. Al entra a la antigua casa no encontraron a nadie pero existía en el ambiente una peste a sangre descompuesta, este era un olor no perceptible para el ser humano pero el sabia que recién se habían alimentado.
Mantente siempre detrás de mí…
Kikyo al escuchar esto en su mente asintió levemente y ambos entraron al salón principal, era exactamente igual como la ultima vez, Naraku sentado como el rey y sus lacayos alrededor a la expectativa de alguna amenaza, el sonrió sutilmente dejando ver sus afilados colmillos, que aunque era una "sonrisa" también era una señal de defensa.
-Bienvenido seas hermano.-Naraku se levanto abriendo los brazos y quedando de pie prosiguió.- sabía que mi mejor Cazadora (Inuyasha cerró sus puños ante esta afirmación) y mi ausente hermano volverían juntos, como antes.
-Te dije que volvería y siempre cumplo lo que prometo, ahora te pido que vuelvas a trabajar conmigo o atente a las consecuencias.
-Claro Inuyasha, este siempre será tu puesto, como mano derecha de tu padre yo simplemente estaba intentando guiar a nuestros parientes por un camino de "diversión".
-¿Diversión?, lo que hiciste fue plantar el horror en esta ciudad, tanto así que despertaste a los cazadores, ellos no existían en mi época y quiero que escuchen todos.- Inuyasha se dio media vuelta apartando suavemente a Kikyo que no se había movido de sus espaldas, su voz aumento y se tenso.- A partir de hoy yo doy las ordenes y la primera es ¡no más caza de humanos!, ahora solo están permitidos los animales, y si no quieren cazar en zonas foráneas pues aquí en la ciudad están disponibles las morgues, siempre y cuando no se destroce el cadáver… y el que no esté de acuerdo conmigo.- Desenvaino la espada quien de una oxidada hoja paso a la majestuosidad de la Tessaiga.- que me lo haga saber por qué se va derecho al reino de mi padre.
Inuyasha pudo escuchar algunos pensamientos: "No quiero regresar al infierno"… "¿Y este que se cree?"… "¿Naraku no hará nada?"… "Por fin seremos nuevamente civilizados". Inmediatamente poso sus ojos color oro sobre Naraku quien únicamente pensaba el porqué la Tessaiga solo se transformaba con su dueño; él se acerco hasta el guardando su espada en la espalda, Inuyasha dejo ver su cara de pocos amigos, inmediatamente el dejo su mente en blanco, no pudo leer miedo, rabia o impotencia en su mente solo estaba a la espera, era un don de Naraku el ocultaba sus pensamientos, muchas veces no podía sentirlo como la trágica noche en que no supo que deseaba matarlo a él y a Kikyo.
No Creas que he olvidado lo que me hiciste, no intentes traicionarme Naraku o no dudare en echarte a los cazadores.
Querido Inuyasha no seas rencoroso, esa noche estaba fuera de si, entiéndeme me habías quitado mi puesto.
No quiero verte cerca de mí, estas destituido como mi mano derecha eres uno más del montón… por cierto no soy tu hermano.
Inuyasha se fue de la sala dejando aquel bullicio, se dirigió automáticamente al que era su habitación al abrir esa puerta noto que todo estaba exactamente igual a como lo recordaba, casi arrastrando los pies se tiro en la cama, cerro sus ojos y se llevo la mano al pecho, Kikyo entro a la habitación, sabía que no tenía que tocar porque el ya sabía que estaba allí.
-Siento que estas muy cansado, te hace falta beber algo, lástima que ya no pueda ser tu alimento.
En su voz se sintió un leve tono de tristeza que deseaba ocultar. Inuyasha recordó como en los tiempos de antaño bebía la sangre de Kikyo, ella era su alimento y de cierta forma le debía su "existencia" solo con ella tenía la voluntad de dejar de beber y esto simplemente se debía a que no podía lastimar o matar lo que más amaba, su sangre era un néctar dulce y tibio que saciaba rápidamente su sed, la pureza del alma ayudaba a saciar rápidamente la necesidad de beber debido a que la sangre también absorbía ese nivel de pureza, la sangre de Kikyo era limpia y el llego a compararlo con un elixir para dioses, pero eso ya no existía y probablemente nunca encontraría a alguien que saciara su sed rápidamente para inhibir la necesidad de matar hasta satisfacer.
No deseo tomar nada, me da asco alimentarme de cadáveres y estoy muy débil para salir a cazar.
(¿Tan débil estas que no puedes hablar?) Yo puedo cazar por ti…
Solo necesito descansar y no es por estar débil, simplemente no quiero hablar por ahora.
Te dejare a solas. (Debo recordar que lee mis pensamientos, que horrible se siente que no desee que este a su lado)
Inuyasha prefirió guardar silencio a lo escuchado no seseaba desencadenar una lucha de sentimientos encontrados, recordó como Kikyo había sido el centro de su mundo pero ahora había perdido aquello que tanto amaba su humanidad, sentía cierta culpa por el final de su destino, aunque el ser inmortal no te dejaba pensar mucho en los finales. Quedándose completamente absorbido en sus pensamientos, escuchaba como afuera algunos vampiros estaban dispuestos a seguir sus órdenes y como otros deseaban revelarse para seguir su "divertida" existencia, nuevamente debía a habituarse a escuchar a sus "parientes" y a olvidar la tranquilidad de estar lejos de ellos, dentro de este pensamiento llego ella otra vez, Inuyasha había conocido la paz junto a Kagome, el dolor parecía lejano cuando ella sonreía y el estar sin hablar no era incomodo al contrario, era un éxtasis solo escuchar el tranquilo palpitar de su corazón, no tenía que aparentar rudeza o ferocidad al estar con ella, era simplemente perfecto, una segunda vida.
