Capítulo 7: Quince de agosto.
–So...sniff... Somo... soma... sniff...– finalmente se dio por vencido y la miró con lágrimas en los ojos.
–Somatizar, Kousuke...– le dijo ella tocando una vez más su frente con preocupación –Dicen que estás somatizando algo...
–¿Y eso q-qué es...?– preguntó mientras las lágrimas salían de sus ojitos.
–Que te sientes muy triste y por eso te enfermaste– le explicó poniéndole el paño húmedo en la cabeza nuevamente.
Ese día se festejaba el O-bon, y siendo niños huérfanos todos con algún pariente al cual recordar, decidieron llevarlos al festival. La mayoría de los niños estaban emocionados, además de ir a un templo para rezarle a sus muertos, verían el tradicional baile, y luego irían a la feria nocturna donde habría juegos y tiendas. Aunque no pudieran comprar nada y supieran que sus encargados no les darían dinero para jugar, eran felices siempre que salían de esa casa.
Pero esos monstruitos, los tres niños raros siempre daban problemas, y a la hora de salir se encontraron con que la fantasmita no aparecía por ningún lado, el peli-negro llorón volaba de fiebre y el rubio había armado un gran pataleo mientras intentaban arrastrarlo a la fuerza hasta el autobús que los llevaría al templo. Finalmente logró liberarse y se encerró en el ático mientras por toda la casa se escuchaban sus risotadas, las más fuertes que le habían oído.
El director y los dos cuidadores de los niños, los únicos empleados del orfanato, discutían acerca del problemón que tenían entre manos, los demás chicos ya estaban en el autobús ansiosos por la salida, y no podían irse dejando a tres niños allí solos, uno loco, otro enfermo y otra desaparecida. Tampoco era viable que uno de ellos se quedara en la casa, necesitaban toda ayuda disponible para controlar a los niños en la calle.
Entonces la desaparecida apareció frente a ellos luego de llamar la atención del director tirando de su saco –Yo puedo cuidarlos– aseguró seriamente.
–¡Deja de hacer eso niña, me vas a dar un infarto!– chilló la cuidadora.
–¿Qué edad tienes?– le preguntó el director.
–¡Casi siete!
–¡No puedo dejar a una niña de seis años al cuidado de la casa y menos cuando uno de ustedes está enfermo!– exclamó el director cruzándose de brazos.
–Pues no tenemos muchas opciones...– comentó el cuidador, poco le importaba que pasara con esos tres, sólo quería salir ya o los demás se pondrían muy ansiosos y darían más trabajo.
–¡Yo lo cuidaré!– alegó Tsubomi –¡Puedo tomarle la fiebre y prepararle una sopa de verduras! También le daré su medicina cada seis horas.
–¡Niña, dudo mucho que sepas leer un termómetro o siquiera la hora, mucho menos te permitiría entrar a la cocina y tocar un cuchillo para picar las verduras!
–¡Pero si sé! ¡Sé leer la hora y el termómetro desde antes de llegar aquí! ¡Y aprendí a cocinar cuando era pequeña!– se defendió.
Los tres adultos rieron ante la frase; "cuando era pequeña". Para una niña de su edad eso sería como a los tres años.
–Supongamos que te creo, ¿realmente quieres cuidar del otro? El rubio ese ha enloquecido completamente.
–¡Si puedo! Yo sé como calmarlo– aseguró muy confiada.
–Tampoco es como si tuviéramos otra opción...– murmuró el cuidador mientras la mujer asentía.
El director pareció sopesarlo unos instantes, pero ante la presión finalmente accedió. Luego de indicarle un par de medidas básicas como no abrirle a ningún desconocido y que atendiera el teléfono en cuanto sonara ya que la llamarían varias veces desde alguna cabina para certificar que todo estuviera en orden, se marcharon.
Cuando cerró la puerta principal dejó caer su cabeza, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas... Quería honrar a sus muertos sí, pero no quería salir... Ese día sus ánimos simplemente estaban hechos puré.
Las risotadas maniáticas de Shuuya la sacaron de sus pensamientos, secó sus ojos que amenazaban con desbordarse de lágrimas y fue hasta la habitación, le preocupaba el rubio, pero Kousuke estaba muy enfermo, así que por ese día él estaba primero.
Al entrar a la habitación lo encontró en su cama, abrazado a su almohada llorando intensamente, el paño frío se había caído de su cabeza y su rostro continuaba rojo, clara señal de que la fiebre continuaba allí.
–Déjame tomarte la temperatura– le pidió ella forcejeando un poco para que él soltara la almohada y le permitiera ponerle el termómetro debajo del brazo.
Se sentó frente a él mientras miraba el reloj de pared controlando el tiempo, le partía el alma verlo así, y finalmente después de cumplido el tiempo, cuando leyó los treinta y ocho grados que tenía de temperatura, se atrevió a preguntarle...
–¿Por qué estás tan triste?– lo hizo suavemente, sabía que algo le había pasado, algo muy feo, desde el día anterior ya sollozaba de a ratos, y ella no se encontraba mejor por lo que no le prestó demasiada atención, pero ahora que había empeorado tanto... Necesitaba poner su propio dolor a un lado y ayudar a su amigo.
–P-Porque... porque...– volvió a largarse a llorar abrazando su almohada.
Se acercó a él y lo abrazó –Me quedaré aquí... Cuando quieras puedes contármelo...
Probablemente pasó una hora entera en la cual él lloraba y ella aguantaba estoicamente sus propias lágrimas, con sólo seis años sabía cuando era el momento de acompañar en silencio, de apartar sus necesidades por las de los que quería...
Y no había nadie en el mundo de los vivos a quien quisiera más que a sus dos amigos.
–M-Mi amigo... e-era mi único... a-amigo...– comenzó a decir finalmente –Y-yo lo q-quería mucho... Y ellos lo... lo...– el intenso llanto regresó y sus palabras se volvieron balbuceos ininteligibles, mientras ella seguía abrazándolo y meciéndolo –Ellos lo... arrojaron...– se cortaba cada dos palabras y lloraba por varios minutos más, tanto que a Tsubomi le costaba seguir la frase –al río... no pude... sal-salvarlo... no pude...– lo abrazó más fuerte, demostrándole que seguía allí, que no estaba solo.
Luego de un par de horas, él se veía más tranquilo, aún lloraba pero su pecho dolía menos ya que había hablado de todo lo que estaba torturándolo. Del perrito que era su amigo, de los niños malos que lo odiaban y le arrojaban piedras, de sus padres que no sabía donde estaban o qué les había pasado. Se desahogó de todas las cosas, las más grandes y las más pequeñas. Y ahora se sentía exhausto.
–Está bajando– le contó ella un poco más aliviada al leer el termómetro –En un rato prepararé algo de comer.
Él asintió sonriéndole lo mejor que su profunda tristeza le permitía –Gracias Tsubomi...
Ambos se quedaron en silencio unos segundos escuchando las risotadas de Shuuya que no se habían detenido en ningún momento durante todo ese rato.
–Está sufriendo...– murmuró Kousuke mirando hacia arriba de donde provenían.
–Lo sé– asintió ella, quería estar con él, realmente lo quería, pero tampoco podía dejar solo a Kousuke.
Cuando volvió a ver a su amigo este estaba acostado nuevamente con sus ojos cerrados –Estoy mejor... Voy a dormir, puedes ir con Shuuya...
Le sonrió suavemente y le acarició el cabello –Gracias– susurró bajándose de la cama –Descansa, te despertaré cuando esté lista la comida.
–Lo haré– le sonrió y ella se marchó sabiendo que su amigo sólo fingía tener sueño para dejarla ir sin culpas.
Antes de subir esa escalera se pasó las manos por el rostro, frotándolo con fuerzas, necesitaba seguir entera para Shuuya, con él todo era más difícil, y sin Kousuke sirviendo de intermediario, sabía que probablemente sería un desastre. Pero iría y aunque fuera a pelear un rato con él, estaría a su lado demostrándole que sus amigos seguían allí. Que no tenía que ocultarse para sufrir, porque los tres estaban pasando por lo mismo y necesitaban estar juntos.
Subió los peldaños e intentó abrir la puertita pero ésta, como era de esperar, estaba trancada.
–Shuuya, soy Tsubomi, por favor, abre...– las risas se detuvieron por unos instantes.
–¡VETE DE AQUÍ IDIOTA!– lo escuchó gritarle, lo ignoró y volvió a golpear mientras le pedía que abriera –¡QUE TE VAYAS! ¡ESTOY MUY OCUPADO!– si pensaba que con eso la iba a desanimar entonces no la conocía –¡VETE VETE VETE VETE VETE VETE!– fue lo siguiente que le gritó cuando ella insistió una vez más.
Diez minutos después su paciencia se había acabado y los gritos iban y venían por partes iguales –¡SI NO ABRES ESA PUERTA TE VOY A SACAR A PATADAS!– lo amenazó, desde aquella pelea meses atrás se había vuelto un poco más segura de su fuerza.
–¡PUES INTÉNTALO!
–¡ÁBRE ESA PUERTA Y LO HARÉ!
–¡A VER SI TE ATREVES!– Se quedó de piedra cuando escuchó como él destrababa la puerta... ¡Era el truco más viejo del mundo y el idiota cayó como un bebé!
Antes de que él se diera cuenta de que había caído estúpidamente en la trampa, ella se metió y esta vez fue quien trancó, no le permitiría escapar, no ahora que al fin podía verlo...
Y se veía horrible...
Sus ojos rojos brillaban intensamente en esa penumbra, su cabello se veía despeinado, y su cuerpo muy delgado y desalineado... Parecía haber estado jalando su ropa y pelo mientras se revolcaba por todo el piso ya que estaba todo sucio.
–¿Qué te pasó?– preguntó inocentemente recibiendo como respuesta un aluvión de insultos que no llegó a comprender en su totalidad... Desconocía algunas palabras, pero por la mirada enfurecida de él, sabía que no eran buenas.
En condiciones normales había respondido los insultos y se habría largado, incluso tal vez lo golpearía, pero ese día era especial, y aunque se sentía feo ser llamada así, en especial cuando muchas de esas palabras le recordaban a las que su padre solía decirle... Se sentó frente a él sólo viéndolo, sin decirle nada. Si esa era su forma de desahogarse, entonces ella le permitiría hacerlo.
Los insultos y gritos continuaron por un buen rato... Pero en algún momento comenzaron a perder sentido... Ya no estaba insultando a Tsubomi... Estaba insultando a esas viejas brujas que hostigaban a su mamá, a esos maleantes que la mataron por unos centavos, a ese padre que le había heredado tantos defectos... y finalmente cayó de rodillas insultándose él mismo.
Tsubomi escuchó cada palabra sin moverse de su lugar, aún cuando los violentos ademanes del niño amenazaban con golpearla accidentalmente. Sin embargo al ver como él se daba un puñetazo directo al rostro, y cerraba su otro puño para continuar auto-agrediéndose... Entonces se tiró sobre él, evitándolo.
Forcejearon un buen rato en el suelo, ella sosteniendo sus brazos para que no se hiciera daño y él intentando liberarse. Cuando él se rindió y dejó de hacer fuerza ella lo soltó y se alejó un poco, volviendo a sentarse en el suelo mirándolo, esperando lo que haría a continuación.
Y lo que hizo fue hablar.
–No soy un buen hijo...– murmuró muy suave, con su verdadera voz, esa que nunca quería salir –Nunca hice feliz a mi mamá... Nunca le di satisfacciones como todos los niños se las dan a sus mamás...– continuó desahogándose mientras Tsubomi lo escuchaba sorprendiéndose de que esas palabras salieran de él –Y-Yo quería pero... N-No... hacía nada bien...– las lágrimas comenzaron a caer –Ellos la mataron... por protegerme... ¿Por qué...? Yo debí morir...
Se acercó gateando hacia él y puso su cabeza en su propio regazo, acariciándole el cabello con suavidad. Le dolía demasiado que hubiera tanto dolor en su pasado, sobre todo porque al contrario que Kousuke, él nunca lo demostraba, él se lo guardaba todo, sus mentiras lo obligaban a esconder todo lo que le pasaba.
–¡Quiero a mi mamá...!– se abrazó a su cintura llorando al más puro estilo Kousuke, ella respondió ese extraño abrazo mientras él seguía hablando...
Contó cada detalle de ese día un año atrás, cuando su mamá y él fueron asesinados, él claramente no entendía por qué seguía vivo... Ella tampoco, pero imaginaba que seguramente también se había encontrado con la mujer de cabello negro, aunque nunca lo mencionó, probablemente él no lo recordara...
El estómago de Tsubomi rugió un buen rato después, cuando él ya más tranquilo seguía abrazado a ella intentando calmarse.
–¿Tienes hambre?– le preguntó inocentemente.
–Un poco– confesó, viendo como él se levantaba y la ayudaba a pararse.
–¿Me perdonas por todas las cosas feas que... eh... dije?– preguntó apenado.
–Si– asintió apretando un poco su mano –¡Pero si vuelves a hacerlo tendré que golpearte!
–Jeje, entendido... Bajemos– le sugirió ofreciéndole una linda sonrisa, y suplicando internamente que ella olvidara el asunto de la golpiza.
Así fue como los dos niños bajaron y fueron a la habitación donde Kousuke, que no estaba dormido, los observaba desde la cama.
–¿Estás bien?– le preguntó Shuuya a su amigo subiendo a su cama, mientras Tsubomi le tocaba la frente.
–Si, mucho mejor– le sonrió el pelinegro que para alivio de la niña, ya no tenía fiebre.
–Voy a preparar la cena– avisó ella corriendo a la cocina.
–¿Sabe cocinar?– le preguntó Shuuya a su amigo.
–No lo sabía– negó él igual de sorprendido que el rubio.
Ambos charlaron sobre sus pasados poniéndose al corriente, se sorprendieron al saber que ambas tragedias sucedieron el mismo día, es decir exactamente un año atrás... Se apoyaron mutuamente, y finalmente se sintieron felices por al fin haber descargado todo ese dolor que sintieron tanto tiempo en soledad.
–¡Cuando venga Tsubomi tenemos que darle un gran abrazo por ser tan buena y cuidarnos tanto!– propuso Kousuke.
–Si– asintió varias veces Shuuya –Y me disculparé con ella de nuevo por todo lo que le dije, ahora que puedo– tenía que aprovechar la amnistía que su maldición le estaba dando.
–Entonces... tus ojos si son amarillos– comentó Kousuke viéndolo fijamente sorprendido.
–Te lo había dicho ya, ¿no? Y los tuyos son... marrones– comentó acercándose un poco para verlo mientras el otro asentía.
–¿De qué color serán los de Tsubomi?
–Creo que nunca los vi...
Ambos chicos se quedaron pensativos unos minutos, Kousuke fue quien rompió el silencio.
–¿Cuánto tiempo lleva preparar una comida?– preguntó viendo a su amigo.
–No sé... creo que como media hora– calculó haciendo memoria, su mamá a veces se quedaba en la casa y cocinaba –Ya se tardó mucho, ¿no?
Kousuke asintió bajándose de la cama –Vamos a verla– sugirió.
–Qué tranquilo está todo– comentó Shuuya mientras caminaban hacia la cocina.
–¿No sería genial que al salir de aquí viviéramos juntos?– le preguntó Kousuke.
–¿Los tres?
–¡Si! No tiene que ser una casa grande, cualquier lugar estaría bien.
Dieron unos pasos más en silencio, imaginando ese futuro en el que los tres vivieran juntos.
–¿Cómo crees que seremos de grandes?– preguntó Shuuya.
–¡Más altos! Tú serás el más alto de los tres, luego yo y después Tsubomi– aseguró.
–¡Sería genial ser alto! ¡Podría alcanzar los estantes de más arriba! ¡Y lo que hay sobre la heladera!
Charlando acerca de ese prometedor futuro llegaron a la cocina donde encontraron únicamente tres platos sobre la mesa, con su contenido ya frío.
–¿Dónde está Tsubomi?– preguntó Kousuke entrando y mirando por todos lados –Se fue...– murmuró tristemente mirando a su amigo.
–No...– murmuró éste concentrándose, por algún motivo le costaba mucho encontrarla, pero sabía que ella estaba allí, podía percibir su presencia aunque muy débilmente.
Cuando logró verla corrió hacia ella preocupado –¿Por qué lloras?– le preguntó poniendo sus manos en los hombros de la niña frente a él, haciéndola visible para Kousuke.
–M-Mentí... no sé cocinar... sabe muy f-feo...– confesó llorando intensamente con sus manos cubriendo su rostro.
Los dos la abrazaron tal como lo habían decidido en la habitación.
–No te preocupes, no tenemos tanta hambre– la consoló Kousuke, pero ella no se calmaba, eso lo preocupaba, y sabía que a Shuuya también.
Este último se alejó y fue hasta la mesa tomando uno de los platos y comenzó a comer –¡Es mejor que la comida que prepara la cuidadora!– mintió, aún con su habilidad temporalmente desactivada, había aprendido a mentir lo suficientemente bien.
–¡Yo también quiero probar!– exclamó Kousuke tomando el otro plato.
Tsubomi se quitó las manos del rostro, no lloraba por la comida, esa era simplemente la excusa, sin embargo le hacía feliz ver como ambos comían esa horrenda cosa fingiendo que era un manjar...
Aunque Kousuke no lograba disimularlo tan bien.
–G-Gracias chicos...– se acercó a ellos, tomó el tercer plato y ella también comió...
De alguna forma ya no sabía tan feo...
Por la noche la casa volvió a llenarse de bullicio, los niños regresaron directo a la cama, todos agotados pero emocionados por el gran día. Los adultos habían llamado a Tsubomi algo molestos, seguramente por el desorden en la cocina.
Sus amigos la esperaron sentados en la cama del peli-negro, sin embargo después de un rato ambos se quedaron dormidos. El día siguiente Shuuya fue despertado por Kousuke quien lo sacudía nerviosamente.
–¿Mmm...?– preguntó abriendo sus ojos nuevamente rojos al igual que los de su amigo.
–¡Tsubomi no está!
"¡¿Cómo que no está?!"
–Genial, al fin se perdió esa tonta, ahora déjame dormir– fue lo que salió de sus labios, dándole a entender que de nuevo debía abstenerse de hablar.
–¡No, su cama está aún tendida! Cuando desperté la busqué por toda la casa, incluso le pregunté a la cuidadora, pero ella dice que luego de hacerla limpiar la cocina la enviaron a dormir...
Uno de los niños de la cama de arriba le lanzó su almohada –¡Es muy temprano para que estés chillando!– le reclamó.
Antes de que Kousuke pudiera disculparse, Shuuya lo tomó del brazo y ambos salieron del cuarto.
"¿Has intentado escuchar sus pensamientos?" pensó Shuuya mientras caminaban por el pasillo.
–No puedo oírla...– murmuró –Eso es lo que más me preocupa...
"Tal vez esté dormida..."
–Cuando la gente duerme sueña, y también puedo escucharlos...
"Entonces debe estar despierta pero no pensando..."
–Todos piensan todo el tiempo– aseguró viéndolo a los ojos –. Por eso es tan difícil para mi, porque jamás se callan...
"Entonces... ¿Qué tendría que haber pasado para que no la escuches...?" su expresión risueña contrastaba con lo preocupado que se sentía.
–Hay dos formas...– murmuró mientras ambos salían al patio –Una es que esté muy lejos...
"No creo que se haya ido... ¿A dónde va a ir...?" pensó mientras seguía a su amigo y ambos se sentaban a la sombra de un árbol.
–No sé... ¿Se habrá escapado?– preguntó viéndolo asustado.
"¿Sin nosotros...?" pensó sintiéndose mal por algún motivo "Nah... no creo, ¿cuál es la otra forma?"
–L-La otra... forma es...– murmuró arrancando unos pastos nervioso sin atreverse a responder.
"¿Cuál es?" lo animó a decirlo, comenzaba a contagiarse de los nervios de su amigo.
–Q-Que ella... esté...– lo miró asustado –N-No me hagas decirlo– le suplicó con lágrimas en los ojos.
–¡JAJAJAJA!– su estruendosa risa asustó a su amigo –¡¿Que Tsubomi está...?! ¡Jajaja! ¡¿Qué va a estar...?!– y antes de que Kousuke pudiera reaccionar salió corriendo como un loco.
Siguió a Shuuya un rato, ganándose ambos insultos, regaños y algún proyectil que les lanzaban por estar correteando a las risas por los pasillos a las seis de la mañana. Por algún motivo el rubio subió a ese ático que todos decían que estaba embrujado, mientras él se quedaba abajo, nunca había subido y no lo haría...
Sólo hizo falta que la risa de Shuuya se detuviera de un momento al otro para que olvidara cualquier temor y subiera esas escaleras rápidamente. Al asomar su cabeza pudo ver a su amigo sosteniendo el cuerpo inconsciente de Tsubomi.
–¡¿Qué le pasó?!– ahora era él quien gritaba mientras corría hacia ellos.
–¡JAJAJAJA La tonta tropezó con algo en la oscuridad y se golpeó la cabeza! ¡Jajaja que idiota!
–¡Pediré ayuda!– chilló alarmado bajando lo más rápido posible y yendo por los adultos, a lo lejos aún escuchaba las risas de Shuuya.
–¡JAJAJA no me preocupas en lo más mínimo Tsubomi~!
Por fortuna al rato ella despertó, con un feo chichón en la cabeza pero nada grave, lo primero que vio fue a sus amigos, Shuuya con una enorme y brillante sonrisa y Kousuke con sus ojos llenos de preocupación y lágrimas.
–¿Estás bi...?– comenzó a preguntarle Kousuke pero Shuuya lo interrumpió.
–¿Por qué subiste a ese sitio?– aunque sonriera sintió que él estaba... ¿molesto?
–Estoy bien...– murmuró sonriéndole a Kousuke para calmarlo –Y... subí porque...– las palabras murieron antes de salir.
¿Qué iba a decir? ¿Que la puerta al patio estaba cerrada y por lo tanto ese era el único lugar en el que podía llorar toda la noche sin despertar a nadie? ¿Que igual que ellos había perdido a su familia ese maldito día un año atrás? ¿Que el recuerdo de esas llamas que nunca se iban de su mente, ese día se había vuelto insoportable? ¿Que las quemaduras en su piel, que siempre procuraba ocultar, ardieron más...? ¿Que reprimió todo lo que sentía para ser capaz de consolarlos porque no podía dejarlos solos...?
Cuando escuchó la exclamación de Kousuke quien casi se cayó de la cama, recordó la habilidad del niño que estaba frente a ella... Tal vez no debió pensar todo eso...
–¡Perdón!– se lanzó a abrazarla mientras lloraba a mares –¡Perdona Tsubomi! ¡No tenía idea!
–¿Qué pasó?– escuchó la voz de Shuuya, pero se limitó a intentar calmar a Kousuke que se deshacía en disculpas.
–No te preocupes... Ya pasó...– dijo palmeando su la espalda –Ya está todo bien...
–¡No, no lo está!
–¿Qué está pasando?– volvió a preguntar el rubio siendo ignorado una vez más.
–Por favor... Kousuke...– le suplicó, ese abrazo estaba comenzando a hacer efecto, ella no había podido desahogarse ya que apenas subió al ático tropezó y se golpeó la cabeza. Pero sólo logró que él negara y la abrazara más fuerte.
–¡¿Pero qué rayos está...?!– ya estaba gritando, con la irritación pasando a través de su máscara cuando notó que ella estaba llorando.
Shuuya abrazó sus piernas mientras observaba impotente como sus dos amigos lloraban abrazados... Él también quería ayudar...
Quería saber qué pasaba...
Quería abrazar a Tsubomi...
Después de un rato Kousuke se separó lentamente de ella y lo miró –También te necesita a ti...– le dijo sonriendo tristemente. Tuvo que empujarlo y casi poner sos brazos alrededor de ella para que la abrazara, el rubio era un poco lento a veces...
Esa mañana Tsubomi pudo descargar su dolor y contar su historia...
Y los chicos finalmente supieron que el color de sus ojos era negro...
Pasó el día entero en cama ya que ninguno de los dos la dejaba sola con la excusa de que podría volver a caer, de hecho tuvo que golpear a ambos para que no se metieran al baño con ella...
Sin embargo se sentía bien que sus amigos estuvieran ahí... Cuidando de ella... Pero no en el baño.
El quince de agosto que se había llevado su felicidad un año atrás... Había vuelto para recordarles que no estaban solos...
Que los tres siempre se tendrían...
Continuará.
Otro capítulo que me costó, pero salió... Y me encantó escribirlo... Amo el drama. Espero que les haya gustado, porque este será el último capítulo de esta parte, en el próximo ya cambiarán un poco las cosas...
Paso a responder comentarios (que por cierto la página no me quiere mostrar por algún motivo...):
Jeffy Iha: Gracias por enviarme tu comentario tan rápido y aún estando desde el celular. Escuché la canción porque no la conocía y si se ajusta a la escena... Y a la esencia de la relación de esos dos. Debo admitir que me encantan esas relaciones desde chiquitos, en las cuales el amor es algo muy diferente pero no menos fuerte... Y no te culpo por reírte de la paliza al Cara de Sapo. Y si, ver celoso a Kano sin saber siquiera lo que son los celos es muy lindo, me di el gusto de ponerlo en el fic. Muchísmas gracias por el comentario. Besos.
OrangeAnt: Bienvenida al fic, me encanta que te guste, y Kido es toda una líder desde chiquita, ese niño se tenía merecida la paliza. Gracias por escribir y leer, besos.
Yin-princesa-del-olvido: Feliz año nuevo, Kido es muy fuerte física y emocionalmente, sino no podría ser el apoyo y cable a tierra de Kano, en algún momento debía dejar el papel de víctima y ponerse los pantalones. Muchas gracias por comentar y leer. Besos.
Espero que hayan disfrutado de este capítulo tanto como yo disfuté escribirlo.
Siguiente capítulo: Papá, mamá y hermana mayor.
Gracias por leer.
Hasta el siguiente capítulo.
Trekumy.
