Tokio.

Hikaru debía admitir que, para ser 13 de Marzo, su clase y en general el instituto, se encontraban demasiado pasivos. Ella recordaba como en años anteriores, las chicas que habían dado chocolates se encontraban por demás ansiosas por descubrir que les regalarían en el Día Blanco. También recordaba como, varios de los chicos comenzaban a vociferar clamando que su regalo era mejor que el de sus amigos, más cuando los otros decían que revelaran el regalo, prontamente eludían responder con la excusa de no querer arruinar la sorpresa. Esta vez, todo eso se encontraba ausente.

Aunado a eso, sentía cierta tensión entre algunos de sus amigos. Hacía un par de semanas que un chico de intercambio se había integrado a su clase, y por razones del destino, había desarrollado una infatuación por Ran que tenia algo más que irritado al pobre Shinichi.

Ayumi por su parte tuvo una pelea con Ittou hace un par de días, y aunque ella clama que fue por algo tonto, ahora no esta segura si su novio querrá verla, o darle algo para el día Blanco.

Quizá las únicas que no tenían problemas por el momento eran Himeko y Hikaru, sin embargo Hikaru consideró que seria mejor no ahondar demasiado en ese tema, no sea que por andarlo pensando, fuera a invocar sus propios problemas.

Tan concentrada estaba en sus cavilaciones que no escuchó las tres veces que el profesor la llamó. Fue hasta la cuarta cuando notó que se dirigían a ella, pero para entonces, dicho docente había decidido que se había ganado una hora de castigo después de clase.

Claro está que eso no la eximió de contestar lo que inicialmente se le preguntó, y considerando que ni siquiera escuchó cuando la llamaban, tampoco tenia idea de cual era la pregunta mencionada.

Roja de vergüenza tuvo que soportar el regaño del profesor y la amenaza de una hora más de castigo si seguía soñando despierta en su clase.

Sin más remedio, hizo su mejor esfuerzo por poner atención y resignarse a salir una hora mas tarde de la escuela.

Horas mas tarde cuando por fin pudo llegar a casa, al quitarse los zapatos en el Genkan, se encontró con un par conocido situado junto a los zapatos de sus hermanos, sin mas demora se dirigió a la Sala de estar, donde encontró a Fuu, sentada en un zabuton y bebiendo tranquilamente un Te mientras su amiga llegaba de clases.

Si lo pensaba un poco, la visita de Fuu no le sorprendía completamente, aunque definitivamente era inesperada. Cuando le pregunto el motivo de su visita, decidió que definitivamente no era para sorprenderse.

Fuu tenia preguntas, y Hikaru, probablemente respuestas.

Hablaron largo rato, Hikaru recordando todos los detalles posibles de su excursión a la dimensión que Nova había creado, si había sentido algún tipo de anomalía en los momentos previos al viaje o si había requerido de algún tipo de localización especifica para que todo funcionara.

Esto último le hizo realizar una pausa y reflexionar. Ella recordaba haber estado nerviosa, ansiosa sin razón aparente durante todo el día, también recordaba no querer estar cerca de sus hermanos y una extraña necesidad de aislamiento. Recordaba haber salido al parque con Hikari y ahí haberse transportado al otro plano.

También recordaba que al volver, no había pasado ni un segundo desde su partida, tal y como había pasado cada vez que viajaban a Céfiro.

Sin embargo, no recordaba ninguna fluctuación inusual de energía, aunque el hecho de no haber estado poniendo atención y que entre un parpadeo y otro simplemente había cambiado de ubicación, las dejaba a ambas casi con la misma cantidad de incertidumbre con la que iniciaron el día.

Fuu estaba preocupada por las variables. Hikaru decidió confiar en el destino.

Al final acordaron un punto medio. Tras hacer cuentas de aproximadamente que hora sucedió todo, decidieron verse en una pequeña tienda de artesanías que estaba a medio camino de la casa de ambas, entre Yoyogi y Kamaba. De ahí irían juntas al parque cercano a la casa de Hikaru donde esperarían el llamado a la otra dimensión.


Céfiro

Si alguien se entrara que Lantis había diseñado un pequeño calendario para marcar los días faltantes para ver a su guerrera, probablemente sufriría un ataque de risa monumental. El siempre tan serio y estoico Espadachín Mágico de Céfiro se estaba comportando como adolescente enamorado, suspirando audiblemente cada día al hacer la marca correspondiente en el calendario.

De todas formas, no es como que le importara demasiado. Cada quien era libre de vivir su vida como mejor le plazca y si el había decidido que parte de su rutina era contar los días y rogar un poco por que el tiempo pasara mas rápido era problema de él y nada mas de él.

Además, estaba a solo un día de volver a verla, el mundo podía estar nuevamente en peligro de destrucción y a él lo único que podía preocuparle es que llegara pronto el siguiente día.

Aparentemente, él no era el único.

Un par de horas mas tarde se encontró con el Príncipe Ferio en el área de comedor, se le veía feliz y ansioso y a juzgar por el mar de preguntas que en un principio trataron de ser sutiles y que ultimadamente resultaron más bien directas y que se extendieron a lo largo del día, puede asegurar que, si bien sus formas de expresión eran distintas, sus sentimientos eran los mismos.

Eso no quiere decir claro, que después de las primeras dos horas de preguntas incansables, su atención continuara dispuesta. La verdad era que su cerebro había terminado por filtrar las preguntas, convirtiéndolas en ruido de fondo, y únicamente reconociendo su existencia con la emisión de un gruñido involuntario que podía interpretarse como cualquier tipo de respuesta.

Ya cuando comenzaba a caer la noche, e interrumpiéndolo antes de que pudiera formular una nueva ronda de preguntas, Lantis le sugirió de la manera mas amable que pudo que cada uno se retirara a sus habitaciones, pues el siguiente seria un día bastante agitado.

Una vez en su habitación, se dio el lujo de relajarse lo más posible. O al menos tanto como su propio nerviosismo le permitía. Ya mañana seria el gran día y la verdad es que no tenia ni idea de que esperar. La última vez las circunstancias lo tomaron desprevenido, y aunque el resultado fue ciertamente placentero, no quería que esta vez las cosas fueran tan improvisadas.

Tumbándose descuidadamente sobre la cama, no pudo hacer más que pensar nuevamente en su guerrera. Se preguntaba que tanto había cambiado en un año, si aun conservaba ese largo cabello rojo que tanto le gustaba o si había decidido recortarlo. Sea como sea, para él ella siempre estaría bonita.

Al girar un poco su mirada, sus ojos se encontraron con un pequeño objeto que estaba envuelto con un listón mágico en color violeta. Rió ligeramente al recordar las circunstancias que llevaron a tomar esa medida al envolver su contenido. Aun no sabe exactamente como, pero Ferio se entero del momento exacto en que el regalo estuvo listo y valiéndose de cuanto truco, trampa o habilidad poseía, el príncipe estaba decidido a descubrir que es lo que era. Lantis había prometido decirle una vez que Hikaru lo hubiera dicho, más no conforme con esa respuesta, continuó su ataque hasta que finalmente Lantis tomo un Listón mágico que alguna vez fue de su hermano y lo envolvió.

Curioso, tal pareciera que todo lo que le regala a su guerrera son tesoros familiares. No importaba, de todas maneras para él, ella ya era parte de su familia.

Decidió que era mejor hacer todo lo posible por descansar, cosa que no le resultó tan difícil. Llevaba días sin poder dormir propiamente, por lo que el cansancio alcanzó su cuerpo en cuestión de minutos.


Tokio

El 14 de marzo, cuando Hikaru finalmente se unió al mundo de los vivos, se percató que el buen clima que del día anterior se había esfumado, dejando a su paso un cielo gris lleno de nubes que auguraban una tormenta en las próximas horas.

En realidad, este tipo de lluvia no le molestaba en lo absoluto, es mas, casi podía decir que lo disfrutaba inmensamente. La sensación de la lluvia en el rostro, el poder jugar con Hikari brincando de charco en charco o simplemente poder caminar y ver como el resto de las personas trataban de huir de la precipitación pluvial era algo que encontraba extrañamente placentero.

Quizá lo único que ponía una nota negativa en el clima del día era la posible interferencia que este tuviera con sus planes mara ver a Fuu por la tarde.

Decidió que cruzaría ese puente en cuanto lo tuviera en frente.

Su mañana transcurrió relativamente normal, saludo efusivamente a sus hermanos, tomó algo ligero para desayunar, alimento a Hikari y se fue a la escuela. Sus clases de igual forma se desarrollaron con normalidad, a excepción del último periodo; el maestro de Laboratorio de Química se había repostado enfermo, por lo que tenían las últimas dos horas libres. Algunos decidieron irse a casa, otros decidieron esperar en los alrededores de la escuela a que salieran sus amigos de otros cursos. Hikaru estaba entre los primeros.

Decir que Hikaru corrió a casa era una mentira, aun así no tardo demasiado en llegar. El instituto al que asistía estaba también dentro del área de Meguro, específicamente en Sagoyama. El camino de ahí a Komaba era en realidad corto. Al haber llegado temprano a casa, únicamente se encontró con su Hermano Satoru, quien al mirar con cierto detenimiento las nubes y considerar la velocidad creciente del viento, pidió ayuda a su hermanita para colocar el Amado alrededor de la casa y prometiéndole al final un plato de Udon, la especialidad culinaria del joven.

Comieron en silencio, uno de esos silencios que eran completamente cómodos entre ellos. La relación fraternal que ambos compartían era ciertamente distinta a la que tenían con sus otros hermanos. Aquí tanto Hikaru como Satoru compartían una confianza casi absoluta, que no necesitaba comunicación verbal y que, en aquellas ocasiones en que alguno de los dos rompía ese silencio, era únicamente por que lo que iba a decirse era realmente importante.

Al terminar, intercambiaron sonrisas, y como por regla general quien cocina no lava trastes, Hikaru recogió los platos sucios y se dirigió a la cocina, mientras su hermano se retiraba a hacer sus cosas.

Mentalmente Hikaru estaba convencida en que buscaba el mejor momento para escapar y entregarle su regalo a Kuu.

Aun con demasiado tiempo libre, y con la tormenta por fin desatando su furia, decidió subir a su habitación y tratar de hacer algo de tarea. ¡Quien sabe! en una de esas la termina y el tiempo se va volando.


Céfiro.

Cuando los primeros rayos de luz de la mañana los ojos del espadachín mágico, este se percató que no había descansado tanto y tan bien desde hacía bastante tiempo. Se sentía vigoroso, lleno de energías y de expectativas para el día.

Claro esta que eso no quería decir que no estaba nervioso, al contrario, sentía como su corazón latía un poco más rápido al pensar en lo que traería el día o como las manos le sudaban un poco ante el prospecto de tener a su hada de fuego de nuevo entre sus brazos.

Respirando profundo y dándose valor para salir a enfrentar el mundo, concluyó que entre mas temprano comience el día, mas pronto pasaría el tiempo. Se dirigió al comedor general, claramente esperando encontrarse con el peliverde hiperactivo con el que tuvo que lidiar el día anterior, mas grande fue su sorpresa al notar que no solo no se encontraba ahí, sino que no se apareció durante todo el desayuno.

Aunque pensándolo bien, si su nerviosismo fue equivalente a la hiperactividad que mostró el día anterior, probablemente su mente haya estado tan inquieta que para cuando el sueño por fin llegó, lo envolvió de tal manera que no pudo despertarse en su horario habitual.

Decidió no preocupase demasiado por su amigo, pues estaba seguro que en algún momento del día se lo encontraría… y si el día anterior era algún tipo de indicativo, solo un milagro haría que se despegara de su lado.

Un escalofrió le recorrió la espalda solo de pensarlo.

Sus sospechas fueron confirmadas y sus miedos disuadidos cuando cerca del medio día y justo cuando estaba entrenando con un grupo de jóvenes espadachines particularmente difícil, Ferio se apareció frente a él. Se notaba claramente que hacia poco se había despertado, y por el estado de sus ropas, podía adivinar que apenas abrió los ojos, corrió a buscar al pelinegro. Su mirada mostraba ligeros signos de locura y desesperación, sin duda producto de cualquier cosa que haya soñado la noche anterior y de cualquier locura que haya cruzado por su mente al despertar.

Ignorando momentáneamente su entrenamiento, Lantis procedió a calmar un poco a su amigo, quien tal como lo había imaginado era un mar de nerviosismo, y una vez que lo hubo parcialmente logrado, lo instó a continuar su rutina de manera normal. Al parecer Ferio vio la "sabiduría" de sus palabras pues tras pensarlo un poco decidió hacerle caso, no sin antes mencionarle que "por si acaso, iré por el regalo de mi princesa, no quisiera que el momento perfecto me tome desprevenido".

Al verlo alejarse, consideró sus palabras y decidió que terminando la lección del día, seguiría el ejemplo de su amigo. Un poco de precaución extra no estaba de más.

Un par de horas mas tarde y con el regalo cómodamente guardado en un compartimiento secreto de la toga que ahora vestía, se dirigió a una de las salas de juntas de palacio. Había una junta especial con los jefes locales de seguridad de Céfiro a la que debía asistir.

La reunión fue tediosa, y a sentir de Lantis, el tiempo no pasó tan rápido como le hubiera gustado. La mitad de lo discutido entre esas cuatro paredes fueron situaciones que pudieron resolverse sin necesidad de haberse expuesto en esta reunión; la otra mitad se centró en los ingresos y retiros de los integrantes, sobretodo lo último, pues en varios poblados existían guerreros que claramente habían superado el tiempo optimo de servicio. Debían decidir en que podían ser empleados o si se les ofrecería una ayuda mientras encontraban un nuevo camino en la vida.

Cuando por fin terminaron, se dirigió lo más pronto posible a su jardín favorito, no fuera que alguien lo viera y decidiera asignarle alguna nueva tarea. Una vez ahí se trepo a su árbol favorito con la clara intención de relajarse un poco y ahora si, esperar.

Concentró su atención en los sonidos de las aves que usualmente habitaban el jardín, en el sonido del agua que caía en la fuente e incluso en el casi inexistente sonido que hacía el viento al atravesar las ramas de los árboles.

Y quizá por que esta vez si estaba prestando atención, o quizá por que esta vez ya lo esperaba, pudo percibir el justo momento en que su ubicación cambio, el momento en que los pájaros fueron silenciados y el viento ya no jugaba con las hojas de los árboles.

El lugar donde se encontraba era el mismo que recordaba del año anterior, con lo que supo que el momento por fin había llegado y que había hecho bien en seguir el ejemplo del peliverde.

Como el año anterior, miro a su alrededor tratando de descifrar la situación a la mano, por alguna razón dudaba bastante que Hikaru apareciera frente a el sin mayor preámbulo. El año pasado fue Mokona quien le dio la bienvenida y se preguntaba si esta vez la pequeña creatura haría lo mismo. Decidió avanzar en la dirección que consideró la correcta y al cabo de unos cuantos minutos su búsqueda dio frutos.

Frente a él estaba una figura que fácilmente podía pasar como su reflejo, de no ser por el color de ojos y el largo de su cabello… y por el hecho de que hacía años que el otro había dejado el mundo de los vivos.

Alguien con quien la última vez que le vio, partió caminos no exactamente en el mejor de los términos. Alguien a quien había extrañado machismo y a quien en este momento no sabía como dirigirse.

Probablemente notando la hesitación con que se conducía el menor de ellos, fue Zagato quien rompió el silencio, con una casi imperceptible sonrisa y un saludo afectuoso. La sonrisa fue devuelta por el menor, mas el saludo fue cambiado por un abrazo que transmitió entre los hermanos mas cosas de las que las palabras más hermosas pudieran transmitir.

Separándose lentamente, y como si fueran un espejo del otro, ambos alzaron su mano derecha y la colocaron en el cuello del de enfrente, en un gesto de hermandad y complicidad que no habían compartido desde sus años mozos.

Un poco más tranquilos y aun con una pequeña sonrisa en sus rostros, Lantis expreso su sorpresa al encontrar a su hermano como parte del comité de bienvenida. Este le explicó que debido a la expansión del convenio entre Hikaru, Mokona y él, Mokona tuvo que atender el arribo de la guerrera del Viento, mientras que Esmeralda se encargaba de su propio hermano. Hikaru sería recibida como el año anterior por Nova, y él aprovechó la oportunidad para ofrecerse a cubrir el espacio que quedaba.

Lantis estaba feliz por la iniciativa de su hermano.

"Me agrada mi futura cuñada" fue lo único que dijo Zagato antes de instarlo a continuar su camino, y no sin antes reafirmarle cuanto gusto le daba que su hermano pequeño se encontrara bien y feliz.

Con una última mirada profunda entre los hermanos Lantis se adentró un poco mas en la cueva, mientras su hermano era envuelto en una calida luz cegadora.


Tokio

La tormenta en vez de amainar, había cobrado fuerza.

Por si fuera poco, Hikaru no podía concentrarse en sus deberes escolares y lo único que hacía era mirar por la ventana y observar como a lluvia golpeaba las ventanas.

Se sentía inquieta, se sentía ansiosa, se sentía preocupada.

Inquieta por que el tiempo se rehusaba a pasar mas rápido, ansiosa por que ya querría ver a su espadachín y preocupada por que no sabía si podría asistir a la cita que tenía con Fuu si la lluvia no bajaba un poco al menos. Es mas, ni siquiera estaba segura si Fuu llegaría a menos que la lluvia se detuviera casi por completo.

Miro el reloj que se encontraba en el buró cercano a su cama, y pudo ver que aun faltaba algo de tiempo para la fatídica cita, por lo que necesitada de un distractor y relajante, cambio su uniforme escolar por su Kendoji, tomo su Bokken y se dirigió al dojo.

Camino al Dojo y mientras caminaba por el Engawa que la conducía a la entrada del mismo, pudo escuchar como la tormenta seguía tomando fuerza y el viento ululaba al colarse en los pequeños espacios entre los Amados. Una vez en el dojo, y tras un par de segundos de meditación necesaria se dispuso a realizar una serie de figuras, una tras otra aumentando el nivel de dificultad conforme pasaba el tiempo.

Al parecer el Kendo fue lo que necesitaba para relajar su cuerpo y su mente, pues en algún momento entre un golpe alto y un movimiento defensivo, una voz entre divertida y burlona frente a ella la sacó de su concentración.

"¡Tranquila Hikaru! No hay necesidad de golpes entre nosotras"

Con sorpresa vio que era Nova quien se encontraba frente a ella, y aun mas sorprendente fue el hecho de que Hikaru se encontraba feliz de verla, no solo por lo que implicaba haber cambiado de plano y que Nova era quien usualmente la recibía, sino que en realidad había extrañado los comentarios ácidos y con toques sarcásticos de la pelirosa.

"Discutieron" brevemente, una reprochándole a la otra, como usual la cantidad de sentimentalismo que exhibía y la otra intentando justificar su modo de actuar y sus sentimientos. Todo esto mientras sonreían mutuamente.

Finalmente Nova le recordó que había alguien que la esperaba con cierta impaciencia, por lo que la pelirroja no perdió más tiempo, despidiéndose de su reflejo.

Cuando echo a correr al encuentro de su amado, pudo escuchar que Nova le gritaba "Por cierto Hikaru, ¿Por qué no me habías dicho que tenias un cuñado tan guapo? Lo único malo es que solo tiene ojos para esa rubia…" lo que provocó una risa divertida e involuntaria en Hikaru, que a pesar de eso no detuvo su andar.

Y entonces se vieron, y entonces sonrieron. Ella apuro un poco mas el paso, él se detuvo y simplemente le abrió los brazos. Con la agilidad propia de un practicante de un arte marcial japonés, Hikaru brincó a los brazos de Lantis, quien la recibió gustoso, cerrando sus brazos alrededor de su pequeña cintura al tiempo que ella enroscaba las piernas alrededor de él.

Y así frente a frente, con el los labios separados por solo unos cuantos centímetros, se miraron brevemente a los ojos, antes de acortar la distancia y perderse en un beso que intentaba transmitir todo lo que se habían extrañado en el pasado año.

Mas por fuerza que por ganas, dieron por terminada la caricia, al tiempo en que Lantis depositaba a su hada de fuego delicadamente en el piso, momento en el cual, como si fuera el siguiente acto en el libreto, Hikaru en un momento de impulsividad, decidió cumplimentar el atuendo de su amado.

Lantis claro esta, se sonrojo ligeramente, mientras murmuraba algo por lo bajo, y llevando su atención a lo que la Guerrera llevaba puesto.

Preguntándole que era lo que llevaba puesto, pues parecía un traje sencillo de guerrero, Hikaru procedió a explicarle desde el momento en que despertó, la lluvia, su viaje al dojo y de ahí todo lo que había sucedido en el año.

Lantis la escuchaba con detenimiento, y comentaba en los momentos que le causaban gracia o curiosidad. Lantis también hizo uso de la palabra claro está, contándole desde su amistad con el príncipe hasta sobre el grupo de jóvenes y problemáticos aprendices.

Y hablando de aprendices, fue ese el momento que Lantis eligió para entregarle su regalo. Ella lo recibió gustosa y con más que un poco de curiosidad.

El paquete no era muy grande, pero tampoco muy pequeño y estaba envuelto en una bonita tela violeta que al parecer estaba encantada y que solo ella podía abrir.

En su interior se encontraba una esfera de cristal, muy similar en proporciones a las más pequeñas que utilizaba su genio para transmitir su poder. Dentro de la esfera se encontraba una flor extraña. A simple vista parecía una Lily roja, pero mirándola bien y con mayor detenimiento, pudo ver que el rojo en realidad era fuego y el tallo y las hojas estaban formados por algún tipo distinto de cristal conducente de electricidad.

Los ojos de Hikaru brillaron encantados, pues era la primera vez que un chico le regalaba flores, y no cualquier flor, sino una que era la suma perfecta de sus elementos.

Al ver la aprobación en sus ojos, Lantis procedió a explicarle la procedencia del mismo. "mi madre se dedicaba a la joyería ornamental, y en mas de una ocasión trato de enseñarnos como fabricar algunas piezas, sobretodo de inserción".

También le explicó que esta era la primera vez que realizaba un trabajo apoyándose únicamente en su magia interna para lograr los resultados deseados, lo que en ojos de Hikaru le dio un valor extra a su regalo.

Tiempo después, fueron interrumpidos por una pequeña creatura de color blanco y largas orejas, que ambos conocían perfectamente y quien los invitó a unírsele en la recolección de la otra pareja, a quienes hallaron no muy lejos de donde se encontraban.

Por ultimo Mokona les recordó por enésima vez las condiciones y requerimientos del convenio y tras desearles buena suerte y los mejores deseos, los devolvió al lugar y momento en que se encontraban al principio de esa aventura.


Y… ¡listo!

Sentí que no acababa jajaja

Un par de comentarios relevantes.

El primero es relativo al domicilio de las chicas.

Según el perfil de las tres, ninguna vive en la misma área, CLAMP no especifica zonas particulares pero si hay características que indican en donde pudieran estar sus hogares. Como tal decidí que Umi vive en el distrito de Minato (la zona más cara y donde viven ricos y políticos) en el área de Moto Azabu. Fuu en Shibuya (zona nice, pero no demasiado) en el área de Yoyogi y Hikaru en Meguro (que se supone esta lleno de casas tradicionales, como la de Hikaru) en el área de Komaba.

La otra es, todas las cosas raras que mencioné en la descripción de la casa Shidou son partes de una casa tradicional. Admito que fue interesante investigarlo.

Saludos especiales a TsukihimePrincess, Guest (creo que exageré el tiempo), rakelluvre, Kuu de Cefiro (¿curiosidad satisfecha?) AdiaSkyfire ( lo logre sis!), , y Bloody Painter por sus comentarios o por haberle dado follow a esta locura mía

Y también a los que leen en silencio, un saludo y espero haya valido la pena la espera.

Trataré de no tardar tanto la próxima vez

¡Besos!