Aclaración: Este es el inicio de la parte: "Ayano onee-chan". Espero que sea de su agrado.
Capítulo 8: Papá, mamá y hermana mayor.
Casi dos años en ese lugar... Y con lentitud pero seguridad habían progresado hasta lograr finalmente ser felices allí. Aunque siempre aislados del resto, la convivencia era soportable y ninguno de ellos podía pensar en algo mejor que pasar las mañanas y tardes jugando los tres.
Sin embargo ese día tenían caras largas porque... Era ese día...
Ese día del mes en que los potenciales padres iban a visitar el orfanato del cual con algo de suerte y mucho mucho papeleo podrían llevarse un niño al cual criar como un hijo.
Algunos niños se sentían emocionados pero otros lo aborrecían... Tener que pararse allí en fila, derechos y callados, siendo examinados por esos adultos desconocidos, escuchando comentarios como "Es muy flaco", "Buscaba una más linda", o "¿Con esa cara de mono? ¡Ni hablar!" entre otros, era una verdadera tortura.
Sabían que si le respondían a esas personas, que parecían haber olvidado que los niños frente a ellos también escuchaban y sentían, serían castigados. Lo único que importaba ese día era parecerle agradable a algún adulto para que se llevaran a la mayor cantidad posible, ese era el objetivo del director.
Los primeros meses habían colocado a los fenómenos junto a los demás niños, pero Tsubomi desaparecía y aparecía frente a los adultos asustándoles y logrando que huyeran sin adoptar a nadie, luego llegó el rubio que respondía irreverentemente cualquier tipo de pregunta, de formas tan estúpidas que el castigo estándar de un día sin comer y una semana sin postre no era suficiente. Por último el llorón, quien se ponía más llorón cuando había desconocidos cerca, él solía ganarse muchas miradas gracias a su carita tierna y encantadora, pero en cuanto detectaba que alguien estaba interesado en llevárselo se tiraba al piso llorando como un marrano y poniendo nerviosos a los otros dos monstruos.
Esos tres lo arruinaban todo, así que resignados a tenerlos ahí para siempre, los dejaban apartados, mientras mostraban a los otros niños...
Y de esa forma, en un rincón, tomados de las manos, observaban el desfile de adultos que parecían estar comprando cortes de carne. Observaban con recelo a todas esas personas, pero uno en particular llamó su atención; era un hombre alto con una barba de varios días y lentes, llevaba una ridícula camisa roja a rayas negras, su apariencia desalineada contrastaba con la de la mujer pequeña y pulcra que él abrazaba.
–Entonces, ¿usted nos asegura que ninguno está defectuoso?– preguntó el tipo ese al director, recibiendo un codazo por parte de la señora a su lado,
El director con esa cordialidad que sólo le mostraba a los adultos, le explicó lo bien cuidados que tenían a los niños, las cantidad de comidas que se les daban por día y que todos tenían sus vacunas.
El recorrido continuó entre preguntas de los padres mientras Shuuya y Tsubomi consolaban a Kousuke quien como siempre lloraba cubriendo sus oídos.
–Ustedes tienen una hija, ¿no es así?– preguntó el director al tipo de antes –Tal vez le interese una de esas niñas para que jueguen juntas– señaló al par de chicas que había cerca quienes se miraban entre si.
–Mmm… Déjeme ver…– se acercó a las niñas poniéndose a su altura para verlas con detenimiento –No tiene alguna con… Digamos, ¿otro color de ojos?
–Kenjiro...– lo atrajo su esposa –No seas tan evidente…– le susurró.
–¡No puedo ser menos evidente que esto!– respondió en el mismo tono, gestualizando con sus manos.
–¿Qué color buscan?– los interrumpió el director acostumbrado a intentar satisfacer los caprichos de los potenciales padres sin importar que tan estúpidos fueran.
–Con su permiso…– la mujer tomó el brazo de su esposo antes que éste respondiera y se dirigió hacia el trío de niños desplazados.
–¿Esos?– preguntó el hombre –Pero nos dijeron que esos eran problemáticos…
–Justamente– murmuró ella deteniéndose frente a los tres –. ¿Lo ves?
–Rojos…– murmuró él y los niños sintieron un escalofrío…
En ese momento los tres supieron que algo malo pasaría…
–Hola, me llamo Ayaka– comentó la mujer con una sonrisa inclinándose delante de ellos para quedar a su altura –. Y él es mi esposo, el profesor Kenjiro Tateyama– tiró de su manga para que también se inclinara –. Es un gusto conocerlos, ¿cómo se llaman?
–Soy Batman– se apresuró a decir Shuuya mientras Kousuke dejaba de llorar un momento sólo para mirarlo y Tsubomi se adelantaba un poco para que quedaran detrás de ella, en esa actitud sobre-protectora que hacía tiempo había adquirido.
–¡Batman! ¡Me gusta! ¿Nos llevamos a Batman?– preguntó el hombre risueñamente a su mujer quien sólo con una mirada logró que él retomara la compostura.
–Él no se llama Batman, es Shuuya, ella es Tsubomi y yo soy Kousuke– aclaró el niño con su infinita inocencia –¿Qué?– preguntó cuando sus amigos lo miraron recriminándole mentalmente.
–¿Ella?– preguntó Kenjiro señalando a Tsubomi –Vaya… Creí que era un niño… Supongo que a esta edad se ven todos iguales.
–¡Jajajaja Tsubomi mari-macho~!– canturreó Shuuya quien en realidad estaba molesto con el hombre pero el insulto que pensó salió al revés.
Mientras Ayaka le cubría la boca a su esposo antes que asustara a los niños, y Shuuya se quejaba por la patada de Tsubomi, Kousuke los miraba con sus ojos anegados en lágrimas intentando comprender qué pasaba por la cabeza de esas personas que de pronto habían decidido hablar con ellos.
–Entonces, Tsubomi, Shuuya y Kousuke… Veo que tienen un color muy particular de ojos…– comentó la mujer –¿Siempre fueron así?
Sabía perfectamente la respuesta, sólo quería confirmar que estaba frente a esos tres niños de los que tanto se hablaba fuera del orfanato, los que encajaban perfectamente con la investigación… Esos niños que poseían los ojos de medusa…
–Si– mintió Shuuya.
–¿Por qué nos preguntan eso?– cuestionó Tsubomi con recelo.
–En realidad nuestros ojos verdaderos son normales, estos los tenemos desde hace un año y medio más o menos– una vez más Kousuke no podía contener su sinceridad.
–Entiendo– asintió la mujer incorporándose mientras dejaba libre a su esposo.
–¿A cuál nos llevamos...?– preguntó el hombre incorporándose también.
–Creo que no hay dudas– comentó ella –. ¡A Kousuke!– dijeron a coro sonriéndose mutuamente, ambos sabían que ese niño era el más receptivo y probablemente menos problemático que ese otro niño mentiroso y esa niña desconfiada y violenta.
–¡No!– ambos adultos observaron sorprendidos a los tres, la niña, quien había gritado, estaba frente a sus amigos con sus brazos extendidos –¡No se lo van a llevar!
–¡No quiero irme!– lloraba a gritos Kousuke aferrándose con fuerza a Shuuya quien los observaba con aparente diversión, pero esa mirada transmitía otra cosa, algo más parecido al odio y el temor que a la alegría.
El director corrió hacia ellos alertado por el escándalo, regañando a Tsubomi con firmeza, para luego dirigirse al hombre –Entonces, ¿ya tomaron una decisión?
Mientras Kenjiro hablaba con el director, la mujer volvió a inclinarse frente a ellos –¿Por qué llora...? Creí que cualquier huérfano querría una familia– le preguntó a Tsubomi quien seguía con sus brazos erguidos no permitiendo que nadie se acercara a sus amigos.
–Ya tenemos una familia– aseguró la niña con seriedad –Nadie va a separarnos– esa mirada, esos ojos rojos llenos de determinación en una niña que claramente no tenía más de ocho años… ¿Serían esos los poderes de medusa de los que se hablaba en aquellos antiguos manuscritos?
Volvió a incorporarse para observarlos bien… No importaba cuantos años hubieran trabajado en descubrir el misterio de medusa, ella seguía siendo una mujer sensible y con un gran instinto maternal.
No los separaría…
–Kenjiro…– caminó hacia él que aún hablaba con el director acerca de los trámites que tendrían que realizar y le susurró algo.
–¡A LOS TRES!– gritó el hombre con una mano en su pecho –¿Te volviste loca? Sólo necesitamos uno– le susurró lo último.
–Míralos y dime que tienes el corazón de separarlos– lo desafió.
Tsubomi estaba acariciando el cabello de Kousuke susurrándole algo mientras éste seguía aferrado al rubio –Pe-Pero… son tres…– murmuró ya derrotado.
–Podremos con eso– le sonrió –. Cambiaremos las cosas de mi laboratorio al tuyo, y acondicionaremos el cuarto de juegos para la tercer habitación.
–¡Mi cuarto de juegos no!– exclamó como un niño pequeño.
–¡Vamos, será divertido trabajar en la misma habitación!– aseguró sin perder la sonrisa mientras palmeaba su hombro –Ayano estará feliz de tener tres nuevos hermanitos.
Sabía que estaba derrotado desde el momento en que ella lo decidió, pero esa sonrisa que lo había enamorado quince años atrás y aún lo hacía, podía lograr cualquier cosa.
–Nos llevamos a los tres– le informó resignado al director quien casi hace una fiesta ahí mismo…
De hecho esa noche en su despacho, él y los cuidadores festejaron que los tres problemas más grandes que alguna vez hubieran tenido, en unos días se marcharían para siempre. Con un poco de suerte no volverían a verlos…
En la habitación de los niños el silencio era absoluto, como cada vez que alguien era adoptado… Incluso si eran esos monstruos… Las cosas no volverían a ser iguales sin ellos allí…
Esa noche los tres volvieron a dormir juntos… aterrados ante el panorama… Los llevarían a una casa y las cosas cambiarían nuevamente… No sabían qué sucedería, sólo que pasara lo que pasara permanecerían juntos…
El día de la partida fue cuando menos... extraño... Todos esos niños que disfrutaron de molestarlos por casi dos años, estaban irreconocibles...
Empezando por el abrazo que el "cara de sapo" le dio a Tsubomi, que la dejó tan sorprendida que no atinó a nada más que quedarse petrificada. Lo siguiente raro fue que los chicos del grupo le dijeran a Kousuke, mientras lloraban que lo extrañarían, si, ellos eran los que lloraban esta vez.
Y para terminar de rematar el asunto Shuuya recibió un par de cartas de amor de unas niñas que por lo visto estuvieron todo ese tiempo enamoradas de su cabello rubio como el sol y su sonrisa que les recordaba al gatito de Chessire... Eso le contó Tsubomi que decían las cartas.
Sus, ahora padres, los recogieron a la hora indicada en una camioneta grande donde cabían todos y los llevaron a su nuevo hogar. La mujer les contaba como era la casa, y cosas sobre su nueva hermana, mientras que el hombre se dedicaba a conducir y hacer algún que otro chiste sin gracia.
Al llegar conocieron a Ayano, una dulce y agradable niña que los recibió con una sonrisa, aunque claramente ella tampoco se sentía muy cómoda con la situación.
–Ayano, tú eres la hermana mayor ahora... Así que cuida de ellos...– había dicho la mujer antes de acariciar la cabeza de su pequeña.
Ese día Ayano sólo los saludó dulcemente pese a la reticencia de los tres, el resto del día se dedicaron a conocer la casa y sus habitaciones...
Tres habitaciones individuales... ninguna de ellas pegada a otra...
Tres pequeños niños que no pudieron dormir esa noche...
Tres corazones que se sentían solos...
Tres pares de ojos rojos contemplando el mismo paisaje... esperando que el amanecer llegara y al fin poder reunirse nuevamente.
Esa mañana fue un caos para la familia Tateyama.
Luego de despertar a Ayano, Ayaka fue al cuarto de Tsubomi que era el más cercano, pero al entrar la niña no estaba. Removió las mantas que permanecían intactas, ella no había dormido allí... La buscó debajo de la cama, dentro del armario y en cada rincón que hubiera en esa habitación, pero no había rastros de ella. Resignada y esperando que hubiera salido del cuarto en algún momento, fue al del siguiente niño; Shuuya.
Respiró aliviada al entrar y verlo... Pero casi le da un infarto cuando se percató de que el niño estaba sentado en el marco de la ventana con sus piernas hacia afuera, suspendidas en el vacío. No era una mujer gritona, pero su instinto maternal se activó de inmediato.
–¡Bájate de ahí!– le ordenó al borde de la histeria.
–¿Y si no quiero?– preguntó él girando para verla con malicia –Upss...– se soltó intencionalmente cayendo al vacío.
–¡NOOO!– gritó corriendo hacia la ventana, miró hacia la calle aterrada pero no vio a nadie allí.
–¡JAJAJAJA debió ver su cara!– se burló desde su lado, recostado en la pared, donde estuvo todo el tiempo.
–¿Có-Cómo hiciste eso?– le preguntó intentando calmarse.
–No sé~– luego de decir esto salió por la puerta con sus brazos cruzados tras su cabeza.
–¡Ayaka, ¿estás bien?!– preguntó Kenjiro que llegó corriendo y casi tropezó con el pequeño que salía.
–Si... no pasó nada...– murmuró ella intentando calmar su respiración –Por favor, busca a la niña, no pude encontrarla en su habitación... Iré a despertar al otro.
–¿La que parece varoncito?
–¡Deja de decir eso que estoy de mal humor!– le advirtió saliendo, suplicando internamente que el pequeño Kousuke no diera problemas.
Al abrir la puerta lo encontró en su cama, estaba sentado sobre ella con lágrimas en los ojos abrazando sus piernas.
–¿Qué sucede?– le preguntó acercándose lentamente.
–Hay... mucha gente...– murmuró poniendo sus manos en su oídos –Hay muchas personas en la calle... demasiados– lloró más fuerte.
El orfanato se encontraba en las afueras de la ciudad, pero ellos vivían en plena zona residencial muy cercana a la parte comercial –Si, es un lugar muy concurrido, pero ya te acostumbrarás– acarició su cabello –. Nadie va a hacerte daño aquí, así que estas seguro...– intentó calmarlo pero él se limitó a verla completamente angustiado –. El desayuno está listo... ¿No quieres bajar y ver a tus hermanos?– preguntó notando un brillo de alegría en sus ojos rojos.
–¡Si!– asintió bajándose de la cama y corrió hacia las escaleras que daban a la planta baja.
–Será más duro de lo que esperaba...– murmuró levantándose y yendo a servirles el desayuno.
Ayano ya en la mesa observaba con curiosidad a sus nuevos hermanitos, el primero en llegar tenía una expresión extraña en el rostro, era algo entre felicidad y molestia, le costaba mucho leerlo, pero ella siempre fue bastante torpe para esas cosas, así que no le dio mayor importancia... Cuando el siguiente niño llegó observó conmovida como éste le daba un fuerte abrazo al rubio y le decía que lo había extrañado, sin embargo la charla continuó, ese niño Shuuya no respondía pero el otro hablaba animadamente como si pudiera escuchar lo que pensaba.
El siguiente en llegar a la mesa fue su padre quien la abrazó por detrás apoyando su mentón en la cabeza de ella y suspirando derrotadamente.
–¿Qué sucede papá?
–Tu madre va a matarme...
–¿Qué rompiste...?– no estaba bromeando, conocía mejor que nadie a su padre.
–Esta vez nada, pero no encuentro a esa niña... La busqué hasta en la casa del perro del vecino, pero no está...
–¡Shuuya por favor búscala!– le suplicó Kousuke a su amigo.
–¡Ni que me importara!– exclamó éste, Ayano estaba a punto de pensar que era un descorazonado cuando lo vio correr escaleras arriba, ante su confundida mirada.
–Él la encontrará– aseguró Kousuke con su cabeza estallando por tantas voces, pero intentando dar su mejor esfuerzo –. Él casi nunca dice lo que realmente piensa– se esforzó por explicarles –. No se enojen con él, es muy bueno en realidad– les aseguró subiendo a la silla a esperar el desayuno.
–¿No dice lo que realmente piensa?– preguntó Ayano sin terminar de comprender.
–Dudo que la encuentre...– murmuró Kenjiro rascándose la cabeza nervioso, si Ayaka regresaba y la niña no estaba, sería él quien durmiera en la casa del perro esa noche.
No terminó de decir eso cuando ambos niños bajaban de la mano, de inmediato Kousuke bajó de la silla y corrió a abrazar a la niña, mientras su padre le preguntaba insistentemente dónde se había escondido, y ella respondía con voz monótona que estaba en su habitación.
Ayano los observó en silencio... Los tres se veían tristes y claramente querían estar juntos, se sentía como si fuera un intruso intentando interferir en su íntima relación, casi profanándola... Pero ella era la hermana mayor ahora, debía lograr alegrarlos... Aunque no sabía si sería capaz de tal cosa.
Después de comer el delicioso desayuno de su mamá vino la hora de jugar, era su turno, debía comenzar a hacer sentir a esos niños cómodos, incluso se había dormido tarde por estudiarse sus nombres, no quería cometer ningún error.
Ya en la sala los tres niños frente a ella se veían aún más tristes que durante el desayuno, apenas se movían y miraban los unos a los otros... Incluso el rubio quien sonreía forzadamente, tenía esa mirada llena de temor y pesar...
–¡Juguemos a algo!– exclamó alegremente juntando sus manos –¿Qué sugieren?– preguntó, sin embargo ninguno respondió, no parecían interesados en jugar... En nada en particular –Está bien, hoy me toca pensar a a mi en algo– entonces se dio cuenta de que había olvidado por completo pensar en algún juego la noche anterior, así que debía hacerlo ahora... Y no era buena para pensar las cosas en el momento.
Observó la sala, su padre había bajado una caja llena de juguetes viejos del ático que le pertenecían a ella, así que buscó entre ellos, sacó una linda muñeca que recordaba con cariño
–¿Qué tal si jugamos a las muñecas?– les preguntó, pero se arrepintió al ver la expresión del rubio... –¿Tsubomi?– le aceró la muñeca, tal vez ella si la disfrutara.
–No, gracias...– murmuró la niña mirando a otro lado, en el pasado tenía cientos de muñecas y casi no jugaba con ellas, nunca le habían interesado.
–Ahh... murmuró guardándola y buscando otra cosa –¡Ya sé, armemos algo!– exclamó sacando un juego de bloques –¿Qué tal si hacemos una casa?– nadie respondió –Ahm... ¿Recuerdan sus casas?– les preguntó con curiosidad obteniendo como respuesta tres miradas dolidas.
–N-No tenía casa...– murmuró Kousuke –Dormía en la calle... Aunque luego me dejaron hacerlo en un galpón...– contó con lágrimas en los ojos.
–Oh...– murmuró viéndolo sin saber qué responder a eso, así que miró al otro niño.
–Paso– murmuró éste esquivándole la mirada.
–¿Y tú...?– esta vez miró a Tsubomi –¿La recuerdas?– la niña asintió –¿Cómo era?
–Grande...– susurró ésta viendo el suelo.
–¡¿Qué tan grande?!– continuó preguntando, al menos estaban charlando.
–Mucho...
–¡¿Mucho como una mansión?!– preguntó emocionada a lo que la niña asintió –¡Siempre soñé con vivir en una mansión! ¡Debe ser grandioso!– le contó sonriendo ampliamente, hasta que la vio levantarse con los puños cerrados.
Tsubomi la miró con los ojos húmedos, abrió su boca, pero las palabras murieron antes de salir, después de esto huyó de la sala.
–¿Q-Qué dije...?– preguntó a los otros chicos, completamente consternada.
Shuuya se levantó sin decir nada y fue tras su hermana mientras Kousuke comenzaba a llorar quedo de nuevo –S-Su padre incendió la mansión... Ella y su hermana estaban dentro...– después de decir eso se levantó y caminó hacia la puerta.
–¿D-Dónde está su hermana...?– preguntó suavemente mirando el piso, también con lágrimas de culpa y tristeza agolpándose en sus ojos.
–Todos murieron...– murmuró él antes de correr fuera de la sala.
Se quedó sola sentada en el piso a un lado de los bloques desarmados, sus lágrimas cayeron inevitablemente, el primer intento había fallado rotundamente.
El segundo intento vino esa tarde, después del almuerzo ayudó a su madre a limpiar la mesa y después de ello apareció con un montón de hojas y crayones –¡Dibujemos!– exclamó sonriendo.
Ninguno de ellos respondió, Shuuya y Kousuke se limitaron a tomar las crayolas y hacer unos temerosos rayones en una de las hojas, ninguno de ellos había dibujado antes, Kousuke ni siquiera conocía las crayolas, y Shuuya sólo de verlas en casa de sus vecinos. Tsubomi por su parte dibujó lo único que le habían hecho dibujar durante su estancia en aquella mansión... Kanjis.
–¡¿A ver qué dibujaron?!– les preguntó luego de unos minutos observando sus hojas.
Tsubomi tenía su nombre y el de sus dos hermanos escrito en una hermosa caligrafía para una niña de siete años y medio, poniendo en vergüenza a la de Ayano sin saberlo. Shuuya había rayado la hoja erráticamente mezclando todos los colores de las crayolas obteniendo un lindo "Coso" marrón oscuro que no se parecía a nada conocido por la humanidad. Y Kousuke dibujó un círculo amarillo que él decía que era el sol, rodeado por rayas celestes que seguramente serían el cielo.
–¿Qué dibujaste?– le preguntó Shuuya, y ella orgullosamente mostró el perrito que había pintado con el crayón café, era probablemente el único dibujo que había aprendido a hacer.
Supo que algo andaba mal cuando Tsubomi y Shuuya giraron sus cabezas al mismo tiempo mirando a Kousuke preocupados. Quien se largó a llorar intensamente sobre la mesa corriendo la pasta de colores impregnada en todos los dibujos con sus lágrimas.
–¿Q-qué...?– murmuró sin entender.
–Lo extraño mucho...– sollozó el niño corriendo a su habitación a llorar abrazándose a su almohada.
Dejó que los otros dos fueran tras él sin preguntar nada más luego de que Shuuya le dedicara otra mirada de esas que sin palabras le decían "Volviste a arruinarlo".
El segundo intento fue un fracaso... Esperaba que la tercera fuera la vencida.
El resto del día se devanó los sesos, preguntas sobre el pasado no, y dibujos definitivamente, no...
Esa noche intentó leerles un cuento antes de enviarlos a dormir... Y no tuvo mejor idea que escoger "La cenicienta". No pudo avanzar más allá del inicio dónde se mencionaba la muerte de la madre de Cenicienta, ya que Shuuya le gritó que ese cuento apestaba y huyó siendo seguido por los demás luego de dedicarle una mirada cansada...
Dejó caer el libro y se quedó en el sofá donde estaba sentada con ellos, mirando por la ventana... Se sentía una inútil... Sólo arruinaba más y más las cosas con esos niños...
Tal vez... Nunca lograra ganarse ese puesto que tanta ilusión le hacía; ser la hermana mayor...
Continuará.
Este fue un poco más corto, pero cambiamos de rumbo y eso es bueno. Los niños están un poco más grandes y Ayano tiene un duro camino por delante. Estoy intentando ser lo más fiel posible al canon, sin narrar nuevamente lo que ya se vio en los videos, manga, anime o novelas... o al menos extendiéndolo un poco, pero inevitablemente habrá cosas que no se ajustarán ya que esas versiones son un poco diferentes.
Por cierto, mientras editaba me surgió una duda existencial, algo que realmente no sé y tal vez alguien pueda aclararme... ¿Cuándo Seto conoce a May y la lleva a vivir con ellos es antes o después de la muerte de Ayaka? Si alguien lo sabe dígame sino voy a terminar cometiendo errores cuando llegue a eso.
Paso a responder comentarios:
Jeffy Iha: Hola señorita trasnochadora... Muchas gracias por el comentario, y si, los tres tienen ese tipo de conciencia, Seto lo demostró al dejar ir a Kido, y Kano pronto lo hará cuando la historia avance, sin embargo esta vez le tocó a ella... Entiendo que Kano le asignará el puesto de líder más adelante para darle ánimos y la confianza que le faltaba, pero me gusta pensar que ella también se lo ganó. Y si, la vida de Kousuke será una tortura hasta que logre controlar sus poderes, igual bastante bien lo lleva (sino no haría nada por pasársela llorando todos los capítulos). Y a mi también me gustó que ellos le anduvieran atrás a Kido y la siguieran hasta el baño... Me gustó lo del baño, lo admito. Saludos.
Yin-princesa-del-olvido: En mi mente, de pequeños Kano sería el más alto de los tres y Kousuke el más bajito por temas de mala alimentación y eso, Kano sería de esos niños que en la pubertad no crecen demasiado y Seto de esos que pegan el estirón y no sabés como llegaron ahí arriba de un día al otro. Y el pobre Seto no sabe mentir, así que le debe haber costado mucho no largarse a llorar por lo feo que sabía esa cosa que Kido preparó. Kido es una sobre-protectora desde niña, creo que le queda bien ese papel y a ella le gusta. Y si, ese capítulo no fue narrado en primera persona porque había sido difícil meterme en la mente de los tres, si lo hubiera hecho lo habría narrado Tsubomi, sin embargo hay escenas que no hubieran quedado bien. De la misma forma este varía demasiado para centrarme en sólo un personaje. Muchísmas gracias por el comentario.
Espero que este capítulo les haya gustado tanto como a mi me gustó escribirlo.
Próximo capítulo: El color de los héroes.
Muchas gracias por leer.
Trekumy.
