Ella me miro sorprendida yo solo sonreí.

— No pongas esa cara Marcie… No te queda— reí.

— ¡Te casaras con ese idiota! — exclamo inclinándose hacia adelante.

— Si, el abuelo lo dijo ayer…

— ¿¡Porque no te niegas!? — se inquietó un poco.

— No es necesario Marcie relájate…— me levante de la cama acercándome a ella— Gracias por venir me salvaste de un aprieto— sonreí.

— Bonnie…— dijo suavemente sujetando mi cara con sus manos— Sabes que conmigo no tienes que fingir de esta manera…

— Marcie…— me aparte— Sabes que ya no podemos seguir haciendo eso— le di la espalda y me cruce de brazos, sentí sus manos rodeando mi cintura.

— Te extraño sabes…— me susurro al oído me agite.

— Ya no somos niñas esto no está bien— me separe de su abrazo ella suspiro.

— ¿Qué hacemos? — pregunto sentándose en la silla frente al computador.

— Repasemos primero calculo luego algebra y de último idiomas.

— Eso me aburre, no quiero…— respondió dando vueltas en la silla como una niña pequeña

— Deja de tontear, si sigues así repetirás el año— la regañe parando la silla.

— Sabes que sufro todo el tiempo por ser distraída— sonrió— Y más con una tutora tan hermosa — me giño el ojo.

— ¡Deja de jugar y comencemos de una vez! — me enoje.

— Como diga su majestad— hizo un reverencia burlona, la golpee en la cabeza con la libreta.

— Céntrate un poco— suspire.

En ese mismo momento Marshall

Me levante de la cama después de dormirme no recuerdo que fue lo que hice bostece.

— ¡MARCIE! — grite para que saliera de su cuarto, como no hubo respuesta volví a hacerlo— ¡MARCELINE! — casi que el grillo venía a cantarme que ella no estaba, pero seamos sinceros ella no pretenderá abandonarme a mi suerte sin nada que comer… ¿Verdad? Subí hasta su habitación y abrí la puerta de golpe— ¡MARCELINE PEDAZO DE BASURA! ¿QUE VA…?

¡ME DEJO! ¡Abandono a su hermano a su suerte sin nada que comer! Seguro fue por irse con alguna de sus perras.

— Esa bastarda…

En ese mismo momento Marceline

— Achuuu— estornude.

— Vaya que fue eso, ¿tienes gripe? — pregunto Bonnie riendo.

— Nah, solamente soy muy popular jaja— alardee un poco.

— Ya casi es hora de cenar ¿Quieres descansar un poco? — pregunto poniéndose de pie.

— Pensé que nunca lo dirías— me levante de golpe— Vamos a comer muero de hambreee

— Haha ok, ok vamos a decirle a la sirvienta que nos prepare algo.

La seguí hasta el comedor y para nuestra sorpresa hay estaban Gumbal y Fiona.

— ¡Chicas! —nos abrazó y nos susurró al oído.

— Ayúdenme por favor esa niña no se aparta de mi ni un segundo— dijo con una expresión de espanto y temblando, no pude evitar sentir lastima por él.

— Sígueme el juego príncipe…— dije separándome delicadamente de ellos.

— Hola Fiona ¿Cómo estás? — dije sentándome a su lado.

En ese mismo momento Marshall

Ya ha pasado una hora desde que desperté, sigo sin comer nada. No soy capaz de moverme solo veo el techo mientras pienso en maneras de matar a mi bastarda hermana por abandonarme por una mujer…

— …— escuche un ruido pero no fui capaz de moverme solo cerré los ojos, lo próximo que escuche fue un grito.

En ese mismo momento Gumbal

— ¡Marshall! ¿¡Esta bien!? — dije mientras lo sujetaba— ¡Despierta!

— Oh… Dios dame algo de comer— deje de agitarlo por un momento.

— ¡Espera un momento te preparare algo! — lo senté en el sillón y fui hasta la cocina, abrí el refrigerador y no había nada… que bueno que Marcie me dijo que pasara por el supermercado antes de venir. Prepare carne frita con ensalada y papas, le serví y enseguida comenzó a devorarlo como un animal.

— Cielos porque no saliste a comer afuera si tenías tanta hambre— lo regañe.

— Todo es culpa de Marceline se gastó todo el dinero y no tenemos para comer— dijo mirándome de reojo.

— ¿Cómo alguien gasta todo sin pensar en que comerá mañana? — me cruce de brazos.

— Ella lo hace todo el tiempo…— tomo algo de agua y sonrió— ¡Gracias por la comida estaba muy buena!

— Me alegra que te guste— sonreí— ¿En que Marcie gasto todo su dinero?

— Siempre que vamos a tocar… Bueno, ella lo gasta bebiendo con sus acompañantes…— dijo un poco inquieto.

— Eso no es seguro— me preocupe un poco.

— No te preocupes— soltó restándole importancia al tema— ahora dime ¿Qué haces aquí? Dudo que hayas venido solo a darme de comer.

— No en realidad fue a eso que vine—sonreí.

— ¿¡Cómo!? — exclamo el bastante confundido.

— Marceline me ayudo a librarme de Fiona, a cambio de que te hiciera la cena hoy— el empezó a reír.

— ¿Y donde coño esta esa idiota? — reclamo enojado.

— Con Bonnie, están estudiando— le aclare.

— Con razón me abandono así— se puso de pie.

— ¿A qué te refieres? — pregunte.

— No es de tu incumbencia — me miro indiferente— Ya cumpliste tu misión ¿No? — me dio la espalda— Vete cuando quieras.

— ¿Todavía estás enojado?

— ¡Y que si lo estoy! — se dio vuelta rápido.

— Sabes que no podemos hacer nada…

— No te estoy pidiendo nada imbécil— golpeo la mesa— ¡Solo me molesta que nunca lo mencionaras!— me miro con odio, me levante y me le puse al frente.

— Marshall, siento no habértelo dicho pero— suspire— ¿Por qué debería molestarte tanto el hecho de que yo me case? ¿No te gustaba Bonnie? ¿Por qué no le haces estas escenas a ella? — pregunto tranquilo.

— Qué demonios estas insinuando— me tomo de la camisa su mirada estaba echando chispas.

— Solo quiero saber ¿Por qué?

En ese mismo momento Marceline y Bonibel

— No, no, no debes usar la otra fórmula esa no se usa en este caso — le indique a Marceline

— Ya es tarde princesa, ¡Déjame ir! — suplico dejando caer su cabeza sobre la mesa.

— Por lo menos termina este ejercicio— la anime a que terminara.

— No veremos después y lo termino. Por favor…— me miro suplicante, suspire.

— Este bien, eres libre…— me abrazo, me estremecí por un momento.

— Gracias, gracias, gracias— cuando se separó se me quedo viendo extrañada— ¿Estás bien? Tienes toda la cara roja — sonrió pícaramente, me sacudí.

— Estoy bien, te acompaño a la puerta— me aleje.

— ¡Espera! — se volteo.

— ¿Qué pasa? — la mire extrañada.

— Me falta una de las pulseras que traje, ¿Ves? — me enseño la muñeca.

— Pero, si la tenías cuando entramos al cuarto? — mire por el piso y os alrededores.

— Lo se debe estar por aquí— comenzamos a buscarla, después de un rato sin encontrarla me rendí.

— Oye Marcie ¿Es tan importante esa pulsera? — me recosté en la cama— Yo me rindo de intentar buscarla…

— ¡No seas floja y ayúdame! — exclamo viéndome fijamente, yo me di vuelta y me cubrí con las sabanas.

— No quiero— sentí como el colchón se hundía, y lo siguiente fue Marceline encima de mí.

— No escaparas de esta— sonrió.