— Marceline— me llamo mi hermano sin yo siquiera moverme— ¡Marceline! ¡Despierta!— comenzó a agitarme, abrí los ojos lentamente.

— Marshall… Déjame dormir un poco máaaas…— bostece.

— Marceline, hoy es la tocada… ¡Y llevas durmiendo todo el puto día! — exclamo agitándome nuevamente pero esta vez con mayor brusquedad, lo cual me hizo levantarme de golpe.

— ¡Demonios imbécil! — Alce la voz— ¡Déjame en paz!

— ¡Idiota! — Me golpeo en la cabeza algo fuerte— ¡Tenemos que tocar en una hora y no hemos preparado nada! — dijo entre enojado y nervioso.

— ¡ENTONCES QUE MIERDA ESTAMOS ESPERANDO! —me levante y fui directo a la ducha para bañarme.

— Marcie… ¿¡Como vamos a llevar los instrumentos!? — abrí la puerta y empecé a buscar algo de ropa.

— Anda a bañarte, ya pensaremos en algo— lo mire fijo para darle a entender que debía obedecer.

— Ok— corrió al baño y cerró la puerta, suspire. ¿¡ Qué puedo hacer!? Ayer nos quedamos despiertos como hasta las 9am de hoy para terminar la nueva canción… Y el auto esta jodido, termine de vestirme y tome mi celular para pensar quien podría llevarnos las cosas.

— ¡Idea! — Salí de mi cuarto y baje las escaleras marcando el número de quien sería mi salvador.

Marshall

— Marceline ya encontraste qui…— me sorprendí al ver todos nuestros instrumentos afuera y los muchachos Bongo, Guy y Keila ya preparados. Yo solo los mire sorprendidos ¿¡Cuánto tiempo dure en el baño!?

— Simón vendrá a recogernos en unos minutos— dijo Keila que al ver que no entendía nada solo sonrió.

— ¿Cuándo llamaste a Simón? — pregunte mirando a Marceline.

— Cuando salí del baño y los chicos llegaron poco después, ellos me ayudaron a sacar todo…—se veía bastante feliz otra vez yo solo me reí.

— ¡Hola muchachones y muchachonas! — Grito Simón desde el auto para posteriormente bajarse— Vamos a guardar todo— sonrió.

— ¡Simón! — Marceline exclamo para luego abrazarlo— Siempre vienes a salvarnos ¡Gracias!

— No es nada Marcie, vamos a llevarnos todo esto de una vez— todo entro en la camioneta de Simón que era bastante espaciosa en el maletero.

— ¡Haha… Entonces se quedaron dormidos. Hahaha! — exclamaba Simón en tono divertido.

— ¡No te rías nos costó mucho componerla! — le respondió Marceline que iba en el copiloto.

— ¡Hahaha! — Volvió a reír— Pero es tan típico de ustedes— dejo de reír para mirar por los espejos— ¿Cómo están allá atrás niños? — dijo divertido, debido a que solo hay espacio para tres personas Keila iba en mis perna.

— Estamos bien— respondí con una media sonrisa el rio.

— ¡Por dios! ¿Cómo no vas a estar bien con una chica encima de ti? ¡Hahaha! — todos en el auto rieron yo solo desvié la mirada.

Marceline

Cuando llegamos Simón se estaciono cerca de la entrada para que se nos hiciera más fácil llevar las cosas.

— Vamos a llevarlo todo a dentro— dijo Guy ayudando a Bongo con la batería, Marshall tomo su guitarra y Keila hizo lo mismo entre los cuatro llevaron todo a dentro, yo tome mi bajo y fui donde Simón estaba fumándose un cigarrillo.

— Simón— sonreí— ¿Te quedaras a vernos tocar?

— No Marcie… ¡Este sitio no es para un anciano de más de mil años hahaha! — me puse un poco triste al escuchar eso pero tenía una sonrisa en mi rostro— Vamos, ya es hora de irme…— apago el cigarrillo pero su mirada cambio a sorpresa por un momento.

— ¿Qué pasa? — pregunte.

— No sabía que ellos acostumbraban venir también por aquí— me gire para ver quien había llegado, no exagero a decir que sentí el suelo con mi mandíbula… ¿¡Bonibel y Gumbal!?

Marshall

Nos encontrábamos acomodando las cosas detrás de escenario del lugar que no era muy grande.

— Vaya, pensé que nos dejarían embarcados…— dijo un hombre de cabello castaño oscuro que era el que nos había contratado.

— Solo tuvimos un pequeño retraso— dijo Bongo en lo que le estrechaba la mano al tipo.

— Si, no volverá a pasar— intervino Guy haciendo el mismo gesto.

— Lamentamos el retraso— dijo Keila saludándolo con un beso en la mejilla.

— Lo tuvimos difícil para traer las cosas, pero no hay de qué preocuparse ahora— dije poniéndome de pie y extendiéndole la mano.

— Esta bien— me estrecho la mano amigablemente— Pero, ¿No les falta un miembro?— pregunto curioso.

— Mi hermana está afuera entrara en un momento— sonreí.

— Ok, entonces diviértanse hasta que sea la hora— respondió para luego irse.

— Vamos a volver a practicar la instrumental…— tome asiento con mi guitarra, pero Keila distrajo mi atención.

— Marshall… ¿Ellos no son amigos tuyos? — me volví a levantar para ver quiénes eran y mayor sorpresa la que me lleve… ¿¡Que hacen aquí!?

— ¡Oye! Pero si son los Bubblegum— dijo Guy con tono de idiota mirándolos justo detrás de mí.

— Ya quedo claro que son ellos… ¿¡Pero que hacen aquí!? — y además estaban con alguien a quien no conozco, rubio, alto, ojos azules. Y no es Finn así que ¿¡Quien carajo es ese!?

— Oye, ¿Marceline se les está acercando? — dijo Bongo.

— Seguro solo quiere ser amable— respondió Keila.

— ¡Pero que carajo! — Bonibel abrazo a Marceline y se sentó en la mesa con ellos— ¿Cuándo Marcie se hizo amiga de ella? — pregunto Guy anonadado.

— No lo sé pero hay algo raro en todo esto…— respondí muy confundido, caminando hacia la mesa donde estaban ellos.

— Hola Marshall ¿Cómo estás? — me dijo Bonibel con una simpatía no muy propia de ella, o mejor dicho, hacia mí.

— Hola, Al final vinieron que bueno— dije mirando a Marceline que por su expresión se notaba que estaba tan sorprendida como yo.

— Marshall— Marcie me miro— ¿Ya hablaste con el sujeto que nos contrató? — pregunto algo intranquila.

— Si, debemos irnos a practicar antes del salir— la mire serio— vámonos…

— Ah, claro— sonrió despidiéndose de los tres que estaban en la mesa y siguiéndome rápidamente, una vez que estuvimos con los demás la mire fijo.

— ¿¡Se puede saber que fue todo eso!? — pregunte muy sorprendido.

— Bueno, por lo que puedo imaginar—se sentó al lado de Keila tomando su bajo— Bonnie no quería salir sola con Pen, así que se inventó una excusa como ¡Pero mis amigos tocaran mañana tengo que ir! — Intento poner la voz de Bonibel pero no fue igual— En fin nos está utilizando a su antojo…

— Y Gumbal ¿Por qué el también vino? — me miro y soltó una carcajada.

— Él es el más desesperado de los dos— comenzó a afinar el instrumento— Lo más seguro es que dijo, ¡Llévame contigo por favor! ¡Sálvame! — continuo riendo.

— Y a todo esto, ¿Quién es ese? — me cruce de brazos un tanto enojado.

— Pues, su futuro esposo— dijo con molestia.

Bonibel

— Que pasa Pen ¿Por qué tan pensativo? — pregunto Gumbal intrigado.

— Es que…— sonrió— Desde que la vi, siento que he visto a esa chica en algún otro sitio— sujeto su barbilla de modo pensativo.

— ¿A Marceline? — pregunte mientras tomaba un poco de agua.

— Si pero olvídenlo, seguro no es nada— tomo un poco de su copa, cuando empezó a aglomerarse un poco la gente hacia el frente.

— Seguro ya va a empezar— dijo Gumbal un poco ansioso, me quede mirando al frente hacia el pequeño escenario donde estaban saliendo todos esos chicos que son conocidos en la prepa como "Chicos Cool", yo solo veo idiotas que pierden el tiempo.

— Hola, somos The Stones— dijo Marceline tomando el micrófono con las dos manos— Y haremos la apertura esta noche…

Empezó a sonar el ritmo de la guitarra junto con la batería, un ritmo tranquilo lo que hizo que la audiencia empezaran a aplaudir siguiéndola, Gumbal y Pen también empezaron a aplaudir. La voz de Marceline era suave lo que hacía que el sonido relajara y sobrellevara el ambiente, en realidad sonaba muy bien, pero. ¿Cuándo ella se sumergió en este mundo? Me preguntaba mientras la miraba feliz y sonriente sobre el escenario me hizo sentirme un poco triste. Cuando termino todos aplaudieron enérgicamente.

— Son bastante buenos, ahora entiendo porque querían venir— dijo Pen bastante satisfecho— ¿Deberíamos ir a felicitarlos? — sonrió mirándome.

— Si claro— hice una media sonrisa más falsa que las ganas que tenia de ir a ver a Marceline.

— Entonces vamos— se levantó pero se quedó frio un momento.

— ¿Qué pasa? — pregunte.

— Espérenme un momento, creo que vi a alguien que conozco— se marchó rápidamente y lo perdimos de vista entre toda la gente.

Marceline

— ¡Ven se los dije! — Decía Bongo muy sonriente— ¡Le gustamos a todos!

— Cállate imbécil— respondió Guy— ¡Y deja de beber!

— De nada sirve decírselo ahora ya está borracho— dijo Keila dándole una palmadita en la espalda. Marshall y yo estábamos solo viéndolos beber y divertirse.

— ¿Cuánto crees que nos paguen? — le pregunte viendo la cerveza que tenía entre las manos.

— Con suerte nos darán 300, pero no lo sé— dijo mientras le escribía a Simón para que viniera a buscarnos.

— Esperaba más pero también sirve…— dije algo desanimada.

— Marceline…— escuche una voz que hizo ponerme la piel de gallina al voltear confirme lo que ya sabía, era Lauren mi ex novia.

— Chicos creo que nos llama el viejo, vámonos de aquí…— dijo Marshall llevándose a los demás a alguna parte.

— H-Hola Lauren— tartamudee un poco— ¿Qué haces aquí? — sonreí.

— Nada, solo escuche que tocarías — tomo asiento a mi lado— Así que vine a verte— sonrió.

— ¿E-En serio? — fingí demencia. Aunque estaba muy feliz por lo que había dicho.

Lauren para mí fue la mejor relación que tuve, la conocí en mi cumpleaños número catorce (Ella tenía dieciséis en ese entonces) y estuvimos juntas casi un año. Es dos años mayor que yo, es alta, femenina, y muy agradable, me enseño muchas cosas y fue uno de los amores que más me marco (Aunque solo he salido con tres chicas, ella incluida), y ahora que voy a cumplir los dieciséis el mes que viene verla me parece como un regalo. Hablamos como si el tiempo no hubiera cambiado nada me conto que entro a la universidad de la capital, y todo lo que hizo mientras no nos vimos, los viajes, las personas que conoció; siempre ha sido muy parlanchina pero eso nunca me molesto.

— Hahaha. Y sin olvidar cuando fui a Roma, me perdí ¡Estuve muy asustada! Mi italiano no era para nada bueno ¡Pensé que nunca me encontrarían! — me reí.

— Eso te pasa por perseguir animales en un país extraño— me bufe.

— ¿¡Ah!? — se cruzó de brazos— ¿¡Y qué hay de cunado quisiste adoptar a ese mono de culo rosa!? — Me señalo— ¡Tarde más de un mes en acostumbrarme a que lo llevaras contigo a todos lados!

— ¡Eso fue diferente Pucchi era encantador! — se rio.

— Fue una lástima que no pudiste conservarlo— me dio palmaditas en la cabeza.

— Lo sé, pero aun voy a visitarlo al zoológico de vez en cuando— sonreí.

— ¡Lauren! — escuchamos la voz de un chico a lo que volteamos— ¿¡Cuando volviste!? — cuando nos vimos nos quedamos mirando un poco sorprendidos.

— ¡Pen! — ella se levantó de golpe y lo abrazo— Te extrañe mucho— lo beso en la mejilla. El solo se me quedo viendo igual que yo a el.