Update 29-12-15: Por incoherencias cronológicas.

Capítulo 2: Odio mi apellido.

–Se cree mucha cosa porque lleva el apellido Kido– espetó con desprecio la empleada de servicio mientras tiraba de las sábanas sucias.

–Ojalá pudiera embarazarme del señor... ¡Eso sería fantástico! ¿Imaginas que todo esto fuera mío?– exclamó su compañera sosteniendo las mantas limpias.

–En tu lugar tendría cuidado– comentó la primera mientras entre ambas tendían la cama –. Ya sabes lo que dicen que le hizo el amo a la madre de la bastardita.

–Tienes un punto– concedió la mujer –, el señor Kido no es el mismo desde que esa enfermedad se llevó a su esposa.

–Pero no fue una buena idea, ya que ahora debe hacerse cargo de la enana sin gracia esa.

–Debe ser un castigo por haber engañado a su esposa con una empleada– ambas mujeres salieron de la habitación aún charlando acerca de lo sucedido 3 años atrás.

–¿P-Por qué siempre deben hablar de mi?– murmuró una pequeña de cabello verde, saliendo de su escondite, el baño.

Se subió a su enorme cama, aún sabiendo que si alguien la veía le reclamarían por arrugar las mantas, y como cada día... Lloró...

Su amargo llanto nunca se detenía, y eso hacía que hablaran más de ella, que todos en esa maldita mansión en la que vivía desde hacía tres años, siempre estuvieran pendientes de ella.

De cada paso...

De cada fallo...

De cada evento que sucediera en su pequeña y triste vida...

Casi no recordaba a su mamá... De hecho sus memorias habían sido modificados en esos años hasta el punto de que las facciones de la mujer que tanto añoraba fueran sospechosamente parecidas a las de su hermana. Pero faltando pocos días para cumplir los seis años, no era capaz de darse cuenta de ello.

Y su padre... el que todos decían que había matado a esa mujer debido a que ella lo extorsionaba, él la detestaba... Ella lo sabía, siempre le decían que debía agradecerle eternamente por los lujos que disfrutaba.

Una cama grande, un piso que parecía un espejo, vestidos caros y pomposos, maestros particulares que le enseñaban cosas que cualquier niño no aprendería hasta los quince años. Todas esas cosas que no le importaban, que no había pedido, que aborrecía.

–¡Niña!– escuchó un golpe en la puerta, se sentó de inmediato en la cama extendiéndola torpemente, el mayordomo era demasiado estricto –¡El profesor de etiqueta está aquí! ¡Será mejor que bajes en menos de dos minutos!

Saltó de la cama, casi se torció el pie por el apuro, y corrió a abrir la puerta mientras secaba sus lágrimas con la manga de su vestido, para su suerte el mayordomo ya iba a unos metros de ella caminando por el largo pasillo. Corrió tras él, la última vez que se retrasó la obligaron a pasar dos horas de pie con esos pesados libros sobre su cabeza, debía equilibrarlos sólo diez minutos, pero siempre se le caían antes de que se cumpliera el tiempo, así que la clase se extendió demasiado. Y después, el usual reto de su padre durante la cena, "inútil" fue lo más suave que le dijo, "perra estúpida igual que tu madre" lo más fuerte, al menos lo que más dolió.

Llegó corriendo, pero se arrepintió al ver la cara de su maestro, quien golpeó la enorme regla de madera contra su palma.

–¡Las damas no deben correr!– exclamó dándole rápido golpe en el hombro, no era demasiado fuerte, pero el hombre argumentaba que un castigo físico inmediato era más efectivo y rápido a la hora de obtener resultados.

–L-Lo siento...– murmuró muy suave, casi siempre hablaba de esa forma, casi no se le escuchaba lo que decía.

Ojalá nadie la escuchara...

Ojalá nadie la viera...

Ojalá desapareciera para todos...

No para todos– pensó subiendo a la silla que había frente a una de las mesas, suspirando desalentada al ver el plato y todos esos cubiertos.

Odiaba recordar para qué servían.

Mientras recitaba la funcionalidad de cada utensilio que el maestro señalaba y recibía golpes de la regla cuando se equivocaba, suplicaba internamente que el día pasara rápido y llegara la noche, cuando su hermana llegaba a casa.

Pero aún faltaba bastante para ese momento tan especial.

Al terminar esa clase llegó el almuerzo, se sentó en una de las sillas de la enorme mesa del comedor, una de las empleadas le sirvió la comida viéndola feo.

–¡Qué suerte tienen algunas!– exclamó –¡Si fueras mi hija te enseñaría a no ser tan presumida!

Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando la mujer se marchó... Ese día tampoco comió... Le costaba demasiado alcanzar el plato, y siempre había alguien vigilando que no se parara o arrodillara en esa silla de caoba que había salido una fortuna.

Había ojos viéndola mientras atravesaba ese pasillo, también estaban en el patio sin importar que tan lejos fuera, estaban en todos lados... Mirándola, hablando, juzgando a una niña pequeña que fue arrancada de los brazos de su amorosa madre y lanzada en ese mundo que no comprendía.

Sólo una persona en ese enorme lugar lo entendía, pero esa persona pasaba el día entero fuera... Sin embargo era su alivio, su motivo para despertar cada día... Esperar la noche para verla.

Su padre llegó por la tarde, y de inmediato una de las empleadas lo puso al día.

La niña falló una vez más en sus lecciones de etiqueta.

La niña despreció la comida que con tanto esfuerzo se le preparaba.

La niña ensució su ropa por intentar trepar un árbol para alcanzar un apestoso gato callejero.

La niña no atendió al profesor de inglés durante las clases de la tarde.

–¡Tsubomi!– la llamó su padre a pesar de que ella estuvo frente a él todo el tiempo, escuchando cada una de las acusaciones –¡Estás cada día peor! ¡Eres una malagradecida! Sólo eres una mendiga con mucha suerte, pero esa suerte no durará para siempre. ¡Si no llevaras mi apellido estarías en la calle muriéndote de hambre!

El hombre continuó reprendiéndola y ella permanecía firme, escuchando cada palabra, mordiéndose la lengua, la última vez que respondió fue encerrada una semana bajo llave sin poder ver a su hermana.

La hora de la cena llegó, y con ella la reunión familiar. Su hermana comiendo en silencio, su padre contándole acerca de las acciones de sus empresas a pesar de que a ella no le interesara en lo más mínimo. Y Tsubomi haciendo uso de toda su concentración para llevar esa cuchara con sopa desde la mesa tan alta a su boca sin derramar una sola gota sobre el mantel o su vestido.

Por la noche, cuando la mitad de las luces de la mansión se apagaron, ella salió a hurtadillas de su habitación, escuchó susurros viniendo de alguna parte, nunca podía pasar desapercibida en esa casa. Golpeó la puerta de su hermana y esperó ansiosa, los segundos parecían horas, y cuando ella finalmente abrió, Tsubomi se abrazó de su cintura.

–Hola Tsubi~– la saludó cariñosamente acariciando su cabeza y moviéndose con dificultad para cerrar la puerta –. Sube a la cama, aún debo terminar una tarea.

Ella asintió con una sonrisa de oreja a oreja y saltó a la cama de su hermana, rebotando en ella, era más suave que la suya. La adolescente de cabello rojizo se sentó frente a su escritorio y continuó escribiendo. Estar así, aunque no hablaran, simplemente en compañía, se sentía muy bien, se quedó en silencio jugando con el osito blanco que había en la cama hasta que la tarea fue concluida.

–¡Listo!– se giró la chica para verla –¿De qué quieres hablar?

–¡¿Qué hiciste hoy?!– preguntó con emoción, a través de las historias de su hermana podía salir de ese lugar, vivir otra vida en la que ella no era el centro, podía olvidarse por un rato de todos sus errores y defectos.

–Fui al colegio como siempre, no pasó nada especial, ese chico sigue viéndome de lejos, ¡pero no me dice nada!– exclamó cruzándose de brazos.

–¿Qué crees que te diga?– preguntó inocentemente, logrando que su hermana recordara que hablaba con una niña de casi seis años, a pesar de que se viera un poco más grande debido a su personalidad tan tranquila.

–Creo que me dirá que le gusto mucho… Y que quiere ser mi novio– se levantó de la silla para dar dos pasos y dejarse caer sobre la cama frente a su hermana –. Es lindo, me gusta mucho– confesó viendo el impecable techo con diseños –. Ojalá se de prisa, ¡se me va a pasar la vida esperando!– en esos momentos ninguna de las dos sospechaba que tan ciertas serían esas palabras –Después de eso fui a mis clases de tenis.

–¡¿Podemos jugar?!– preguntó emocionada.

–Claro, el fin de semana creo que no tengo planes, y aunque los tenga me haré un rato para jugar contigo– aseguró recibiendo un abrazo de la pequeña.

–¡Te quiero hermana!– exclamó mientras ambas giraban en la enorme cama abrazadas. Creando recuerdos que jamás olvidaría.

Ese fin de semana llovió bastante, y su cancha de tenis no era cerrada, así que el juego fue pospuesto hasta el siguiente fin de semana. La semana transcurrió lentamente, todo continuaba igual, sin embargo había algo, un detalle en el aire que le hacía sentir que algo no andaba bien…

Peor que de costumbre.

No comprendía el cambio de su padre, se veía triste, y mucho más violento que antes, ahora la golpeaba con ira ante cualquier chisme. Él ya no hablaba acerca de sus negocios durante la cena, y en los últimos dos días ni siquiera había cenado. Su hermana también lo había notado, se veía preocupada, amaba a su padre, después de la enfermedad de su madre temía perderle a él también.

Ella por su lado, aunque no lo dijera o lo demostrara también lo amaba, era su padre, el único que tenía… Le aterraba pensar en que algo malo podría sucederle…

Ese viernes por la noche una explosión acompañada de una risa maniática despertó a todos los residentes de la mansión. Al salir de su habitación medio dormida se encontró con el mar de fuego que era ese pasillo.

–¡Hermana!– gritó intentando correr hacia su habitación, debía despertarla, luego a su padre, tenían que bajar a la planta baja y sacar a los demás, tenían que salir de ahí.

Sin embargo las llamas… Se dio cuenta de que no sabía lo que se sentía quemarse hasta ese momento. Chilló retrocediendo instintivamente, sin embargo se armó de valor, con una mano sobre la zona de su brazo que el fuego había alcanzado y corrió a través de él.

Gritó, sentía que moriría de dolor, pero no podía detenerse, sin embargo sus esfuerzos se vieron truncados cuando las ventanas comenzaron a estallar y los vidrios se clavaron en su cuerpo. Cayó, pero se levantó y continuó avanzando, ya no podía correr, pero llegaría…

Unos trozos de pared cayeron sobre su espalda, acabando con todas las esperanza de salvar a su hermana, aún así con la mitad de su cuerpo inmovilizada seguía intentando arrastrarse con sus manos.

–¡TSUBOMI!– escuchó el grito horrorizado de la adolescente al verla en ese estado.

No podía hacer nada más que llorar por el dolor y la falta de aire…

Sus pulmones ardían como si hubiera ácido bajando por su tráquea.

Su hermana luchó contra las llamas para llegar hasta ella –¡Tsubomi resiste!– le suplicó llorando mientras intentaba levantar los escombros que atrapaban a la niña.

–¡Ve… te...!– murmuró la pequeña con el poco aliento que le quedaba.

–¡No me iré sin ti!

"Si yo no existiera, mi hermana..." fue su último pensamiento antes que el resto del techo cayera sobre ellas acabando al instante con ambas vidas.

Los empleados lograron escapar, no les fue demasiado difícil salir de la mansión mientras el fuego se propagaba por la segunda planta donde fue iniciado, el lugar donde se encontraban las habitaciones de la familia Kido, haciendo completamente imposible que alguno de ellos escapara.


Abrió sus ojos con un extraño sentimiento de desesperación, sin embargo no había recuerdos en su mente sobre lo que la llevó a ese extraño lugar lleno de fuego. Parecía estar en algún lugar de la mansión que no conocía, pero no era raro, era tan grande que aún no la conocía por completo.

–¡Hermana!– exclamó al ver a la joven de espaldas a ella, con su usual uniforme del instituto.

–Ve por esa puerta– señaló un lugar detrás de la niña.

Al voltear notó la enorme puerta de roble gravado, volvió a mirar a su hermana, ¿por qué no quería verla?

–Por favor… ve…– le pidió como si le leyera la mente.

Tsubomi asintió seriamente y se dirigió hasta la puerta, se detuvo antes de abrirla y miró a su hermana.

–Adiós– se despidió ésta viéndola por primera vez desde que despertaron ahí.

La mirada de su hermana le inspiró confianza y abrió la puerta pasando a través de esta, sin saber que nunca se lo perdonaría.

La oscuridad la abrazó, pero ya no había a donde regresar. Esa mujer de ojos rojos apareció ante ella viéndola seriamente. No le pareció una mala persona.

–¿Tu deseo es poder ocultarte de todos?– le preguntó sorprendiéndola, ¿cómo podía esa mujer saber su más profundo deseo? El que ni a su hermana le había contado.

–¿C-Cómo lo sabes?– preguntó dando un paso hacia atrás, su difícil vida le había enseñado a desconfiar de todos.

–La mujer levantó una ceja sonriendo de lado –Puedo leer tu mente– explicó –Y también cumplir tu deseo.

–¿C-Cómo es eso posible?– su sonrisa se mantuvo, sin embargo esa niña comenzaba a exasperarla.

–Sólo tienes una forma de comprobarlo– extendió su mano –Si tomas mi mano cumpliré tu deseo.

Lo dudó, sin embargo sonaba muy tentador, ¿y si era cierto? A sus casi seis años su curiosidad pudo más que el sentido común, así que asintió mientras tomaba su mano.

Los ojos de la mujer se cerraron…

La serpiente se la tragó…

Su deseo fue cumplido, pero haciendo una excepción con ella, por tantas molestias y sólo en este caso, permitiría que recordara lo sucedido dentro del daze.


Abrió sus ojos apenas, estaba en brazos de un bombero quien saltaba de una de las ventanas cayendo en la cama elástica.

–¡Está viva!– lo escuchó gritar en medio de un enorme alboroto. Sus ojos volvieron a cerrarse, cayendo en la inconsciencia, volviendo a recordar a esa mujer, esos ojos rojos la perseguirían por siempre…

Cuando despertó nuevamente se encontraba en un hospital, podía darse cuenta claramente por esa cosa en su boca y los aparatos a su alrededor. Se removió en la camilla pero su cuerpo ardía bastante y la aguja enterrada en su brazo le hizo ver las estrellas cuando intentó doblarlo.

Mientras observaba su brazo con los ojos llenos de lágrimas lo notó, no sólo esa extremidad, el noventa por ciento de su cuerpo estaba vendado.

Parezco una momia– pensó intentando con su otra mano quitarse esa cosa de su boca, era molesta y sentía arcadas por el tubo que iba directo a su tráquea.

Tosió con fuerza al lograr quitárselo, su garganta ardía bastante pero no importaba, ya podía hablar.
En ese momento una enfermera entró con una bandeja con medicinas, sin mirarla siquiera, la dejó en la mesita a un lado de la cama y luego leyó su historia. Cuando la mujer al fin se dignó a mirar hacia la camilla ahogó un grito.

–¡No puede ser! ¡La niña escapo!– exclamó nerviosa, podían tener muchos problemas por ello.

–¿Escapar?– preguntó Tsubomi confundida –Estoy aquí señora...– sin embargo para cuando terminó de decir eso la mujer salía apresuradamente de la habitación.

Escapar era mala palabra en su mundo, cuando en su casa escapaba todos se enfadaban con ella aún más de lo que siempre lo hacían. No podía dejar que esa señora le dijera a su padre que había escapado. Los eventos del incendio estaban muy confusos en su cabecita... y no había tenido tiempo de reflexionar acerca de lo que estaba sucediendo.

Se bajó de la cama como pudo, y salió de la habitación, su cuerpo dolía mucho al moverse, pero tenía que encontrar a esa señora antes que le contara el chisme a alguien. La vio alejándose por ese pasillo rápidamente, y corrió hacia ella esquivando a pacientes y otras enfermeras, cuando la mujer se detuvo en una puerta de ese mismo piso ella logró alcanzarla. Tiró de su túnica logrando que la mujer girara a verla.

–¡Tú!– exclamó reconociendo a la niña que buscaba –¡¿Dónde estabas?! ¡¿Y qué haces levantada?! ¡¿Quién te quitó el respirador?!

Tal vez no fue buena idea seguir a la señora, soltó su túnica pero al instante ésta tomó su mano devolviéndola de mala manera a su habitación.

Los días pasaron, y el rumor no tardó en extenderse; había una niña fantasma en ese hospital. Enfermeros, doctores y pacientes aseguraban que esa pequeña niña aparecía de la nada frente a ellos tirando de sus ropas, era muy extraña y callada, sólo preguntaba por su padre y su hermana, quienes según sabían estaban muertos. Habían muerto en el incendio en el que ella también debió morir... Y por las noches sólo se podía escuchar su llanto por los pasillos del hospital.

No había duda de que estaban frente a un fantasma.

Tal fue el revuelo que levantó su presencia en ese lugar, que una semana después de haber sido llevada de urgencia al hospital, la policía se la llevó de vuelta, probablemente esto ocasionaría que sus quemaduras en el cuerpo nunca terminaran de sanar, pero dejarla no tenía ningún sentido ya que de todas formas nadie le estaba dando el tratamiento adecuado ya.

En la comisaría, mientras decidían qué hacer con ella, tomó unas tijeras y viéndose al espejo en el baño cortó su largo cabello, el cual estaba completamente quemado de los hombros hacia abajo. Ella si podía verse claramente, ¿por qué los demás no podían? ¿Por qué sus ojos tenían ese color tan raro? Eran como los de esa mujer con la que "soñó"...

Escuchó claramente de esos agentes lo que en el hospital nadie se atrevió a decirle, su familia había muerto calcinada en la mansión, la causa; el padre había incendiado su casa debido a problemas financieros, tal fue la magnitud del incendio que sus cuerpos se redujeron a cenizas volviendo completamente imposible la tarea de hallarlos.

Minutos más tarde fueron a la oficina que le habían asignado como habitación temporal a buscarla, sin saber que la extraña niña se encontraba en el mismo lugar que ellos, cuando tocó a uno y se hizo visible fue llevada de inmediato a un orfanato con el cual habían hecho arreglos. El caso se cerró sin una sola mención a la extraña habilidad de la niña de ser invisible para todos.

Aún con el duelo por su padre y hermana cayendo de sus ojos en forma de agua salada, fue puesta a mitad de la habitación frente a decenas de niños quienes la observaban con desprecio, una boca más que alimentar, cuando ya eran tantos... Eso significaba menos ración para cada uno.

Sus ojos rojos y actitud sumisa no ayudaron en nada, y cuando el contacto con el adulto que la había llevado se rompió y ella desapareció frente a los ojos de todos allí, los gritos de terror de algunos y las exclamaciones clamando "¡Un fantasma!" de otros no se hicieron esperar.

En cuestión de minutos comenzaron a jugar a los caza-fantasmas, todos corriendo intentando atrapar al espectro, una vez que uno de los chicos la atrapó, ya que aterrada no se había movido un paso, otro le echó una sábana por encima para no volver a perderle de vista y entonces vinieron los empujones, una zancadilla, y los posteriores puntapiés y patadas al menudo cuerpo bajo la sábana.

"Cada vez que viene uno nuevo esos niños se ponen revoltosos, aunque hoy más que de costumbre", pensó una de las señoras encargada de cuidarlos, pero sólo eran niños jugando encerrados en una habitación, ¿qué daño podían hacer?

Ella fue el primer monstruo en llegar a ese lugar...

Continuar.

Hola, ¿cómo va todo? En este capítulo sentí que debía contar un poco más como fue la vida de Tsubomi antes, y el porqué de su deseo. Sé que el fic no es del todo exacto con los acontecimientos, (por ejemplo en las imágenes del anime se ve mucho mayor, sin embargo en los videos musicales son bastante pequeños al ser adoptados por los Tateyama, de no más de 7 años me pareció) y esto pasará en muchos capítulos, pero quiero encontrar el equilibrio entre respetar el canon, pero crear una historia que aporte algo a lo que ya sabemos que sucedió. Sin contar que probablemente termine mezclando sucesos de hilos diferentes, pido disculpas de antemano por ello.

El siguiente capítulo por supuesto se tratará de Kano, dejo lo mejor y más complicado para el final... Pero no será el último capítulo, después de esto vendrán los capítulos que narren la convivencia de ellos en el orfanato, espero que sean tres también desde cada punto de vista, no sé si en este orden. Aún no sé muchas cosas. Y si todo sale como espero vendrán más y más secuencias temporales progresivas hasta que ya sean grandes.

Respuestas:

Yin-princesa-del-olvido: En serio, no era mi intención hacer llorar a nadie, pero la historia de Seto es muy triste, espero haber publicado lo suficientemente rápido. Gracias por tu comentario, espero que siga gustándote la historia.

Muchas gracias por leer, espero que continúen disfrutando de esta historia.

Saludos.

Trekumy.