A raíz de los eventos del pasado 14 de febrero pasado, Umi se había distanciado parcialmente de sus dos guerreras amigas. Y no era por que no les tuviera el cariño suficiente, ¡los dioses sabían cuanto las adoraba! Sin embargo, no podía evitar sentirse ligeramente fuera de lugar cada vez que el tema de los chocolates de San Valentín salía a relucir. Se alegraba por ellas, pues así como ella había encontrado un nuevo motivo para sonreírle a la vida al lado de Iguru, esperaba que ellas lo encontraran también de la mano de aquellos que habían dejado en un lejano lugar.
La verdad es que el primer día que las vio después del pasado 15, le pareció tierno que aun estuvieran hablando de cómo los chocolates desaparecieron. Le pareció graciosa la anécdota de cómo Fuu despertó a Hikaru y esta se cayó de la cama por tratar de contestar el teléfono. E incluso se encontró divertida al imaginar junto con sus amigas lo que sucedería en el Día Blanco, intercambiando teorías que iban desde un encuentro por demás romántico entre ambas parejas hasta que un monstruo de cuatro cabezas y siete colas trataría de evitar que las chicas vieran a sus amados.
El problema realmente radicó en el momento en que Hikaru, curiosa como usual, le preguntó si tenia alguna expectativa respecto a los chocolates enviados a Clef y Ascot, a lo que la peliazul contesto con la mayor naturalidad que ella no tenia pretensiones ni expectativas al respecto, que si bien ambos tenían un lugar muy especial en su corazón, ella sentía que ya había superado esa parte de su vida, y lo único que buscaba era cerrar un ciclo que había quedado inconcluso.
A juzgar por las expresiones de sus amigas, pudo adivinar que no era la respuesta que esperaban. Afortunadamente no comentaron nada más y simplemente cambiaron el tema a uno menos cargado emocionalmente.
Cuando el segundo día llegó y nuevamente lo único que era hablar de Céfiro o algo relacionado con el planeta cada vez que alguien comentaba algo, comenzó a sentir cierto fastidio.
Para el cuarto día, finalmente había alcanzado el hartazgo.
Quizá era su imaginación… no, mas bien estaba segura que era su imaginación, aun así no podía evitar sentir que a constante platica alrededor del Mundo Mágico era un velado intento por convencerla de que había cosas maravillosas esperándola en cuanto se decidiera a perseguir un sueño cefiriano. Probablemente toda esa paranoia era simple producto de las historias que Iguru le contaba sobre aquellos misioneros y predicadores de religiones que prometían la salvación de las almas al final de los tiempos y que únicamente conseguían ser molestos e invasivos, lo que la tenia así. Sea como sea, la molestia existía, por lo que poco a poco comenzó a guardar su distancia con ellas, y por mucho que las extrañara, a pasar el menor tiempo posible en su compañía.
Tan ensimismadas estaban que ninguna de las dos lo notó, y Umi simplemente las dejo ser.
Los días pasaron con relativa calma y normalidad, mas conforme pasaba el tiempo, Umi podía notar como la ansiedad iba carcomiendo lentamente a sus dos amigas. Ambas estaban inquietas, nerviosas, y quizá un poco más irritables de lo normal, lo que era todo un suceso en si, considerando la naturaleza alegre de Hikaru o la paz que usualmente reflejaba la rubia del grupo.
¿Y Umi? Ella simplemente se dedico a sus propias actividades y a su propio novio.
El Día Blanco había llegado finalmente y para ser honestos, Umi no quería saber nada que tuviera algo que ver con Céfiro; al menos por ahora, estaba cansada del tema y solo esperaba que una vez pasada la euforia del reencuentro quizá en un mes más, pudiera recuperar a sus mejores amigas.
Los planes de Umi para este día en realidad eran inciertos. Si bien sabia que haría algo con su novio, este le dijo que pretendía sorprenderla, por lo que pasaría por ella en algún punto entre las nueve y las trece horas, lo que dejaba a la chica con una ventana de tiempo de alrededor de cuatro horas.
Decidió hornear un pastel para perder un poco el tiempo.
Poco a poco fue sacando los ingredientes y utensilios que necesitaría para ello. Mientras tanto, su mente comenzó a volar, pues si bien ya estaba harta del tema de Céfiro, no podía evitar sentir cierto morbo al respecto. Y no tanto por las circunstancias y la bonita historia de amor que se habían pintado sus amigas sino que se preguntaba… ¿Qué harían después? ¿Se irían a Céfiro al término del tiempo, dejando atrás a familia y amigos? o ¿elegirían volver todos juntos a Tokio? Y si es así, ¿ellas se harían cargo de ellos?
Haciendo las mediciones correctas en cuanto a harina y huevo, Umi comenzó a batir ligeramente.
Cuando Hikaru les contó la fantástica historia de su reencuentro con Lantis, todo sonaba muy hermoso, mágico, feliz. Sin embargo pensando un poco mas las cosas había mucho que quedaba en el aire. Si ellas decidían volver a céfiro, ¿que futuro les esperaba ahí? Fuu al lado de un príncipe, y Hikaru al lado de un espadachín mágico que hasta donde todas sabían era parte de cierta nobleza. ¿Quería eso decir que vivirían en un eterno estado de reposo y descanso? Sin sonar pesimista, no creía que ninguna de sus amigas soportaría ese tipo de vida por mucho tiempo. Aunque quien sabe, incluso los nobles se supone tienen responsabilidades ¿no? quizá eso les ayudaría a combatir una vida de eterno aburrimiento.
Distraídamente Umi tomo el colorante vegetal y el saborizante de manzana, agregándolos en las cantidades exactas con una precisión nacida de años de práctica.
Siguió con sus pensamientos y cavilaciones. ¿Qué pasaría si ellos decidieran hacer una vida en Mundo místico? Quizá los cefirianos no tenían una familia como tal que dejarían atrás, sin embargo si había varios amigos, conocidos e incluso recuerdos que los ataba a esa otra dimensión. ¿Serían capaces de renunciar a todo? Y ¿que es lo que harían entonces? Quizá podrían emular el negocio de la familia de Hikaru y enseñar artes marciales con el uso de una espada… o dependiendo de las habilidades de ambos, pudieran estudiar un poco y conseguir los certificados necesarios para ejercer alguna profesión u oficio. Aun así quedaba la interrogante de los certificados de identidad de ambos.
Eran muchas cosas para considerar… y estaba segura que ninguna de sus amigas se había puesto a pensar en ello realmente. Tendría que hablar con ellas una vez se recuperaran de la "euforia cefiriana".
Fue justo en el momento en que estaba vaciando la mezcla en el molde que un pensamiento mas bien gracioso la ataco. ¿Exactamente como reaccionarían los hermanos de Hikaru a la presencia de Lantis? Casi podía imaginar a Masaru y Kakeru tratando de retar a un combate de espadas al pelinegro, para después ser derrotados magistralmente. Y casi podía ver como el Mayor de los Shidou lo escudriñaba con una mirada tan intensa que Lantis por primera vez en su existencia se sintiera incomodo en la presencia de un No-Enemigo.
Casi podría decir que pagaría por verlo.
Por fin el sonido del timbre la saco de sus pensamientos y antes de que pudiera siquiera quitarse el delantal que estaba utilizando para cocinar, escuchó como su madre quien estaba mas cerca de la puerta que nadie, atendió el llamado. Unos segundos después, escuchó una voz que a lo largo del último año había llegado a adorar - "siempre te ves hermosa, pero cubierta de harina y horneando dulces, me pareces divina".
Un ligero sonrojo y una sonrisa fueron la primer respuesta de Umi ante el cumplido, mas al girarse y hacer contacto con los ojos miel de su novio, no pudo evitar que el sonrojo se intensificara.
Iguru siempre le había parecido un tipo atractivo, sin embargo hoy había algo en el que le impedía por completo apartar la mirada. Umi jamás se había considerado una chica tímida, insegura en ocasiones si, pero jamás tímida; sin embargo algo había en este chico que la hacía tropezar con incluso con sus propias palabras. Mas de seis meses de relación y aun le sucedía esto.
Armándose de valor, se acerco a él con una tímida sonrisa, devolviéndole el saludo e incluso reuniendo el coraje suficiente para darle un breve beso en los labios, mismo que el joven respondió haciéndolo un poco mas profundo.
Con esto fuera del camino, todo fue más sencillo. Él le presentó un pequeño ramo de hortensias, orquídeas, y unas cuantas No-Me-Olvides entrelazadas. Umi no tenía idea de si las flores tenían algún significado, es mas ignoraba por completo si Iguru estaba conciente de dicho significado, más el hecho de que se haya tomado la molestia de buscar flores que se asemejaran al tono de sus ojos y cabello le pareció increíble.
- "espero las flores sean de tu agrado, pero no creas que estas son tu regalo de día Blanco, hermosa."
Umi asintió, y tras un par de minutos que ocupó para sacar el pastel del horno y alistarse de nuevo, ambos partieron a la cita prometida.
Claro no sin que Iguru antes de partir mencionara que debían volver más tarde y probar ese delicioso pastel. Después de todo, no podía desperdiciarse.
Como tal, este no era un capitulo que tuviera planeado, sin embargo nació hace unas horas mientras estaba investigando cosas de la escuela.
Valla que cuando la musa ataca, no le importan horarios o actividades…
En fin, con esto tenemos el punto de vista del día blanco de las tres chicas (¡y quien lo diría! ¡Hoy es día Blanco!)
Con un poco de suerte y la musa m deja escribir otro poco… ¡hay un Ascot pendiente después de todo!
Saludos especiales para AdiaSkyFire (puedes pasarte por ao3 y dejar un Kudo, con eso es como doble favorito jaja adore lo del suspirator 2000), TsukihimePrincess (yo también me reí mucho al escribir a Lantis), Corazón de limón (¡ya me habías roto el corazón! Jaja ya en serio, que bueno que te gustó).
Y también saludos a los que leen en silencio.
¡Hasta pronto espero yo!
