Aclaración: Separaré este fic en etapas, en el capítulo anterior finalizó la primera de ellas que he dado en llamar: "Entrada al daze", y este es el primero de la siguiente etapa que llamaré: "Conociéndonos".

Update 29-12-15: Por incoherencias cronológicas.

Capítulo 4: Nuevos amigos.

Las voces seguían allí, eran gritos, cientos de ellos que golpeaban su cerebro con fuerza, ¿por qué todos hablaban a la vez? ¿Por qué era así desde que despertó al pie de ese río? Ese que se llevó a su único amigo.

En cuclillas, cubriendo sus oídos, con sus ojos cerrados mientras lloraba intensamente por el recuerdo de esa tragedia, estaba el pequeño niño rodeado de todos los huérfanos internos en ese hogar, de esos gritos que se mezclaban y perdían la forma para convertirse en sólo ruido..

Entonces sintió unos brazos alrededor suyo, abrió los ojos viendo sorprendido a esa niña de cabello verde… No recordaba haberla visto antes, ni siquiera cuando lo dejaron allí y se tomó unos segundos para ver a sus nuevos compañeros, pero su voz… Su voz era esa que escuchó a su lado sin poder saber de quién era.

–No llores…– la escuchó decir.

¿Ella había estado allí todo el tiempo?

Entonces la sombra de uno de los niños cayó sobre ellos, ¿Cuándo se había acercado tanto? ¿Por qué se veía como si fuera a golpearlos en cualquier momento?

–¡Déjalo en paz!– esa voz resaltó una vez más sobre las otras. Se tomó unos segundos para observarla, temblaba, había lágrimas en sus ojos al igual que en los de él, sin embargo no apartaba la mirada ni se alejaba.

Ella era valiente… No como él…

–¡De nuevo defendiendo a uno de esos monstruos!– exclamó el niño malo viéndola con odio, cerrando sus puños –¡Me las pagarás fantasma!

Iba a golpearla, a ambos… Cerró sus ojos aterrado, no podía moverse, no lograba dejar de temblar, y su llanto aumentó.

Entonces unos aplausos y risotadas frenéticas inundaron la habitación, todos allí observaron al chico que miraba todo desde lo alto. Con una sonrisa de oreja a oreja que daba miedo, saltó de allí cayendo en el suelo con gracia felina.

–¡Amo esto!– exclamó extendiendo los brazos para aplaudir aún más fuerte.

Sí eso dijo con su boca… Pero no se parecía a lo que había dicho menos de un segundo antes…

Kousuke observó a la niña a su lado, ella miraba al rubio con molestia, era más que eso… era decepción.

–Ya la has golpeado mucho con tus puños ¿no crees?– preguntó el rubio posicionándose casualmente en medio del atacante y sus víctimas –Sería aún más divertido si esta vez usaras tu imaginación…

–¿Qué sugieres?– preguntó el otro con cierto interés.

–No lo sé, en esta habitación hay cientos de cosas...– comentó él aún con su imperturbable sonrisa.

"¡¿Por qué no escapan?!" Kousuke fue capaz de escuchar esa voz desesperada… Esa que venía de él, de ese chico frente a ellos, sin embargo de sus labios salió algo muy diferente.

–¿Por qué no golpearlos con toallas mojadas? No dejan marcas, ¿sabían?

No entendía nada de lo que sucedía, era como si ese niño tuviera a dos personas viviendo dentro, dos muy diferentes. Tal vez deberían hacer caso a su parte buena y escapar… Al parecer la niña a su lado pensó lo mismo ya que comenzó a tirar de él.

–¡¿Pero duelen?!– preguntó el chico malvado con creciente interés, había tenido muchos problemas por dejarle marcas al fantasma, si pudiera golpearla sin consecuencias sería genial.

–¡Se escapan!– les avisó una niña señalando como esos dos de ojos raros huían de la mano, en una escena muy parecida a la de meses atrás cuando el rubio había llegado, sólo que esta vez era ella quien lideraba la huida.

–¡Maldición!– gritó el niño comenzando a perseguirlos siendo seguido por los demás.

–¡Vamos tras ellos!– se escuchó la alegre voz de Shuuya, mientras levantaba el puño con emoción como si se tratase de un divertido juego.

Sin embargo no se movió de su lugar… Se quedó solo en la habitación por unos instantes mientras los gritos se alejaban, aún solo su sonrisa no disminuía… Pero ese puñetazo al armario que atravesó su puerta de dura madera pero no hizo ni un rasguño aparente en su mano, siempre estaría allí como silencioso testigo de aquello que nadie podía ver.

En tanto, la niña guiaba a un sollozante Kousuke por los pasillos, entrando y saliendo de puertas, el lugar era tan grande que no tardó en sentirse perdido. Finalmente llegaron a una especie de baño en el cual había una tina bastante grande, ella lo soltó sólo para cerrar la puerta con el seguro. Volvió a tomar su mano y lo ayudó a entrar a la tina, después se metió ella y cerró la cortina de ésta.

Él se sentó abrazando sus piernas mientras respiraba fuerte por la carrera y lloraba de miedo y confusión. Ella estaba arrodillada frente a él también con lágrimas en sus ojos pero sosteniendo sus hombros, sacudiéndolo levemente… Diciendo algo que en el mar de voces que provenían de doquier, la mayoría de ellas pensando las cosas que les harían cuando los encontraban… se perdía…

–¡Ya vienen… ya vienen… ya vienen!– repetía él una y otra vez meciéndose a sí mismo en trance.

–¡Por favor no hagas ruido…! No llores o nos encontrarán– le suplicaba ella en voz baja intentando lograr que él despertara y la escuchara, pero todo era inútil.

Miró hacia la puerta aterrada, sabía bien que aunque hubiera puesto el seguro, quien lideraba la persecución, el que más la detestaba, era capaz de tirar la puerta abajo si con eso podía atraparla.

El grupo de captores estaba en la sala mirándose los unos a los otros, desde allí había sólo dos caminos posibles, uno era el largo pasillo que daba a la zona de los adultos, el otro era la puerta que daba a la cocina y de allí un acceso al patio interior.

–Se fueron por allí– comentó el rubio detrás de ellos señalando la cocina, sentado tranquilamente en una de las sillas balanceándose en sus patas traseras –. Escuché los chillidos del nuevo en algún lugar del patio– observó complacido como todos corrían al lugar indicado, al fin una de sus mentiras salió como él quería.

Cuando se alejaron lo suficiente corrió hacia el pasillo y caminó por él con la certeza de que ella no sería tan estúpida para salir al patio donde no tenía un solo lugar para refugiarse. Supo que estaba en lo cierto al escuchar el llanto incesante del chico saliendo del baño del director, también se podía escuchar el llanto de ella, mucho más suave, pidiéndole que no hiciera ruido.

Golpeó la puerta suplicando internamente que las palabras correctas salieran esta vez.

"Chicos soy yo, por favor abran" eso quiso decir, pero lo que se escuchó fue…

–¡Los encontré, voy a divertirme con ustedes!– lo siguiente que se escuchó fue su cabeza golpeando contra la puerta en clara señal de frustración.

Las voces de esos niños se habían alejado, casi no se escuchaban lo cual lo calmó un poco, entonces escuchó ambas frases de ese chico rubio, vio como la niña miraba hacia la aterrada abrazándose a sí misma.

"¿Creí que él era diferente?" eso escuchó de ella a pesar de que sus labios no se movieron.

Aún sollozando pero más tranquilamente se bajó de la bañera y fue hasta la puerta.

–¡No por favor!– chilló ella extendiendo su mano pero sin poder moverse por el pánico.

–Él es diferente– le aseguró a la niña antes de abrir la puerta y dejar que el rubio cuya cabeza aún descansaba en la puerta, cayera de cara en el piso del baño.

La niña rió levemente, y él se apresuró a ver si el pobre estaba bien, sin embargo este levantó la cabeza con una sonrisa, sin un solo rasguño.

–¿E-Estás bien?– le preguntó a lo que el chico asintió levantándose.

Pero el alivio duró poco, esas voces volvían a acercarse haciéndolo entrar en pánico nuevamente.

–¡Están viniendo!– chilló haciéndose bolita en el suelo mientras sostenía su cabeza.

El rubio cerró la puerta rápidamente para luego levantarlo a la fuerza y taparle la boca.

"Si gritas nos encontrarán"

–¡Grita más fuerte así nos encuentran!– exclamó riendo con fuerza, cubriendo su propia boca con la mano libre.

La niña sollozaba levemente también cubriendo su boca, sus ojos húmedos estaban clavados en el rubio. Aún en esa situación, aún en el mar de voces que amenazaba con volverlo loco… Podía darse cuenta de qué tan dolida estaba ella con ese niño.

El grupo de niños pasaron por fuera del baño en silencio, intentando escuchar algo, sabían que el director estaba por allí y que odiaba que los huérfanos anduvieran por esa zona de la casa. Por fortuna para los tres chicos, un grupo de quince niños de entre cuatro y doce años, no eran capaces de guardar silencio por más de unos segundos así que fueron descubiertos in-fragante y enviados a sus habitaciones de inmediato, castigados sin salir de allí hasta la hora de la cena.

Minutos después de que el revuelo se calmó los tres se relajaron, el director aún andaba por ahí, así que no podían salir… Pero al menos habían evadido el peligro por el momento.

–M-Me llamo Kousuke…– él fue el primero en hablar sentado en el piso del baño, a su lado estaba el rubio y dentro de la bañera la niña.

"Yo soy Shuuya"

–¡Yo soy el gato con botas!– se contradijo como siempre.

–Te llama Shuuya, ¿verdad?– preguntó Kousuke viéndolo con una sincera sonrisa, comenzaba a comprender un poco a ese niño que siempre decía cosas raras.

–S-Si, así se llama...– interrumpió la niña con su usual voz tímida –P-Pero… é-él siempre dice co-cosas raras…

"No puedo evitarlo" escuchó la voz triste del rubio pero de inmediato de su boca salió un… –Sólo estoy jugando, niña fea– acompañado de una sonrisa burlona.

Ella cerró sus puños inflando las mejillas en claro signo de molestia.

–¡N-No te enojes!– se atrevió a gritar –¡Debes escuchar lo primero que dice! ¡Esa es su parte buena!– intentó explicar lo poco que había entendido.

–¿Lo primero que dice?

"¿Lo primero que digo?"

Ambos lo miraban, ella con expresión de confusión y él con una sonrisa.

–¡Si, si!– asintió muchas veces dándole fuerza a sus palabras –A ver, di algo… algo como…– se quedó pensativo –¿Cuántos años tienes?

"Seis".

–Veintiocho– acompañó su respuesta con una carcajada.

–¿Lo ves?– le preguntó a la niña, estaba tan claro.

–¿Ver qué…? ¿Qué mintió?– preguntó ella confundida.

–¡Si! Pero primero dijo que seis, y luego mintió. Lo primero que dice siempre es la verdad.

"¿Escuchaste lo que pensé?"

–Jaja, nuestro nuevo amigo está más loco que una cabra– le dijo a la niña mientras lo señalaba.

–¿Lo pensaste?– preguntó él viéndolo sorprendido.

"¡Si! ¡Kousuke tú puedes leer los pensamientos!" solamente lo pensó sabiendo que sería inútil intentar decirlo.

El pelinegro exclamó sorprendido comenzando a comprender un par de cosas mientras miraba la cara sonriente del rubio.

–Si que entendí…– murmuró la niña bajándose de la tina y caminando hacia la puerta rápidamente, llamando la atención de ambos.

–¡Espera, ¿A dónde vas?!– preguntó él.

–¡Ustedes dos han estado todo el tiempo burlándose de mí!– exclamó abriendo el seguro de la puerta.

"¡No, eso no es verdad!" pensó pero...

–Uff… ya se dio cuenta– esa frase salió con un tono de desilusión claramente fingido.

Esa fue la gota que rebalsó el vaso y ella salió del baño muy molesta, dando un sonoro portazo sin importarle el castigo. Ambos la hubieran seguido si no fuera porque escucharon el grito del director y el posterior regaño, su castigo sería quedarse sin cena.

"¡Soy un idiota!" se pateó mentalmente Shuuya.

–Se fue sin presentarse…– murmuró tristemente Kousuke –Y ahora piensa que intentábamos molestarla…

"Es mi culpa… Ella se llama Tsubomi, y siempre termino haciéndola enojar." pensó con tristeza.

–Y… ¿Por qué haces eso?– le preguntó curioso –¿Te gustan mucho las bromas?

"No puedo evitarlo... " respondió viéndolo a los ojos, intentando que a pesar de como todos lo veían se transmitiera algo de su verdadero ser. "Desde hace más de un mes me pasa esto todo el tiempo, mi boca dice lo contrario a lo que pienso, y todos me ven de otra forma."

–Eso también es raro… es como lo que me pasa a mi…– le contó –Hasta hace un tiempo no era así, pero ahora escucho voces todo el tiempo, escucho a todos hablando aunque no muevan sus bocas.

"Deben ser estos ojos… Cuando todo empezó mis ojos se pusieron rojos".

–¡También los míos!– asintió –Pero… Tsubomi también los tiene rojos… ¿Ella qué...?

"Ella desaparece" aseguró ganándose una mirada temerosa por parte de Kousuke "Por eso todos le dicen fantasma, pero a ella no le gusta… Llora mucho, sobre todo de noche cuando nadie la ve."

–¿Cómo lo sabes?

"Por que si lo intentas con fuerzas… puedes verla aunque nadie más pueda."

En ese momento entró el director al baño encontrándose con ambos niños allí…

Resultado… Los tres "fenómenos" sin cenar.


El tiempo pasó lentamente, sin embargo poco a poco pudo adaptarse a ese tipo de vida. A pesar de los dolores de cabeza y el llanto desconsolado que todas esas voces le provocaban intentó lo mejor que pudo adaptarse a ello y resignarse a la pérdida de su mejor amigo a quien veía cada noche en sueños. Por fortuna siempre había alguno de sus nuevos amigos a su lado para consolarlo, Shuuya y Tsubomi eran los únicos que tenía, sin embargo se sentía más que feliz por ello.

Shuuya se había ganado el respeto y miedo de los demás niños debido a sus comentarios fuera de lugar y esa sonrisa que siempre estaba en su rostro sin importar la situación, sin importar si lo golpeaban. Los demás lo veían como un monstruo sí, pero uno tenebroso con el que era mejor no meterse.

Con Tsubomi la historia era muy diferente, en ese tiempo notó que la niña era muy tímida en realidad, casi tanto como él, y estaba tan sola que le partía el alma. Se había vuelto su amigo e intentaba acompañarla siempre que podía, pero no se sentía capaz de protegerla. Al contrario, cuando él se sentía solo o triste era ella quien aparecía de la nada abrazándolo, le hacía mucha ilusión saber que Tsubomi lo cuidaba como si fuera su ángel de la guarda, pero deseaba con fuerza poder hacer algo por ella alguna vez.

Un día se dio cuenta de que la única forma en la cual podría ayudar sería siendo un nexo entre sus dos amigos, su relación era muy mala debido a las constantes bromas de Shuuya, y sabía mejor que nadie cuánto sufrían ambos por ello.

Así pasaron tres meses, y una noche, antes de ir a la cama…

Todos los niños estaban en fila en su baño, frente al enorme espejo lavando sus dientes, el director era muy estricto respecto a la higiene. Él estaba al final de la fila, de un lado estaba la pared y del otro Shuuya, como siempre protegiéndolo en silencio. Se sentía afortunado, mientras se mantuvieran juntos estarían bien.

A su mente llegaban voces de todos lados, de los niños que estaban cepillándose a escasos centímetros de él, del baño de las niñas que estaba pegado, de la recámara del director, de la cocina. Se sentía un poco mal por hurgar, aunque sin quererlo, en sus mentes. Y en ese mar de ruidos poco a poco comenzaba a encontrarle forma a las palabras de ciertas personas, en particular las de sus dos amigos, sentía que era una forma de estar conectados cuando no estaban cerca, al menos él podía saber si estaban tristes o necesitaban ayuda.

Su habilidad le sirvió para conocer y confiar en Shuuya… Y en esos momentos le servía para escuchar a Tsubomi.

"¡Duele!" esa palabra lo golpeó haciéndolo reaccionar, ¿cuánto tiempo hacía que escuchaba las palabras de desconfianza y luego de temor que salían de la mente de su amiga sin haberse dado cuenta de ello?

"¡¿A dónde me llevan?!"

"¿Qué harán conmigo ahora?"

"¿Por qué siempre me atacan?"

Escupió la pasta de dientes la pileta y tomó la manga del pijama de Shuuya viéndolo aterrado.

"¿Qué?" pensó este mirándolo con el cepillo de dientes aún en su boca.

–¡Tsubomi! ¡Están haciéndole algo!– gritó aterrado tirando del brazo de su amigo intentando sacarlo del baño mientras los demás chicos los miraban como si estuvieran locos.

El llorón siempre decía cosas raras.

Shuuya lo siguió aún con el cepillo en su boca "¿Dónde están?" le preguntó cuando salieron.

–¡En el baño de las niñas!– señaló la puerta cerrada –¡Espera!– lo detuvo cuando su amigo comenzó a caminar hacia allí –¡No podemos entrar ahí! ¡Los chicos nunca deben entrar al baño de las niñas!– recitó las palabras de la cuidadora. Él tomaba muy en serio lo que los adultos le decían.

"¡¿Entonces qué vamos a hacer?!" preguntó desesperado dejándolo salir por su boca que como siempre resultó en algo completamente estúpido –¡Ja, ni que me importara!

–¡Podemos llamar a la cuidadora de la noche!– sugirió nervioso, estaba escuchando los pensamientos de Tsubomi y ella sufría.

"¡Hoy es su día libre, ¿lo olvidaste?!" exhaló tristemente, era verdad… Y el señor que los cuidaba esa noche no entraría al baño de las niñas porque ellos se lo pidieran… Ese señor no los quería nada.

–¿P-Por qué no puedo...?– lo miró sorprendido, por primera vez la voz de su mente y la de su boca se sincronizaban perfectamente, por primera vez veía su rostro sin una sonrisa, y sus puños apretados partiendo el cepillo de dientes.

Por primer vez vio sus ojos amarillos.

–¡Si puedo hacer que los demás me vean diferente a como soy realmente, ¿por qué no puede ser como yo quiero que me vean?!

Los ojos de su amigo ojos destellaron en rojo, y entonces tuvo que reprimir un grito al observar cómo frente a él lo que ahora había era; una niña rubia.

–¡E… eres una niña!– exclamó señalándolo.

–¿Qué...?– preguntó él viéndolo.

"No puedo... respirar..." nuevamente la voz de Tsubomi llegó a él.

–¡Ahora que eres una niña puedes entrar!– exclamó empujándolo hacia el baño –¡Por favor sálvala!– le suplicó recibiendo como respuesta una sonrisa.

–Espéranos aquí– le indicó su femenina voz con una sonrisa confiada, antes de abrir con fuerza la puerta de ese baño.

Exhaló aliviado, tenía plena confianza en su amigo, cuando él decía que haría algo… Era seguro que lo haría.

–¿Quién era esa niña?– escuchó una voz detrás de él, uno de los niños grandes estaba viéndolo de esa forma que significaba problemas.

–¿Q-Qué niña...? N-No sé…– mintió, sabiendo que decirle la verdad sólo empeoraría las cosas.

En menos de dos minutos estaba sollozando pegado a la pared mientras ese chico amenazaba con golpearlo, ¿por qué siempre terminaba así?

En medio de los gritos de las niñas Shuuya aún en su apariencia femenina salió del baño cargando algo, suponía que a Tsubomi, las lágrimas no le permitían ver bien.

"¡¿Por qué ninguno puede defenderse por sí mismo?!" lo escuchó preguntarse cansadamente antes de pasar corriendo entre él y el niño que quería golpearlo, tomándolo del brazo y arrastrándolo con él…

Estaba comenzando a acostumbrarse a correr por su vida… Incluso sentía sus piernas un poco más musculosas. Después de todo lo hacían casi a diario desde que llegó.

Por fortuna era muy tarde y los demás niños prefirieron abandonar la persecución, antes de seguirlos por ese patio que tan tenebroso se veía de noche.

Se detuvieron respirando agitada-mente, Shuuya soltó su brazo y dejó a Tsubomi sentada sobre el pasto con su espalda apoyada en el tronco de un árbol. Apenas logró recuperar el aliento fue hasta la chica que yacía allí sentada, con su cuerpo flácido y sus ojos perdidos en la nada.

–Tsubomi…– se le acercó preocupado, entonces una imagen venida de alguien detrás de él, llegó a su mente.

No pudo distinguirla bien, sólo que había mucha sangre y unos ojos sin brillo que daban terror, miró hacia atrás a Shuuya quien aún en su apariencia de mujer observaba el rostro de la niña con terror en sus ojos.

–Shuuya…– murmuró y como si lo hubiera sacado del trance él puso una mano en su rostro y volvió a su apariencia usual, mientras se reía con fuerza.

–¡La dejo en tus manos!– exclamó en medio de las risas fuera de control y se alejó corriendo.

El tiempo juntos le había enseñado que esa risa en realidad reflejaba un intenso llanto, ¿y qué había pasado con esa imagen? Era la primer vez que le llegaba ese tipo de flashes, siempre eran sólo voces, pero esta vez...

Decidió dejar de pensar en eso y preocuparse por Tsubomi que aún no reaccionaba, la sacudió varias veces hasta que ella comenzó a toser con fuerza, volviendo de a poco a la normalidad.

–¿Estás bien...?– le preguntó viéndola con atención –¿Te lastimaron?

Ella negó mientras sus ojos volvían a llenarse de lágrimas y ocultaba el rostro entre sus manos, y él la abrazó dejándola llorar todo lo que necesitara.

–Gracias…– le dijo sinceramente cuando logró calmarse.

–Por nada– le sonrió –Yo sólo escuché que estabas en apuros, pero quien realmente te salvó fue Shuuya, ¿sabes?– preguntó con algo de emoción, desde hacía tiempo quería que ambos mejoraran su relación, al menos de esa forma ella podía darse cuenta de que el rubio realmente se preocupaba.

–Esa chica…– murmuró confundida.

–¡Si, era él! ¡Creo que logró controlar su habilidad! ¡Incluso pudo ser sincero por unos momentos!– aseguró ganándose su atención –Usamos nuestras habilidades juntas para salvarte… ¿No sería genial si los tres fuéramos capaces de controlarlas?

Ella asintió con un destello de esperanza en su mirada, sin embargo este se desvaneció por completo en cuestión de segundos como siempre –Y-Yo… no he podido… controlarlo…

–Pero lo harás, ¡ya verás!– le dio ánimos tomando sus manos –¿Vamos a dormir? Ya es muy tarde– sugirió y ella volvió a asentir.

Ambos llegaron a su cuarto cuando ya todos los demás dormían, sin embargo faltaba alguien.

–Me pregunto dónde estará…– murmuró él viendo hacia la cama vacía de su amigo.

–¡Iré por él!– pocas veces la veía tan decidida, así que optó por irse a dormir mientras ella volvía a salir.

Se preguntaba si ella sería capaz de encontrarlo de la misma forma en la que él siempre podía saber dónde se encontraba a ella… Esperaba que si, ya el día siguiente les preguntaría…

Continuará.

Bueno esto se me está saliendo de las manos, la idea eran capítulos de no más de 2000 palabras y miren… ¡Miren! Además el capítulo está cortado, la idea original era que pasaran muchas más cosas… Pero bueno, dejaré de quejarme.

Espero que les haya gustado, confieso que me sale mejor la introspectiva, pero de introspectiva no se puede vivir, ¡tienen que pasar cosas! E intenté ser lo más clara posible a la hora de mostrar lo que Kano piensa VS lo que dice, sin ser muy repetitiva, espero que se entienda, sino me avisan.

El siguiente capítulo tratará estos hechos y algunos que Seto no presenció, pero desde la óptica de Kido, y después de eso uno desde la de Kano para seguir el orden.

Después cambiaré un poco la estrategia y haré uno de ellos tres desde la vieja y querida óptica omnisciente, y luego ya veremos… También me veo venir que habrá uno al menos desde el punto de vista de Ayano, pero para eso falta…

Muchísmas gracias a quienes se mantienen leyendo mis locuras, y por supuesto a quienes me dejan reviews los cuales paso a responder de inmediato:

Yin-princesa-del-olvido: Muchísimas gracias por tu comentario, Y si nuestra Danchou debe mostrar su fortaleza, en el siguiente exploraré un poco más eso. Espero que este te haya gustado también. Besos.

Jeffy Iha3x1: Creo que si Seto se encontrara con esos chicos de grande los saludaría normalmente, no es alguien rencoroso, en el caso de Kano creo que se vengaría de ellos, sobre todo si los vio lastimando a Kido, convirtiéndose en un tigre gigante que se los quiere comer o alguna tontería así, y Kido por su lado… Creo que o bien desaparecería para evitar problemas, o usaría su mirada de hielo. Y hablando de ella, pues… Las empleadas eran unas ardidas y los niños son muy crueles. Y si, Kido tuvo quien la quisiera, pero me imagino el ambiente en el cual vivía como uno que cualquiera detestaría, tanta falsedad y apariencia… Y no sabemos si ella vio morir a su madre o era muy pequeña en ese entonces, el fandom me deja muchas dudas respecto a su niñez (igual que con Seto). Respecto a la cuestión acerca de los ladrones robando chozas, tuve que reflexionar un poco al respecto, por eso ubiqué a Kano en un complejo de apartamentos, de bajo alquiler, pero no necesariamente un mal lugar para vivir, e intenté justificarlo con que esos tipos tenían el dato de que la casa estaba vacía todo el día. Al menos donde yo vivo no te roban si estás en casa, pero si no estás te desvalijan así vivas en una tapera, aunque eso no explica que los tipos vinieran armados y dispuestos a matar… No sé… Me dejaste pensando.

Muy bien, concluyo por aquí, nos vemos la próxima con otro capítulo.

Gracias por leer.

Besos.

Trekumy.